21 Pentecostés – Año B

Propio 23


[RCL]: Job 23:1-9,16-17; Salmo 22:1-15; Hebreos 4:12-16; Marcos 10: 17-31

En la lectura del evangelio que acabamos de escuchar, un hombre rico le hace una pregunta a Jesús. Le hace una pregunta que tal vez varios de nosotros le hemos hecho: ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna? Para la gente de hoy día la vida eterna se define como el cielo. ¿Cómo podemos llegar al cielo? Mucha gente piensa que para llegar al cielo se tiene que ser una persona buena. ¿Cómo es una persona buena? Tal vez pensamos que una persona buena no mata, no miente, no roba, no chismosea, no se emborracha, no toma drogas, no juzga y muchas cosas más.

Si pensamos en los mandamientos, ¿podemos decir con seguridad que somos personas buenas? ¿Podemos asegurar que no hemos hecho nada que no sea bueno? No creo que muchas personas puedan, con honestidad, decir que han podido seguir los mandamientos especialmente el de no mentir ni engañar. Pero, este hombre le dice a Jesús que ha cumplido con los mandamientos. En otras palabras, dice que ha sido bueno desde joven. Le asegura que no ha matado, no ha robado, no ha dicho mentiras en perjuicio de nadie ni ha engañado; también asegura que ha honrado a su padre y a su madre. Jesús le dice que eso no es suficiente. No. No es suficiente seguir los mandamientos para llegar a la vida eterna. Jesús le asegura que, para llegar a la vida eterna tiene que hacer algo más.

Pero, retrocedamos un poquito. Jesús, al hablarle al hombre rico, lo hizo con amor. Antes de contestarle, dice la Biblia: Jesús lo miró con cariño. En otras versiones dice que Jesús le contestó con mucho amor. Así es Dios con nosotros, ¿verdad? Cuando hacemos preguntas nos responde con amor. Tal vez son preguntas necias, o preguntas que Dios sabe que no nos van a gustar las respuestas. Pero, aun así, nos habla con amor. ¿Cuántas personas aquí podríamos decir que hacemos eso? ¿Somos pacientes cuando nos hacen preguntas nuestros hijos, amigos, esposas, familia, prójimos? Jesús nos demuestra que todo lo que hacemos debe ser con amor. Nos da el ejemplo de ser una persona paciente y amorosa. Le habla a este hombre rico con amor porque sabe que lo que le va a decir le va a herir y a entristecer.

Entonces, ¿qué necesitamos? Al hombre rico le dijo Jesús “Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres.” En otras palabras, le está diciendo al hombre rico y a nosotros que seamos gente generosa. Para tener la vida eterna, para llegar al cielo, para ser personas de bien, tenemos que ser personas generosas. Tenemos que ser Jesús a la humanidad. ¿Qué hizo Jesús? Dio todo por cada una de las personas que estamos en esta iglesia. Dio su vida entera, fue generoso. Jesús, siendo hijo de Dios, decidió que nosotros valíamos tanto y se dio completamente para que se perdonaran nuestros pecados.

La generosidad se demuestra de muchas maneras. En la Iglesia, podemos dar nuestras ofrendas y diezmos como agradecimiento por la generosidad inmensa de Dios para con nosotros. También podemos ser generosos con nuestro tiempo y talentos y entregárselos al ministerio de Dios. Podemos ser generosos con nuestras palabras. A veces es difícil decirle a nuestros compañeros de trabajo o a nuestra familia que nos agrada algo que ellos hacen. Por ejemplo, podemos decirle a la persona que cocina, “Muchas gracias por tomarte el tiempo para hacer esta comida deliciosa.” A un compañero podríamos agradecerle o felicitarle por el buen trabajo que está haciendo. Podemos también ser generosos con nuestro tiempo y ayudar a alguien en necesidad. Podemos ser generosos y cocinar para una familia que ha perdido un ser querido. Podemos regalar nuestro talento al limpiar la casa de una persona que no puede hacerlo. Podemos ser generosos con nuestro conocimiento y ayudar a alguien que necesita nuestra habilidad. Podemos ser generosos de muchas maneras, no porque deseamos llegar al cielo (aunque eso es algo bueno) pero porque queremos ser como Jesús.

El Evangelio sigue así: Entonces Jesús les dice: Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios! Y sabemos que los discípulos se preocuparon porque la lectura dice: Al oírlo, se asombraron más aún, y se preguntaban unos a otros: —¿Y quién podrá salvarse? Tal vez nos recordamos que había un programa de televisión que se llamaba El Chapulín Colorado. En ese programa los personajes siempre pasaban por diferentes problemas y cuando estaban en necesidad decían: “Y ahora, ¿quién podrá ayudarnos?” Y salía el Chapulín Colorado que era el superhéroe y los sacaba de muchos aprietos. Esta pregunta de los discípulos suena como si alguien de ese programa lo hubiera dicho. No obstante, en la vida real la única persona que nos puede ayudar, especialmente para llegar a la vida eterna, es Dios.

Jesús los miró y les contestó: —Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para Él todo es posible. Para la gente es imposible llegar a la vida eterna, nos dice Jesús. Nosotros, por nosotros mismos, no podemos llegar al cielo. Necesitamos al superhéroe de superhéroes: Dios. Jesús como humano y como Dios sabe que la única manera que podemos llegar al cielo, a la vida eterna, es con la ayuda de Dios. Qué alivio saber que no lo tenemos que lograr por nosotros mismos. Qué bendición saber que Dios lo puede todo y está cerca. Qué gozo saber que Dios quiere salvarnos, quiere que estemos juntos con Él en la vida eterna.

Para Dios todo es posible. Estas palabras deberíamos aprender de memoria y repetir cada vez que estemos en algún momento de desesperación, de desánimo, y de tristeza. Para nosotros hay muchas cosas que parecen imposibles. Pero la palabra de Dios nos dice esta verdad que debe de ayudarnos a tener esperanza y fe. En Hebreos leemos que la palabra de Dios tiene vida y poder. Tiene vida y nos da vida. La Biblia habla a cada persona de diferente manera, por eso es bueno leerla y compartirla. La Biblia también tiene poder – como en esta frase – todo es posible para Dios. Hay tanto poder en esa frase que puede hacer que nosotros tengamos vida eterna.

Lo último que nos dice el Evangelio de hoy es algo que tal vez no se entiende en este mundo y en este día. Nos dice que muchos que ahora son los últimos, serán los primeros en la vida venidera, en la vida eterna. A veces se nos hace la vida muy difícil. A veces pasamos por situaciones que nos hacen sentir como los últimos, como los perdedores. Pero Dios no ve las cosas como las vemos nosotros, ni mide la vida como este mundo la mide. Dios nos dice que nos bendecirá, que todo lo que hemos dejado o perdido por seguirle será multiplicado y que tendremos el premio de la vida eterna. Esa vida donde seremos primeros porque tanto nos ama Dios. Recordemos que para Dios no hay nada imposible y para Dios somos más que vencedores.

La Dra. Sandra Montes trabaja como consultora de recursos en español para Episcopal Church Foundation. También se desempeña como música, traductora, oradora, asesora y redactora. Vive en Houston, Texas.

Descargue el sermón de 21 Pentecostés (B).

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