Estudio Bíblico, Pentecostés 7 (B) – 8 de julio de 2018

Propio 9

[RCL]: 2 Samuel 5:1-5, 9-10; Salmo 48; 2 Corintios 12:2-10; Marcos 6:1-13

2 Samuel 5:1-5, 9-10

El eco de la historia de David a lo largo de las Escrituras se resume y consagra en el décimo versículo de 2 Samuel 5, “El poder de David iba aumentando, y el Señor, Dios de los ejércitos, estaba con él”. Esta aclaración categórica sobre la presencia de Dios repite un estribillo que fue persistente durante el ascenso de David al poder. Dios está con él (1 Samuel 16:18, 17:37, 18:14) y es así que esta unción más bien culminante de David como rey de un Israel unido pone de manifiesto una clase maestra de fidelidad.

En medio de la algarabía política, las tribus de Israel expresan fidelidad a David como su verdadero líder. No es solamente la tribu de Judea (la cual ya había ungido a David en 2:1-4) la que demuestra esta fidelidad, sino “todas las tribus de Israel” que profesan su confianza en el parentesco, el liderazgo y la bendición divina de David. David consolida luego su propia fidelidad a Israel al realizar un pacto y la consolidación de esta mutua afirmación en la unción de David recoge las acciones proféticas que son moldeadas por la divinidad en una revelación de la propia constancia de Dios.

Los predicadores sagaces harán bien en notar que el leccionario ignora los versículos 6 a 8.

Estos detallan algunas de los aspectos más violentos de la conquista de Jerusalén por David. Si bien es cierto que sus descripciones desafían nuestra manera preferida de aceptar a David como un héroe, éstas, no obstante, no disminuyen la insistencia abrumadora de estos pasajes en la perfección de la permanencia de Dios.

  • ¿Dónde y cuándo parecía más abundante la fidelidad de la presencia de Dios?
  • ¿Cuándo sintió que la fidelidad de Dios tal vez fue cuestionable?

Salmo 48

En ciertas ocasiones los salmos resuenan dentro de nosotros, dando voz a una intimidad indecible entre el Alma y Dios. En otras ocasiones, los salmos se enfocan en lo exterior y llaman al mundo a ver las obras y maravillas del Todopoderoso. El salmo 48 es un salmo orientado al exterior, un apasionado y jubiloso himno de alabanza de quien ha salvado a su pueblo y su santa ciudad. Dios triunfó sobre todas las adversidades con fortaleza y fidelidad y por lo tanto el salmista y todos los que escuchan son llamados a regocijarse. Una dimensión eterna emerge en el vínculo último de la Gloria de Dios al establecer su ciudad hasta el fin del tiempo. “Este Dios es nuestro Dios por los siglos de los siglos, el será nuestra guía por los siglos de los siglos”. Así como la unción de David en la primera lectura anunció un nuevo y venerado evento en la historia de Israel, así mismo las alabanzas del salmista llaman al corazón a un animado reconocimiento de la resistencia, perfección y santidad de la obra del Señor.

  • ¿Qué cree usted que este salmo le comunica a la Iglesia actual? ¿Cree usted que la imagen de un Dios triunfante en Jerusalén concuerda con la manera como conocemos, como oramos y como adoramos a Dios en nuestro propio contexto?

2 Corintios 12:2-10

Pablo se dirige a los corintios en un pasaje que sigue su “discurso del tonto”, un pasaje donde él asume la figura de un “tonto” para retar a los que entre ellos han hecho falsas y jactanciosas afirmaciones ante la autoridad. Gran parte del discurso está lleno de ironía y Pablo critica a los que usan triunfos personales y revelaciones privadas como prueba de que su propia superioridad es aprobada por Dios. Él contrasta esas falsas afirmaciones y volviendo su atención hacia Cristo. Aun cuando sus propias experiencias son tan poderosas que ellos merezcan jactarse, ese alarde no puede ser de su propia fortaleza o santidad sino solamente del Señor cuyo “poder se muestra plenamente en la debilidad”. En este pasaje se usa la palabra griega teleitai para significar perfeccionado y su uso aquí no sugiere necesariamente el otorgamiento inmediato de un estado de perfección, sino que más bien da a entender un proceso hacia una plena madurez. La debilidad nos invita a reconocer y rendirnos a nuestra dependencia de Dios. Mientras que el mundo lo considera una debilidad, nuestros espíritus profundizan para llenarse del verdadero poder que solo se encuentra en la revelación de Jesús.

  • ¿En qué se diferencian la autoridad falsa de la autoridad de Jesucristo? ¿Qué podría inspirar en nosotros la autoridad de Cristo en nuestro comportamiento, oración y trato a los demás?

Marcos 6:1-13

Este pasaje del evangelio de San Marcos ofrece una reveladora visión clara en la vida de apostolado. A medida que Jesús y sus discípulos continúan su ministerio en Nazaret, la ciudad natal de Jesús, enfrentan toda una gama de respuestas que no se esperaban: asombro, incredulidad y hasta hostilidad. Cuando uno regresa al hogar espera sentirse gozoso y con abundantes bendiciones, pero ¿cuántas veces al regresar al hogar cambiado después de ausentarnos por algún tiempo, nos sentimos algo distantes de aquellos que nos conocían mejor? Aun en el caso de Jesús (entretejido íntimamente como la segunda Persona de la Trinidad), una vida al servicio de Dios está llena de complejidad. En particular, Marcos es el único de los evangelios que menciona que aun a pesar del rechazo, Jesús “puso las manos sobre unos pocos enfermos y los sanó”. Su labor continua aun en medio de la incredulidad por lo que la siguiente descripción del nombramiento de los apóstoles esta por lo tanto llena de un poder particular. Aunque el mundo no les otorgue honor, ni hospitalidad, o aun dignidad, ellos deben continuar, viajando con equipaje ligero acompañándose unos a otros buscando sustento entre la naciente comunidad de creyentes y persistir en la labor sagrada de su amado Señor.

Existe una fina ironía en las instrucciones de Jesús a sus discípulos cuando dice “sacúdanse el polvo de los pies, para que les sirva a ellos de advertencia” a los que no los reciben. En la literatura rabínica se destaca la imagen de “sacudirse el polvo de los pies” como un ritual del judío piadoso al regresar a Israel luego de una travesía por tierras impuras. Jesús ha sido rechazado en Nazaret. ¿Qué significaría esta declaración con respecto a su propia comunidad de Jesús? A fin de cuentas, se revela que es verdad que la adversidad, la incertidumbre y el rechazo son tan parte del apostolado como el júbilo, la fertilidad y la paz. En tiempos buenos y malos, la labor de la Palabra continúa sanando y redimiendo.

  • ¿Cómo podemos cambiar nuestra manera de vivir la fe basados en las circunstancias a nuestro alrededor? ¿Nos mantenemos fidedignos a la persona que Dios nos llama a ser?
  • ¿Dónde encontramos esperanza en medio de las privaciones del apostolado?

Descargue el Estudio Bíblico para Pentecostés 7 (B).

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