Estudio Bíblico, Adviento 1 (C) – 2 de diciembre de 2018

[RCL]: Jeremías 33: 14-16; Salmo 25: 1-9; 1 Tesalonicenses 3: 9-13; Lucas 21: 25-36

Jeremías 33: 14-16

“Miren que llegan días –oráculo del Señor- en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá”.

En esta frase hay dos cosas que me llaman la atención. Estoy segura de que Dios es bueno, y de que cumplirá las promesas hechas. Al mismo tiempo, me llama la atención la frustración de los israelitas, e incluso nuestra frustración hoy en día, al tener que esperar en el Señor.

  • ¿Qué promesas te ha hecho Dios?
  • ¿Qué esperas que Dios cumpla?
  • ¿Cómo podemos confiar en la seguridad de que Dios cumpla y lleve a buen término las promesas que ha hecho?

Descansemos en la fe y confianza de esas promesas.

Salmo 25: 1-9

En las primeras líneas de este salmo, encontramos una gran oración de confianza: “A ti, oh Señor, levanto mi alma; Dios mío, en ti confío”. ¡Qué bella manera de comenzar una oración! El salmista también muestra su propia humanidad y la duda en la siguiente línea: “No sea yo humillado, no triunfen mis enemigos sobre mí”. La historia de nuestro caminar con Dios en fe es a menudo la de confiar incluso ante la duda.

  • Cuando llegamos al final del día, ¿podemos también decir: “En ti he confiado todo el día”?
  • ¿Cómo nos sentiríamos colocando continuamente nuestra confianza en Dios?
  • ¿Qué reto sería ese para nosotros?
  • ¿Cómo podrían ser transformadas nuestras vidas?

Tal vez nos encontramos con que “todos los caminos del Señor son amor y fidelidad”, ¡qué regalo sería ese!

1 Tesalonicenses 3: 9-13

Esta carta la escribió Pablo a una de las comunidades de la iglesia primitiva. Me pregunto, en nuestra condición de miembros de la Comunión Anglicana, con qué frecuencia, pensamos de esta manera de nuestras iglesias compañeras. Sospecho que ha cesado la práctica de escribir animándose los unos a los otros, en parte porque vivimos en un mundo en el que las cartas no son la forma más rápida de comunicación, y en parte porque simplemente nos olvidamos de alentar y dar gracias a Dios por los demás. Seguir la llamada de Dios es difícil. Tenemos que fortalecernos los unos a los otros, para animarnos en nuestros ministerios, incluso cuando no estamos de acuerdo.

  • ¿Cómo podemos fortalecernos los unos a los otros?
  • ¿De qué manera podemos animarnos los unos a los otros en nuestras vocaciones y ministerio?

Que abundemos en el amor mutuo y nuestros corazones se fortalezcan en santidad.

Lucas 21: 25-36

Es difícil para mí leer esta lectura del evangelio sobre las señales de la venida del hombre y no conectarla con algunos maestros y predicadores de la fatalidad y del pesimismo a los cuales les encanta hablar sobre el fin de los tiempos y dibujar líneas en la arena sobre quién será salvado. Sin embargo, después de leerla un par de veces me parece que este pasaje no trata acerca de vivir en miedo sino de permanecer firmes en nuestra verdad como cristianos. Las instrucciones de Jesús no tratan sobre pasar el tiempo preocupados y en preparación para esta venida, sino más bien en “ponerse de pie y levantar la cabeza” cuando sucedan estas cosas.

  • ¿Estamos preparados para mantenernos fuertes en la fe? ¿Por qué o por qué no?
  • “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. ¿Cómo podemos permanecer firmemente fieles a las palabras eternas de Jesús y abandonar las cosas pasajeras?

Este estudio bíblico, escrito por Jasmine Bostock, originalmente se presentó para 29 de noviembre de 2015.

Descargue el Estudio Bíblico para Adviento 1 (C).

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