Estudio Bíblico, Pentecostés 21 – 14 de octubre de 2018

Propio 23


[RCL] Job 23:1-9, 16-17; Salmo 22:1-15; Hebreos 4:12-16; Marcos 10:17-31          

Job 23:1-9, 16-17

En esta lectura, encontramos al siempre fiel Job confiando en Dios, pero sin embargo, se vuelve amargo y confundido a medida que las realidades de la vida comienzan a atormentarlo. A medida que su lamentable situación se prolonga con sus amigos y familiares, que se suman a sus problemas en lugar de alentarlo, Job se despierta muy agobiado con nuevas quejas hacia Dios. Parece decir: “¿Dónde está este Dios poderoso en quien confío? Déjese ver para que pueda presentar mi caso sobre la injusticia que me ha tocado a mí”. ¿Nos resulta familiar esta situación? ¿Nuestros amigos y familiares observan y ridiculizan el sufrimiento de los fieles que están entre ellos y hasta nos incitan a darnos por vencidos? “¿Qué clase de Dios le permitiría a usted sufrir de esa manera? ¿Por qué molestarse en creer?”, puede que digan. Pero al final, sabemos que el corazón de Job permanece fiel, su vida finalmente se vuelve incluso mejor que antes, y los que intentaron desalentarlo son humillados. Por lo tanto, aprendamos la lección de Job y permanezcamos firmes en nuestra fe, confiando en que lo peor pronto terminará y que nuestras vidas tal vez sean mejores una vez que la tormenta haya pasado.

  • ¿Ha pasado usted por esta clase de situación? ¿Cómo se siente con respecto a Dios?
  • ¿Cuáles fueron los efectos en su vida después de aguantar la tormenta?
  • ¿Cómo animaría a otros que están sufriendo en esta clase de situaciones?

Salmo 22:1-15

En este salmo, encontramos la angustiante escena de alguien que se siente abandonado por Dios en un momento de gran necesidad mientras está rodeado de enemigos. Incluso su propia gente lo ha abandonado; es un grito de derrota. Se encuentra en conflicto al pensar en su fidelidad, de toda la vida, a Dios e incluso la fidelidad a sus antepasados. Mientras continúa orando con determinación, llamando a Dios para que lo rescate, no hay respuesta. Usualmente este salmo se compara con los últimos momentos de Jesús en la cruz al decir “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, mencionado en los Evangelios de Mateo y Marcos. Esto debería permitirnos reflexionar sobre el carácter de Jesús y la manera como lo entendemos. Su emoción muestra que, si bien Jesús es verdaderamente divino, también fue verdaderamente humano. Él comprende nuestro dolor y sufrimiento, y tal vez incluso un sentimiento de abandono de parte de Dios. Jesús también conocía muy bien que las Escrituras hebreas –nuestro Antiguo Testamento– valoraban los escritos, y podía relacionarlos con su propia vida y ministerio.

  • ¿Por qué cree que el sentimiento de abandono de Dios es un tema común en todo el Antiguo Testamento? ¿Ha experimentado usted también estos sentimientos?
  • ¿Cómo se siente al saber que Jesús comprende nuestro dolor, nuestro sufrimiento e incluso nuestras dudas a través de sus propias experiencias humanas?
  • ¿Cómo se siente con respecto al Antiguo Testamento, sabiendo que Jesús mismo lo estudió y lo aplicó a su propia vida?

Hebreos 4:12-16

En esta sección de una carta escrita a aquellos en peligro de abandonar la fe cristiana debido a presiones externas, el escritor nos habla del poder de las Sagradas Escrituras, de la Palabra de Dios, para despertar nuestra conciencia a la verdadera fidelidad a Jesús. El escritor nos anima a ser valientes y permanecer fieles a Él. Como episcopales, parece que a veces tratamos de evitar comprometernos significativamente con las Escrituras. Nos pueden intimidar, y a veces tememos ser desafiados por ellas, y preferimos ignorar sus mensajes. Puede ser doloroso imaginar cuán lejos realmente estamos de ser verdaderos seguidores de Jesús. Si queremos crecer en la fe y encontrar nueva confianza para ser sus seguidores en estos días de ataques despiadados contra la Iglesia, tanto de dentro como de fuera, aprendamos a disfrutar activamente de la Palabra de Dios, y, como nos dice el catecismo de la Iglesia, permítanle que nos hable a través de ella, para que podamos ser más fieles al conocer su voluntad para nosotros como comunidad cristiana y en nuestras vidas diarias.

  • ¿Siente usted mismo o conoce a otros que se sienten presionados para que abandonen su fe cristiana?
  • Reflexionando sobre la sección de “Las Sagradas Escrituras” del catecismo que se encuentra en el Libro de Oración Común, ¿cómo se confirma o cuestiona su propia comprensión de la Biblia?
  • ¿Qué podemos hacer para animar a más episcopales a comprometerse con las Sagradas Escrituras?

Marcos 10:17-31

En esta historia, nos enfrentamos a la realidad de nuestra dependencia de la misericordia de Dios para nuestra salvación. No pretende decirnos que los ricos no pueden salvarse. La historia nos habla de un hombre bueno y fiel que es amado por Jesús, aunque hay un problema: él está más apegado a los afanes de este mundo que a seguir a Jesús. En lugar de estar dispuesto a renunciar a sus posesiones, a las cosas que se interponían entre él y la libertad de seguir [a Jesús], le resultó más fácil alejarse. Si somos honestos, muchos de nosotros somos como el hombre rico: no estamos dispuestos a pagar el precio de seguir verdaderamente a Jesús. Si se trata de demasiado sacrificio, lo más seguro es que preferiríamos alejarnos. Si bien siempre debemos esforzarnos por ser los seguidores más fieles de Jesús que podamos, tenemos la seguridad de que tenemos un Dios misericordioso que nos ama, así como Jesús todavía amaba al hombre rico. Esto también no hace recordar, con humildad, que incluso los más ricos entre los ricos no pueden salvarse ni siquiera con todas las posesiones en el mundo, pero nuestro Dios fiel, mediante nuestra fe en Él, tiene el poder de salvarnos.

  • ¿Cómo se sentiría si Jesús le pidiera a usted que vendiera todas sus posesiones y lo siguiera?
  • ¿Qué ha sacrificado en su vida para ser un seguidor de Jesús?
  • ¿Cómo se le ha presentado esta historia en el pasado? ¿Cómo se ha confirmado o cambiado su comprensión después de haberla leído usted mismo?

Descargue el Estudio Bíblico para Pentecostés 21 (B).

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