Estudio Bíblico – Propio 28 (B) 15 noviembre 2015

Escrito por Leigh Kern, Diócesis de Toronto, Iglesia Anglicana de Canadá

(RLC) 1 Samuel 2:1-10; 1 Samuel 1:4-20 (como cántico); Hebreos 10:11-14; Marcos 13:1-8

1 Samuel 2:1-10

En este cántico extático, profético y potente, somos testigos del júbilo de una mujer que ha experimentado un milagro. Sus palabras nos resultan familiares, oímos algunas semejantes brotar de labios de María cuando ella también concibe un hijo excepcional. En un mundo teñido de zonas grises, puede ser difícil decir con absoluta certeza: ¡Esto es de Dios! ¡Esto es del toque del Espíritu!

  • ¿Cuándo has sido capaz de decir “el Altísimo me ha hecho grandes cosas?
  • ¿Cuándo tú, o alguien que tú conozcas, ha experimentado un milagro?
    En nuestro mundo podemos haber oído a otros decirnos lo que es o lo que no es de Dios.
  • ¿Cómo disciernes cuando el Espíritu ha tocado a tu comunidad de manera especial?

1 Samuel 1:4-20 (léase como un cántico)
¡Ana apenas podía orar sin ser acosada! Se mofaban de ella por su infertilidad, por sus oraciones la llamaban borracha. “Soy sólo una mujer angustiada”, afirma ella, al tiempo que revela su gran “angustia y aflicción” (1 Sam. 1:15-16).

  • ¿Qué aflicciones y ansiedades de hoy día están demasiado estigmatizadas para llevarlas al templo?
  • ¿De que estamos tan avergonzados para que no pasemos de un susurro al orar?
  • La salud de las mujeres ha sido con frecuencia mistificada, mal fundada y ha sido causa de vergüenza. Muchas de nosotras hemos sido víctimas del aborto involuntario, el embarazo no deseado y la infertilidad. El Dios de Ana nos pide que clamemos cuando nuestras comunidades, nuestras parejas o nuestra Iglesia se avergüenzan, estigmatizan o se mofan de las ansiedades de nuestros corazones. En este pasaje vemos un testimonio de que Dios es un Dios de esperanza, transformación y solidaridad— ¿quién está con nosotros en cualquier trance en que nos encontremos?

Hebreos 10:11-14
Este pasaje de Hebreos es un claro mensaje para nosotros: el sacrificio de Jesús fue único “un solo sacrificio” (Heb. 10:14). Y nos confronta con una analogía del sacrificio singular y especial que Jesús hizo por los pecadores.

  • ¿Cómo han experimentado el amor sacrificial y restaurador de Jesús?
  • ¿Acaso en la eucaristía o tal vez en vuestra propia experiencia de pecado y perdón?
  • ¿Cuán a menudo creemos que podemos ‘salvar’ a otros o a nosotros mismos mediante nuestros sacrificio, sudor y sangre propios?
  • ¿O reformar a otros a través del castigo?

Con frecuencia tenemos una interpretación destructiva del pecado y del sacrificio. Muchos creen que su propia salvación depende de cuanto se ocupen de los demás, abandonando su propio bienestar. Nuestra interpretación del castigo también puede conllevar nociones violentas del sacrificio. Un amigo mío que estuvo encarcelado durante años por un delito menor decía que su experiencia de prisión fue tan deshumanizante que si “le estuvieran exprimiendo la propia sangre de su vida”.

  • ¿Dónde presenciamos, personal y socialmente, el sacrificio deshumanizante? ¿Dónde necesitamos de más gracia?

Marcos 13:1-8
Esta profecía apocalíptica del evangelio de Marcos suscita la pregunta: ¿cuán atados estamos a nuestras instituciones y al orden actual? Mi experiencia como ser humano me dice que soy adicta a la comodidad. Adoro mi propia sensación de seguridad y del control [que ejerzo] sobre mi vida, [así como] mi imagen y mis posesiones materiales.

  • ¿Cuánto nos asusta la vulnerabilidad?
  • ¿Cuánto nos esforzamos en mantener en pie los muros de nuestras vidas?

Nuestro pasaje de Marcos nos dice, sin embargo, que “todo será derribado”. Como cultura, invertimos mucho en mantener las cosas idénticas. ¿Cuántos enunciadores de la verdad, desde Malcolm X a nuestro Señor Jesucristo, han sido ejecutados en un vano intento de mantener el orden presente? Nuestro egoísmo, nuestra adicción a la comodidad y nuestro deseo de ejercer control nos impiden entrar en el espacio vulnerable del cambio.

  • ¿Qué ocurriría si en lugar de actuar movidos por nuestro instinto de proteger los muros que construimos, actuáramos, en primer lugar, movidos por el amor?
  • ¿Cuánto estaríamos dispuestos a cambiar para darle cabida a los refugiados que huyen del terror y de la violencia?
  • En lugar de adorar los ídolos de nuestros muros institucionales y del status quo, seamos transformados por el Dios del cambio y del amor, porque ciertamente “todo será derribado”.

Escrito por Leigh Kern
Leigh M Kern es postulante al presbiterado en la diócesis de Toronto y en la Iglesia Anglicana del Canadá. Ejerce también de capellana con personas que viven con adicciones y en la pobreza en New Haven, donde cursa el último año en la Escuela de Teología de la Universidad de Yale. Leigh e una apasionada de Dios, de la creatividad y de la restauración. En su tiempo libre disfruta pintando y componiendo música.

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