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Estudio Bíblico – Cuarto Domingo de Cuaresma (Año C) – 6 marzo 2016

Escrito por Jaime Osborne

[RCL] Isaías 43: 16-21; Filipenses 3: 4b-14; Juan 12: 1-8; Salmo 126

Isaías 43: 16-21
El autor de este pasaje de Isaías nos invita a elevar nuestra visión, mucho más allá de nuestros límites autoimpuestos, al cuidado que Dios nos tiene. Sí, ahí están los carros y los caballos del poder militar. Sí, se han dado momentos difíciles en nuestro caminar colectivo e individual con Dios. Pero Dios es más grande que todas estas cosas y habrá un momento en que todo será hecho nuevo y enderezado. Se nos invita a vivir en esperanza al ver la grandeza del Dios que es más poderoso que todo a lo que nos enfrentamos.

  • ¿Cómo sería tu vida diferente si confiaras en que el Dios, que creó todas las cosas, está contigo sin importar cuáles sean tus circunstancias?
  • ¿Puedes pensar en un momento en tu vida en que Dios te invita a restaurar tu esperanza en Dios?


Salmo 126
Hubo un tiempo en el que el pueblo de Dios regresó del exilio y Sion estaba siendo reconstruida. Fue un momento de alegría y de risas. La buena noticia de cómo Dios había salvado al pueblo de Dios disperso entre las naciones. El salmista, contando cómo Dios había actuado en el pasado, ha incrementado su fe para pedirle a Dios que actúe en el presente. Necesitamos nuestros recuerdos de la salvación de Dios en el camino de la fe. Recordando cómo Dios en el pasado ha llegado a nuestras vidas con agua viva, nos permitirá perseverar cuando nos encontremos en lugares difíciles y secos en nuestro caminar con Dios y con el pueblo de Dios.

  • ¿Puedes recordar un momento en tu caminar con Dios cuando te has sentido como uno de “esos que sueñan”, cuando rebosabas de contento por la manera en que Dios te había sanado y rescatado tu vida?
  • ¿Cómo se enriquecería tu fe si tuvieras que recordar periódicamente los momentos en los que has gozado por el amor que Dios te tiene?

Filipenses 3: 4b-14
Estas palabras de Pablo muestran a un hombre consumido por una visión singular de su vida. Aquí Pablo resume el impulso que da forma al contorno de su vida: conocer a Jesucristo. Para Pablo, todo palidece en comparación con la “excelencia del conocimiento de Cristo Jesús”. Oímos este pasaje en la quinta semana de nuestro caminar durante la Cuaresma, un tiempo en el que buscamos crear más espacio en nuestras vidas para entrar más profundamente en nuestra unión con Cristo. Al celebrar hoy el amor y la vida de Dios, es un regalo reflexionar en las apasionadas palabras de Pablo.

  • ¿Conoces a Jesucristo de tal manera que todo lo demás en tu vida se convierte en secundario?
  • ¿Cómo cambiaría tu vida incrementando tu conocimiento de Cristo?

Juan 12: 1-8
Algo que siempre me ha llamado la atención de esta historia es no solo la extravagancia de la adoración de María a Jesús, sino el efecto persistente de su extravagante e íntima adoración. Me pregunto cómo caminaría María por el pueblo, con su pelo empapado de nardo, los días después de la unción de Jesús. Estoy seguro de que todos los que estaban cerca de ella olerían la dulce fragancia. Pienso en cómo nuestra adoración a Jesús nos cambia y marca en este mundo. Nosotros, también, estamos invitados a ser como María, cuyo culto a Jesús creó una atractiva fragancia para los que la rodeaban. Cuanto más vemos a Cristo, más queremos ofrecerle nuestra adoración, y tanto más cambiamos al haberlo hecho.

  • ¿Puedes identificar algo en tu vida que pueda haberte causado el perder de vista el mérito de Cristo para recibir tu culto?
  • ¿Qué hay de Cristo que hayas dado por sentado?
  • ¿Cómo puede la reflexión intencional invitarte a la adoración y cambiarte en el proceso?

Escrito por Jamie Osborne
Jamie Osborne, de la Diócesis de Alabama, cursa segundo año en el Seminario de Teología de la Universidad del Sur. Jamie y su esposa, Lauren, viven con sus hijos en Sewanee, TN. Además de nutrir ya al pueblo de la Iglesia Episcopal, Jamie desea guiar a los jóvenes adultos y los que están sin iglesia a una vida de fe en la tradición episcopal. También dedica bastante tiempo a pensar en lo que Dios podría estar llamando a la Iglesia a ser y hacer en medio de los cambios culturales, tecnológicos y religiosos que están sucediendo en el panorama de Estados Unidos y del mundo.

Publicado por la Oficina de Comunicaciones de la Misión de la Sociedad Misionera Doméstica y Extranjera, 815 Second Avenue, Nueva York, NY 10017.
© 2015 La Sociedad Misionera Doméstica y Extranjera de la Iglesia Protestante Episcopal en Estados Unidos de América. Reservados todos los derechos.

Estudio Bíblico – Tercer Domingo de Cuaresma (Año C) – 28 febrero 2016

Escrito por Alexizendria Link

Éxodo [RCL] 3: 1-15; 1 Corintios 10: 1-13; Lucas 13: 1-9; Salmo 63: 1-8

Éxodo 3: 1-15

La mayoría de los cristianos viven sus vidas con el deseo de ofrecer servicio a los demás como una manera de servir en la misión de Dios en el mundo. Al mismo tiempo que, con frecuencia, nos encontramos psicológicamente desorientados o confundidos por no saber si somos la persona adecuada para la misión de Dios. Se da esta incertidumbre emocional a pesar de darnos cuenta de la llamada de Dios. En lugar de creer que somos capaces, a menudo, nos preguntamos sobre nuestras aptitudes para participar o si vamos a marcar una diferencia notable. Empezamos a preguntarnos: “¿Quién soy yo para que_______?” Podemos con seguridad asumir que cada uno de nosotros pueda llenar el espacio en blanco. La duda forma parte de la vida. Recordemos que todos somos hijos de Dios y, por lo tanto, debemos ser capaces de ver el rostro de Dios no solo en los demás, sino en nosotros mismos.

Cuando estudiaba educación urbana mis profesores nos recordaban que los estudiantes “son expertos en su propia experiencia”. Estas palabras de Lisa Delpit, manifiestan y dan forma a la manera en que enseño cada día. Más importante aún, las acepto en todos los aspectos de la vida. Todos somos expertos en nuestra propia experiencia, por lo tanto, aportamos nuestra humanidad a la misión de Dios y al servicio a los demás. Así que la próxima vez que usted escuche esa voz interior que le pide que diga o haga algo y otra diciendo que necesita un taller o un equipo que le apoye, recuerde que usted es un experto en su propia experiencia. Usted aporta una experiencia humana a una situación humana y si Dios es realmente la inspiración que anima esa acción, todo va a resultar bien. Dios dijo: “Yo estaré contigo; y esta es la señal de que yo te envío”. Recuerde que usted es suficiente. Y así como Dios dice en el pasaje: “Yo soy el que soy”. Usted también es el que es y de hecho es suficiente.

  • ¿Quién es usted ante los ojos de Dios?
  • ¿Cómo se presenta usted ante los demás?
  • ¿Cuáles son sus dones espirituales y son suficientes?
  • ¿Cómo le pide Dios que usted utilice sus dones?

Salmo 63: 1-8
¿Dónde está Dios en nuestras vidas? Tome un momento para pensar: ¿Cuándo se notan la presencia y la ausencia de Dios en nuestras vidas? En este salmo, el salmista está enamorado de Dios. Este es un poema de amor. El primer verso habla de cómo el cuerpo del escritor anhela físicamente a Dios, porque está reseco y muriendo sin Dios en su vida. Dios lo sostiene con amor y bondad y el escritor cree que esto es mejor que la vida misma. El escritor alabará a Dios, siempre y mientras viva, porque Dios llena [la vida] y está contento. Incluso cuando el escritor  tiene miedo, está solo, confundido y oprimido, Dios le ayuda y el escritor se aferra a Dios de por vida. El escritor no es nada sin Dios, y lo sabe, ponderando sobre la bondad de Dios durante toda la noche, reflexionando sobre la importancia de Dios en su vida. Por eso, el escritor busca a Dios.

  • ¿Amamos a Dios tanto como este salmista?
  • ¿Somos tan dependientes de Dios?
  • Si es así, ¿cómo buscamos a Dios en nuestra vida diaria?
  •  ¿Cómo se siente el buscar a Dios y cómo se lo describiría a los demás?

1 Corintios 10: 1-13
Nos guste o no, los seres humanos nos parecemos más de lo que nos diferenciamos. Sin embargo, siempre habrá diferencias. Nuestra capacidad para hacer frente a la diferencia nos obliga a reflejar el amor y la gracia de Dios. No solo con los demás sino también con nosotros mismos. La aceptación de la diferencia no es análogo a estar de acuerdo. La aceptación de la diferencia no siempre es cómodo. La aceptación de la diferencia no siempre es fácil. Pero hay que aceptar que todos procedemos de Dios y debemos pedir a Dios en medio de estos retos y dificultades de la vida. Sabiendo que, “Dios es fiel, y que [Dios] no permitirá que seamos probados por encima de nuestras fuerzas, pero con la prueba [Dios] también proporcionará la salida, para que ustedes sean capaces de soportarla”. A veces la aceptación más difícil que tendremos que hacer es con nosotros mismos.

  • ¿Qué diferencias ve más fácilmente entre sí mismo y los demás?
  • ¿Qué diferencias en los demás le son más fáciles de aceptar para seguir manteniendo una relación?
  • ¿Qué diferencias entre usted y los demás hacen que encuentre difícil trabajar con ellos?
  • ¿Ve a Dios en las diferencias que usted ve en los demás?
  • ¿Ve a Dios en usted?

Lucas 13: 1-9
Tenemos la tendencia a calificar nuestros pecados, cuando en realidad todos somos pecadores. La magnitud de los pecados no requiere su medida ante los ojos de Dios. Todos estamos quebrantados en nuestra humanidad y, por lo tanto, todos tenemos que arrepentirnos y pedir perdón.

La parábola de la higuera simboliza la rapidez con la que somos tan propensos a renunciar a las personas, a las situaciones y a las circunstancias sin considerar la raíz del problema. Si somos capaces de superar la superficie de lo que da o no da fruto, y hacemos frente a la causa de una cuestión determinada, entonces somos capaces de alimentar la profundidad de la diversidad necesaria para la curación y el crecimiento.

  • ¿Hay un momento en que usted abandonó algo o alguien y luego deseó no haberlo hecho?
  • Describa un momento en que necesitó atención.
  • ¿Cómo se siente atendido?
  • ¿Cuál es la raíz de lo que usted es?
  • ¿Cuáles son sus redes de apoyo?


Escrito por Alexizendria Link
Alexizendria Link, líder laica en la Iglesia Episcopal, se ha ofrecido  como voluntaria y ha trabajado con una amplia variedad de organizaciones sin ánimo de lucro educativas y religiosas. Se graduó en el Seminario Episcopal y la Facultad de Teología de Harvard.
También sirvió como miembro del “2014 Black Theology and Leadership” en el Seminario Teológico de Princeton. Actualmente se desempeña como miembro del Consejo Ejecutivo de la Iglesia Episcopal, en la Comisión de Justicia Social de la Diócesis de Massachusetts Occidental y es Asesora Nacional de la Juventud de la Unión de Episcopales Negros. Además, es maestra a tiempo completo que trabaja con la juventud urbana.

Estudio Bíblico – Segundo Domingo de Cuaresma (Año C) – 21 febrero 2016

Escrito por Arthur Wilson

[RCL] Génesis 15: 1-12,17-18; Filipenses 3: 17-4: 1; Lucas 13: 31-35; Salmo 27

Génesis 15: 1-12, 17-18.
Abrahán sufre de visión de túnel. A pesar de que es un hombre pleno de espíritu que está dedicado a Dios, la visión de Abrahán se centra únicamente en lo que está justo ante él. Abrahán todavía no se ha sometido a la voluntad de Dios y permitido a Dios que le abra los ojos para que vea los efectos del amor infinito de Dios y la posibilidad. La miopía de Abrahán le lleva a centrarse en el hecho de que no tiene hijos y en lo que actualmente posee. Por ello, la promesa de Dios de una descendencia que supere el número de estrellas en el cielo y la propiedad de grandes cantidades de tierra, supera su entendimiento humano. Pero este es el quid del pasaje; Abrahán aún camina por medio de la vista humana y no con la fe. Someterse a la voluntad de Dios significa necesariamente que también tenemos que colocar plena confianza y fe en el Señor. La cura perfecta y completa de la miopía espiritual del ser humano es la fe en la gracia abundante de la Santísima Trinidad.

  • ¿Cuáles son las cosas materiales y terrenales que deben ser abandonadas a fin de caminar con la fe y no por medio de la vista?
  • ¿En qué fuentes o personas confías para obtener la claridad espiritual de pensamiento y orientación?

Salmo 27


Glorioso es el Señor, que es la roca de nuestra salvación y nuestra fortaleza en tiempos de angustia. El salmista parece estar profundamente turbado en su reflexión y la petición de clemencia de Dios en el Salmo 27. Preocupado por la amenaza de ejércitos, de enemigos y falsos testigos de Dios es el denominador común que puede proporcionar una vía de escape ante el sufrimiento, el daño y la persecución. En un grito de ayuda y protección, el escritor busca los atributos paternales de Dios para la protección y la seguridad. Si hay un salmo que acentúa lo que significa el ser beneficiario de la gracia de Dios en la tierra, ese lo es el Salmo 27.

  • Al celebrar la alegría de ser miembros del reino de Dios, ¿cómo describimos el denominador común en nuestra vida espiritual (Dios)?
  • Por el contrario, al reflexionar en nuestras vidas, ¿cómo crees que Dios nos describiría?

Filipenses 3: 17-4: 1


San Pablo, anteriormente principal perseguidor ahora convertido en el principal defensor de los cristianos ofrece una advertencia a los “enemigos de la cruz de Cristo”. Es decir, si colocas tu atención en las cosas de la tierra, tu gloria será vergüenza y destrucción. San Pablo traza a los miembros de la iglesia en Filipos una línea divisoria entre las ganancias terrenales y la recompensa celestial. La ciudadanía de valor no está en la tierra sino en el cielo con nuestro Señor de Salvador Jesucristo. El ajetreo de este mundo dicta que estemos envueltos en el intento de hacer valer, redefinir o identificar el papel de las comunidades en las que vivimos. Afirmamos nuestra identidad a través de la ciudadanía, la comunidad, los grupos sociales, la religión, la familia y los amigos. Nuestra pertenencia a estos grupos mueve nuestra existencia diaria terrenal.

  • ¿Con qué frecuencia consideramos lo que se necesita para adquirir y mantener la membresía en el cielo?
  • ¿Cuáles son los requisitos específicos que Jesucristo nos exige para obtener la ciudadanía eterna en el cielo?


Lucas 13: 31-35

George Webb en su himno Stand up Stand up for Jesús era persuasivo cuando escribió, “de victoria en victoria a su ejército, él conducirá, hasta que todo enemigo sea vencido y Cristo sea en verdad el Señor”. En la lectura de hoy, Jesucristo se enfrenta a los viejos enemigos, los fariseos. A pesar de que Jesús obra milagros en beneficio de la comunidad, la élite religiosa no quiere formar parte de ella o de él. En respuesta Cristo es tenaz, desafiante y valiente al insistir en que la obra de Dios es de suma importancia ante cualquier solicitud o ley de Herodes o de los fariseos. La postura de Jesús es un recordatorio de que al seguirlo estamos llamados a defender la justicia, el amor y el bienestar de las comunidades que nos rodean. Esto puede significar renunciar a seres queridos o amigos, desafiando las normas sociales o haciendo lo que no es popular. También significa alegría llena de espíritu, un sinnúmero de bendiciones y una abundancia de gracia.

  • ¿De qué manera te ves siguiendo y defendiendo a Jesús?
  • ¿Cómo defiendes la justicia y el amor?
  • ¿Cuándo es difícil hacer eso? ¿Cuándo sería fácil?

Escrito por Arthur Winston
Richard Arthur Winston es actualmente candidato en la Diócesis de las Islas Vírgenes. Es senior en el Seminario Teológico de Virginia. Él y su esposa, Laura, tienen dos hijos, Symone y Richie. Antes de ir al seminario, la vocación primaria de Winston era ejercer la ley en áreas de litigios civiles y comerciales. Su llamado al ministerio ordenado se forma por su deseo de servir a Jesucristo en todas las cosas.


Publicado por la Oficina de Comunicaciones de la Misión de la Sociedad Misionera Doméstica y Extranjera, 815 Second Avenue, Nueva York, NY 10017.
© 2015 La Sociedad Misionera Doméstica y Extranjera de la Iglesia Protestante Episcopal en Estados Unidos de América. Reservados todos los derechos.

Estudio Bíblico – Primer Domingo de Cuaresma (Año C) – 14 febrero 2016

Escrito Por El Hermano Paul Castelli

[RCL] Deuteronomio 26: 1-11; Romanos 10: 8b-13; Lucas 4: 1-13; Salmo 91: 1-2, 9-16

Deuteronomio 26: 1-11

¿Quién pensaría que se podría hablar de la mayordomía en otro momento del calendario anual distinto a septiembre, octubre o noviembre? Este pasaje del Deuteronomio nos ayuda a recordar que todo lo que tenemos es un regalo. Todo lo que existe, es de Dios, no es nuestro, nosotros solo hemos recibido una porción. En agradecimiento devolvemos una parte de lo que hemos recibido de Dios. En las leyes de Deuteronomio, esto se realizaba de muchas formas, incluyendo la ofrenda de los primeros frutos que leemos en este texto. La mayor parte de la mayordomía, y de la vida de fe, es un asunto de gratitud. Mientras que la gente a menudo se preguntan unos a otros sobre lo que renunciarán en la cuaresma, en este tiempo penitencial se trata de mucho más que de sacrificarse en tomar chocolate, helados, o incluso carne los viernes. La cuaresma es un tiempo de introspección y auto-reflexión intencional. Al comenzar tu jornada de la cuaresma, considera en qué forma estás agradecido por todo lo que Dios te ha dado. Ten en cuenta también cómo te has olvidado de ese espíritu de gratitud, dando por sentado los dones que has recibido o como recompensas de meritocracia.

  • ¿En este tiempo de la cuaresma cómo puede la oración y la reflexión cambiarte a una postura humilde de agradecimiento ante nuestro buen y bondadoso Dios?
    Considera el tema de los primeros frutos en el pasaje del Deuteronomio, ¿Cuál es el primer fruto a que tienes que renunciar, o devolver a Dios?
  • ¿Qué hace que el sacrificio sea difícil?
  • ¿Cómo orarías en medio de esa dificultad?
  • ¿Cómo obrarías en fe y superarías esa dificultad?

Salmo 91: 1-2, 9-16

¿A qué se asemeja el descansar en Dios? La abadesa fundadora de mi comunidad religiosa cuenta la historia de haber encontrado orando a una de las religiosas mayores en su antiguo convento. Recuerda haberle llamado la atención la imagen de serenidad de la religiosa, y cómo la hermana mayor parecía brillar en santidad y estar en una paz verdadera. Al querer vivir la misma experiencia en su propia vida de oración, la joven y precoz monja preguntó a la religiosa más experimentada cómo rezaba. La hermana respondió diciendo algo a la vez sencillo y profundo: “Solamente me siento aquí y dejo que Dios me ame”. A veces nos resulta difícil reconocer el amor de Dios. Podemos saber intelectualmente que Dios nos ama porque las Escrituras y nuestra tradición nos lo dicen. Pero ¿lo sabes con más profundidad?

  • Ahora dedica tiempo a habitar en el refugio del Altísimo. Respira profundamente. Al inhalar, mentalmente pronuncia las palabras, “Tú eres mi refugio y mi fortaleza”. Al exhalar, mentalmente di las palabras, “mi Dios, en quien he confiado”. Siéntate en silencio, sintiendo realmente la respiración, y solo permite que el amor de Dios te lave. Tal vez, te des cuenta que de esa manera vas a crecer más profundamente en tu confianza en Dios.
  • ¿Crees que realmente Dios te ama incondicionalmente? ¿Sientes en tus huesos que eres amado por Dios?
  • ¿De qué manera este tiempo de meditación se parece a la reflexión sobre el pasaje anterior del Deuteronomio?


Romanos 10: 8b-13

En muchas iglesias episcopales, cuando el diácono o el sacerdote anuncia el Evangelio, la gente en la congregación traza la señal de la cruz en la frente, en los labios y en el pecho. Esto es para indicar que la Palabra de Dios, la buena noticia de Jesucristo, está siempre en nuestra mente, en nuestros labios y en nuestro corazón. Este extracto de la carta de Pablo a los cristianos de Roma comienza: “La palabra está cerca de ti, en tu boca y en tu corazón”.

  • ¿Cómo vives la vida con el Evangelio escrito en tu corazón, siempre en tu mente, y proclamado no solo con los labios, sino también con las obras?
  • ¿Confiesas públicamente, con confianza, que Jesucristo es el Señor? Si no es así, ¿por qué no?
  • ¿Qué te impide el poder hacer tal confesión pública de fe o sentirte a gusto con ella?
  • ¿Qué haría falta para que pudieras anunciar, confesando con tus labios, que Jesucristo es el Señor de tu vida?

Lucas 4: 1-13

Antes de ir al seminario, y antes de aceptar un trabajo como ministro de la juventud en otras dos congregaciones, yo estaba muy involucrado en el ministerio de los jóvenes en la congregación que me patrocina. Enseñé en la clase de la escuela dominical de secundaria y lideré el grupo de jóvenes. Cada semana al preparar la lección, escogía un tema de las lecturas y buscaba una canción, por lo general no religiosa, que conectara. La clase se iniciaba con una oración y pasar lista. Entonces cantábamos la canción para introducir la lectura y leer el texto. A continuación discutíamos la lección, y hacíamos preguntas que ayudaran a la reflexión, cantábamos de nuevo la canción, mientras se respondía a las preguntas de la reflexión, intercambiábamos reflexiones, y terminábamos con una oración. Cuando preparaba la lectura de este pasaje, decidí usar la canción “Burden in My Hand”, por Soundgarden.1 Al escuchar la canción, se les daba una instrucción sencilla: imagínense que el diablo les está hablado de la misma manera que Satanás, en la lectura del Evangelio, habló a Jesús para tentarlo.

Uno de los grandes dones del ministerio sacerdotal es el ministerio de la penitencia y la absolución. Aunque la confesión es buena para el alma en todas las épocas del año, es especialmente apropiada en el tiempo de cuaresma. Si te parece bien, y confío en que así sea, utiliza estas reflexiones que te guiarán en la preparación para la confesión con el sacerdote. El pecado comienza cuando nos alejamos de Dios en la incredulidad, cuando no confiamos en la bondad de Dios.

  • ¿A qué se parece la tentación en tu vida y cómo la sientes?
  • ¿Cómo se manifiesta más a menudo?
  • Tal vez otra manera de hacerte estas preguntas es preguntar: ¿Qué me impide estar en la mejor relación posible con Dios, con los demás y conmigo mismo?
  • ¿Qué se interpone en el camino de tu relación con Dios?
  • ¿Qué te impide ver la imagen de Dios en los demás o en ti mismo?
  • Piensa de nuevo en la reflexión sobre el Deuteronomio, ¿es la cosa que te parece difícil abandonar y que te resulta seductora, la que te tienta?
  • Después de haber reflexionado sobre estas lecturas, ¿de qué pecados te recuerdas?
  • ¿Cómo puedes superarlos con la ayuda de tu pastor, comenzando con el Rito de la Reconciliación de un Penitente? Permite que esto se convierta en una parte de tu disciplina espiritual regular y encontrarás una nueva libertad en Cristo que puede que nunca hayas experimentado antes.
  • ¿De qué manera Jesús, con su ejemplo en el Evangelio y, más importante, en tu relación con Cristo resucitado, te fortalece para resistir la tentación?
  • ¿De qué manera la fe en Jesús y la confianza y la dedicación absoluta a Dios, te inspiran a dedicarte más plenamente a lo que es santo?

Escrito por el hermano Paul Castelli



El hermano Pablo Castelli es candidato a las órdenes sagradas en la Diócesis Episcopal de Michigan y estudiante senior de M. Div. en Bexley-Seabury. También trabaja en un STM con concentración en la teología sistemática en el Seminario Trinity Lutheran. Como hermano con votos de Anamchara Fellowship, una de las comunidades monásticas dispersas de la Iglesia Episcopal, Paul sirve como prior del Priorato Columba en Ohio. Paul vive con su esposa, Mechelle, y sus queridas mascotas.

1 https://www.youtube.com/watch?v=XmIqIVxUuKs

Publicado por la Oficina de Comunicaciones de la Misión de la Sociedad Misionera Doméstica y Extranjera, 815 Second Avenue, Nueva York, NY 10017.
© 2015 La Sociedad Misionera Doméstica y Extranjera de la Iglesia Protestante Episcopal en Estados Unidos de América. Reservados todos los derechos.

Estudio Bíblico
 – Último domingo después de Epifanía (Año C) – 
7 febrero del 2016


Escrito por Robert Pennoyer



[RCL] Éxodo 34: 29-35; 2 Corintios 3: 12-4: 2; Lucas 9: 28-36, [37-43a]; Salmo 99

Éxodo 34: 29-35
Cuando leemos la Biblia, es fácil echar un vistazo obedientemente a la letra pequeña y preguntarse qué es exactamente lo que Dios trata de decir a través de estas palabras antiguas y santas. Leemos con la esperanza de un encuentro con Dios que aumente nuestra comprensión. Pero podemos tratar este pasaje del Éxodo como un reto a replantear lo que un encuentro exitoso con Dios podría ser: no es, ante todo, una cuestión de entendimiento, sino de transformación.
Moisés está de vuelta en la base del Monte Sinaí y en sus brazos se encuentran las más santas de las leyes de Dios, los Diez Mandamientos. A lo largo de las Escrituras hebreas (y, de hecho, a lo largo de la historia judía y cristiana) no ha habido escasez de esfuerzo para comprender el contenido de esas dos tablas. Pero aquí, por un breve momento, las leyes que descansan en los brazos de Moisés parecen totalmente secundarias tras el sorprendente reconocimiento de que “la piel de su rostro resplandecía”. El rostro resplandeciente de Moisés ayudó a los israelitas a saber que Dios estaba de hecho obrando mediante Moisés.

  • ¿Cómo nos ayudan las vidas santas a ver la manera en que Dios obra en el mundo?
  • ¿Has conocido a personas que parecen brillar con la fe alimentada por la alegría, la paz y la compasión?
  • ¿Es tu fe exteriormente visible para los demás? ¿De qué manera desearías que fuera?

La imagen del velo podría ser útil en la reflexión sobre nuestras prácticas de oración. Cuando oramos, ¿cómo podemos aprender a quitarnos el velo del ajetreo, de la distracción, del egoísmo y de la impaciencia, un velo que nuestra cultura de pantalla dividida a menudo nos anima a llevar?

Salmo 99

Muchos salmos celebran a Dios mediante el uso de la metáfora de un rey. En el Salmo 99, Dios es “entronizado” y vemos que todas las personas deben “temblar” y “proclamar la grandeza de nuestro Dios” cayendo “ante el estrado de sus pies”. Los reyes antiguos presumían de su poder militar como prueba de su grandeza y, por supuesto, algunos líderes modernos lo siguen haciendo. Pero ten en cuenta cómo el salmista retrata la grandeza de Dios como proveniente de una fuente muy distinta: de la justicia de Dios.
Es difícil, probablemente imposible, hablar mucho acerca de Dios sin utilizar metáforas. Los Salmos nos ofrecen una sorprendentemente rica biblioteca de imágenes y comprensiones de Dios. En un lugar Dios puede ser presentado como un rey encaramado en un trono (Salmo 99: 1) y en otro como partera de un parto (Sal. 22: 9-10). Siempre es importante recordar que ninguna metáfora referida a Dios es por sí sola suficiente, pues cada una de ellas oscurece tanto la naturaleza de Dios como lo que revela.

  • ¿Alguna vez has formado una parte de una comunidad donde hay líderes cuya autoridad proviene no en virtud de un título, sino más bien como consecuencia de su bondad?
  • Escoge dos himnos y examina las metáforas que cada uno de ellos utiliza para describir a Dios. ¿De qué manera los himnos ofrecen diferentes comprensiones de Dios? ¿Cómo se complementan mutuamente los himnos? Puede que resulte especialmente fructífero el comparar las imágenes militaristas de un himno como # 473 “Alzar en alto la cruz” con las imágenes pastorales de otro como # 664 “Mi pastor colmará mi necesidad”.

2 Corintios 3: 12-4: 2

Con demasiada frecuencia, pasajes como este de 2 Corintios han sido utilizados por los cristianos para justificar desagradables rechazos, y con frecuencia antisemitas, de interpretaciones judías de las Escrituras hebreas, como si el valor de estos textos sagrados se limitara a la forma en que se pueden ver a la luz de la vida y muerte de Jesús. Leído en su contexto, como defensa de Pablo de su autoridad docente, el pasaje parece menos un tratado contra los judíos y mucho más una polémica acerca de la autoridad de enseñanza de Pablo en Corinto. Cuando asegura a sus lectores que: “No procedemos con astucia o falsificando la palabra de Dios”, escuchamos la implicación: a diferencia de algunas otras personas que conozco.

Una de las alegrías del pasaje es que nos permite asomarnos por encima del hombro de Pablo mientras lee el pasaje de Éxodo 34 tratado anteriormente. Interpreta el rostro resplandeciente de Moisés como prueba de que los encuentros con la gloria de Dios dejan su huella en los creyentes, transformándolos “de un grado de gloria a otro” hasta que la imagen divina brille más claramente en y a través de ellos.

  • ¿Cómo esperamos que nuestros encuentros con Dios nos transformen?
  • ¿Cómo podrían estas esperanzas influir en nuestras intenciones cuando estudiamos la Biblia o participamos en la Santa Comunión?
  • ¿Cuándo brilla más intensamente la imagen de Dios a través de nosotros?


Lucas 9: 28-36, (37-43a)

Este pasaje contiene el relato de Lucas de la Transfiguración, el milagro en la cima de la montaña cuando la presencia de Jesús refleja tan bien la gloria de Dios que hasta sus ropas parecen brillar con una “blancura deslumbrante”. Es una narración bien contada, llena de toques dramáticos. Los adormilados discípulos que deben haberse preguntado si estaban soñando; la misteriosa aparición de Moisés y Elías; la voz de Dios que habla desde una nube, llamando a Jesús “Hijo mío” y diciéndonos, a los discípulos, y a nosotros que “¡le escuchemos!”

Sabemos que la vida y las enseñanzas de Jesús nos ofrecen la ventana más clara de la naturaleza de Dios. Pero a menudo también nos olvidamos que Jesús ofrece el ejemplo más claro de lo que una vida humana parece en su forma más elevada. El relato de la Transfiguración es un recordatorio útil para ver a Jesús como modelo de lo que nuestras vidas puedan ser. Allí, en la cima de la montaña, la distancia entre Dios y el hombre se derrumba por completo. La tarea para nosotros, el viaje del discipulado cristiano, parece claro: comenzar a subir hacia Dios.

  • ¿De qué manera concreta podemos esforzarnos en obedecer la voz de Dios, tal como habló a través de la nube, llamó a Jesús “Hijo mío” y nos dijo que “le escucháramos”?

Sin duda, todos somos conscientes de una persistente distancia que divide la vida que vivimos de la vida que debiéramos vivir. ¿Qué prácticas te han sido de gran ayuda en tus esfuerzos por “acortar la distancia” y crecer más cerca de convertirnos en la persona que Dios nos está pidiendo que seamos?


Escrito por Robert Pennoyer


Robert Pennoyer es seminarista de tercer año en el seminario de Berkeley de Yale, donde también es miembro del Instituto de Música Sacra. Es candidato a la ordenación sacerdotal en la Diócesis de Nueva York. Vive en New Haven con su esposa y su hija de un año de edad.



Publicado por la Oficina de Comunicaciones de la Misión de la Sociedad Misionera Doméstica y Extranjera, 815 Second Avenue, Nueva York, NY 10017.
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