Cuarto Domingo de Pascua – Año B


[RCL] Hechos 4:5–12; Salmo 23 1; 1 Juan 3:16–24; San Juan 10:11–18

El cuarto domingo de Pascua es también conocido como el domingo del Buen Pastor dado que el Salmo 23 y el evangelio según San Juan utilizan la metáfora del Mesías como pastor del mundo. Es bueno entonces identificar en qué manera Jesús es un Pastor, y qué significa que Jesús sea nuestro Buen Pastor.

El trabajo de un pastor agrícola remonta al séptimo milenio antes de Cristo cuando los pobladores de esa época empezaron a domesticar ovejas. Esas ovejas les proveían lana para vestirse y también leche y carne para alimentarse. El propósito de tener un pastor de ovejas es porque las ovejas en su ambiente natural viven en manadas, fácilmente se apartan del grupo para ir en busca de otros pastos o de otras aguas y se exponen a muchos peligros. También se sabe que son animales vulnerables porque en vez de enfrentar a sus depredadores como los lobos, huyen de ellos y pueden despeñarse por los riscos o enredarse en la maraña. La labor del pastor fuera de mantener el rebaño unido y llevarlas a pastos verdes y aguas cristalinas, como dice el salmo, es también cuidarlas y buscarlas hasta encontrarlas donde sea que se encuentren.

Al Jesús emplear el término Pastor, y agregar el calificativo “Bueno” nos quiere decir que Él no es sólo un Pastor como los que conocemos, pastores que cuidan su rebaño de ovejas porque se benefician de ellas, sino porque Él siempre está a su lado, conoce a cada una de ellas, las ovejas lo conocen y lo necesitan. Él cuida de sus ovejas porque las ovejas le importan y lo conocen; las ovejas saben quién es el Pastor, reconocen su voz y cuando las llama, ellas salen a su encuentro. Las ovejas tienen una relación profunda con su Pastor.  El Pastor también conduce a las ovejas a lugares donde puedan alimentarse bien, beber agua, y reposar en lugares tranquilos y seguros. Los buenos pastores darían su vida por proteger a sus rebaños de cualquier situación que los expongan al peligro.

Hoy estamos llamados y llamadas a reconocer que somos ovejas de Jesús. Es tan bueno Jesús nuestro Buen Pastor, que entregó su vida por cada uno de nosotros sus ovejas. Él va no solo delante de nosotros guiándonos y conduciéndonos hacia la eternidad donde encontraremos por siempre pastos verdes y agua abundantes, sino también y a través del Santo Espíritu, no deja que ninguna de sus ovejas se exponga o se pierda. Jesús nuestro Buen Pastor nos mantiene esperanzados a seguir adelante hasta que lleguemos al lugar que se nos ha prometido: el Reino de Dios.

Celebramos hoy que Dios nos ama tanto, que envió a su único Hijo para ofrecernos la gracia de la vida eterna, promesa que Jesús nos hace a cada persona que vive Su gran mandamiento: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. En otras palabras, nosotros somos las ovejas del rebaño de Dios, y por nosotros, el amor de Dios encarnado nos redime de nuestros pecados para vivir en la gloria eterna junto a Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Hermanos y hermanas, hoy debemos elevar una oración a Dios pidiéndole que nos ayude a reconocer claramente la voz de Jesús como nuestro Buen Pastor y que le sigamos sin temor al lugar que Él nos tiene preparado. Pidámosle que nos ayude a ser los mejores seres humanos que podamos ser con el ejemplo y la guía de Jesucristo nuestro Señor. Reconozcamos que somos depositarios de la salvación que Cristo mismo nos ha preparado.

Algunas veces nuestra condición humana nos hace resistentes al designio de Dios que es darnos la vida eterna. Pongamos en Él nuestra fe y santo compromiso, atendamos a su llamado y ya que por el bautismo entramos a ser parte del Pueblo de Dios, ovejas del rebaño de Dios, actuemos como hijos e hijas de la luz, hombres y mujeres resucitados por Jesús en el Santo Bautismo.

En este cuarto domingo de Pascua oremos por todo clero, pastor, imam, rabino, y líder religioso a través del mundo. Estas son personas a quienes reconocemos como llamados y llamadas por Dios para que colaboren en la labor de ayudar a que el pueblo de Dios goce de su gracia, amor y compasión. Celebremos entonces la presencia y labor pastoral de estas personas que ofrecen sus vidas y vocaciones como pastores y pastoras de los rebaños en el mundo.  Que ellos en virtud de sus votos, son llamados y llamadas a ser fieles ministros de la Caridad, la Palabra y de los Sacramentos en medio del pueblo de Dios, y que nos ayuden a escuchar la voz del Pastor para encaminarnos a la paz y a la abundancia que nos promete Jesús.

Unámonos todos en oración pidiendo al Señor que nos permita seguirle como comunidad de fe, como Iglesia. Que seamos todos nosotros ovejas de un mismo rebaño, guiados y guiadas por un único Pastor, Cristo Jesús quien murió, resucitó, ascendió a la casa del Padre y con brazos amorosos nos atrae hacia Él.

 

El Rvdo. Nelson Serrano Poveda es Diácono en Transición de la Diócesis Episcopal de Colombia, miembro del Equipo Coordinador del Centro de Estudios Teológicos de la misma Diócesis, y candidato al título de psicólogo de la Universidad Nacional de Colombia.  Actualmente apoya el desarrollo de algunos proyectos de los Ministerios Latinos.

Descargue el sermón de Pascua 4 (B).

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