Estudio Bíblico, Domingo de Cristo Rey – 25 de noviembre de 2018


RCL: Samuel 23:1-7; Salmo 132:1-13 (14-19); Apocalipsis 1:4b-8; Juan 18:33-37

2 Samuel 23:1-7

El rey David, tal vez el más grandioso rey de Israel, en sus últimas palabras no se atribuyó el mérito propio, sino que declaró que era Dios quien lo había ungido y elevado al puesto de liderazgo. David le reconoce a Dios el mérito no solo de su ascenso al poder sino también de su habilidad para gobernar al pueblo con justicia. David proclamó: “El que gobierne a los hombres con justicia, el que gobierne en el temor de Dios, será como la luz de la aurora, como la luz del sol en una mañana sin nubes, que hace crecer la hierba después de la lluvia”. El liderazgo piadoso no era simplemente lo correcto para el rey David, sino que era algo de gran belleza. David comprendió que utilizar nuestras posiciones de autoridad e influencia para propósitos buenos y justos es lograr que nuestras casas, nuestros pequeños reinos, sean como el Reino de Dios.

  • ¿En qué puestos de autoridad sirve usted donde podría propiciar que el Reino de Dios se hiciera presente?
  • ¿Qué pequeña acción podría hacer hoy para lograr que su casa se parezca más al Reino de Dios?

Salmo 132:1-13 (14-19)

El salmista nos recuerda a nosotros, a los lectores, el compromiso del rey David de construir un templo, una morada para Dios. Este compromiso no era simplemente algo que pudiera quedar relegado a un segundo plano, ni tampoco una promesa de campaña que conmoviera los corazones del pueblo para que lo apoyaran a él, incluso si nunca llegara a cumplirse por completo. Por el contrario, el rey David decidió que la creación de un lugar para que Dios habitara sería una prioridad tanto en su vida como en su liderazgo. David prometió: “No me pondré bajo techo ni me acostaré a descansar, no cerraré los ojos ni dormiré un solo instante, mientras no encuentre casa para el Señor, el Poderoso de Jacob”. Esta manera de establecer prioridades y la implacable búsqueda de crear un espacio para Dios, en medio del pueblo de Israel, se convirtieron en el deseo del corazón de David. Imagínese cómo podríamos aprovechar nuestra propia autoridad para servir a los demás si nuestro deseo fuera asegurarnos de que Dios viviera entre nosotros.

  • ¿Dónde ha creado usted espacio para Dios en su propia vida?
  • ¿En qué otro lugar de su vida podría ser una prioridad la creación de un espacio donde Dios pudiera habitar? 

Apocalipsis 1:4b-8

La escena que se nos describe aquí, en el primer capítulo de Apocalipsis, es la de un rey que llega y no hay ninguna duda en cuanto a quién es o por qué ha venido. El autor declara: “¡Cristo viene en las nubes! Todos lo verán, incluso los que lo traspasaron; y todos los pueblos del mundo harán duelo por él. Sí, amén”. En esta predicción de la segunda venida de Cristo, el Mesías regresará a la tierra de una manera inequívoca, como corresponde a un rey. Esto es muy diferente a su primera venida, cuando llegó sin la pompa y las circunstancias esperadas y, en cambio, vino al mundo como un infante, totalmente dependiente de aquellos que lo criarían. Este Jesús, es el Rey Mesías, “él tiene autoridad sobre los reyes de la tierra”, que irrumpe en el mundo de manera sorprendente, no solo para cambiar el curso de la historia, sino también para invitar a todo el mundo a participar y convertirse en su Reino en la tierra.

  • ¿Cómo entró Jesús en su vida y de qué manera o maneras le sorprendió su llegada?
  • ¿De qué manera práctica puede vivir en el Reino de Dios en su vida diaria?

Juan 18:33-37

Cuando fue interrogado por Poncio Pilato, Jesús respondió: “Mi reino no es de este mundo”. Esta declaración sería más sorprendente si fuera la primera vez que nos encontramos con Jesús describiendo el Reino de Dios, pero cuanto más oímos sobre el Reino de Dios, más entendemos que es muy opuesto o al revés en comparación al mundo que conocemos. Si bien nuestro mundo a menudo funciona con sistemas de escasez y determinando el valor con base en la oferta y la demanda, en el Reino de Dios [, por otra parte,] no solo hay bastante para todos, sino que hay en abundancia. En el Reino de Dios, todos tienen suficiente y nadie desea nada. Es en este Reino donde podemos estar libres de la esclavitud del impulso y del deseo infinito y finalmente ser libres para encontrar la satisfacción eterna en Aquel que nos ha liberado. Esta es la buena noticia: que Cristo nuestro Rey vino al mundo a proclamar, y todos los que pertenecen a la verdad escucharán su voz.

  • ¿De qué maneras se imagina que el Reino de Dios es diferente al mundo de hoy?
  • ¿De qué modestas maneras podríamos actuar para cambiar nuestra vida diaria y permitir que el Reino de Dios irrumpa?

El Reverendo Josh Woods escribió este estudio bíblico.

Descargue el Estudio Bíblico.

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