Ultimo domingo después de Pentecostés (Propio 29) – Año C

Jeremías 23:1-6, Salmo 46, Colosenses 1:11-20, Lucas 23:33-43.

Con la celebración del Reinado de Cristo o Cristo Rey, culminamos el año litúrgico. El próximo domingo comienza el nuevo año litúrgico con el Primer Domingo de Adviento.

En este domingo se resalta el señorío universal de Jesús. Cristo viene de la palabra griega Christós que significa el ungido, y equivale al hebreo Mesiah que también significa ungido.

Desde las primeras generaciones de creyentes, la convicción de los discípulos de Jesús y de sus demás seguidores es que Jesús es el Mesías por virtud de su entrega a los demás, y la aceptación y acogida de todos los “desechados” por la sociedad, por la religión, y por el sistema vigente. A ellos, Jesús les devuelve la auténtica figura de Dios Padre misericordioso que a todos ama con la misma medida sin distinción de raza, pueblo o nación.

Sin embargo, para la época de Jesús, la esperanza mesiánica tenía matices religiosos, políticos y sociales. Ni las palabras de Jesús, ni sus acciones se ajustan a lo que comúnmente se pensaba que debía ser el Mesías.

El pueblo israelita esperaba una intervención especial de Dios a través de un enviado; una intervención que se encaminara directamente a un cambio de situación. Ya desde la época en que empezó a decaer el período de los jueces, unos mil años antes de Jesús,  el pueblo que vivía en la tierra prometida comienza a experimentar la opresión a manos de los nuevos dirigentes: los reyes.

Podemos decir con toda claridad que el período de la monarquía fue el gran pecado de infidelidad al proyecto comunitario de Dios cuando condujo a su pueblo a la tierra de la libertad. Y todo comienza cuando los jueces empiezan a corromperse; de esto nos da testimonio el segundo libro de Samuel, el último de los jueces de Israel. Los ancianos de Israel van hasta donde él para decirle: “Mira, tú ya eres viejo y tus hijos no se comportan como tú. Nómbranos un rey que nos gobierne, como es costumbre en todas las naciones.  A Samuel le disgustó que le pidieran ser gobernados por un rey, y se puso a orar al Señor.  El Señor le respondió: “Escucha al pueblo en todo lo que te pidan. No te rechazan a ti, sino a mí; no me quieren por rey”.

Y aquí arranca el “calvario” histórico para Israel. A pesar de que al pueblo sencillo se le hizo creer que la monarquía era voluntad de Dios y que el rey era señalado por el mismo Dios; es necesario decir que en realidad esta fue una jugada de los grupos dominantes del momento, y ese es un grave peligro que tienen las comunidades de todos los tiempos: hacerles creer que los intereses de una minoría dominante expresan de algún modo el querer de Dios.

La demostración más clara e histórica, de que Dios nunca estuvo de acuerdo con la monarquía fue precisamente la aparición de profetas que desde su libertad e independencia del poder, no les tembló la voz para denunciar valientemente el descuido de cada nuevo monarca respecto a sus deberes como guía, como líder principal del pueblo. La cuestión es muy simple: la monarquía fue para Israel un retroceso a la época de la servidumbre en Egipto, pues se trata de una estructura esencialmente injusta, creadora de una sociedad desigual, excluyente y esclavizante.

Para la época más inmediata a la llegada de Jesús, esta esperanza tenía varios matices: los dirigentes políticos, que no se sentían cómodos con la presencia romana en el territorio esperaban un Mesías con la suficiente fuerza para expulsar de Israel la porción de ejército romano acantonado en Palestina y que le devolviera a los dirigentes judíos la autonomía en sus asuntos; los interesados en una vivencia religiosa más acorde con la rutina cultual del templo, esperaban un Mesías que purificara el templo y el culto de un modo definitivo; las masas oprimidas y empobrecidas, esperaban un Mesías comprometido con las necesidades sociales, que les garantizara el alimento, tener un pedazo de tierra… en fin, que los liberara de la opresión de los políticos, de los representantes del templo y de los romanos.

A pesar de los diferentes tintes de la esperanza mesiánica, había en todos un sentir común: la tarea del Mesías, vista desde cualquier ángulo, era exclusivamente suya, pues para eso ¡vendría investido con todos los poderes otorgados por Dios! La irrupción de un Mesías considerado así, no podía darse sino en medio de truenos y todo tipo de fenómenos cósmicos; y en cuanto al lugar, se suponía que debía ser en Jerusalén.

De acuerdo con todo lo anterior, es apenas lógico que nadie creyera en Jesús como Mesías; recordemos que sus paisanos por poco lo tiran por un despeñadero cuando anunció en la sinagoga de Nazaret que lo dicho por el profeta Isaías comenzaba a cumplirse en ese momento. Hasta sus mismos parientes lo tomaron por loco y buscaban la manera de aislarlo de la gente; pero antes de estas cosas, recordemos que el mismo Tentador hizo todo lo posible por hacerlo desistir de su proyecto de vida que había sellado ya con su bautismo y que el Padre había afirmado con sus palabras: “Este es mi hijo, el predilecto, escúchenlo”. “La gente se asombraba de su enseñanza porque les enseñaba con autoridad, no como los letrados”, y en otra ocasión la gente se preguntaba “¿quién es este que hasta el viento y el lago le obedecen?”

De todos modos, ni los mismos discípulos a quienes Jesús escogió como seguidores suyos fueron capaces de entender ni de ver en su Maestro la presencia del Mesías; es que ellos también tenían expectativas semejantes a las de sus contemporáneos; por eso Pedro reprende a Jesús cuando les anuncia que el Mesías debía padecer a manos de las autoridades de Jerusalén, morir y después resucitar; por eso, las autoridades de Jerusalén sólo pueden ver en Jesús a un blasfemo, un agitador, un evasor de impuestos y un impostor; por eso, Jesús decepciona tanto a Judas que no duda en ponerlo en manos de los sumos sacerdotes.

Para nosotros hoy, es “fácil” confesar que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, el Rey del universo, porque desde niños nos enseñaron esa fe; valdría la pena ahora que nos pusiéramos en el lugar de Jesús para intentar comprender cuánto tendría él que luchar para descubrir y aceptar su vocación de Hijo de Dios, cuánto le costó aceptar que su tarea mesiánica no podía encaminarse por la espectacularidad ni por el populismo, sino desde el acercamiento humano a cada uno para sembrar en cada corazón la semilla del cambio hasta lograr que esa transformación que todos anhelaban germinara primero en cada corazón.

Nos hace falta identificarnos más con Jesús, vivir la experiencia del anonadamiento, del despojo, de la entrega, hasta convertirnos en instrumentos vivos del amor del Padre; experimentar con entereza la derrota, la cruz, el rechazo al estilo de Jesús, sin perder la confianza en el Padre, así como Jesús, convencidos de que en la derrota está la victoria, en el rechazo está la aceptación, en la cruz está la resurrección.

Abramos hoy nuestro corazón a Jesús, digámosle que estamos dispuestos a que reine en nosotros y que nos haga dóciles de espíritu para entender que su reinado es un reinado de amor, de reconciliación y de paz.

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El Rvdo. Gonzalo Antonio Rendón-Ospina es sacerdote de la Iglesia Episcopal en Colombia. Por algunos años sirvió en la Diócesis Episcopal de Colombia en San Lucas (Medellín) y en la Catedral de San Pablo (Bogotá). Ha colaborado en otras publicaciones como Diario Bíblico Latinoamericano y los comentarios pastorales de La Biblia de nuestro pueblo. Ahora trabaja como profesor virtual.

Publicado por la Oficina de Formación de la Iglesia Episcopal, 815 Second Avenue, Nueva York, N. Y. 10017.
© 2016 La Sociedad Misionera Doméstica y Extranjera de la Iglesia Protestante Episcopal en Estados Unidos de América. Todos los derechos reservados.

 

Vigésimo sexto domingo después de Pentecostés (Propio 28) – Año C

Isaías 65:17-25, Cántico 2, 2 Tesalonicenses 3:6-13, Lucas 21:5-19

El evangelio de este domingo nos describe acontecimientos proféticos sobre el templo de Jerusalén y sobre los últimos tiempos. Nos habla de “signos de los tiempos” y nos da la clave para que aprendamos a interpretarlos y prepararnos para afrontar estos sucesos de los cuales estamos siendo testigos en nuestro tiempo actual.

Estas señales que hace más de dos mil años Cristo describió están a las puertas de nuestro siglo 21. Hemos sido testigos de catástrofes naturales, inundaciones, guerras fratricidas, actos de terrorismo organizado, amenazas de misiles nucleares, y construcciones de muros divisorios. Son unos cuantos signos que están presentes en nuestra historia actual y en nuestro diario vivir indicándonos, no el fin del mundo, sino el fin de una era de maldad que nos abre el camino para un cambio de actitud y de vida orientado hacia el bien.

La predicción de la ruina del templo de Jerusalén descrita en el texto del evangelista Lucas suscita una pregunta: “Maestro, ¿cuándo va a ocurrir esto? ¿Cuál será la señal de que estas cosas ya están a punto de suceder? La respuesta de Jesús es lo que constituye en Lucas “el discurso escatológico”. Un discurso que nos habla del fin de los tiempos que incluye: la destrucción del templo de Jerusalén y la segunda venida de Jesucristo.

Según la orientación que le da Lucas a este discurso, la destrucción de Jerusalén no es exactamente una señal del final de los tiempos. Lo importante es que los discípulos se preparen. Primero, para no darle autoridad a las falsas alarmas salidas de la boca de charlatanes y falsos mesías. Segundo, para superar la violencia y la persecución por parte de los enemigos del Camino de Cristo y para que aprovechen estos momentos para dar testimonio del evangelio.

Cristo no habla “del fin del mundo”, sino del fin de una era de maldad, intriga, violencia, y persecución. Pero antes hay que pasar por muchas pruebas; vendrán falsos mesías, falsos pastores que confundirán a muchos con aparentes prodigios y dones engañosos. No hay duda que hoy día tenemos muchos de esos falsos mesías predicando por las redes sociales, la televisión y en actos multitudinarios confundiendo a miles de espectadores. ¡No se dejen engañar!

Vendrán guerras y revoluciones que reducirán a la miseria y al sufrimiento a muchas familias. Crecerá el odio entre las naciones y los pueblos. Las divisiones entre las razas y las culturas se multiplicarán buscando humillar a las razas de las minorías en las grandes naciones. Los seres humanos se dividirán por sus creencias religiosas y sus credos políticos aumentando las posibilidades de guerras fratricidas y genocidios irracionales.

Nuestra historia está saturada de signos de los tiempos donde Dios nos habla a gritos para hacernos conscientes de los cambios de mentalidad que se necesitan para transformar nuestra manera de vivir buscando la armonía y la paz entre todos los seres humanos sin importar la raza, la religión ni el credo político. Dios nos habla a través de los fenómenos naturales que nos perturban en el día a día, en los sismos o temblores de tierra, en las inundaciones y los tornados, y en las largas sequías provocadas con frecuencia por las infracciones a las leyes naturales que Dios instituyó en toda la creación.

Muchas predicciones de los falsos mesías manipulan a las personas creando el miedo y la apatía para fortalecer el culto a su personalidad olvidando la gloria de Dios. La miseria se ha multiplicado en el mundo de tal manera que no deja lugar a dudas que Dios nos habla a través de dicho fenómeno mundial. Todo esto nos debe animar a la búsqueda incesante del Reino de Dios; un reino de santidad y vida, de justicia y solidaridad, de amor y paz. Debemos discernir el plan de Dios; un plan de salvación y no de condenación.

La tristeza y el sufrimiento se han unido como consecuencia del mal en el mundo, pero esto no es el fin, sino el comienzo de la liberación total en Cristo Jesús. Él nos da la seguridad que el Dios Creador se mueve entre y alrededor de su obra y que se cumplirá su promesa de un cielo nuevo y una nueva tierra. En esta promesa hay esperanza y fortaleza en las cuales podemos confiar plenamente.

Isaías nos recuerda en la lectura de hoy que Dios va a crear “un cielo nuevo y una nueva tierra… [que] lo pasado quedará olvidado, nadie se volverá a acordar de ello…”. En medio de la tribulación permanece la promesa que Dios camina con nosotros y no nos desamparará. Él siempre es fiel y cumple lo que promete. Dios decide intervenir para que la armonía regrese a la creación, pero nosotros tenemos que dar los primeros pasos. La resistencia a cualquier poder del mundo es posible solamente por el don gratuito de la gracia de Dios que proviene de la Palabra y la Sabiduría divina.

La promesa de Dios es clara: “Llénense de gozo y alegría para siempre por lo que voy a crear, porque voy a crear una Jerusalén feliz y un pueblo contento que viva en ella. Yo mismo me alegraré por Jerusalén y sentiré gozo por mi pueblo. En ella no se volverá a oír llanto ni gritos de angustia”. En Jerusalén está simbolizado todo el pueblo de Dios, es decir, nosotros que somos la Iglesia de Jesucristo. Todas estas señales traen la esperanza de un nuevo estilo de vida donde no haya angustia, ni llanto, ni violencia: es el cielo nuevo y la nueva tierra.

San Pablo en su epístola a los cristianos de Tesalónica nos exhorta a no cansarnos de hacer el bien, para de esa manera colaborar con la armonía en nuestra sociedad actual y sobre todo, revertir las señales de muerte. El mal sólo se vence haciendo el bien, pues nuestra naturaleza humana fue creada para hacer el bien. Todo lo que Dios creó es bueno.

Las lecturas de este domingo deben llenarnos de esperanza. Seamos constructores de un nuevo mundo donde no haya dolor, ni llanto y los sufrimientos se conviertan en gozo pleno en el Señor, vencedor de la muerte. Que las señales de los tiempos que estamos viviendo sean los dolores de parto que engendrarán un nuevo estilo de vida fundamentado en el amor cristiano y en el cumplimiento pleno del propósito de hacer siempre el bien en su Santo Nombre.

Pidamos al Todopoderoso nos colme de fe, esperanza y amor para que pronto llegue a nosotros su reino.

El Rvdo. Napoleón Brito es sacerdote episcopal de República Dominicana.

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Vigésimo quinto domingo después de Pentecostés (Propio 27) – Año C

Hageo 1:15b-2:9 y Salmo 145:1-5, 17-21 o Salmo 98 (o Job 19:23-27ª y Salmo 17:1-9); 2 Tesalonicenses 2:1-5, 13-17; Lucas 20:27-38.

Tomado de: https://goo.gl/SYBMhO

Estamos muy cerca a finalizar tanto el año del calendario como el año litúrgico. Es importante al final del recorrido ver cómo ha sido nuestro caminar a la luz de la esperanza cristiana que se centra en la experiencia de la resurrección. Recordemos que esta esperanza vive referida y abierta al futuro. No a un futuro cualquiera o indeterminado sino a un acontecimiento de plenitud que tiene como punto de partida y de llegada a Jesucristo. Esta precisión matiza la esperanza de una forma singular respecto a otras esperanzas que se centran en la determinación espacio-temporal, es decir, aquellas esperanzas que no sobrepasan la inmanencia, así como lo planteaba la mentalidad saducea con la que Jesús va a tener una confrontación frente a este punto (Lucas 20:27).

Nosotros los discípulos creemos que nuestra esperanza está puesta en Aquel que murió y resucitó según las Escrituras (2 Tesalonicenses 2:1-5). Por este motivo afirmamos que su muerte no fue la última palabra, sino su exaltación junto al Padre (2 Tesalonicenses 2:43) dándonos acceso a  vivir una experiencia similar a la de él, donde la resurrección es la experiencia que trata de expresar esta apertura a una vida en plenitud pasando por la muerte.

Desde este punto de vista, superando una mentalidad saducea que coloca su esperanza en el aquí y en el ahora únicamente, comprendemos la resurrección de Jesús como la anticipación del futuro, donde en fe los creyentes afianzamos nuestra esperanza; sin ella, todo sería vanidad. Con ella y desde ella, Jesús mismo se convierte en el Señor, en objeto de fe y esperanza (2 Tesalonicenses 2:13-17).

Actualmente resulta difícil hablar de la muerte porque la sociedad del bienestar tiende a apartar de sí esta realidad, suscitándose en algunos sectores angustia o escepticismo frente a la misma. Sin embargo, no es posible experimentar la realidad que se ha descrito anteriormente si no hay una experiencia de muerte física; de culminación de la finitud. A la luz de lo que Jesús realizó, se comprende la actitud de Dios Padre frente a la vida y la muerte de sus hijos. Ya el salmista había intuido que Dios no puede abandonar a sus siervos fieles en el sepulcro, ni dejar que su santo experimente la corrupción (Salmo 16: 10). Isaías anuncia un futuro en el que Dios eliminará la muerte para siempre, enjugando “las lágrimas de todos los rostros” (Isaías 25:8) y resucitando a los muertos para una vida nueva.

Ciertamente, es preciso pasar por la muerte, teniendo la certeza de que nos encontraremos con el Padre cuando “este ser corruptible se revista de incorruptibilidad y este ser mortal se revista de inmortalidad” (1 Corintios 15:54). Entonces se verá claramente que “la muerte ha sido devorada en la victoria” (1 Corintios 15:54). La resurrección de Cristo, su ascensión y el anuncio de su regreso abrieron nuevas perspectivas para nosotros. En el discurso pronunciado al final de la cena, Jesús dijo: “Voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros” (Juan 14, 2-3). No se nos ha informado de la fecha de este acontecimiento final. Es preciso tener paciencia, a la espera de Jesús resucitado.

“Nosotros (dice san Pablo) somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos como salvador al Señor Jesucristo, el cual transfigurará este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo, en virtud del poder que tiene de someter a sí todas las cosas” (Filipenses 3: 20-21). Como el Espíritu Santo transfiguró el cuerpo de Jesucristo cuando el Padre lo resucitó de entre los muertos, así el mismo Espíritu revestirá de la gloria de Cristo nuestros cuerpos, venciéndose la finitud y dando plenitud a la identidad, la cual no es pérdida, sino asumida y llevada a su culmen en la nueva realidad.

De esta manera, queda anulada toda posibilidad de fijación de la esperanza sólo en esta vida terrena tal como sucedía con los saduceos, quienes quieren colocar a prueba la enseñanza de Jesús planteando una situación hipotética poco probable (Lucas 20:28-33). El realismo de las apariciones testimonia que Jesús resucitó con su cuerpo y con ese mismo cuerpo vive ahora al lado del Padre (Glorificado). Ahora bien, se trata de un cuerpo glorioso, ya no sujeto a las leyes del espacio y del tiempo, transfigurado en la gloria del Padre. En Cristo resucitado se manifiesta lo que un día sucederá en todos aquellos que quieran en libertad acoger su redención.

No debemos olvidar que el “escaton”, es decir, el acontecimiento final, entendido cristianamente, no es sólo una meta puesta en el futuro, sino también una realidad ya iniciada con la venida histórica de Jesucristo. Su pasión, muerte y resurrección constituyen el evento supremo de la historia de la humanidad. Por esto, Jesús dice: “Llega la hora, y ya estamos en ella, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán” (Juan5:25).

La resurrección de los muertos, esperada para el final de los tiempos, recibe una primera y decisiva actuación ya ahora, en la resurrección espiritual, objetivo principal de la obra de salvación que consiste en la nueva vida comunicada por Cristo resucitado en nuestro corazón por medio del sacramento del bautismo como fruto de su obra redentora en nosotros.

Unido a lo explicado anteriormente, debemos dar un paso adelante en nuestra meditación y recordar el artículo del credo que profesamos todos los domingos, y que dice: “Y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos”. Esta confesión de fe nos enseña que al fin del mundo, ha de venir Jesucristo con gloria y majestad a juzgar a todos los hombres, haciéndoles resucitar en él como ya se expresó o generándose la muerte eterna como producto de la cerrazón en libertad a la acción salvífica de Dios.

Finalmente, es necesario recalcar un último aspecto importante: la dimensión comunitaria,ya que nuestro caminar hacia la resurrección no lo hacemos solos, sino que vamos madurando a nivel personal gracias a la ayuda de los otros. Los otros se convierten en fuente de posibilidad para que juntos podamos alcanzar la gracia prometida. El caminar hacia la resurrección se hace a partir de la toma de conciencia de la necesidad del otro como aquel que me ayuda a crecer, a madurar y a irme configurando poco a poco en la experiencia del resucitado, pero a la vez, yo también le ayudo a los otros con mi solidaridad, testimonio y presencia a ir procesualmente alcanzando esta realidad. Aquí la Palabra nos interpela, preguntándonos ¿qué tan abiertos estamos para acoger el don de la vida eterna en nuestra vida? ¿qué tan solidarios somos con la experiencia de salvación de aquellos que llamamos hermanos en la fe?

En síntesis, todo lo que hemos meditado, no debe quedarse en una intuición cristiana centrada en el más allá sin tener en cuenta el hoy de la historia. Referirse a la nueva sociedad del futuro o recuperar la añoranza por un mundo, un ordenamiento social justo y fraterno, con las categorías evangélicas del reino de Dios, justicia de Dios, etc., no quiere decir tener una visión clara de cómo será ese mundo que anhelamos. No se le puede comprender en totalidad desde nuestra finitud histórica, mediada y supeditada por espacios concretos en tiempos concretos. Sin embargo, intentar traducir esa plenitud en las situaciones concretas de la realidad, es la tarea del creyente que quiere responder al dinamismo de la esperanza y hacerla creíble en su tiempo.

Si el cristiano posee una esperanza, que es promesa de un futuro que dinamiza el presente, pero que no se agota en el más acá, entonces está llamado a ayudar a impregnar de esperanza todas sus realidades: familiares, profesionales, sociales, económicas, políticas, culturales, etc. Ningún programa político, social o económico será capaz de instaurar la sociedad definitiva, libre de toda injusticia, sólo la fuerza del amor apoyada en la esperanza de la resurrección podrá hacerlo.

 

El Rvdo. Pablo Velázquez Abreu es sacerdote de la Iglesia Episcopal en Colombia, experto en Tecnologías de la Información y la Comunicación. 

Estudio bíblico Propio 29(C), 20 de noviembre de 2016

[RCL[1]] Jeremías 23:1-6; Cántico 16; Colosenses 1:11-20; Lucas 23:33-43

Jeremías 23:1-6

En este pasaje, Jeremías estaba escribiendo durante una época de conflicto y temor. Las naciones estaban en guerra y se invadían unas a otras, y Judá como nación estaba justamente en el medio de todo. Sin embargo, el mensaje de Jeremías no se dirigía a las otras naciones, sino a la monarquía de Judá, el reino del sur de lo que una vez fuera un Israel unido. Los reyes de Judá, según Jeremías, estaban perjudicando al pueblo con sus políticas y su falta de reverencia a Dios.

Jeremías y Dios le dicen a los reyes que su conducta nociva no será tolerada indefinidamente y que Dios intervendrá para arreglar las cosas. Los esparcidos por la guerra volverán a la patria. Los confundidos encontrarán orientación. Jeremías escribe que “Dios pondrá sobre ellas [sus ovejas] pastores que los pastorearán; y ya no temerán ni se espantarán ni faltará ninguna” (23:4). En otras palabras, Dios levantará líderes que sean verdaderos líderes, Dios levantará pastores que sean verdaderos pastores y Dios levantará reyes que sean buenos reyes.

Jeremías dirigió su atención no a las naciones que amenazaban a Judá, sino más bien a la monarquía de Judá:

  • En medio del conflicto, ¿qué nos dificulta mirarnos a nosotros mismos y ver nuestro propio papel y errores en el conflicto?
  • ¿Cuáles son las cualidades de un buen líder? ¿De un buen miembro del Congreso. ¿De un buen gobernador? ¿De un buen sacerdote? ¿De un buen obispo?
  • Y lo más importante, ¿cuáles son las cualidades de un discípulo de Cristo?

Cántico 16 (Lucas 1:68-79), El Cántico de Zacarías

El Cántico de Zacarías tradicionalmente se ha dicho o se ha cantado en la Oración Matutina durante cientos de años. Comienza con un sentimiento muy esperanzador que da un tono estupendo para el día que tenemos por delante.

¡Dios ha venido a su pueblo y lo ha liberado! Dios ha prometido mostrarnos misericordia y librarnos de las manos de los enemigos, y finamente el  poderoso salvador ha venido a nosotros. Somos libres de adorar a Dios sin temor, y somos libres para ser santos y justos todos los días de nuestra vida. ¡Dulce libertad!

La segunda parte de este Cántico súbitamente cambia al “tú”. ¿A quién se dirige? El Cántico se dirige a Juan el Bautista, que acaba de nacer.

El padre de Juan el Bautista alaba a Dios y le dice a su hijo recién nacido de las alegrías y los peligros que le aguardan. Juan irá delante del Señor y le dará a la gente el conocimiento de la salvación y del perdón de sus pecados. Juan será un profeta. Ser llamado profeta es, sin embargo, algo agridulce. La vida de un profeta es difícil, porque significa decir la verdad como un humilde siervo de Dios y con frecuencia ser rechazado. Juan el Bautista conduce a las personas al arrepentimiento, pero vive en el desierto y es encarcelado y ejecutado por Herodes.

  • Cuando cantamos o decimos juntos este Cántico, recordamos que Dios nos ha traído salvación en Cristo, pero también se nos recuerda que este no es un camino fácil. Dios nos salva y nos libera, pero debemos andar en el camino de Dios.
  • ¿Cómo podemos vivir como Juan el Bautista y vivir su mensaje hoy día?
  • ¿Cómo experimentas la libertad dada por Dios, una libertad que te libera para adorar a Dios y ser santo y justo?

Colosenses 1:11-20

En esta carta hay una explicación de lo que Cristo ha hecho por nosotros, y explica cómo debemos actuar en el mundo para vivir la salvación de Cristo. Este pasaje contiene un himno a Cristo que comienza en el versículo 15, “Él es la imagen del Dios invisible”, y sigue hasta el versículo 20, “haciendo la paz mediante la sangre que derramó en la cruz”.

¿Pueden imaginarse cantándolo? Intente ponerle a este texto una música que conozca: un himno tradicional, una salmodia o una canción contemporánea. El texto parece menos una “conferencia” sobre quién es Cristo, como si se tratara de una serie de hechos sobre Cristo que debiéramos de memorizar.

Ahora el texto nos regocija: ¡Cristo es la imagen invisible de Dios! Todas las cosas fueron creadas a través de él y para él y, a través de Cristo, ¡todas las cosas en el cielo y en la tierra pueden reconciliarse con Dios a través de la pacificación de la cruz!

Eso es definitivamente un himno de alabanza. Transmite un mensaje pujante y nos ayuda en estar más alegres a la hora de dar gracias. Todos estos hechos acerca de Cristo nos conducen a estar jubilosos y fortalecidos para el viaje.

  • ¿Cuáles son algunos de tus himnos preferidos? ¿Cómo te sientes cuando los cantas? ¿Los cantas cuando sientes estrés, enojo, tristeza o dolor? Intenta escribir el texto de un himno para ver lo que te enseña y la verdad del evangelio que proclama.
  • Intenta escribir un himno como éste. ¿Qué es lo que más amas de Cristo? ¿Cómo conoces a Cristo en tu propia experiencia? ¿Qué imágenes o relatos de la Escritura te vienen a la mente cuando contemplas a Cristo?

Lucas 23:33-43

En este último domingo después de Pentecostés leemos la historia de la crucifixión de Cristo, y lo llamamos hoy “Domingo de Cristo Rey”. ¿Qué decimos acerca de Cristo como rey al leer hoy acerca de la crucifixión? ¿Qué dice acerca de [su] reinado?

Primero, está el letrero que clavaron en la cruz: “Este es el Rey de los Judíos”. Roma no hizo esto como una confesión de fe. Ellos [los romanos] estaban mostrando a través de un acto brutal lo que les ocurría a los líderes de las naciones que se interponían en su camino, y estaban mostrando lo que le sucedería a cualquiera que se levantara contra ellos. Irónicamente, Roma sólo tiene razón en parte. Este es el Rey de los judíos, pero es también el Rey de los gentiles (y por tanto el Rey de los romanos, y de los griegos y de los persas —y de todos los demás).

Segundo, este es un rey sobre cuyas características no hay acuerdo. Uno de los criminales se mofa de él, y el otro lo defiende. Algunos se burlan de él como Mesías mientras otros lo confiesan como Mesías. Compara la imagen de Cristo en el libro de Apocalipsis, como el héroe conquistador que viene en gloria, con la imagen de Jesús en el evangelio de Marcos, como el Mesías sufriente. Estas diferentes imágenes de Jesús muestran que su reinado no es como un reinado terreno en su pompa y extravagancia, pero que sin embargo es un reinado en su poder.

Tercero, ¿qué dice Jesús desde la cruz? “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” y “En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso”. Este es un rey que no busca venganza sino reconciliación. (Véase Colosenses 1:11-20, la lectura de la epístola para hoy). Este rey no le dice a los romanos, “Lo que me han hecho, yo se los haré”, sino que pide en cambio que sean perdonados. En lugar de condenar al ladrón que se mofa de él, Jesús se dirige al ladrón que reconoce la inocencia de Jesús y le da una promesa de esperanza y de paz.

  • ¿Qué cualidades de tu lista de liderazgo en la lectura de Jeremías para hoy se muestran aquí en Jesús?
  • ¿Qué imágenes de Cristo en el Nuevo Testamento o en la tradición de la Iglesia te tocan más de cerca? ¿Qué imágenes no te dicen nada? ¿Qué puedes aprender de esta serie de imágenes?
  • ¿Cómo perdona uno la injusticia y la brutalidad? ¿Cómo pueden llevarse la reconciliación y la esperanza a un mundo necesitado?

Escrito por Joseph Farnes. Este estudio bíblico se publicó originalmente el 24 de noviembre de 2013.

[1] Abreviatura de Revised Common Lectionary [Diccionario Común Revisado]

Estudio bíblico Propio 28(C), 13 de noviembre de 2016

[RCL[1]] Isaías 65:17-25; Cántico 9; 2  Tesalonicenses 3:6-13; Lucas 21:5-19

Isaías 65:17-25

En este pasaje, encontramos al profeta Isaías hablándole al pueblo judío que ha regresado de su exilio en Babilonia. Pese al hecho de que no ya no está exiliado, el público de Isaías era particularmente pudiente. En lugar de regresar a la deslumbrante ciudad que fuera profetizada a través de las Escrituras hebreas, el pueblo judío de las generaciones que siguieron al exilio no se había recuperado aún y vivía en una Jerusalén deteriorada y derruida, una Jerusalén que distaba de lo que ellos esperaban.

Sin embargo, el profeta Isaías tiene un mensaje de esperanza para los judíos del postexilio, un mensaje que puede ofrecernos esperanza a nosotros también. Oímos el mensaje de que el Señor Dios “creará nuevos cielos y nueva tierra (v. 17) y que “el lobo y el cordero pacerán juntos” (v. 25). Este mensaje es de restauración, de novedad y de coexistencia pacífica, pero es también una promesa radical de una creación enteramente nueva. El mismo Dios que creó el mundo y extrajo vida abundante de un vacío informe una vez más creará orden y belleza a partir del caos, la confusión y las tribulaciones.

  • ¿Qué clase de hábitos tienes en tu vida espiritual que te ayudan a sentirte revitalizado/a, restaurado/a y renovado/a?

Cántico 9 (Isaías 12)

En este cántico de alabanza, oímos una vez más la perspectiva de los judíos postexílicos que han atravesado tiempos de pruebas, que que han oído también la promesa de la restauración y aguardan este día de transformación futuro. Este texto es una visión de lo que el pueblo dirá a Dios en el día en que las promesas de Dios se cumplan.

El versículo “Sacaréis con gozo agua de las fuentes de la salvación” (v. 3) presenta una imagen particularmente notable. Aunque extraer agua puede ser un quehacer bastante ajeno a nosotros en el presente, habría sido una tarea muy familiar para el público original de Isaías.

Esta tarea de sacar agua, un cuenco o un balde a la vez, habría sido un trabajo tedioso e intensivo, pero totalmente necesario para vivir; hay que sacar agua para beber, para cocinar, para agricultura. Esta tarea era absolutamente esencial y, aunque tal vez difícil, tenía un resultado vivificador. Al igual que el deber de sacar agua, nuestras relaciones con dios pueden también ser de este modo. A pesar del esfuerzo y los conflictos, tenemos la esperanza y la promesa de vida y salvación eternas mediante una relación porque, tal como el profeta promete, es Dios quien nos salva.

  • ¿Cuáles son los retos en tu vida diaria que te dan la oportunidad de “sacar agua con gozo”? Es decir, ¿dónde en tu vida pueden tus conflictos y frustraciones conducirte a una relación más profunda y vivificadora con Dios?

2  Tesalonicenses 3:6-13

Es bastante fácil moralizar este pasaje y usarle para enjuiciar a otros, especialmente porque contiene frases como esta: “si alguno no quiere trabajar, tampoco coma” (v. 10). Sin embargo, esta pasaje también nos ofrece una oportunidad de reflexionar sobre lo que significa estar en comunidad, particularmente  considerar las dificultades y frustraciones de la vida en una comunidad cristiana.

¿Cómo, entonces, deben los cristianos tratarse mutuamente? Somos llamados por Dios a amar a nuestros prójimos como a nosotros mismos, pero, ¿qué significa eso? Para Pablo, comunicándose con los tesalonicenses, esto significa no estar ociosos. Cuando estamos ociosos, colocamos la carga sobre otras personas. Si no limpio lo que ensucio, alguien tendrá que hacerlo. Al escoger la inacción, estoy haciendo una elección para mí mismo, pero también una elección que va a recaer sobre aquellos afectados por mis acciones.

Pero la inacción también puede afectar nuestra relación con Dios. Cuando estamos inactivos, no le estamos dando lo mejor que tenemos a Dios, lo cual hace un flaco servicio tanto a Dios como a nosotros mismos. Si evadimos nuestro llamado como hijos de Dios, llamado a una relación amorosa. En lugar de inacción, debemos optar por estar activos en nuestras relaciones, con Dios y los que nos rodean, dando lo mejor de nosotros mismos a aquellos con quienes Dios nos llama a relacionarnos.

  • ¿Eres activo o inactivo en tu relación con Dios?
  • Si estas inactivo, ¿qué puedes hacer para estar más activo? Si eres activo en tu relación con Dios, ¿cómo sostienes esa relación?

Lucas 21:5-19

A través de los evangelios, somos testigos de que Jesús critica el templo y sus autoridades: este es el mismo templo que Jesús limpio y el mismo templo en el que Jesús denunció a los escribas. La corrupción de las autoridades del templo, aquellos que se suponen sean los líderes religiosos y sociales, están alejando al pueblo del culto correcto de Dios y [esa corrupción] debe ser destruida a fin de llevar a la gente a una relación correcta.

Según avanza este pasaje, Jesús advierte a sus seguidores de las dificultades que les esperan: arrestos, persecuciones y traición. En verdad eso no hace que la senda de los discípulos parezca atractiva. Sin embargo, tan arduo como pueda resultar este pasaje, termina con una promesa: “Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá. Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas” (v. 18-19).

En el tiempo en que se escribió el evangelio, el templo de Jerusalén ya había sido destruido y las palabras de Jesús se habían cumplido. Y si Jesús tuvo razón respecto al templo, ¿no podemos creer también su promesa de que, si lo seguimos, ni un cabello de nuestra cabeza perecerá? En presencia de la corrupción, Jesús es un nombre digno de confianza, y por seguirle, podemos descansar en la promesa de una nueva vida.

Añ igual que los escribas del templo en tiempos de Jesús, todos tenemos personas o influencias en nuestras vidas que pueden entorpecer nuestra relación con Dios.

  • ¿Quién o qué se interpone en el camino de tu relación con Dios?
  • En presencia de pruebas y dificultades, ¿cómo encuentras la promesa de Dios en tu vida?

 Escrito por Jordan Trumble. Este estudio bíblico se publicó originalmente el 17 de noviembre de 2013.

[1] Abreviatura de Revised Common Lectionary [Diccionario Común Revisado]

Estudio Bíblico Propio 13(C), 31 de julio 2016

[RCL] Oseas 11: 1-11; Salmo 107: 1-9, 43; Colosenses 3: 1-11; Lucas 12: 13-21

Oseas 11: 1-11
Es sorprendente ver la vulnerabilidad emocional y la pasión de Dios en este pasaje. Olvide cualquier noción de Dios como observador distante, no afectado. Dios nos quiere con poderosa pasión. Israel es el hijo rebelde que continuamente rompe la relación con Dios, y el dolor de Dios es casi palpable en el pasaje de hoy de Oseas. Es como si Dios estuviera diciendo: “Israel, tú eres mi hijo que te saqué del desierto, y sigues vagando adorando a otros dioses. Estás rompiendo mi corazón. Pero no voy a claudicar. ¿Cómo puedo olvidar a mi hijo amado? ”

Las palabras de Dios son tan ciertas para nosotros, como lo son para Israel. ¿No somos los hijos de Dios, que fuimos rescatados del desierto mediante las aguas del bautismo? Pero a veces fallamos. Perdemos de vista de quién somos y hacia dónde nos dirigimos como hijos amados de Dios. Nuestro deambular es el mismo que el de Israel: somos ajenos al amor de Dios, que nos persigue con tanto empeño. Pero nuestra esperanza es también la misma que la de Israel: confiar en el Dios que gentilmente nos busca en lugar de nosotros mismos o en cualquier otra cosa en la que podríamos estar tentados de poner nuestra confianza.

  • ¿Cómo ha sentido que Dios ha buscado relacionarse con usted esta semana?
  • ¿Cómo puede practicar en poner su confianza en Dios?

Salmo 107: 1-9, 43
Recientemente trabajé en un campamento de verano donde ayudé a niños pequeños a familiarizarse con la piscina. Iban de cinco a ocho años, y muchos de estos niños nunca habían nadado antes. Cada niño se sentaba en el borde de la piscina y esperaba su turno para ser llevado a través del agua de la piscina. Lo que me sorprendió fue el rápido progreso que algunos de estos niños fueron capaces de hacer en su nivel de comodidad en el agua. Algunos de los niños confiaban en mí lo suficientemente para que les permitirá darse la vuelta ellos mismos y flotar de espaldas. Creyeron que era digno de confianza lo que les permitía confiar en que les llevaría a través del agua.
Las aguas de nuestra vida pueden ser profundas y francamente aterradoras. Pero si confiamos en que Dios es bueno, podemos permitirnos ser transportados, incluso en las más violentas aguas.

  • ¿Usted cree que Dios es fundamentalmente bueno como dice el salmista?

Colosenses 3: 1-11
Esta sección de la carta a los Colosenses tiene que ver con una reorientación radical de la identidad personal. Imagínese que usted conoce a alguien por primera vez. Usted comienza a presentarse, pero en lugar de comenzar por dónde nació o lo que hace para ganarse la vida, le dice que es una parte de Cristo. Su identidad como parte de Cristo es tan fundamental que se convierte en el factor principal en la forma de pensar de sí mismo. Eso es lo que el autor de Colosenses describe cuando escribe “habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios”.

Es esta identificación con Cristo la que enmarca nuestras vidas. Es la base para nuestras vidas éticas: estamos en Cristo y, como parte de él, que es verdadero y bueno, lo único que tiene sentido es abandonar todo lo que en nuestras vidas no refleje quién él es.

  • ¿Qué significa abandonar todo lo que en sus vidas que no refleje a Cristo en nosotros?

Lucas 12: 13-21
“¡Cuídense! Estén en guardia contra todo tipo de avaricia; porque la vida no consiste en la abundancia de posesiones”. La advertencia de Jesús no podría ser más oportuna.
Hace poco oí a un obispo decir que la religión más grande de América es el consumismo. Nos pidió  hacer una pausa y reflexionar sobre el hecho de que todas nuestras fiestas nacionales: Navidad, Acción de Gracias, el Memorial Day, etc. están dedicadas a las compras. Nuestras fiestas nacionales son ocasiones para comprar más cosas que, lo más probable es que no las necesitemos. Y luego trabajamos más para obtener más dinero para comprar más cosas que realmente no necesitamos. El ciclo continúa hasta que nos encontramos robados de la realidad de vivir nuestras vidas, reducidos a anticipar la próxima compra.

Pero esta no es la vida. La advertencia de Jesús es una buena noticia que nos invita a vivir realmente la vida que Dios quiere: una vida de amor que se entrega en relación con Dios, con nuestros vecinos, y con la creación.

  • ¿De qué manera se entrega usted a la necesidad de una “abundancia de posesiones?”
  • ¿De qué manera se puede llegar a ser “rico para con Dios?”

Jamie Osborne es seminarista de segundo año en la diócesis de Alabama y estudia en el seminario de la Universidad del Sur. Jamie y su esposa, Lauren, viven con sus hijos en Sewanee, TN. Además nutrir a los que ya están en la Iglesia Episcopal, Jamie desea guiar a los jóvenes adultos y los que están sin iglesia a una vida de fe en la tradición episcopal. También dedica bastante tiempo pensando en lo que Dios estará pidiendo a la iglesia que sea y que haga en medio de los cambios culturales, tecnológicos y religiosos que están sucediendo en el paisaje de  Estados Unidos y del mundo

 

Publicado por la Oficina de Comunicaciones de la Misión de la Sociedad Misionera Doméstica y Extranjera, 815 Second Avenue, Nueva York, NY 10017.
© 2015 La Sociedad Misionera Doméstica y Extranjera de la Iglesia Protestante Episcopal en Estados Unidos de América. Reservados todos los derechos.

Estudio Bíblico Propio 12(C), 24 de julio 2016

Oseas [RCL] 1: 2-10; Salmo 85; Colosenses 2: 6-15, (16-19); Lucas 11: 1-13

Oseas 1: 2-10
Estos versos del primer capítulo de Oseas presentan un YHWH ofendido que parece a la vez  vengativo e indeciso. Israel ha traicionado a Dios, el pueblo de los reinos divididos ha roto su promesa del pacto de adorar solamente a YHWH. Se seguirán consecuencias: el castigo de Dios se acerca, se termina la compasión y el perdón de Dios, y el pueblo de Dios es repudiado. YHWH solo habla en estos versos, y en las palabras de YHWH vemos dolor,  ira, y quizás lo más espectacular, el dolor del distanciamiento. A pesar de las traiciones, a pesar de la infidelidad de Israel, Dios no puede dejar de hacer lo que Dios hace, establecer la paz, la salvación y la conciliación.
La metáfora del matrimonio empleada aquí puede ser a la vez iluminadora y confusa, la extrema diferencia de poder entre el marido (Oseas, que representa a Dios) y la mujer (Gomer, que representa el pueblo de Dios) es preocupante para los que entienden el matrimonio como una asociación entre iguales. Sin embargo, en el contexto del antiguo Cercano Oriente, la falta de fidelidad de Israel impactó el estado y la reputación de YHWH en relación con otras deidades, al igual que habría sido percibido el comportamiento de una mujer que impactara la prominencia y el honor de su marido.

  • ¿Hay algo que podamos hacer que nos separe total y permanentemente del amor de Dios? Y ¿qué decir que la respuesta acerca de la naturaleza de Dios?
  • ¿Qué significado (s) podríamos sacar de la metáfora del matrimonio, centrándose alternativamente en los personajes de Oseas y Gomer?

Salmo 85
Las frases del Salmo 85 se encuentran entre las más conocidas de toda la salmodia; el lenguaje de la restauración, la paz y la rectitud, conforta y asegura a la audiencia de hoy tal como lo hizo en el contexto del Cercano Oriente Antiguo. Los diferentes tiempos verbales utilizados por el salmista a lo largo de estos 13 versos hablan de una profunda visión escatológica. El pueblo de Dios se regocija por haber sido restaurado y perdonado, incluso a medida que anticipan el cumplimiento de la profecía y la salvación prometida. El deber del salmista, como se declara en el versículo 8, es escuchar a Dios, no sólo a través de las historias y profecías del pasado, sino a través de los movimientos y los milagros de la actualidad.

  • ¿Cómo podemos entendernos a nosotros mismos cuando vivimos en un “entre”  tiempo escatológico, y cuál es nuestro papel / responsabilidad como pueblo de Dios en este tiempo?
  • Los ruegos de los versículos 5 y 6 se hacen con confianza. ¿Tenemos este tipo de fiel confianza en las promesas de Dios? Si no es así, ¿cómo podríamos cultivarla?

Colosenses 2: 6-15, (16-19)
Estos versos del segundo capítulo de la carta de Pablo a los colosenses pueden sonar en nuestros oídos como una versión ingeniosa cristiana primitiva  del popular slogan de los años 1970 “Mantente en custodia”. Pablo describe el camino del discipulado como una planta floreciente, con sus raíces en la realidad de la verdad del evangelio que Jesucristo es el Señor y mesías. Agradecimiento es el fruto que los discípulos de Cristo tienen que mantener continuamente mientras  crecen en la fe.
La preocupación de Pablo aquí es que algunos miembros de la iglesia pueden ser conducidos lejos del camino del discipulado por falsas enseñanzas, promesas que alguien o algo distinto a Jesús de Nazaret representa una manifestación completa de Dios en la humanidad. Pablo recuerda a sus lectores la singularidad única de Jesús como el Cristo, el único que salva a la humanidad de sus propios males y libera a sus seguidores de las acusaciones y  opresiones de todos los sistemas terrestres.

  • ¿Cuáles son las falsas enseñanzas y tradiciones que en general  hoy engañan a los cristianos de América y a las personas en nuestras comunidades de fe?
  • ¿El lenguaje de Pablo de ser tomados  “cautivos”, y que los captores terrenales son  ‘desarmados’ por Jesús, borra o minimiza nuestro actuar humano? ¿Cuál es nuestra responsabilidad y nuestro deber con respecto a nuestra propia conducta fiel?

Lucas 11: 1-13
El discípulo anónimo viene a Jesús con una simple petición, pero profunda: “Señor, enséñanos a orar”. Esta solicitud supone una profunda confianza y un reconocimiento de que la instrucción de este maestro es singularmente valiosa e impregnada de santidad. Jesús responde ofreciendo a sus discípulos (y a nosotros) esa oración perfecta que es tan familiar, después de haber sido registrada en los evangelios e incluida en nuestras liturgias históricas. También articula un vínculo entre la oración y la persistencia, un enlace que nos puede desafiar a pensar de manera  diferente acerca de la práctica y el propósito de la oración. Dios no nos dará serpientes o escorpiones, pero tampoco siempre recibiremos lo que hemos pedido. Jesús usa una metáfora padre / hijo para ayudar a los discípulos a que entiendan su mensaje de pedir, buscar y llamar. El regalo más grande que podemos esperar recibir, el don que Dios ofrece a los que rezan con persistencia y fidelidad, es el Espíritu Santo.

  • ¿Realmente entendemos las palabras de la oración del Señor, palabras que conocemos de memoria? ¿Qué es “pan de cada día”? ¿Realmente “perdonamos a todos los que nos deben”? Y ¿qué es “caer en la tentación”?
  • Los versículos 9 y 10 se citan a menudo como seguridad de que Dios nos dará todo lo que deseamos, siempre y cuando oremos lo suficiente. Pero, ¿cómo el resto de la metáfora de dar regalos entre padre e hijos informa nuestra comprensión de este pedir y recibir en oración?

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Escrito por la Revda. Margaret (Maggie) Leidheiser-Stoddard. La Revda. Leidheiser-Stoddard se graduó en el seminario Bexley-Seabury  con diploma en estudios anglicanos en  mayo del 2016. Obtuvo su Maestría en Teología en el seminario del Pacífico (Berkeley, CA), y un M. A. en Religión y Modernidad de la Universidad de Queen (Kingston, ON). Fue ordenada al diaconado transitorio en junio del 2016, y comenzará una residencia en la iglesia episcopal de San Juan en Worthington, OH este otoño. Vive en Bexley, OH con su marido, hijo, y un conejillo de indias.

 Publicado por la Oficina de Comunicaciones de la Misión de la Sociedad Misionera Doméstica y Extranjera, 815 Second Avenue, Nueva York, NY 10017.
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Estudio Bíblico Propio 11(C), 17 de julio 2016

[RCL] Amós 8: 1-12; Salmo 52; Colosenses 1: 15-28; Lucas 10: 38-42

Amós 8: 1-12

En esta sección de Amós vemos una narración de juicio, así como de la naturaleza humana. Se nos recuerda que habrá momentos en los que ser responsables de nuestras obras puede parecernos un castigo o una reprobación de Dios. También se nos pide que recordemos que Dios está siempre presente y observa nuestras acciones, a pesar de que la presencia de Dios no se pueda sentir. Estamos quebrantados en nuestra humanidad y por lo tanto tomaremos decisiones que desagradan a Dios, sin embargo, el ser juzgado no necesariamente significa la pérdida de la gracia y de la misericordia de Dios. Como cristianos se nos pide que participemos en un mundo roto con la voluntad de compartir el mensaje de amor y gracia de Dios a pesar de la sentencia, los conflictos y la desesperación. Esto es parte de nuestro caminar en el movimiento de Jesús.

  • ¿Por qué juzgamos?
  • ¿Quién tiene el derecho a juzgar?
  • ¿Dónde reside la misericordia de Dios en la existencia?
  • ¿Dónde reside la misericordia de Dios en el juicio?
  • ¿Siente usted que su amor a Dios hará que sea juzgado por los no creyentes?

Salmo 52
¿Cómo es de fuerte su fe en Dios? Tome un momento para pensar cuánta confianza y fe tiene usted en Dios. En este salmo, se nos alienta a no presumir de lo que hacemos ya sea negativo o positivo. Se nos pide que edifiquemos a otros y a nosotros mismos sin buscar reconocimiento. Se nos recuerda a que busquemos y veamos lo bueno en todos, no solo en unos pocos. El olivo representa el crecimiento y la fuerza de Dios en nuestras vidas. Se nos recuerda que cuando cultivamos la presencia de Dios en nuestras vidas la misericordia de Dios será eterna y arraigada en el bien no en la destrucción.

  • ¿Tiene una fuerte fe en Dios?
  • ¿Cómo  podría usted colocar su profesión o logros por delante de Dios?
  • ¿Qué papel tiene Dios en nuestro éxito?
  • ¿Dónde está Dios en su relación consigo mismo y con los demás?

Colosenses 1: 15-28
Muy a menudo damos gracias y alabanza a Dios sin reconocer el regalo de Dios de Cristo y nuestra capacidad para compartir y exponer sus enseñanzas. Al igual que Pablo tenemos el encargo de compartir la plenitud de la palabra de Dios como parte del movimiento de Jesús. Se nos pide que reconozcamos la existencia de Cristo en nosotros mismos y en los demás. Sin embargo, a menudo no logramos salir fuera de nosotros mismos y de las circunstancias inmediatas para ver y ser como Cristo con nosotros mismos y los demás.

  • ¿Cómo se vive la plenitud de Dios en el mundo?
  • ¿Qué cualidades de Cristo observa también en usted mismo y en los demás?
  • ¿Con qué frecuencia acepta la oportunidad de difundir las enseñanzas y la palabra de Dios?
  • ¿Puede la palabra de Dios ser observada a través de las obras y no de las palabras? ¿Si es así, cómo?

Lucas 10: 38-42
Vivimos en una época en la que la mayoría de las personas sucumbe a múltiples distracciones. Siempre hay una necesidad de completar el trabajo y las tareas, incluso hasta el punto de privarnos, por las muchas tareas, de experimentar plenamente lo que estábamos haciendo. Estar ocupado no significa necesariamente que una persona tenga más éxito, a pesar de que nuestros logros y autoestima a menudo sean percibidos por lo ocupados que estamos.

La lectura del Evangelio nos invita a que estemos ocupados solo el tiempo suficiente para estar presentes con nosotros mismos y con Dios. El pasaje también nos invita a recordar y advertir dónde  buscar y encontrar a Dios en nuestras vidas.

Observe la forma en que las definimos por lo que hacen (profesión, tareas, etc.) o por  quiénes son (presencia, cuidado,  perspicacia) y cuál les permite experimentar más la presencia de Dios.

  • ¿Se define usted a sí mismo por su profesión o por las tareas que completa? Si es así, ¿por qué o por qué no?
  • ¿Dónde experimenta la presencia de Dios?
  • ¿Cuándo se experimenta la ausencia de Dios?
  • ¿Cuándo  se encuentra usted  más cerca de Dios?

Alexizendria Enlace (Zena), líder laica en la Iglesia Episcopal se ha ofrecido y trabajado con muchas y variadas organizaciones educativas y religiosas sin ánimo de lucro. Se graduó en el seminario episcopal y en la Facultad de Teología de Harvard. Zena actualmente ejerce como miembro del Consejo Ejecutivo de la Iglesia Episcopal, en la Comisión de Justicia Social de la Diócesis de Massachusetts occidental y como Asesora Nacional de la Juventud de la Unión de Negros.

 

 

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Estudio Bíblico Propio 10(C), 10 de julio 2016

[RCL] Amós 7: 7-17; Salmo 82; Colosenses 1: 1-14; Lucas 10: 25-37

Amos 7: 7-17

Según el diccionario Webster, una plomada es “una herramienta que se utiliza para ver si algo está perfectamente vertical”. En el principio de esta lectura, Amós tiene una visión en la que Dios está colocando una plomada en medio de la gente de Israel y que los “santuarios de Israel serán asolados” como resultado de la manera en que los israelitas se están apartando lejos de Dios. Amós está entregando un mensaje fuerte al pueblo que debe realinearse a sí mismo con los propósitos de Dios. Viendo una oportunidad de desafiar a la autoridad de Amós, Amasías envía un mensaje al rey de Israel alegando que Amós, que actúa como un profeta, conspira contra el rey y está amenazando de muerte al rey y al reino. Amós niega cualquier interés personal en la misión, respondiendo que no es un profeta, sino una persona normal llamada por Dios para llevar el mensaje. Él apoya claramente su autoridad en Dios, no en su derecho de nacimiento o en una biografía.

  • A través de Amós, Dios llama al pueblo de Israel a que haga frente a las injusticias que les rodean. ¿Cómo cree que Dios nos llama ahora a luchar contra la injusticia?
  • Amós es una persona ordinaria situada en una trayectoria extraordinaria. ¿Se ha sentido usted de esta manera o ha estado en el ministerio con alguien que estaba claramente llamado por Dios a trabajar para reparar las injusticias? ¿Ha observado a algunos profetas como Amós trabajando en el mundo en este momento?

Salmo 82
La brevedad del Salmo 82 no concuerda con su poder. En unos pocos versos cortos el escritor de este profundo texto establece la completa autoridad de Dios; dice en voz alta las injusticias que se cometen contra los débiles y pobres, y menciona la ira de Dios: que los impíos “morirán como los mortales y caerán como cualquier príncipe” y Dios continuará gobernando la tierra. En el ritmo de este salmo, vemos el poder y la autoridad de Dios, mencionados, ejercidos, y establecidos.

  • ¿Ve este tipo de ritmo en las injusticias de que usted ha sido testigo?
  • ¿Cree que este ritmo y el resultado son posibles en cara a las injusticias perpetradas en el mundo de hoy?

 

Colosenses 1: 1-14
En este comienzo de la carta de Pablo a los colosenses, ora por la comunidad “para que  Dios les haga conocer plenamente su voluntad y les dé con abundancia sabiduría y el sentido de las cosas espirituales: que lleven una vida digna del Señor, agradándole en todo, dando fruto de buenas obras y creciendo en el conocimiento de Dios”. Por supuesto, Pablo no está hablando de un conocimiento de libro. Está hablando de un conocimiento más profundo de Dios y transformativo, enraizado en la historia de Jesús, y comunicado a través de las historias de Israel. Usa un lenguaje, referencias y alusiones, que esta comunidad entendería, para ayudarles a permanecer firmemente arraigados en su fe.

  • Pablo quiere apoyar a los colosenses a que lleven una vida digna de Dios. ¿Qué significa para usted “llevar una vida digna del Señor”?
  • ¿Qué historias, de la Escritura o no de la Escritura, le ayudan a conservar las raíces de su fe?

Lucas 10: 25-37
Es posible que se sorprenda al descubrir que la parábola del buen samaritano es el resultado de un diálogo entre Jesús y un abogado. Pero este contraste es clave para entender la parábola en su nivel más profundo. Todos estamos familiarizados con esta historia del sacerdote y del levita que no se detuvieron a ayudar al hombre golpeado y del samaritano, generalmente despreciado por los hijos de Israel, que se paró para ayudar. Pero imagínense la herejía para los oyentes en el momento en que Jesús le dice a este piadoso abogado que vaya y actúe como el samaritano. Una y otra vez en el evangelio de Lucas, Jesús toma riesgos de este tipo, desafiando el status quo y volteando la narrativa de maneras inesperadas.

  • ¿Ha tenido la suerte de presenciar a personas hablando y demostrando la verdad a los poderosos?
  • ¿Cuándo podría usted tener la oportunidad de hablar este tipo de verdad radical?

Escrito por Wendy Johnson. Wendy es la misionera digital para la Formación en la Iglesia Episcopal.

 

Estudio Bíblico Propio 9(C), 3 de julio 2016

2 Reyes 5: 1-14; Salmo 30; Gálatas 6: (1-6) 7-16 Lucas 10: 1-11, 16-20

2 Reyes 5: 1-14

¿Cuántas veces llevamos nuestra propia agenda a la obra de Dios, como hizo Naamán? ¿Con qué frecuencia pensamos que sabemos mejor que los profetas? Realmente me identifico con Naamán y su necesidad de contar con toda la pompa y circunstancia: que Eliseo, el hombre de Dios, saliera a invocar el nombre de Dios y moviera las manos sobre Naamán. ¿Cómo podía haber sido tan simple como ir a lavarse en el río Jordán? Él podría haberse bañado en Siria, donde el agua era mejor. Después de pagar diez talentos de plata, y seis mil piezas de oro, y diez conjuntos de prendas de vestir al rey de Israel, ¿eso era todo? ¿No se daba cuenta Eliseo de quién era Naamán? ¿No se daba cuenta de que Naamán era un poderoso guerrero y el comandante del ejército de Siria?

También puedo entender al rey de Israel, cuando se rasgó las vestiduras en señal de frustración sobre lo que creía ser un “truco”. Ni siquiera se le ocurrió enviar Naamán a Eliseo para que lo curara, sino que supuso que el rey de Siria estaba tramando una pelea con Israel. A menudo somos incapaces de ver la obra de Dios en el mundo y en nuestras propias vidas; llegamos a conclusiones y somos incapaces de dar a los demás el beneficio de la duda. Esto sucede cuando nuestra mente se fija en lo terrenal, más que en las cosas de Dios.

  • ¿Cuándo te has interpuesto en el camino de Dios?
  • ¿Qué podemos aprender de la historia de Naamán, el Rey de Israel y el hombre de Dios?

Salmo 30
Al igual que el salmista, exaltamos a Dios por todo lo que ha hecho por nosotros. Dios nos ayuda y restaura nuestra salud y vida. ¡El favor de Dios permanece para toda la vida! Pero ¿qué pasa en los momentos en los que no vemos el rostro de Dios; cuando parece que se oculta? Nos llenamos de miedo, como lamenta el salmista. Y luego, por la misericordia de Dios, nuestros lamentos se convierten en baile. En este salmo, se me recuerda el siempre presente amor y favor de Dios. Es solamente mi propia incapacidad de ver a Dios lo que hace que parezca que Dios ha apartado su rostro de mí. Pero mi salud y mi vida son regalos muy preciosos de Dios que es digno de exaltación y elogio. Mi Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

  • ¿Cuándo has sido incapaz de ver a Dios trabajando en tu vida?
  • ¿Cómo podríamos estar más presentes a la presencia de Dios en nuestras vidas?

Gálatas 6: (1-6) 7-16
Cuando Pablo dice: “¡Estar o no estar circuncidado, no tiene ninguna importancia; lo que importa es ser una nueva criatura!”, nos recuerda que las cuestiones del espíritu no dependen de meras reglas o apariencias externas. Lo que Dios nos está pidiendo en Cristo Jesús es convertirnos en nuevas criaturas. ¿Cómo seríamos, si fuéramos creados de nuevo? Dios nos pide que dejemos de perseguir o incluso de molestar a otros debido a su apariencia o prácticas  externas. Dios nos pide que estemos más centrados en nuestro ser espiritual y menos en nuestro ser físico. Dios nos pide que estemos más preocupados de ayudar a la gente en lugar de juzgarla. Pablo nos pide que seamos esa nueva criatura en Cristo Jesús. Dice que solamente va a gloriarse en la cruz de Cristo. ¿Podemos decir eso también?

  • ¿Cómo seríamos, si fuéramos creados de nuevo?
  • ¿Te preocupas de ayudar a la gente en lugar de juzgarla?

Lucas 10: 1-11, 16-20
En la lectura de este Evangelio, Jesús enseña a sus discípulos cómo llevar a cabo su ministerio. Les dice que vayan en paz, que saluden a la gente, reciban su hospitalidad, sanen, y proclamen la cercanía del reino de Dios. También les dice cómo han de responder cuando su paz no es correspondida. Jesús explica que quien los escucha, le escucha a él, y el que los rechaza lo rechaza a él, y el que lo rechaza a él, rechaza al que lo envió. Jesús da a los discípulos su autoridad sobre todo el poder del enemigo. En su nombre son capaces de hacer que los espíritus se les someten a ellos. Jesús también les exhorta a regocijarse, no de que los espíritus se les sometan, sino más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo.

  • ¿Qué dice esta lectura acerca de tu propio ministerio?
  • ¿Cómo abordas la obra que Dios te ha encargado hacer?
  • ¿Cómo respondes cuando te encuentras con dificultades en tu ministerio?


Escrito por Robin Kassabian
Robin cursa tercer año de seminarista y es postulante para la ordenación al presbiterio en la Diócesis Episcopal de Los Ángeles. Sus áreas de interés incluyen ministerio multicultural, la paz y la justicia en el trabajo y la accesibilidad /inclusión. Robin está casada con Paul Kassabian y tiene tres hijos: Claire, David y Anna.

 Publicado por la Oficina de Comunicaciones de la Misión de la Sociedad Misionera Doméstica y Extranjera, 815 Second Avenue, Nueva York, NY 10017.
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