Inserto para el Boletín: Decimoctavo domingo después de Pentecostés (B)

Responder a Huracanes

La Agencia Episcopal de Alivio y Desarrollo lo/a invita a que se asocie a nosotros en apoyar a las diócesis que se están preparando para responder a los huracanes y a otras tormentas trágicas.

Ahora mismo, su contribución al Fondo de Alivio de la Agencia Episcopal de Alivio y Desarrollo apoyará a las comunidades afectadas mientras que se preparan y movilizan para tormentas como el huracán Florence. Su donación asistirá con necesidades urgentes proporcionando suministros como alimentos, agua y otros artículos básicos y nos ayudará a proporcionar asistencia a largo plazo según sea necesario.

Respondemos a tormentas en Estados Unidos mediante asociaciones con diócesis episcopales. Nuestro Equipo de Desastres en Estados Unidos ofrece recursos y capacitación para ayudar a la gente a prepararse para desastres y proporciona apoyo de emergencia para que los/as más impactados/as puedan tener una recuperación sostenida después de la tormenta. El beneficio de nuestra asociación con iglesias episcopales es que esas feligresías ya están profundamente integradas en sus comunidades, están allí antes de que llegue el personal de socorro y permanecen mucho después de que las cámaras de los noticiarios se hayan ido.

Para hacer una donación, llene el cupón a continuación y envíelo por correo con su cheque o información sobre su tarjeta de crédito. También puede contribuir en línea al Fondo de Alivio de Huracanes en https://support.episcopalrelief.org/hurricane-relief.

Gracias por su compasión y plegarias. Con su asociación, estamos trabajando juntos para efectuar cambios duraderos.

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Inserto para el Boletín: Decimoséptimo domingo después de Pentecostés (B)

Día de la Santa Cruz

 El 14 de septiembre, la Iglesia celebró el Día de la Santa Cruz en honor de la ofrenda personal de Cristo en la cruz por nuestra salvación. Esta fiesta también es conocida en algunas iglesias como la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz y la fiesta del Triunfo de la Cruz. Era una de las 12 grandes fiestas en la liturgia bizantina y sigue siendo una fiesta importante en la Iglesia Episcopal.

La celebración de la Santa Cruz tiene lugar el 14 de septiembre para conmemorar la consagración de la iglesia del Santo Sepulcro en ese día en 335 por el emperador romano Constantino el Grande. Se dice que la madre de Constantino, santa Elena, descubrió la verdadera cruz durante una peregrinación a Jerusalén, y Constantino construyó la iglesia del Santo Sepulcro en el sitio de su descubrimiento. Una porción de la Cruz se dice que ha sido colocada en el interior de la iglesia.

La leyenda también dice que los persas se llevaron esa porción de la cruz en el año 614 y que permaneció desaparecida hasta el 628, cuando el emperador bizantino Heraclio la reconquistó y devolvió a la iglesia del Santo Sepulcro.

Como señala el “Diccionario Episcopal de la Iglesia” (Church Publishing, 2000): “Aunque la autenticidad de las supuestas reliquias de la cruz pueda ser cuestionable, el Día de la Santa Cruz ofrece una oportunidad para una celebración gozosa de la muerte redentora de Cristo en la cruz”.

Colecta para el Día de la Santa Cruz

Dios todopoderoso, cuyo Hijo nuestro Salvador Jesucristo fue levantado en lo alto de la cruz para que pudiera atraer a todo el mundo a sí mismo: concédenos por tu misericordia, que nosotros, los que nos gloriamos en el misterio de nuestra redención, podamos tener la gracia de tomar nuestra cruz y seguirlo; que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, en gloria eterna. Amen.

Libro de Oración Común p. 160

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Inserto para el Boletín: Decimosexto domingo después de Pentecostés (B)

El Revdo. Alexander Crummell y Unión de Episcopales Negros

El 10 de septiembre, la Iglesia Episcopal celebra la vida y el legado de un memorable santo, el reverendo Alexander Crummell. También se designa este día como el domingo de la Unión de Episcopales Negros (UBE) para conmemorar el ministerio de la justicia racial de esta organización, que fue una consecuencia de la abogacía de Crummell.

El reverendo. Alexander Crummell nació el 3 de marzo del 1819, en la ciudad de Nueva York, hijo de Charity Hicks, una mujer de color libre, y de Boston Crummell, un antiguo esclavo. Ambos padres fueron activos abolicionistas. El primer periódico afroamericano, El Diario de la Libertad [Freedom´s Journal], se publicó en su casa.

De joven, Crummell fue expulsado de una academia en New Hampshire, descartado como candidato a las sagradas órdenes en Nueva York, y rechazado de ser admitido en el Seminario General a causa de su raza. Finalmente, fue ordenado en el 1844 como sacerdote en la Diócesis de Massachusetts, pero se fue a Inglaterra después de haber sido excluido de participar en la convención diocesana.

Con gran determinación, Crummell estudió en el Queens ‘College, Cambridge, y fue el primer estudiante negro oficialmente registrado como graduado. Poco después, viajó a Liberia de misionero para convertir a los africanos nativos al cristianismo y educarlos, así como para convencer a la comunidad de negros americanos de su deber de ir a África a difundir el cristianismo en todo el continente. Crummell vivió y trabajó durante 20 años en Liberia. Por último, la oposición política, la falta de fondos, y el potencial de violencia que amenazaba su vida le obligó a regresar a Estados Unidos.

A su regreso a EE.UU., fue llamado primero a la Misión Episcopal de Santa María en la zona de Foggy Bottom de Washington, DC. En el 1875 él y su congregación fundaron Iglesia Episcopal de San Lucas, la primera iglesia episcopal independiente de negros en la ciudad. Cuando los obispos del sur propusieron la creación de un distrito misionero separado para las congregaciones negras, Crummell creó una convocatoria nacional para luchar contra la propuesta. La Unión de Episcopales Negros es el resultado de esa organización.

Después de jubilarse de la iglesia de San Lucas en el 1894, Crummell enseñó en la Universidad  Howard hasta el 1897. Murió el 10 de septiembre del 1898 a la edad de 79. Crummell fue una voz importante en el movimiento de la abolición y un líder de la ideología Pan-Africana, influyendo a otros negros nacionalistas. De hecho, W.E.B. Du Bois rindió homenaje a Crummell con un memorable ensayo titulado “De Alexander Crummell” recogido en su libro del 1903, Las almas del Pueblo Negro.  El día de su fiesta en la Iglesia Episcopal es el 10 de septiembre.

La Unión de Episcopales Negros (UBE) es una organización nacional de abogacía basada en la fe, cuyo objetivo es hacer frente a las injusticias y las desigualdades raciales y sociales dentro y fuera de nuestra iglesia. Visite el sitio web de UBE, www.ube.org, para apoyar su ministerio de la justicia y la reconciliación racial.

Colecta
Dios todopoderoso y eterno, te damos gracias por tu siervo Alexander Crummell, a quien escogiste para enseñar el Evangelio a los que estaban lejos y a los que estaban cerca. Envía a esta y a todas las tierras evangelistas y heraldos de tu reino, para que tu Iglesia proclame las inescrutables riquezas de nuestro Salvador Jesucristo, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y por siempre. Amén.

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Inserto para el Boletín: Decimoquinto domingo después de Pentecostés (B)

La fiesta de Constanza y sus compañeras: Las Mártires de Memphis

El 9 de septiembre, la Iglesia Episcopal celebra el testimonio de Constanza y sus compañeras, recordadas junto con otros cristianos fieles como las Mártires de Memphis.

La fiebre amarilla, una enfermedad transmitida por mosquitos que afectó con frecuencia al sur de Estados Unidos a fines del siglo XIX, había alcanzado un estado epidémico en agosto de 1878. Memphis, Tennessee, a orillas del río Mississippi, había padecido la enfermedad varias veces antes, lo que condujo a los ciudadanos a huir de la ciudad en masa ante las primeras señales de un brote. Más de la mitad de la población de la ciudad se marchó, dejando atrás más de 20.000 personas. Según Una Gran Nube de Testigos, “A medida que los casos se multiplicaban, el saldo de víctimas alcanzó un promedio de 200 por día. Cuando lo peor había pasado, el noventa por ciento de las personas que se quedaron había contraído la fiebre, y más de 5.000 personas habían muerto”.

Icono de Constanza y sus Compañeras de la Catedral Episcopal de Santa María en Memphis, Diócesis de West Tennessee.

Los fieles episcopales y otros cristianos permanecieron en el lugar en medio del sofocante calor para servir a la ciudad en crisis. Se destaca entre estos santos a Constanza, la Superiora de las Hermanas de Santa María y varias otras hermanas de la orden, que habían venido a Memphis algunos años antes para fundar una escuela para niñas, adyacente a la catedral episcopal de Santa María. La catedral estaba ubicada en el epicentro de la epidemia de fiebre amarilla, lo cual brindaba amplias oportunidades de atender las necesidades de los afligidos. Las hermanas cuidaban a los enfermos, daban descanso a los cansados, calmaban el sufrimiento y bendecían a los moribundos, haciendo un esfuerzo especial para encontrar y cuidar de los numerosos huérfanos de Memphis.

Constanza y sus compañeras conocían bien el peligro y la destrucción que representaba la fiebre, pero nada las detendría para servir a Dios y al prójimo en ese lugar. A fines de septiembre, cuatro de las hermanas, junto con dos sacerdotes episcopales y muchos voluntarios no identificados, habían sucumbido a la fiebre: las hermanas Constanza, Tecla, Ruth, y Frances, y los reverendos Louis Schuyler y Charles Parsons. Las últimas palabras de la hermana Constanza, pronunciadas cuando ya no podía físicamente servir, se conservan en el altar de la catedral de Santa María: “¡Aleluya! ¡Hosanna!”

Colecta para Constanza y sus Compañeras

Te damos gracias y alabanzas, oh Dios compasivo, por el testimonio heroico de Constanza y sus compañeras, quienes, en tiempo de la plaga y de la peste, se mantuvieron firmes en el cuidado de los enfermos y moribundos, no amando sus propias vidas, incluso hasta la muerte. Inspira en nosotros un amor y un compromiso similares hacia los necesitados, siguiendo el ejemplo de nuestro Salvador Jesucristo; quien contigo y el Espíritu Santo vive y reina, un solo Dios, ahora y por siempre. Amén.

Este encarte de boletín fue adaptado de Una gran nube de testigos, la narración de Constanza y sus Compañeras.

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Inserto para el Boletín: Decimocuarto Domingo después de Pentecostés (B)

Prácticas para una Vida Centrada en Jesús - II

Al principio de su ministerio, Jesús de Nazaret estaba rodeado de multitudes. Se volvió y preguntó: “¿Qué están buscando?” (Juan 1:38). Durante más de mil años, los monjes han saludado a los peregrinos que llaman a sus puertas preguntándoles: “¿Qué están buscando?” Hoy, cada uno de nosotros puede hacer una pausa con la misma pregunta. Por mucho que el mundo haya cambiado, las esperanzas y los anhelos humanos fundamentales que nos conducen a la fe puede que no sean tan diferentes. Pues muchos…

Buscamos amor. Buscamos libertad. Buscamos vida abundante. Buscamos a Jesús. Entonces, vengan y síganme:

VIREN, CAMBIEN DE RUMBO
Hagan una pausa, escuchen y elijan seguir a Jesús
Al igual que a los discípulos, Jesús nos llama a seguir el Camino del Amor. Con la ayuda de Dios, podemos pasar de los poderes del pecado, del odio, del temor, de la injusticia y de la opresión al camino de la verdad, del amor, de la esperanza, la justicia y la libertad. Al cambiar de rumbo, reorientamos nuestras vidas hacia Jesucristo, enamorándonos una y otra vez.

APRENDAN
Reflexionen sobre las Escrituras todos los días, especialmente sobre la vida y las enseñanzas de Jesús.
Al leer y reflexionar sobre las Escrituras, especialmente sobre la vida y las enseñanzas de Jesús, nos acercamos a Dios y la Palabra de Dios habita en nosotros. Cuando abrimos nuestras mentes y corazones a la Escritura, aprendemos a ver la historia de Dios y la actividad de Dios en la vida cotidiana.

OREN
Habiten intencionalmente con Dios todos los días
Jesús nos enseña a acercarnos a Dios con corazones humildes, ofreciéndole claramente nuestras acciones de gracias y preocupaciones a Dios o simplemente escuchando la voz de Dios en nuestras vidas y en el mundo. Ya sea de pensamiento, palabra u obra, individualmente o en comunidad, cuando oramos, llamamos y habitamos en la presencia amorosa de Dios.

ADOREN
Reúnanse semanalmente en comunidad para agradecer, alabar y habitar con Dios
Cuando adoramos, nos reunimos con otros ante Dios. Escuchamos las Buenas Nuevas de Jesucristo, damos gracias, confesamos y ofrecemos el estado quebrantado del mundo a Dios. Cuando partimos el pan, nuestros ojos se abren a la presencia de Cristo. Por el poder del Espíritu Santo, somos hechos un solo cuerpo, el cuerpo de Cristo enviado para vivir el Camino del Amor.

BENDIGAN
Compartan la fe y desinteresadamente den y sirvan
Jesús llamó a sus discípulos a dar, a perdonar, a enseñar y a sanar en su nombre. Nosotros estamos facultados por el Espíritu para bendecir a todos los que encontramos, para practicar la generosidad y la compasión, y proclamar las Buenas Nuevas de Dios en Cristo con palabras de esperanza y acciones altruistas. Podemos compartir nuestras historias de bendición e invitar a otros al Camino del Amor.

EMPRENDAN
Crucen fronteras, escuchen profundamente y vivan como Jesús
Cuando Jesús va a las carreteras y caminos, nos envía más allá de nuestros círculos y zona de confort, para dar testimonio del amor, la justicia y la verdad de Dios con nuestros labios y con nuestras vidas. Vamos a escuchar con humildad y unirnos a Dios para sanar un mundo lastimado. Vamos a convertirnos en la Amada Comunidad, un pueblo reconciliado en amor con Dios y con los demás.

TÓMENSE UN REPOSO
Reciban de Dios los dones de gracia, paz y recuperación
Desde el comienzo de la creación, Dios estableció la práctica sagrada de ir y regresar, trabajar y descansar. Especialmente hoy, Dios nos invita a dedicar tiempo a la recuperación y la integridad, en nuestros cuerpos, mentes y almas, y dentro de nuestras comunidades e instituciones. Al descansar, ponemos nuestra confianza en Dios, el actor principal que lleva todas las cosas a su plenitud.

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Inserto para el Boletín: Decimotercer Domingo después de Pentecostés (B)

El Camino del Amor: Prácticas para una Vida Centrada en Jesús

“Pido al Padre que Cristo viva en sus corazones por la fe, y que el amor sea la raíz y el fundamento de sus vidas. Y que así puedan comprender con todo el pueblo santo cuán ancho, largo, alto y profundo es el amor de Cristo. Pido, pues, que conozcan ese amor, que es mucho más grande que todo cuanto podemos conocer, para que lleguen a colmarse de la plenitud total de Dios.” — Efesios 3:17-19

En el primer siglo, Jesús de Nazaret inspiró un movimiento. Una comunidad de personas cuyas vidas se centraron en Jesucristo y se comprometieron a vivir el camino del amor incondicional, desinteresado, sacrificado y redentor de Dios. Antes de ser llamados “iglesia” o “cristianos”, ese Movimiento de Jesús simplemente se llamaba “el camino”. Hoy creo que nuestra vocación es vivir como la Rama Episcopal del Movimiento de Jesús. Pero, ¿cómo podemos juntos crecer más profundamente con Jesucristo en el centro de nuestras vidas, para poder dar testimonio de su Camino de Amor en y para el mundo? Las raíces profundas de nuestra tradición cristiana pueden ofrecer justamente ese camino. Durante siglos, las comunidades monásticas han moldeado sus vidas en torno a ritmos y disciplinas para seguir juntos a Jesús. Dicha práctica se conoce como una “Norma de Vida”. El marco que tiene ante usted, El Camino del Amor: Prácticas para una Vida Centrada en Jesús, resume la Norma para la Rama Episcopal del Movimiento de Jesús.

Está diseñado para ser a la vez simple y espacioso, de manera que cada individuo, los grupos ministeriales, las congregaciones y las redes puedan desarrollarlo de maneras únicas y construir un tesoro de historias y recursos a lo largo de toda la iglesia. No hay un orden específico que se deba seguir. Si usted ya observa una Norma o disciplinas espirituales, podría reflexionar y descubrir cómo ese camino se cruza con éste. Al entrar en la reflexión, el discernimiento y el compromiso en torno a las prácticas de Virar – Aprender – Orar – Adorar – Bendecir – Emprender – Reposar, yo rezo para que crezcamos como comunidades que siguen el camino amoroso, liberador y vivificante de Jesús. Su camino tiene el poder de cambiar cada una de nuestras vidas y de cambiar este mundo.

Su hermano en el Camino de Jesús,
El Reverendísimo Michael B. Curry
Primado y Obispo Presidente de la Iglesia Episcopal

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Inserto para el Boletín: Duodécimo Domingo después de Pentecostés (B)

La Fiesta de Santa María Virgen

Santa María la Virgen del Centro de la Iglesia Episcopal, San Diego, Diócesis de San Diego

El 15 de agosto, la Iglesia celebra la fiesta de Santa María Virgen. María, la madre de Cristo, se ha celebrado desde los primeros días de la Iglesia.

El Evangelio de Lucas contiene una “canción de alabanza” que fue cantada por María cuando su prima Isabel la reconoció como la madre del Señor (Lucas 1:43). Isabel estaba embarazada de Juan el Bautista cuando su prima María, que estaba embarazada de Jesús, vino a verla:

“Cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura saltó en su vientre. E Isabel quedó llena del Espíritu Santo y exclamó a gran voz: ¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Y por qué me ha pasado esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí? Pues tan pronto como oí la voz de tu saludo, el niño saltó de gozo en mi vientre” (Lucas 1:41-44).

“La canción de alabanza de María” también se llama “El Magnificat”, ya que su línea de apertura en latín es la siguiente: “Magnificat anima mea Dominum”, “Mi alma glorifica al Señor”.

Cántico de María (Magnificat)

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador,
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí;
su Nombre es santo.
Su misericordia llega a sus fieles,
de generación en generación.
El hace proezas con su brazo;
dispersa a los soberbios de corazón.
Derriba del trono a los poderosos,
y enaltece a los humildes.
A los hambrientos los colma de bienes,
y a los ricos despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia,
Como lo había prometido a nuestros padres,
en favor de Abrahán y su descendencia para siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo:
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Lucas 1:46-55

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Inserto para el Boletín: Octavo Domingo después de Pentecostés (B)

Para tiempos como estos: Sostenibilidad de la Red de Seguridad

La Iglesia Episcopal y la Iglesia Evangélica Luterana en América (IELA) continúan el llamado unido a orar, ayunar y actuar en apoyo de los programas que brindan la atención necesaria a todas las personas.  Ambas iglesias tienen implementados dichos programas, pero a menudo estos programas están diseñados para cubrir deficiencias en la asistencia federal y estatal.

Este mes nos enfocamos en los programas médicos y de jubilación de la red de seguridad. Estados Unidos tiene una fuerte tradición de comunidades que trabajan juntas para cuidar de los menos afortunados. Desde la época de la Revolución, europeos como Tocqueville observaron que nuestra capacidad para formar asociaciones y grupos para abordar problemas comunes diferenciaba a los estadounidenses de otros pueblos. El gobierno federal representa la asociación más grande con esas características formada para el mejoramiento y el avance de nuestra sociedad. Con ese fin, hemos instituido Medicare, Medicaid y la Seguridad Social para que los pobres, los ancianos, los discapacitados y las personas atrapadas en condiciones económicas que no pueden controlar, tengan un respaldo para su salud y bienestar. En las últimas décadas, a medida que disminuyeron las inversiones en programas que estimulan el potencial económico de las personas, ha aumentado la cantidad de personas que necesitan este respaldo.

El 21 de julio, únase la Red Episcopal de Políticas Públicas (EPPN), a las Actividades de Apoyo de la IELA y a los Obispos Primados de la Iglesia Evangélica Luterana en América y la Iglesia Episcopal mientras que Oramos, Ayunamos y Actuamos #PrayFastAct.

OREMOS por todos aquellos que confían en la usual caridad cristiana de nuestra nación para recibir atención médica o jubilación.

Dios de todo poder y misericordia, recordamos en tu presencia a los pobres y desamparados, a quienes nos es fácil olvidar: los indigentes y los que carecen de hogar, los ancianos y los enfermos, y los que no tienen quien cuide de ellos. Ayúdanos a sanar a los quebrantados de cuerpo o espíritu, y a convertir su tristeza en alegría.  Concede esto, oh Padre, por amor a tu Hijo, que por nosotros se hizo pobre, Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por los pobres y desamparados, El Libro de Oración Común.

AYUNEMOS para recordar a aquellos que no pueden acceder a estos programas y a los muchos que tendrían hambre y dolor si perdieran aquella pequeña ayuda que ofrecen estos programas.

Compartamos en las redes sociales usando #PrayFastAct. El día 21, publiquen una imagen de una mesa puesta y la razón por la que están ayunando este mes.

ACTUEMOS  instando a nuestros líderes electos a apoyar soluciones políticas que aborden la sostenibilidad de estos programas, no bloqueando la financiación o manipulando la elegibilidad, sino invirtiendo en nuestros conciudadanos para que, a largo plazo, menos personas necesiten una mano tendida.

Obtenga más información de la Red Episcopal de Políticas Públicas en advocacy.episcopalchurch.org.

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Inserto para el Boletín: Noveno Domingo después de Pentecostés (B)

Concesión de Becas 2018 de la Ofrenda Unida de Acción de Gracias

Cada año, la Ofrenda Unida de Acción de Gracias (UTO) alienta a todos los episcopales a adoptar una disciplina espiritual personal de agradecimiento. La UTO invita a la Iglesia a observar las cosas buenas que suceden todos los días, a dar gracias a Dios por sus bendiciones y luego a hacer una ofrenda de agradecimiento en una Caja Azul de la UTO. Cada año, el 100% de lo recaudado se reparte en forma de becas para apoyar la misión y el ministerio innovadores en la Iglesia Episcopal y en la Comunión Anglicana.

Desde nuestra fundación oficial en 1889, la UTO ha otorgado 5.257 becas por un total de USD 137.094.170,52. Para obtener una lista completa de todas las becas de la UTO, visite www.episcopalchurch.org/UTO y pulse luego en Resources (Recursos), en la parte inferior de la página

Como resultado de la gratitud y generosidad de ustedes, la UTO recaudó USD 1.283.216,21 en 2017. De esta cifra, USD 25.438,04 financiaron las Becas para Jóvenes y Seminaristas en 2018 (información que puede encontrarse en bit.ly/uto-yasg).

Este año, el enfoque de nuestro proceso de adjudicación [se basó en la premisa] Convirtiéndonos en la Amada Comunidad: Sanación Racial, Reconciliación, y Justicia. Se otorgaron 34 becas como parte de nuestro proceso anual de becas, que utiliza la suma restante de los fondos recaudados en 2017, o sea USD 1.257.778,17. La beca más pequeña fue de USD 4.000 a la Diócesis de Idaho para su proyecto, “Conectando Culturas, Convirtiéndonos en una Comunidad” en la Escuela Lillian Valley, una escuela primaria que sirve a niños en la Reserva de Fort Hall en el sudeste de Idaho. La beca más grande fue de USD 90.000 para la Iglesia Episcopal Reformada de España para abrir el Centro Jonathan Myrick Daniels en [el municipio de] Reus que servirá como centro para jóvenes adultos refugiados.

La Junta de la UTO recibió casi USD 2,8 millones en solicitudes en 2018. Con su ayuda y la motivación que usted les da a otros para unirse a la Ofrenda Unida de Acción de Gracias, esperamos recaudar fondos adicionales para apoyar aún más a nuestros maravillosos solicitantes. Para obtener más información sobre la Ofrenda Unida de Acción de Gracias, sobre nuestros becarios o sobre cómo solicitar material informativo de la UTO, visite www.episcopalchurch.org/UTO.

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Especial – Inserto para el Boletín: Sexto Domingo después de Pentecostés (B)

Convención General: La Reunión Familiar de la Iglesia Episcopal

Imagine una Eucaristía para 8.000 personas. Imagine un mercado lleno de bienes e ideas. Imagine conversaciones intimas entre amigos, viejos y nuevos. Imagine una de las legislaturas más grandes en el mundo. Imagine el silencio absoluto en oración antes de tomar decisiones cruciales.

El encuentro trienal de la Iglesia Episcopal conocido como la Convención General es todas esas cosas. La versión número 79 de este encuentro comienza en Austin, en la diócesis de Texas, el 5 de julio y se extiende hasta el 13 de julio. Obispos y diputados de la Iglesia Episcopal tomarán amplias decisiones sobre políticas y culto.

Dichas decisiones se convierten luego en resoluciones que son aceptadas por la Cámara de Diputados y la Cámara de los Obispos.

La Cámara de Diputados varía entre 800 y 1.000 miembros. Sus sesiones son moderadas por el presidente electo, que es un cargo ocupado por la Rda. Gay Clark Jennings de la diócesis de Ohio. Cada diócesis está representada por hasta ocho diputados elegidos: cuatro sacerdotes o diáconos y cuatro miembros laicos.

Los diputados no pueden recibir instrucciones para votar de una u otra forma. Ellos han acordado tener un corazón abierto para que por medio de la oración puedan escuchar a los demás y ser dirigidos por el Espíritu Santo y, además, no pueden rehusarse a votar sobre un tema.

La mayoría de las resoluciones y otras acciones deben ser aprobadas por mayoría simple en cada cámara. Ocasionalmente, la Cámara de los Diputados vota según las órdenes, lo que quiere decir que el clero y los diputados votan por separado y el voto de cada orden se cuenta como un voto donde la mayoría de esos dos votos se registra como el voto. En el caso de que el voto de las delegaciones esté dividido por igual, el voto cuenta como un “no”.

La Cámara de los Obispos consta de obispos diocesanos, sufragáneos, auxiliares y jubilados y es dirigida por el Obispo Presidente, el Reverendísimo Michael Bruce Curry, quien fue elegido en la Convención General de 2015.

Las resoluciones provienen de los grupos que realizan labores autorizadas por la convención anterior, y también por los obispos, las diócesis, las provincias (conjuntos de diócesis según ubicación geográfica), y los diputados. Antes que una resolución pueda ser sometida ante cualquiera de las cámaras debe ser considerada por un comité, el cual escucha testimonios públicos y hace recomendaciones sobre si esa resolución podrá ser presentada.

La convención es más que legislación. Todas las actividades se detienen cada día para que todos puedan unirse en la Sagrada Eucaristía.

En la sala de exhibiciones las organizaciones y grupos interesados presentan sus mercancías, inscriben nuevos miembros y buscan la mejor manera de influir en la legislación. Muchas organizaciones relacionadas con la iglesia llevan a cabo reuniones durante la Convención, como es el caso de Mujeres Episcopales que realiza su Reunión Trienal de manera paralela.

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