Estudio Bíblico Cuarto Domingo de Cuaresma (A), 26 de marzo del 2017

[RCL] 1 Samuel 16: 1-13; Salmo 23; Efesios 5: 8-14; Juan 9: 1-41

1 Samuel 16: 1-13

Los ungidos y llamados a hacer  la obra de Dios no siempre parecen y actúan como esperábamos. En este pasaje de Samuel, Jesé presenta a varios candidatos para ser el próximo rey de Israel, todos los cuales son rechazados con la frase: “Ni el Señor ha escogido éste”. En cambio, Dios llama al hijo menor, el candidato menos probable; el que está ocupado en otras tareas. En el que nadie pensaba. El pasaje demuestra que Dios unge y envía mensajeros no como los ven los mortales, sino como los ve Dios.

  • ¿Cuándo has escuchado las Buenas Nuevas de una fuente que no esperabas?
  • ¿De qué manera el vislumbre de una persona mediante la visión de Dios del corazón cambia nuestras propias suposiciones acerca de quién es llamado a hacer la obra de Dios? ¿Qué nos dice esto acerca de Dios?

Salmo 23

Algo tan familiar como el Salmo 23 puede comenzar a sentirse casi mecanizado. Pero hay tanta riqueza en la representación teológica de un Dios cuidadoso, nutritivo y providencial contenido en las imágenes poéticas de este salmo. Dios es nuestra confianza, nuestro sustento, nuestro protector, nuestro benefactor, nuestro siempre presente compañero y refugio en la vida. Un ajuste lírico maravilloso del salmo 23 es el de  Marty Haugen  Pastoréame Oh Dios. La traducción de Haugan convierte este salmo familiar en una oración para nuestras comprometidas vidas de fe: “Pastoréame, oh Dios, más allá de mis deseos, más allá de mis necesidades, de la muerte a la vida”. No solamente es bella la traducción, sino que cambia las palabras de un confort pasivo a un compromiso de aspiración a vivir plenamente  la vida a la que somos llamados y pastoreados por Dios.

  • ¿Cuándo Dios te proveyó en tiempo de necesidad? ¿Cómo cambió esto tu comprensión de la presencia de Dios en tu vida?
  • ¿Dónde experimentas el pastoreo de Dios en tu vida… ya sea alejándote del daño, o hacia un lugar donde tu alma puede ser revivida?

Efesios 5: 8-14

Si alguna vez has tenido la oportunidad de ver una salida del sol no oscurecida por las luces de la ciudad y edificios, sucede una de las cosas más increíbles. En primer lugar, antes de que uno vea el sol emergiendo en el horizonte, todo el cielo comienza a brillar con una presencia pastel, luminiscente. Este advenimiento de la alborada  nos dice que la noche se acaba y el día está a punto de amanecer. El movimiento del sol sobre el horizonte es impresionante, y a menudo derrite el brillo de la luz de la alborada en color agudo donde parece que cada matiz está expuesto a su plenitud, disponible para que podamos utilizar lo que el nuevo día nos traiga.

Este pasaje de Efesios se puede ver de la misma manera. La iglesia primitiva de Éfeso todavía estaba emergiendo. Este mundo había experimentado el amanecer de Cristo resucitado y, sin embargo, no estaba completamente seguro de cómo mezclar la vitalidad de esa luz en un mundo que a veces parecía no darse cuenta de su brillantez. Pablo, escribiendo a la iglesia, los anima y exhorta a levantarse de esa incertidumbre antes del amanecer y en el resplandor del Cristo resucitado, buscando todo lo que es bueno, justo y verdadero que la luz ha expuesto. Una vez bañado en esa luz, el camino se hace visible con la ayuda de Dios.

  • ¿Cuáles son tus primeros pensamientos al despertar? ¿Qué puede pasar si enfocas tu energía de vigilia en lo que es bueno y correcto y verdadero?
  • ¿De qué manera la luz de Cristo expone el trabajo que debe hacerse: en tu iglesia, en tu comunidad, en el mundo en general?

Juan 9: 1-41

Parece que cuando algo malo sucede, nuestra reacción humana trata de señalar una causa rápida y unilateral: ¿La persona con diagnóstico de cáncer fumaba? ¿Había antecedentes familiares de depresión?  No podemos dejar de sacar conclusiones, sobre todo porque todos tenemos miedo a que algo trágico nos suceda, o a aquellos que amamos. Tener a alguien o algo de qué culpar da algo a nuestro cerebro racional a qué aferrarse para que nuestro corazón emocional no tenga que sufrir un poco más colocados en la empatía cruda del dolor de otra persona. En resumen, la “culpa” puede tomar el lugar del “amor”. El Evangelio de hoy es una historia de culpa equivocada: la culpa de la persona ciega, la culpa de sus padres, la culpa de las personas que parecen diferentes; culpa de Jesús por ofrecer la sanidad en el día de reposo, en lugar de seguir la letra de la ley. Pero, ¿dónde está el amor en esta historia?

La primera persona que muestra amor en esta historia es Jesús, que sana a la persona ciega, “para que las obras de Dios sean reveladas en él”. La sanación ocurrió para que el amor pudiera manifestarse. ¿No es eso realmente lo que la curación realmente hace? La segunda demostración de amor proviene de esa misma persona que una vez fue ciega y ahora ve: da su testimonio y da gloria a Dios sencillamente y con convicción, “Señor, yo creo”.

Las lecturas del leccionario de esta semana están llenas de metáforas de luz, amor y creencia de lugares inesperados. Como nos muestra este evangelio, tenemos que hacernos la misma pregunta difícil que los fariseos instruidos preguntan: “Ciertamente no somos ciegos, ¿verdad?”. Cuando permitimos a Jesucristo que abra nuestros ojos, somos curados por el amor que es liberado. Jesús se convierte en la luz que brilla en la oscuridad, iluminando el camino por el que somos pastoreados, paso a paso, en la gracia de Dios.

  • ¿Cuándo viste la luz en una situación en tu propia vida o en el mundo que te rodea? ¿Cuál fue la diferencia entre tus primeras suposiciones, y el reconocimiento eventual de la verdad? ¿Dónde está Dios en tu propia historia?
  • Jesús ve el potencial para que Dios sea revelado en la persona que era ciega. Basándonos en la lectura de 1 Samuel de esta semana, ¿cómo podría Dios ser revelado en aquellos que menos esperamos? ¿Por medio de qué acciones de amor esto puede ser revelado?

Colocarnos en la situación de la persona cuya vista ha sido restaurada, ¿cómo puede el mundo mirar a través de los ojos recién abiertos? ¿Dónde podría Dios ser revelado en esta nueva visión?

Escrito por Sarah Kye Price, postulante para el sacerdocio en la diócesis de Virginia, seminarista en el segundo año del programa de baja residencia en el Seminario del Pacífico, y profesora de Trabajo Social en la Virginia Commonwealth University. Su erudición, enseñanza y formación para el ministerio están firmemente arraigadas en la intersección de la fe y la justicia social y económica.

 

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