Estudio Bíblico – Tercer Domingo De Adviento (Año C) – 13 diciembre 2015

Escrito por Donald Griffin

[RCL] Sofonías 3: 14-20; Cántico 9; Filipenses 4: 4-7; Lucas 3: 7-18

Sofonías 3: 14-20


En estos versos finales de su libro, el profeta Sofonías nos da una visión exultante de la restauración del pueblo de Dios. El Señor ha “suprimido los juicios contra [ellos]”, es decir, que los ha perdonado y liberado. Y eso es sólo el comienzo. En un verso particularmente llamativo, el profeta sugestivamente describe cómo, al igual que Israel debería alegrarse en el Señor, el Señor se regocijará en ellos. Y, sin embargo, esta restauración todavía permanece para el profeta como una promesa que se cumplirá en el futuro. En una serie de declaraciones en primera persona, el Señor promete que “salvará” a su pueblo, cambiará su situación, y los hará grande entre las naciones, y todo ante sus propios ojos. Llegando al final de un libro de aflicciones y denuncias, este pasaje de cierre realmente parece como una luz al final de un túnel.

  • ¿Cómo estas promesas y alegrías se relacionan con nosotros, la Iglesia, ahora que los gentiles han sido injertados en el Pueblo de Dios?
  • ¿Dónde, como Iglesia, nos vemos a nosotros mismos en la historia de Israel?

Cántico 9 – Ecce Deus Isaías 12: 2-6

Una de las características inusuales del Leccionario Común Revisado es su uso ocasional de un cántico en lugar de un salmo entre las dos primeras lecturas. Este cántico del profeta Isaías se basa en los temas de la primera lectura. Al igual que el pasaje anterior de Sofonías, aparece en la conclusión de una serie de juicios y aflicciones, pintando ahora un cuadro de alegría y restauración. Isaías canta las aguas curativas para un pueblo sediento, dándonos otra imagen, igual de sugerente, del día prometido de que oímos hablar en Sofonías. Isaías también hace hincapié en la presencia permanente de Dios entre el pueblo de Dios, que mora entre ellos, “el Santo de Israel” “en medio de [ellos]”.

  • ¿En qué otro lugar de las Escrituras se habla de aguas curativas o que dan vida?
  • ¿Qué es lo importante para nosotros en las palabras “salvar”, “Salvador” y “salvación” en este cántico?

Filipenses 4: 4-7

Este pasaje de la conclusión de la carta de san Pablo a la Iglesia en Filipos es, a riesgo de ser cliché, corta pero dulce. Exhorta a los que le escuchan a que se regocijen, que su bondad sea conocida por todos, que no se aflijan por nada, que estén en oración con Dios, suplicando, pero, sobre todo, dando gracias. Pablo desea que los filipenses permitan que la paz de Dios, que es mejor que la intelección humana, cuide de ellos, ya que se mantendrá en vigilancia sobre sus corazones y pensamientos en Cristo Jesús. ¿Por qué pide Pablo a los filipenses que hagan todo esto? La respuesta es simple: porque “el Señor está cerca”.

  • ¿Cómo se ve el “alegrarse en el Señor” en medio de los pleitos de la congregación (o incluso de las denominaciones)?
  • ¿Cómo vive el pueblo de Dios la paz y la alegría en este tiempo imperfecto antes de que el Señor regrese?

Lucas 3: 7-18

Se me recuerda que san Juan Bautista no es un hombre “agradable”. No tiene problema en llamar a los que se sienten atraídos hacia él “raza de víboras” cuando cuestiona su nivel de sinceridad. Tampoco su mensaje es suave. El hacha escatológica, dice, está lista para cortar no sólo los árboles estériles, sino también a aquellos que no den suficiente buen fruto, por lo cual serán arrojados al fuego. Del mismo modo, mientras que el trigo será recogido con seguridad en los graneros, la paja será quemada con “fuego que nunca se apagará”. Y, de acuerdo a Juan, no hay nada especial acerca de ser hijo de Abraham, hijo de la promesa. Sin embargo, al final de este pasaje, san Lucas llama a todo esto “buena noticia”. Y realmente lo es. Después de todo, el que quemará la paja en fuego también bautizará al penitente con el Espíritu Santo y con fuego. Este Uno no es otro que el Mesías, a quien la gente que viene a Juan está esperando con tanta ansiedad que piensan que el propio Bautista podría ser el esperado. Sí, el Mesías traerá un fuego de destrucción, pero también es un fuego de purificación y renovación. Por otra parte, hay tiempo, ahora mismo, de arrepentirse y de dar frutos buenos. No, Juan no es un hombre “agradable”. Pero es bueno, y también lo es el Que Juan proclama.

  • Juan está preparando el camino para el Mesías, ¿por qué incluye en eso la exhortación a que la gente se arrepienta?


Escrito por Donald J. Griffin


Creció episcopal en el área de Dallas. Donald Griffin tenía catorce años cuando por primera vez discernió la llamada al sacerdocio. Desde entonces, Donald ha tratado de responder a esa llamada y seguir el camino que cree que Dios ha preparado para él. Se graduó de la Universidad de Oklahoma con una licenciatura en Ciencias de la Religión, en Filosofía e Historia. Fue allí donde se enamoró de la mujer con la que se casará en unos pocos meses. Después de haber entrado en el proceso de discernimiento en su último año de universidad, a Donald le fue concedido el postulantado poco después de la graduación y entró en la Nashotah House para su formación en el seminario. Ha trabajado como consejero en un campamento diocesano, ha sido capellán en la Universidad de Baylor Medical Center en Dallas (al completar CPE), y hecho una pasantía en la Trinity Episcopal Church en Wauwatosa, Wisconsin. Donald tiene mucho interés en teología, en la práctica del ministerio pastoral, y cómo los dos se cruzan, sobre todo, en la liturgia. Está esperando a ver a donde el Señor le conducirá.



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