Quinto Domingo de Pascua – Año B


[RCL] Hechos 8:26-40; Salmo 22: 24-30; 1 Juan 4:7-21; Juan 15:1-8

¡Aleluya! ¡Cristo ha resucitado! Seguimos celebrando la Pascua de Resurrección. Seguimos celebrando que la muerte no pudo con nuestro Salvador. Seguimos celebrando que Jesús venció la muerte. Seguimos celebrando que, aunque pasamos por una Cuaresma de ayuno y contemplación, ahora es tiempo de celebración y gozo. Como escuchamos del libro de los Hechos de los Apóstoles y la primera carta de Juan, seguimos celebrando la buena noticia de que Dios nos ama tanto que envió a Su hijo a vivir entre nosotros y nosotras, ofreciéndose en sacrificio para redimirnos y salvarnos. Sin embargo, Jesús no sólo murió, sino que resucitó. Y por eso tenemos vida, y vida en abundancia.

En la carta de Juan escuchamos que debemos amarnos unos a otros porque el amor viene de Dios. Leemos algo que tal vez hemos escuchado toda la vida: Dios es amor. Y nos dice el evangelio según San Juan que, si vivimos en amor, vivimos en Dios y Dios en nosotros. Es tan bello saber que la manera de estar con Dios es a través del amor. También nos recuerda que Jesucristo nos ha dado este mandamiento: que el que ama a Dios, ame también a su hermano. Nos explica que no podemos amar a alguien que no vemos – Dios – y odiar a alguien que sí vemos – hermano, amigo, padre, hija, compañera de trabajo, sacerdote; tristemente, esta lista podría ser muy larga.

A veces, para entender el amor de Dios, tenemos que olvidarnos de nuestras propias experiencias. A veces, tenemos que olvidar que nuestros padres y madres no nos han mostrado amor. A veces, tenemos que olvidar que nuestros amigos y hermanos nos han insultado y hasta se han burlado de nosotros. A veces, tenemos que olvidar que nosotros mismos no nos sabemos valorar ni amar. Tal vez la palabra “olvidar” no es la correcta. Tal vez debemos dejar esas memorias y vivencias en las manos de ese Dios amoroso que desea lo mejor para nosotros. No es fácil, pero como hemos leído también: para Dios no hay nada imposible. Hoy podemos pedirle a Dios que, por su amor, nos ayude a recibir ese amor y dejar todo lo negativo que tenemos en nuestro corazón y mente para poder abrirnos al amor que echa afuera el miedo. Dios nos ama.

Lo más importante que leemos en el evangelio – en otras palabras – la buena noticia del evangelio de hoy es la siguiente: “Si ustedes permanecen unidos a mí, y si permanecen fieles a mis enseñanzas, pidan lo que quieran y se les dará.” “Pidan lo que quieran y se les dará.” Esta sí que es una buena noticia. No dice que pidan sólo lo que la gente piensa que es una petición merecedora de Dios, sino dice Jesús que pidamos lo que queremos. Hay un corito antiguo que dice, “Jesús está aquí, pide lo que quieras. Él tiene poder, Él te lo dará. Jesús está aquí, Aleluya, pide lo que quieras.” Lo que quieras. Es algo que algunos no entienden. Tal vez este concepto de pedir lo que queremos nos incomoda. Tal vez nos han dicho que a Dios solo se le puede pedir las cosas grandes y nunca lo que queremos sino lo que necesitamos. Pero el evangelio de hoy nos dice que pidamos lo que queremos. Pidan lo que quieran. Y se les dará.

Ahora, para obtener lo que queremos, hay dos condiciones. Claro, no podía ser tan fácil, ¿verdad? Jesús es bien claro en este pasaje. La primera condición es que tenemos que permanecer unidos a Jesús. Tal vez nos preguntemos, ¿qué quiere decir esto? Bueno, permanecer quiere decir quedarse en un mismo lugar. Y unidos quiere decir estar al lado. Así que, Jesús quiere que nos quedemos a su lado y que estemos siempre cerca de Él. ¿Cómo podemos lograr esto? Cuando amamos a alguien, queremos estar siempre con ellos, hablar, compartir, y escucharlos. Entonces, para permanecer unidos a Jesús podemos orar, sabiendo que la oración es una conversación y una manera de estar conectados a Él. Si piensas que no sabes orar, puedes usar oraciones o versículos de la Biblia, del Libro de Oración Común o simplemente puedes decir: “No sé cómo orar, pero quiero hablarte y escucharte, Jesús.” Mientras más practicamos la oración, será menos difícil.

Otra manera de conocerle más es leer Su Palabra. En la Biblia no sólo leemos las historias de nuestros antepasados, los mandamientos y milagros de Jesús sino también leemos muchas promesas de Dios. Entre esas promesas está: Si Dios no nos negó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos también, junto con su Hijo, todas las cosas? (Romanos 8:32) Otra manera de permanecer unidos a Jesús es yendo a la Iglesia. Cuando estamos con otras personas que siguen a Jesús podemos comunicar todo lo que ha hecho por nosotros y también podemos compartir cómo podemos mantener viva nuestra fe y esperanza. Cuando hablamos a otras personas de Jesús, inclusive a personas que no van a la Iglesia, tenemos la oportunidad de compartir nuestras historias de fe y de cómo Dios nos ha ayudado hasta este momento. Podemos mantener a Jesús en nuestro pensamiento y corazón a cada instante si nos comprometemos a estar unidos a Él.

La segunda condición para obtener lo que queremos es permanecer fieles a sus enseñanzas. Oh-oh. Ahora sí que va a ser un poco difícil, ¿no? ¿Nos sabemos todos los mandamientos que hay? En el Antiguo Testamento hay demasiados. ¿Por lo menos conocemos los 10 mandamientos? Si no los hemos memorizado, podemos ir a la Biblia en Éxodo 20:1-17 o al Libro de Oración Común, páginas 239-240. Pero parece que Jesús sabía que se nos iban a olvidar tantos mandamientos y, cuando le preguntaron cuál era el mandamiento más importante, dijo: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Pero hay un segundo: Ama a tu prójimo como a ti mismo.” (Mateo 22:37-39) Ningún mandamiento es más importante que éstos. En otra ocasión (Juan 13:34-35), Jesús dijo que nos daba un mandamiento nuevo: “Que se amen los unos a los otros. Así como yo los amo a ustedes, así deben amarse ustedes los unos a los otros. Si se aman los unos a los otros, todo el mundo se dará cuenta de que son discípulos míos.” Por nuestro amor mutuo nos conocerán como seguidores de Jesús.

Es importante ver que Jesús dice que amemos a Dios primero, nos amemos a nosotros mismos y amemos a los demás. Recordemos que Jesús siempre hablaba del amor. Más que hablar, las historias de la Biblia nos muestran que Jesús actuaba con amor: dando de comer, sanando y compartiendo con las personas indeseables o rechazadas. La Biblia también nos muestra un Dios muy amoroso: nunca nos desampara, siempre provee, siempre nos cuida.

Ahora, para las personas que están pensando: si pedimos lo que queremos, hay gente que va a pedir cosas malas. La buena noticia es que si seguimos las enseñanzas de Jesús y amamos a Dios, sobre todo, nunca haremos nada que no honre a Dios. Si nos amamos a nosotros mismos, trataremos de no herirnos. Y si amamos a nuestros prójimos, no haremos nada para hacerles daño. Así que al pedir lo que queremos, estaremos haciéndolo en el nombre del amor.

Dios nos ama. No hay nada que cambie eso. No hay nada que podamos hacer para que nos ame menos ni para que nos ame más. Dios nos ama. Vivamos en ese amor victorioso y mostremos que somos seguidores del Jesús Resucitado. ¡Aleluya!

La Dra. Sandra Montes trabaja como consultora de recursos en español para Episcopal Church Foundation. También se desempeña como música, traductora, oradora, asesora y redactora. Vive en Houston, Texas.

Descargue el sermón de Pascua 5 (B).

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