Estudio Bíblico – Propio 26, Año B – 1 noviembre, 2015

Escrito por Greg Hamlin, Bloy House

(RCL) Rut 1: 1-18; Salmo 146; Hebreos 9: 11-14; Marcos 12: 28-34

Rut 1: 1-18
Naomi se encuentra en un país extranjero sin ningún medio de apoyo. Su marido y sus dos hijos han muerto. En ese momento de la historia tal situación significaba un futuro de total miseria y humillación. La única esperanza para sus nueras era encontrar nuevos maridos. La única esperanza de Naomi era volver a su casa de Judá. En Judá, Jehová proporcionaba alimentos para su pueblo. La tradición de entonces era que una viuda sin hijos debía casarse con el hermano de su difunto marido. Naomi no tiene más hijos. Por eso bendice a sus nueras y les dice que se queden en Moab para que estén con su pueblo y sus dioses, y para que encuentren nuevos maridos.
Orfá llorando asiente. Rut sin embargo, no irá. El escritor del libro de Rut nos ofrece una bella canción que expresa la devoción de Rut hacia Naomi. No solamente acompañará Rut, ella será una del pueblo de Rut y Yahvé se convertirá en su dios. Ella misma se somete a la voluntad del Señor. Naomi acepta la esperanza en el Señor a que Rut se aferra.

  • ¿Ha habido un momento en tu vida en que te encontraste en un “país extranjero” sin apoyo?
  • ¿Encuentras esperanza en la idea de que Dios te considera y te proveerá?
  • ¿Hay alguien en tu vida que se encuentra en la “tierra extranjera” de la enfermedad, del desempleo, o de otra inseguridad? ¿Puedes tú ser Rut para ellos y participar en el viaje de regreso a la esperanza de la gracia de Dios?

Salmo 146
Este es sin duda un salmo lleno de alabanza. La alegría del escritor se difunde. La sección acerca de todo lo que el Señor hace para liberar a los prisioneros, para abrir los ojos de los ciegos, etc. ¿no se parece a las instrucciones que Jesús da a los discípulos cuando los envía a hacer el trabajo que les manda a hacer? Jesús les da  poder para hacer las mismas cosas que él ha estado realizando. A nosotros también se nos pide que hagamos este trabajo, cuando vivimos nuestro pacto bautismal.

  • Es posible que no sientas que tienes la fe suficiente para dar, literalmente, vista a los ciegos, pero ¿puedes mostrar a alguien cómo se te han abierto los ojos?
  • ¿Cuáles son algunas maneras en que nosotros, en nuestras comunidades eclesiales, podemos cuidar de los extranjeros?

Hebreos 9: 11-14
En esta carta, el autor expone la comprensión de la expiación de la muerte de Cristo. Es algo que muchos de nosotros, en nuestro mundo moderno, encontramos difícil de entender o aceptar. Probablemente tenía mucho más sentido para los primeros seguidores de Jesús que trataron de entender por qué fue ejecutado.
La tradición del sacrificio animal fue bien entendida por los israelitas. De hecho los sacrificios de animales, e incluso de humanos, han formado parte de muchas religiones y culturas. Parece que hay una visión mística universal de lo que llamamos “la sangre de la vida” de una criatura. Además da la sensación de que matar a un animal no debía ser utilizado para la alimentación, y derramar su sangre era un sacrificio significativo. Muchos pueblos han creído que este tipo de sacrificios podía restaurar nuestra relación con el creador.
Los textos del Primer Testamento piden que el animal para el sacrificio ha de ser perfecto y de gran valor, no uno que sea defectuoso o malo. Así que para los primeros cristianos, tenía sentido el ver a Cristo como el sacrificio sin mancha perfecto. Él era inocente y su muerte fue un sacrificio por nosotros. Mediante él nuestra relación con Dios, el Creador, fue restaurada. Es una enseñanza difícil para nosotros, en nuestro mundo moderno, pero es muy poderosa y debemos tenerla en cuenta.

  • ¿Te parece la idea de la expiación muy difícil de aceptar?
  • ¿Es difícil reconocer que nuestros pecados son lo suficientemente graves como para necesitar este tipo de sacrificio de Jesús, el Cristo?
  • Si alguna vez has sentido que lo que has hecho es imperdonable ¿puedes encontrar consuelo en esta manera de entender la muerte de Cristo?

Marcos 12: 28-34
Este pasaje es notable de muchas maneras. Dos cosas extraordinarias vienen a la mente de inmediato. La primera es que, por lo general, en los evangelios los escribas o fariseos vienen a escuchar a Jesús con la esperanza de oírle decir algo blasfemo. Si hacen preguntas es para engañarle y que diga algo que se pueda mantener en su contra. En este caso, el escriba está impresionado con la forma en que Jesús ha estado respondiendo a las preguntas. Merece la pena consultar a Jesús. Da por sentado que entre la larga lista de leyes de lo que está permitido, de lo que está prohibido, y de la forma de llevar a cabo los rituales, hay uno que es el más importante.
La segunda cosa extraordinaria es cómo Jesús resume toda la intención de todas las leyes, ritos y tradiciones. Penetra en lo más importante de la cuestión y al mismo tiempo muestra el gran cuadro. Al observar estos dos mandamientos: Dios es uno y amarás a Dios con todo tu corazón, alma, mente y fuerzas, y amar al prójimo como a ti mismo, Jesús nos señala directamente la forma en que Dios quiere que vivamos. El escriba entiende que esta es la clave. Jesús afirma la comprensión del escriba diciéndole que no está lejos del reino de Dios. La profundidad de esto deja mudos a todos.

  • ¿Crees que al afirmar al escriba de esta manera, Jesús nos muestra cómo lograr el reino de Dios en la tierra?
  • ¿Alguna vez has tenido un impulso a actuar de una determinada manera y has actuado de otra diferente cuando te acuerdas de estos dos mandamientos?
  • ¿Te imaginas tratando de tener durante un día estos mandamientos presentes en tu mente? ¿Qué implicaría eso para ti?

 

 

Escrito por Greg Hamlin
Greg es un seminarista líder laico en Bloy House en el sur de California. Él y su esposa, Karen, son miembros involucrados de Iglesia de St. James en South Pasadena. Tienen dos hijas mayores. Anouska es graduada de la Escuela de Leyes de Brooklyn, y Natasha estudia para obtener un grado en Terapia  matrimonial y familiar en el Seminario Fuller.

 

Publicado por la Oficina de Comunicaciones de la Misión de la Sociedad Misionera Doméstica y Extranjera, 815 Second Avenue, Nueva York, NY 10017.
© 2015 La Sociedad Misionera Doméstica y Extranjera de la Iglesia Protestante Episcopal en Estados Unidos de América.
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