Estudio Bíblico, Epifanía 1 (C) – 13 de enero de 2019


[RCL] Isaías 43: 1-7; Salmo 29; Hechos 8: 14-17; Lucas 3: 15-17, 21-22

Isaías 43: 1-7
Al recordar el bautismo de Jesús en el río Jordán, las palabras del profeta Isaías nos hablan acerca de la profunda fidelidad de Dios. En este pasaje, Dios promete a su pueblo elegido que estará con ellos sin importar lo que pase. Cuando era estudiante en una pequeña universidad relacionada con la iglesia en el Medio Oeste, cantábamos constantemente el himno Grande es tu fidelidad. El ministro de mi campus una vez me explicó por qué le gustaba tanto: “La canción atribuye fidelidad al que le pertenece: a Dios”. En cuanto cristianos, tenemos una tendencia a centrarnos en nuestra fidelidad, olvidándonos que es Dios quien es el primer y principal fiel a nosotros. Isaías nos dice que el Señor nos protege. Con Dios a nuestro lado, podemos estar seguros de que ningún daño nos llegará. “Si tienes que pasar por el agua, yo estaré contigo, si tienes que cruzar ríos, no te ahogarás; si tienes que pasar por el fuego, no te quemarás, las llamas no arderán en ti.”

  • A menudo consideramos la importancia de las promesas que hacen los candidatos (o sus padrinos) en el bautismo, pero ¿qué promesas nos hace Dios en el bautismo? ¿Cómo la relación de Dios con Israel también representa estas promesas?

Salmo 29
Este pasaje nuevamente se centra en el poder del Señor. Aquí está la voz del Señor que se caracteriza por ser especialmente poderosa. ¡La voz del Señor puede hacer casi cualquier cosa! Rompe los árboles de cedro, divide las llamas del fuego, sacude el desierto y hace que los robles se retuerzan. En esta fiesta bautismal, la imagen de Isaías de la voz de Dios en las aguas recuerda al espíritu que se mueve sobre las aguas en la creación, una imagen del Génesis que se refleja en la liturgia bautismal en el Libro de Oración Común. El salmista dice: “La voz del Señor sobre las aguas; truena el Dios de la gloria; el Señor está sobre las grandes aguas”. La misma voz de Dios que flotaba sobre las profundidades antes de que comenzara el tiempo también dio fuerza a su pueblo Israel, ungió a su amado Hijo en el Jordán y está presente con nosotros en las aguas vivas de la creación.

  • Tómese un momento para leer la liturgia bautismal en el Libro de Oración Común. ¿Cómo experimentamos que la voz del Señor pensó este sacramento? ¿Qué nos dice Dios a través de las aguas del bautismo?

Hechos 8: 14-17
Este pasaje de los Hechos de los Apóstoles habla del cuerpo siempre creciente de Cristo. Desde el origen de la Iglesia, el bautismo ha significado la inclusión en la comunidad cristiana. Lo que echamos de menos de este extracto es que Felipe ha ido a Samaria a predicar a Jesucristo, y evidentemente lo ha hecho con gran éxito, bautizando a muchos en el camino. Cuando los apóstoles en Jerusalén se enteran de su éxito, van a agregar su apoyo y sus oraciones por los nuevos iniciados. Dejando a un lado complejos argumentos teológicos sobre el papel de los apóstoles en otorgar el Espíritu Santo, esta historia sirve como recordatorio de lo que realmente es el bautismo: la comunidad cristiana. Los recién bautizados forman parte de una comunidad que se extiende mucho más allá de los límites de la parroquia local. El bautismo no es un rito de pasaje familiar o la celebración de un bebé con un vestido blanco. Lo mismo que nuestros obispos de hoy nos conectan con la iglesia en general, Pedro y Juan nos recuerdan que el bautismo no se trata de nosotros, de nuestra familia, ni de nuestra parroquia. El bautismo se refiere a toda la comunidad de Cristo. Mediante él, los hijos de Dios se incorporan a una herencia eterna que se remonta a los primeros apóstoles y se extiende hasta la eternidad.

  • ¿Se siente conectado con el amplio Cuerpo de Cristo más allá de su comunidad parroquial?
  • ¿Cómo su bautismo le pide que vaya más allá de los límites de su congregación y hacia una relación más amplia con el pueblo de Dios?

Lucas 3: 15-17, 21-22
Los primeros tres versículos de este texto le llevan al oyente inmediatamente al Adviento. En el tercer domingo de Adviento en el año C, escuchamos estos versículos hacia el final de la lectura del evangelio. Cuando Juan insta a la gente a “portarse de tal modo que se vea claramente que se han vuelto al Señor”,  comienzan a preguntarse si él podría ser el Mesías. No, les asegura, yo bautizo con agua, pero él te bautizará con fuego y el Espíritu. Hoy también oímos el breve relato de Lucas sobre el bautismo de Jesús. Después del bautismo de Jesús, Dios le otorgó el Espíritu Santo: “El cielo se abrió, y el Espíritu Santo bajó sobre él en forma visible, como una paloma, y se oyó una voz del cielo, que decía: Tú eres mi Hijo amado;  a quien he elegido”. El oyente tiene la sensación de que este bautismo, el bautismo de Jesús, es diferente. Este no es simplemente el bautismo de arrepentimiento de Juan, este es el del propio Hijo de Dios, especialmente ungido con el Espíritu. Ahora que ha sido identificado por la misma voz de Dios, su ministerio público comenzará a desarrollarse.

  • Así como el bautismo de Jesús fue el comienzo de su ministerio público, el bautismo de usted fue el comienzo de su vida en Cristo. ¿Cuál es el ministerio de los bautizados? ¿Cómo vive ese ministerio?

Descargue el Estudio Bíblico para Epifanía 1 (C).

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