Estudio Bíblico, Pentecostés 12 (B) – 12 de agosto de 2018

Propio 14


[RCL]: 2 Samuel 18: 5-9, 15, 31-33; Salmo 130; Efesios 4:25-5:2; Juan 6:35, 41-51

2 Samuel 18: 5-9, 15, 31-33

En este pasaje, Absalón, uno de los hijos de David, se rebeló contra su padre por el trono de Israel, pero este acto de rebelión no cambia el hecho de que David todavía ama a su hijo y no quiere que sea una víctima de la guerra subsiguiente. Por eso les dice a sus comandantes: “Traten con consideración al joven Absalón”. Esta orden, sin embargo, es en vano y también resulta escalofriante, pues es como si el etíope que trae las “buenas nuevas” de la muerte de Absalón no tuviera idea de que Absalón era el hijo de David, o que David había dado órdenes de no hacer daño a Absalón. Mientras todos los demás celebran, David llora completamente solo la muerte de su hijo, en su “cuarto que estaba encima de la puerta”.

  • En un mundo en constante guerra y violencia, algunas personas pueden regocijarse por la muerte de personas a quienes consideran que “se lo merecen”, ya sean terroristas, combatientes enemigos, asesinos o personas consideradas en otros casos como peligrosas para el orden público. ¿Cómo cambia nuestro pensamiento a la luz de lo siguiente?
    • A la luz del hecho de que todas las personas, incluidos nuestros enemigos mortales, tienen padres y seres queridos que lloran lo mismo que nosotros.
    • A la luz de la santidad de toda la vida humana.

Salmo 130

Este salmo de aflicción, como es bien sabido, escrito por el mismo David, plantea una pregunta fundamental sobre la condición humana: “Si tú, oh Señor, tuvieras en cuenta la maldad, ¿quién podría mantenerse en pie?”. La respuesta, por supuesto, es nadie. Nadie, excepto Dios, está sin pecado, y es esta realidad ineludible del pecado humano por la que el salmista se lamenta.

Pero el salmista no deja de tener alguna esperanza cuando le dice a Dios: “Mas en ti encontramos perdón”. El salmista sabe que en Dios –y solamente en Dios– reside la autoridad para perdonar los pecados. Dado que el juicio de Dios es supremo y verdadero, nuestra capacidad de recurrir a Dios en busca de perdón debería provocar cierta aprensión de nuestra parte: “Para que, por tanto, seas temido”.

Y, sin embargo, note que el salmista no se detiene en este temor, sino en la esperanza de que “Dios redimirá a Israel de todos sus pecados”. Este es un adelanto de lo que vendrá en el plan de Dios para redimir definitivamente a todo el pueblo de Dios. En cuanto cristianos, creemos que esta “abundante redención” es Jesucristo mismo, siendo Él el mismo Dios que tiene la autoridad para perdonar los pecados.

  • ¿De qué maneras usted y/o su congregación hacen que la misericordia de Dios sea conocida por su comunidad?

Efesios 4:25-5:2

Este pasaje de la carta a los efesios cumple muy bien la función de mostrar cómo los temas anteriores se aplican a nuestras vidas diarias. Aquí, Pablo habla de la importancia de minimizar la dureza y maximizar el perdón en la comunidad cristiana. Se desprende naturalmente del salmo anterior que, si Dios es quien perdona los pecados, nuestros propios actos de perdón son una participación y reflejo del perdón de Dios: “Sean buenos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, como Dios los perdonó a ustedes en Cristo”. Así es como nos convertimos en “imitadores de Dios”.

En otras palabras, no es suficiente simplemente meditar en el perdón de Dios de nuestros propios pecados; sino más bien, nuestro perdón activo de la otra persona es el otro aspecto necesario de cómo logramos que el perdón de Dios se conozca en el mundo. Esto también significa que, a pesar de que Pablo está hablando sobre el comportamiento de una comunidad cristiana específica (es decir, la de Éfeso), debemos extender el perdón a todos, incluso si no son parte del Cuerpo de Cristo, hasta donde podemos darnos cuenta.

  • ¿Son los siguientes versículos paradójicos? Discuta en el contexto el tratamiento del enfado de Pablo.
    • “Si se enojan, no pequen …” (4:26)
    • “Alejen de ustedes la amargura, las pasiones y los enojos …” (4:31)

Juan 6:35, 41-51

En cuanto cristianos en una tradición eucarística, sabemos, creemos y experimentamos la verdad de lo que Jesús dice en este pasaje, a menudo de forma semanal o incluso diaria. En la Eucaristía, tenemos el gran beneficio de ver cómo estas palabras de Jesús se refieren a Él mismo no simplemente en un sentido figurativo (o, para el caso, literal), sino en un sentido mucho más profundo, que trasciende categorías como “literal” y “figurativo”, implicando toda la historia de la creación y transformando toda la realidad: “Yo soy el pan que da vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed”.

Y, sin embargo, para muchos en la audiencia inmediata de Jesús, que se describe aquí (polémicamente) como “judíos” pero que también podrían ser escépticos de cualquier origen, esta charla del “pan vivo” y “vida eterna” no tiene ningún sentido. Incluso ahora, para muchas personas en el mundo moderno, tanto para aquellos que son seculares como para los fieles de otras religiones, las afirmaciones de Jesús son excéntricas, son increíbles, tal vez en ninguna parte más que en este pasaje.

  • ¿Cómo respondemos nosotros, como cristianos, a los escépticos que no están acostumbrados a la manera de hablar Jesús en este pasaje?

Descargue el Estudio Bíblico para Pentecostés 12 (B).

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