Inserto para el Boletín: Vigilia Pascual (B)

Sermón Pascual de San Juan Crisóstomo

Estimados lectores: Se presenta aquí, el sermón Pascual de San Juan Crisóstomo, leído tradicionalmente en algunas iglesias a la medianoche durante la Gran Vigilia. Crisóstomo, cuyo nombre significa “boca de oro” fue el predicador sin igual de su tiempo. ¡En Sermones que Iluminan y en la Oficina de Comunicación de la Iglesia Episcopal nos regocijamos junto con los santos reunidos en el cielo y en la tierra, y oramos para que tu estación de Pascua brille con la alegría de la Resurrección!

¿Hay alguien que sea devoto amante de Dios? ¡Que disfrute entonces de este hermoso festival luminoso! ¿Hay alguien que sea un servidor agradecido? ¡Que se regocije entonces y que entre en la alegría de su Señor! ¿Hay alguno cansado de ayunar? ¡Que reciba ahora su salario! Si alguno ha trabajado desde la primera hora, que reciba su justa recompensa; si alguno ha venido después de la tercera hora, ¡que se una al Banquete con gratitud! Y el que llegó después de la hora sexta, que no vaya a dudar; porque tampoco sufrirá él ninguna pérdida. Y si alguno se retrasa hasta la hora novena, que no vacile; que venga también. Y el que llegó sólo a la hora undécima, que no vaya a temer por razón de su retraso. Porque el Señor es misericordioso y recibe al último como al primero. Da descanso al que llega a última hora, así como a aquel que trabajó duro desde el principio.

A éste le da, y a otro le otorga. Acepta las obras mientras reconoce el esfuerzo. Honra la obra y elogia la intención. ¡Entremos todos en la alegría del Señor! El primero y el último por igual reciben su recompensa; ricos y pobres, ¡regocíjense juntos! Sobrios y perezosos, ¡celebren el día! ¡Ustedes que han ayunado, y ustedes que no lo han hecho, regocíjense hoy porque la Mesa está generosamente servida! Saboreen como reyes, el ternero está bien adobado. Que nadie se vaya con hambre.

Participen todos de la copa de la fe. ¡Disfruten todos de las riquezas de su bondad! Que nadie se entristezca por su pobreza, porque el reino universal ha sido revelado. Que nadie que haya caído una y otra vez llore; porque el perdón ha resucitado de la tumba. Que nadie le tema a la muerte, porque la Muerte de nuestro Salvador nos ha liberado. Él la ha destruido soportándola. Él destruyó el Infierno cuando descendió a él. Lo puso en alboroto incluso cuando probó su carne. Isaías predijo esto cuando dijo: “Tú, oh infierno, has tenido problemas encontrándote abajo con él”. Se alborotó el infierno porque fue eliminado. Se alborotó porque fue burlado. Se alborotó, porque fue destruido. Está alborotado, porque está aniquilado. Está alborotado, porque ahora está cautivo. El infierno tomó un cuerpo y descubrió a Dios. Tomó tierra, y se encontró con el Cielo. Tomó lo que vio, y fue superado por lo que no vio.

Oh muerte, ¿dónde está tu aguijón? Oh infierno, ¿dónde está tu victoria? ¡Cristo Resucitó y tú, oh muerte, eres aniquilada! ¡Cristo Resucitó y los malvados fueron derrotados! ¡Cristo Resucitó y los ángeles se regocijan! ¡Cristo Resucitó y la vida se libera! Cristo ha resucitado, y la tumba está vacía de su muerte; porque Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, se ha convertido en las primicias de los que se durmieron. A él le sea la Gloria y el Poder por los siglos de los siglos. ¡Amén!

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