Archives for March 2016

Estudio Bíblico – Segundo Domingo de Pascua (Año C) – 3 abril 2016

Escrito por Michael Horvath

[NVI] Hechos 5:27-32; Apocalipsis 1:4-8; Juan 20:19-31; Salmo 118:19-24 o Salmo 150

Salmo 118:14-18 

El salmo es contagioso con la clara verdad que dice al expresar: “El Señor es mi fuerza y mi canto”. Es una afirmación de la vida que Dios nos infunde, y la convicción de que nunca debemos temer a la muerte, porque Dios garantiza nuestra libertad espiritual. Para que no nos limitemos a aplaudir de júbilo, el salmista nos recuerda que tenemos un obligación compensatoria: declararemos las obras del Señor. Nuestras vidas son llamadas a declarar el hecho que, desde el borde del precipicio, Dios nos ha tomado de la mano y nos ha conducido a una nueva vida.

  • ¿Cómo declaran tu vida las obras de Dios?
  • ¿Cómo percibes la gracia salvífica de Dios en el mundo que te rodea?

Hechos 5:27-32

En su contexto más inmediato, Hechos 5:27-32 es parte de la narración más extensa de las primeras aventuras misioneras de Pedro y Juan en Jerusalén. Después que el sumo sacerdote les hubiera mostrado alguna indulgencia, Pedro y Juan son traídos de nuevo a su presencia por enseñar las Buenas Nuevas al pueblo de Jerusalén. Vemos el golpe/contragolpe de una reafirmada autoridad que, en el verdadero espíritu de Cristo resucitado, trastrueca la autoridad terrestre (la del sumo sacerdote) a favor del amor redentor de Cristo. Este amor redentor compele a Pedro y Juan a seguir propagando las Buenas Nuevas frente a las órdenes estrictas de desistir.

  • ¿Cuán a menudo se nos pide que elijamos entre nuestros anhelos y deseos y una vida en Cristo?
  • ¿Cómo proclamamos las Buenas Nuevas en una sociedad que apenas tiene tiempo de oír?

Apocalipsis 1:4-8

“Así será”. No podemos contener el amor siempre creciente de Jesús una vez que está en nuestros corazones. Hemos experimentado el gozo de la resurrección y las Buenas Nuevas nos siguen afirmando en la vida de Cristo y para Cristo. Sin embargo, hay más cosas por venir, porque Dios es el “que es y que era y que ha de venir”. Este título de Dios no aparece en ninguna otra parte de la Biblia. Expresa la verdad que Dios es eterno y que siempre ha lo sido. De igual importancia es que Dios vendrá otra vez para traer orden al mundo de tal manera que todos los pueblos [de la tierra] harán lamentación.

  • ¿Qué apariencia tendrá este mundo?
  • ¿Quiénes seremos en ese mundo?

Juan 20:19-31

¡Aleluya. Cristo ha resucitado! Jesús apareciéndose a los discípulos a pesar de las puertas cerradas nos indica que Jesús ha trascendido la realidad terrenal, física, al mismo tiempo que confirma su corporeidad resucitada. Sin embargo, esto no es simplemente un Jesús muerto que anda entre los vivos. Jesús vino y estuvo en medio de ellos y los saludó: “¡La paz sea con ustedes!”.  Las traducciones de esta frase usan el verbo en pasado “los saludó” [“les dijo”], mientras el griego use el presente activo “dice”, afirmando la presencia viva de Jesús a través de su cuerpo físico y de su voz. Jesús, y las Buenas Nuevas que él encarna, ¡han vencido gloriosamente la muerte! Además, ante nosotros está un Jesús herido, que sufre por los que buscan la plenitud de su amor redentor. Tomás, ridiculizado a menudo por su escepticismo, es uno de los que necesita confirmación de ese amor.

  • ¿Por qué Tomás no pudo entender la noticia del Cristo resucitado que le dieron sus compañeros discípulos que habían sido testigos de la presencia de Jesús tan sólo una semana antes?
  • Cuando no podemos ver a Cristo en nuestras vidas y en las de otros, ¿cómo se ve igualmente oscurecida nuestra capacidad de dar testimonio de su amor?
  • ¿Cómo podemos abrir nuestros corazones a Jesús de manera que, junto con Tomás, podamos proclamarle sin reservas como “¡Señor mío y Dios mío!” a los que pudieran dudar?

Escrito por Michael J. Horvath

Michael Horvath es postulante a órdenes en la Diócesis de Nueva York y actualmente cursa el segundo año de la Maestría en Teología del Seminario Teológico General en la ciudad de Nueva York.

Publicado por la Oficina de Formación de la Iglesia Episcopal, 815 Second Avenue, New York, N.Y. 10017.
© 2016 La Sociedad Misionera Nacional y Extranjera de la Iglesia Protestante Episcopal en los Estados Unidos de América. Reservados todos los derechos.

Estudio Bíblico – Quinto Domingo en Cuaresma (Año C) – 13 marzo 2016

Escrito por Jamie Osborne

[RCL] Isaías 43: 16-21; Filipenses 3: 4b-14; Juan 12: 1-8; Salmo 126

Isaías 43: 16-21
El autor de este pasaje de Isaías nos invita a elevar nuestra visión, mucho más allá de nuestros límites autoimpuestos, al cuidado que Dios nos tiene. Sí, ahí están los carros y los caballos del poder militar. Sí, se han dado momentos difíciles en nuestro caminar colectivo e individual con Dios. Pero Dios es más grande que todas estas cosas y habrá un momento en que todo será hecho nuevo y enderezado. Se nos invita a vivir en esperanza al ver la grandeza del Dios que es más poderoso que todo a lo que nos enfrentamos.

  • ¿Cómo sería tu vida diferente si confiaras en que el Dios, que creó todas las cosas, está contigo sin importar cuáles sean tus circunstancias?
  • ¿Puedes pensar en un momento en tu vida en que Dios te invita a restaurar tu esperanza en Dios?

Salmo 126
Hubo un tiempo en el que el pueblo de Dios regresó del exilio y Sion estaba siendo reconstruida. Fue un momento de alegría y de risas. La buena noticia de cómo Dios había salvado al pueblo de Dios disperso entre las naciones. El salmista, contando cómo Dios había actuado en el pasado, ha incrementado su fe para pedirle a Dios que actúe en el presente. Necesitamos nuestros recuerdos de la salvación de Dios en el camino de la fe. Recordando cómo Dios en el pasado ha llegado a nuestras vidas con agua viva, nos permitirá perseverar cuando nos encontremos en lugares difíciles y secos en nuestro caminar con Dios y con el pueblo de Dios.

  • ¿Puedes recordar un momento en tu caminar con Dios cuando te has sentido como uno de “esos que sueñan”, cuando rebosabas de contento por la manera en que Dios te había sanado y rescatado tu vida?
  • ¿Cómo se enriquecería tu fe si tuvieras que recordar periódicamente los momentos en los que has gozado por el amor que Dios te tiene?

Filipenses 3: 4b-14
Estas palabras de Pablo muestran a un hombre consumido por una visión singular de su vida. Aquí Pablo resume el impulso que da forma al contorno de su vida: conocer a Jesucristo. Para Pablo, todo palidece en comparación con la “excelencia del conocimiento de Cristo Jesús”. Oímos este pasaje en la quinta semana de nuestro caminar durante la Cuaresma, un tiempo en el que buscamos crear más espacio en nuestras vidas para entrar más profundamente en nuestra unión con Cristo. Al celebrar hoy el amor y la vida de Dios, es un regalo reflexionar en las apasionadas palabras de Pablo.

  • ¿Conoces a Jesucristo de tal manera que todo lo demás en tu vida se convierte en secundario?
  • ¿Cómo cambiaría tu vida incrementando tu conocimiento de Cristo?

Juan 12: 1-8
Algo que siempre me ha llamado la atención de esta historia es no solo la extravagancia de la adoración de María a Jesús, sino el efecto persistente de su extravagante e íntima adoración. Me pregunto cómo caminaría María por el pueblo, con su pelo empapado de nardo, los días después de la unción de Jesús. Estoy seguro de que todos los que estaban cerca de ella olerían la dulce fragancia. Pienso en cómo nuestra adoración a Jesús nos cambia y marca en este mundo. Nosotros, también, estamos invitados a ser como María, cuyo culto a Jesús creó una atractiva fragancia para los que la rodeaban. Cuanto más vemos a Cristo, más queremos ofrecerle nuestra adoración, y tanto más cambiamos al haberlo hecho.

  • ¿Puedes identificar algo en tu vida que pueda haberte causado el perder de vista el mérito de Cristo para recibir tu culto?
  • ¿Qué hay de Cristo que hayas dado por sentado?
  • ¿Cómo puede la reflexión intencional invitarte a la adoración y cambiarte en el proceso?

Escrito por Jamie Osborne
Jamie Osborne, de la Diócesis de Alabama, cursa segundo año en el Seminario de Teología de la Universidad del Sur. Jamie y su esposa, Lauren, viven con sus hijos en Sewanee, TN. Además de nutrir ya al pueblo de la Iglesia Episcopal, Jamie desea guiar a los jóvenes adultos y los que están sin iglesia a una vida de fe en la tradición episcopal. También dedica bastante tiempo a pensar en lo que Dios podría estar llamando a la Iglesia a ser y hacer en medio de los cambios culturales, tecnológicos y religiosos que están sucediendo en el panorama de Estados Unidos y del mundo.

 Publicado por la Oficina de Comunicaciones de la Misión de la Sociedad Misionera Doméstica y Extranjera, 815 Second Avenue, Nueva York, NY 10017.
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