Estudio Bíblico, Domingo de la Trinidad (B) – 27 de mayo de 2018

[RCL]: Isaías 6:1-8; Salmo 29; Romanos 8:12-17; Juan 3:1-17

Isaías 6:1-8

Los serafines que rodean el trono en la visión celestial de Isaías continuamente cantan alabanzas a Dios. Sin embargo, este es un coro bastante peculiar. Usan las alas para cubrir sus rostros y pies. No se sienten dignos de ver a Dios, ni se sienten dignos de estar ante su presencia.

Comprendemos fácilmente el pánico de Isaías; pues él, a diferencia de estos serafines, ¡ha mirado al Dios viviente! ¿Cómo puede él hacer esto cuando estas criaturas celestiales se cubren permanentemente el rostro? Es fácil ver por qué sintió que se había condenado a sí mismo. Sin embargo, es a la vez interesante y liberador notar el cambio radical que se da entre la visión celestial de Isaías y la que se ilustra en Apocalipsis 4:6-8. ¡Las criaturas vivientes se transforman! Todavía cantan sobre la santidad de Dios, pero en este relato ya no se escudan de la gloria de Dios. De hecho, sus cuerpos están cubiertos de ojos. Se les permite contemplar al Señor en toda su gloria. ¡Esta es la Visión Beatífica que Cristo ha abierto para toda la creación! Fíjense también en lo diferente que Juan era de Isaías. ¡No tenía miedo de contemplar al que estaba sentado en el trono!

  • ¿Usted teme contemplar la gloria de Dios o ansía hacerlo?

Salmo 29

Mientras que Isaías se enfoca en ver a Dios, el Salmo 29 se enfoca en escuchar la voz de Dios. La implicación de este salmo es que cuando Dios habla, siempre sucede algo. Nunca sucede que Dios abra su boca y no pase nada. La Palabra de Dios crea. La Palabra de Dios conmociona a toda la creación. La Palabra de Dios revela la gloria del Señor. La Palabra de Dios consuela y bendice al pueblo de Dios con una profunda sensación de paz. En este salmo, vemos una imagen de Jesús, aquel mediante el cual todas las cosas fueron hechas, y aquel a través de cual toda la creación continúa unida. Jesús es la voz de Dios. Cada vez que oímos hablar a Dios, nos encontramos con Jesús.

  • Casi siempre pensamos en la oración simplemente en términos de hablarle a Dios. ¿[Sin embargo], permitió usted alguna vez que Dios le hablara?
  • ¿De qué maneras puede usted disponerse para oír la voz de Dios?

Romanos 8:12-17

¿Por qué a Dios Padre se le llama “Padre”? ¿Alguna vez ha pensado en esto? Ciertamente, Él es un padre para nosotros, pero ¿es esa la razón por la cual se le llama “Padre”? Lo mismo vale para el Hijo. ¿Por qué se le llama “Hijo”? Ciertamente, Él es el “Hijo del Hombre”, pero no es acaso su relación con la humanidad la que lo convierte en el “Hijo”. Más bien, el Hijo es el Hijo porque siempre ha sido el Hijo del Padre, y el Padre es el Padre porque siempre ha sido un padre para el Hijo. No podemos pensar en uno sin pensar inmediatamente en el otro.

Si alguien se convierte en padre, ¿qué implica esto, sino la existencia de un hijo? Así es como debemos pensar en la relación del Padre con el Hijo. Aún más, Pablo dice algo bastante profundo en este pasaje de Romanos; dice que se nos ha hecho partícipes de la relación que se comparte entre el Padre y el Hijo. El Espíritu es el que nos ha llevado a esta relación amorosa, y mediante ese estado de Jesús de ser hijo, mediante esa filiación, nos convertimos en hijos de Dios que también pueden invocar al Padre, exclamando: “¡Abba, Padre!”

  • ¿Cuál es la relación entre lo que usted entiende por Trinidad y su propia espiritualidad?

Juan 3:1-17

“Te aseguro que si uno no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (v. 5). Las imágenes en torno al bautismo de Jesús recuerdan las primeras frases de la Biblia: “En el principio Dios creó el cielo y la tierra. La tierra no tenía forma y las tinieblas cubrían el abismo. Y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas” (Génesis 1:1-2). En este relato del Génesis, vemos al Espíritu del Señor flotando sobre las aguas, ávido de crear y dar forma a la creación. La tierra, que una vez fue un vacío sin forma, se vuelve animada y se modela mediante el Espíritu de Dios. Lo mismo sucede en el bautismo; ¡pues nos convertimos en una nueva creación! El Espíritu despierta algo nuevo dentro de nosotros, y comenzamos el viaje creativo de ser modelados y formados a semejanza de Cristo.

  • ¿Cómo se inclina usted a pensar sobre el bautismo? ¿Es simplemente un ritual o es un acto de nueva creación?

TJ es un estudiante de segundo año en la Casa Nashotah y está actualmente buscando su ordenación en la Diócesis de Milwaukee. Antes de arribar a la Casa Nashotah, ejerció como Director de la Juventud y Pastor Comisionado de la Iglesia Cristiana Reformada en el área de St. Louis. Es un ávido lector, especialmente en obras que se ocupan de la ontología relacional, la teología litúrgica y la vida eclesiástica de la Iglesia. En su tiempo libre, a TJ le encanta estar con su familia, viajar, ir de excursionismo con mochila, ver un buen juego de hockey, degustar un buen whisky americano y perderse en un buen libro de teología.

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