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Estudio de la Biblia. 2 Pascua (B).

12 de abril de 2015

Broderick GreerSeminario Teológico de Virginia.

“Luego Jesús les dijo otra vez: ‘¡Paz a ustedes! Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes’. Y sopló sobre ellos, y les dijo: ‘Reciban el Espíritu Santo. A quienes ustedes perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a quienes no se los perdonen, les quedarán sin perdonar’” (Juan 20:21-23).

Leccionario Común Revisado (RCL) lecturas:
Hechos 4:32-35; Salmo 133; 1 Juan 1:1-2,2; Juan 20:19-31.

Hechos 4:32-35

Para el autor de los Hechos de los Apóstoles, la Semana Santa y el Triduo (los tres días entre el Jueves Santo y el día de Pascua) no son hechos aislados. Para él, la muerte, sepultura, resurrección y ascensión de Jesús tienen implicaciones cósmicas para la comunidad bautizada que el Señor deja atrás. Una comunidad que rechaza las prácticas de propiedad privada (versículo 32), da testimonio de la resurrección de Jesús (versículo 33) y elimina la pobreza entre ellos (versículos 34-35).

Las obras de esta primera comunidad de Jesús muestran que tenían un interés personal en incorporar las realidades divinas que habían tenido lugar recientemente en y alrededor de Jerusalén. “Con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús” (versículo 33) no era algo que los primeros discípulos hicieron solo de palabra. De hecho, recordaron que la resurrección de Jesús marca el comienzo de una nueva sociedad, en la que la reciprocidad y la generosidad, no el egoísmo y la codicia, son normativas.

La lectura de este pasaje puede conducirnos a ver visiones de proyectos utópicos fallidos. Pero en lugar de dejarnos engañar exaltando el ingenio humano, este pasaje nos invita a centrarnos en la creatividad del Espíritu Santo, el agente conductor del caos, la conversión y la comunidad. No hay nada en el cosmos que pudiera convocar a un grupo tan dispar de personas a no ser Dios, el Espíritu Santo. Nada más que el Espíritu Santo podría mantener a personas de diferentes lenguas, etnias, tradiciones culturales y mundos mitológicos en un solo cuerpo: el cuerpo de Cristo. Lo cual conduce a los cristianos contemporáneos a una conversación con un Dios que está profundamente interesado en el cultivo de culturas centradas en la vida reparadora de Cristo.

¿De qué manera su comunidad de culto encarna el espíritu de la iglesia del capítulo 4 de los Hechos de los Apóstoles?

Salmo 133

Es difícil creer que la iglesia del capítulo 4 de los Hechos de los Apóstoles pudiera haber recitado este salmo sin pensar en su propia unidad; cómo las diferentes imágenes que aparecen son atisbos de la alegría de la camaradería sentida en medio de una asamblea orante. “Es como ungüento exquisito en la cabeza, que desciende por la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el cuello de su vestimenta” (versículos 2-3). Y mientras esas imágenes sin duda eran familiares a la gente de origen judío del primer siglo, vale la pena que el lector moderno construya imágenes equivalentes contemporáneas a las del salmista. La unidad es como una ducha caliente después de un largo día de trabajo en el jardín. La unidad es como una conversación íntima con un amigo familiar. La unidad es como ver a un niño comer su primera porción de helado de chocolate menta.

Este salmo desafía a la iglesia de nuestro tiempo a hacer de la unidad – no de la uniformidad – una prioridad seria. Esto significa que nos demos a nosotros mismos a la práctica de la honestidad y de la hospitalidad cuando nos relacionamos con nuestros vecinos. Significa que considerar candentes cuestiones religiosas y políticas se pueden mantener en el calor del momento. Significa valorar nuestras relaciones sobre nuestra rectitud objetiva. En este sentido, la unidad es como una respiración profunda después de haber estado bajo el agua por fuerzas superiores a nosotros mismos. Y ese aliento, esa falta de aire, para la unidad de los pulmones y viento sin controlar, es la gloria de la vida cristiana.

¿Qué metáforas usaría en lo que respecta a la unidad? ¿Qué se siente? ¿Qué no se siente?

1 Juan 1:1-2:2

“Declaramos lo que hemos visto y oído, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros” (versículo 3a). Parte integral de la historia cristiana es que Dios, en la persona de Jesucristo, tomó forma humana. En la Encarnación, Jesús abre nuevas formas de relacionarse con Dios, es decir, en la materialidad (lo que los teólogos posteriores llamarían “sacramentos”).

El escritor de esta epístola está recordando a su audiencia original la naturaleza convincente de su fe: que puedan disfrutar de compañerismo – o participación radical – y que Dios se ha hecho hombre en Cristo. El compañerismo no son cálidos sentimientos entre conocidos. Más bien, es la realidad tangible de la comunión en Jesús. Se trata de las relaciones de carne y hueso que se forman en la aguas transformadoras del bautismo y el aceite de la unción compartido junto al lecho de los enfermos y moribundos.

En nuestros encuentros de carne y hueso, Dios busca sanar y restaurar la imagen de Dios en nosotros. Este proceso es una especie de expulsión de la oscuridad mediante la luz (versículos 6-8). Una parte de este rechazo de las tinieblas consiste en confesar nuestros pecados, esas maneras – privada o pública – en las que hemos oscurecido la imagen de Dios en nosotros mismos, en nuestros vecinos o en la creación. Cristo, en su poder como Dios encarnado, repara las piezas fragmentadas de este delicado ecosistema de la redención por su sangre que da vida en la cruz (versículos 9-10). Y cuando los fragmentos violentos del pecado se convierten en los cristales rotos de nuestras vidas, recordamos que, en última instancia, Dios no es nuestro oponente, y recibimos placer de nuestra torpeza y vergüenza; sino que en Cristo, Dios es nuestro abogado, tratando de hacernos uno con los demás y toda la creación (versículos 2: 1-2).

¿Qué significa la “palabra de vida” (versículos 1-4)?

Juan 20:19-31

Sería fácil leer este pasaje y condenar a Tomás por “falta de fe”. Sin embargo, una lectura más atenta de este texto pinta al apóstol incrédulo como un gigante de fidelidad. A pesar de que se perdió la primera aparición de Jesús a los discípulos (versículo 24), esto no ahoga su deseo de encontrar al Cristo resucitado y verlo y tocarlo (y olerlo, ya que el olor es una poderosa puerta de entrada en la recuperación de la memoria). Su demanda “ver la marca de los clavos en las manos de [Jesús]” y sentir “el agujero de los clavos y mi mano en su costado” (versículo 25) son componentes importantes de la naturaleza visceral de la resurrección de Jesús. Al volcar la potencia de la muerte, Jesús también da un vuelco a todas las expectativas de control, manipulación y poder. Su resurrección deja a sus discípulos – incluidos nosotros – en lugares vulnerables, solicitando encuentros que en realidad no creemos sean posibles. Y, sin embargo, el Cristo resucitado viene a nosotros, no en nuestras condiciones, sino en la suya, librándonos de las narrativas sin salida y de la derrota.

Como a santo Tomás, Jesús se aparece en nuestras habitaciones cerradas, anuncia la paz, nos invita a “ver con nuestros ojos” y “tocar con nuestras manos” (1 Juan 1: 1). Y a medida que experimentamos la ‘vida resucitada de Jesús, se forma una comunidad de discípulos sorprendidos, experimentando una unidad que sólo las metáforas pueden describir (Salmo 133: 1-3), una unidad que nos obliga a eliminar la pobreza en medio de nosotros (Hechos 4:34). En un gesto de duda sana, santo Tomás encarna el valor para forjar un nuevo camino a seguir, un camino a seguir que no se basa en la certeza y en los hechos, sino en la realidad de que un nuevo día ha amanecido debido al vacío desconcertante de una tumba prestada en un jardín. Y, sin embargo, Jesús nos elogia como valientes, porque confiamos en él, incluso sin verlo, tocarlo u olerlo.

¿Por qué Cristo conservó las cicatrices de su crucifixión, después de la resurrección?

Estudio de la Biblia. La Resurrección del Señor (B).

5 de abril de 2015

Jessie Gutgsell, Seminario Teológico de Berkeley de Yale.

“Jesús le preguntó: ‘Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?’ Ella, pensando que era el que cuidaba el huerto, le dijo: ‘Señor, si usted se lo ha llevado, dígame dónde lo ha puesto, para que yo vaya a buscarlo’. Jesús entonces le dijo: ‘¡María!’ Ella se volvió y le dijo en hebreo: ‘¡Rabuni!’ (que quiere decir: ‘Maestro’)” (Juan 20:15-16).

Leccionario Común Revisado (RCL) lecturas:
Hechos 10:34-43; Salmo 118:1-2, 14-24; 1 Corintios 15:1-11; Juan 20:1-18.

Hechos 10:34-43

Este pasaje de los Hechos se encuentra en un momento crucial en la historia de los Hechos de los Apóstoles. El primer relato de la conversión de Pablo se presenta en el capítulo 9, y luego se detallan tres viajes misioneros de Pablo en los capítulos después de nuestra selección para esta semana. Se podría esperar que el inicio de la misión a los gentiles se iniciara con el liderazgo de Pablo, pero, sorprendentemente, Pedro es el que predica este sermón y comienza la misión a los gentiles aquí en el capítulo 10.

Pablo comienza su mensaje con una frase que aparecerá familiar para aquellos que conocen el Antiguo Testamento: “Dios no hace acepción de personas”. Como “El estudio de la Biblia de Harper Collins” (Harper Collins, 2006) nos dice, esa frase se refiere normalmente a que Dios no favorece ni ricos ni a pobres. (Véase Levítico 19:15 y Deuteronomio 10: 17-18, por ejemplo). Pero aquí en Hechos 10:34, la frase adquiere un nuevo significado radical. Pedro lo utiliza en relación con la misión a los gentiles. No hay barreras sociales entre ricos y pobres, o gentiles y judíos.

Pedro continúa en el sermón para resumir el evangelio como él lo cree. Su énfasis interpretativo es en el hecho de que Dios ha designado a los apóstoles (y gentiles) a ser testigos de Cristo. (Véase el versículo 41).

El último verso de este pasaje, 10:43, resume los temas clave de Lucas (se cree comúnmente que Lucas escribió Hechos) y “El estudio de la Biblia de Harper Collins” ayuda a dar más detalles. Algunos de esos temas incluyen el testimonio de los apóstoles como se mencionó anteriormente, pero también la muerte y la resurrección de Jesús, las apariciones después de la resurrección de Jesús a los apóstoles, los testimonios proféticos, la presencia del Espíritu en Jesús, y el perdón de los pecados.

El versículo 34 incluye la frase “Dios no hace acepción”. Pedro reinterpretó esta frase para aplicarla a la relación entre judíos y gentiles. ¿Hay un grupo de personas al que necesita aplicar este mismo pasaje? Considere la posibilidad de orar con este versículo, sabiendo que Dios realmente no muestra parcialidad.

En el versículo 39, Pablo hace la afirmación de que “somos testimonio de todo lo que hizo, tanto en Judea como en Jerusalén”. ¿Cómo es usted testimonio de Cristo? ¿Vive su vida creyendo que es un testimonio? Si no, ¿por qué no? Si es así, ¿cómo?

Salmo 118:1-2, 14-24

Este salmo cobra vida cuando se considera su contexto original como un canto procesional de la victoria que comienza como una alabanza individual a Dios y continúa con un elogio colectivo de Dios. Este contexto de victoria se vuelve aún más potente cuando se considera la victoria con que Cristo ha vencido a la muerte en su resurrección.

El contexto de una procesión es particularmente evidente en los versículos 19 y 21. Como “El estudio de la Biblia de Harper Collins” nos dice, los versículos anteriores del salmo se pueden leer como una procesión individual hacia las puertas del templo. En el versículo 19, el individuo pide entrada. En el versículo 20, nos enteramos de la calificación necesaria para el ingreso, y por último, en el versículo 21, vemos que la persona ha sido bien recibida en el santuario.

Los últimos versículos citados del salmo elegido para hoy reflejan las voces de muchas personas en el templo alabando a Dios y manifestando su victoria. De particular interés es el versículo 22, que se encuentra en todos los evangelios y en los Hechos (Véase Mateo 21:42; Marcos 12:10; Lucas 20:17; Hechos 4:11).

Este salmo es una llamada a la alabanza, tanto desde el punto vista de un individuo como de una comunidad. Considere aceptar esta invitación y únase usted mismo a las voces de las generaciones en un canto de alabanza. ¿Por qué tiene usted que dar gracias? ¿En qué le ha ayudado Dios a ganar la victoria en su vida?

Los versículos 15 y 16 probablemente citen un canto de victoria antigua. Lea estos versículos de nuevo e imagine lo que se puede sentir al repetir las palabras que la gente ha estado diciendo durante siglos para proclamar la victoria de una batalla.

1 Corintios 15:1-11

La primera carta de Pablo a los corintios es una carta pastoral escrita por Pablo a la gente de la ciudad portuaria cosmopolita de Corinto. Esta carta incluye la muy citada frase de “el amor es paciente, el amor es amable”, pero también introduce una metáfora fundamental de la Iglesia como el Cuerpo de Cristo. El mensaje general de la carta es la llamada a la unidad y a la edificación de la Iglesia.

El capítulo 15 es el penúltimo capítulo de esta carta, exhortando a los corintios a la unidad y al orden. En este capítulo, Pablo vuelve a abordar su tema importante: la resurrección. El mismo hecho de que Pablo tenga que incluir este capítulo conduce al lector a entender que había algunas dudas entre los corintios acerca de si había que cree en la resurrección. Este contexto ayuda a entender por qué Pablo abre el capítulo de la manera que lo hace, recordando a la gente su fe, desafiándolos diciendo, “a menos que ustedes hayan llegado a creer en vano”. A partir de ese versículo, él explica cómo la verdad de la resurrección es central en toda su estructura de creencias, y no es una invención suya (Véase el versículo 3).

En el versículo 8, Pablo vuelve a abordar su propia autoridad apostólica, explicando que su autoridad viene de haber visto a Cristo cuando reapareció después de su muerte. En esta defensa de su autoridad, alude a su vida futura antes de su conversión, cuando él mismo persiguió a la Iglesia (versículo 9). Pablo termina el pasaje diciendo que no importa quienes de los corintios escuchen la verdad del evangelio y de la resurrección “con todo, tanto yo como ellos, proclamamos lo mimo y esto es lo que ustedes han creído” (15:11).

Vuelva al versículo 10 para leer esta hermosa declaración de Pablo: “Por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no ha sido en vano”. Considere que dice este versículo para usted mismo, sobre todo, si usted siente que necesita ser más gentil con usted mismo. ¡Dios le ha hecho como es y no fue un error!

Si usted es como yo y tantos otros cristianos, usted también, ha tenido problemas para entender la verdad y el evangelio de la resurrección. Tal vez trate de leer el pasaje de Pablo como si estuviera dirigido a usted como un incrédulo. ¿Eso le hace dudar más o menos? ¿Cuál fue su experiencia?

Juan 20:1-18

Los cuatro evangelios tienen una narración de la resurrección (aunque de diferentes longitudes). El relato de Juan, que se detalla aquí, es único en su énfasis en la relación individual y personal y en la intimidad con Cristo. Otro aspecto único es la prominencia de María Magdalena en este relato de la resurrección. María Magdalena es la primera en descubrir la tumba vacía (versículo 1) y es la que se queda en la tumba y ve a Jesús (confundiéndolo con un jardinero). María Magdalena también estaba con Jesús en su crucifixión. ¡No se puede descartar su papel!

Pero hay también otro personaje único en el relato de esta historia de Juan. El “discípulo amado”, o “el discípulo a quien Jesús amaba”, juega un papel crucial en la primera parte de esta historia (versículos 2-10). Nadie sabe con exactitud quién era el discípulo amado o cuál era su relación exacta con Cristo, a pesar de que ha habido mucho escrito acerca de su identidad. (Véase Raymond Brown: “Introducción al Nuevo Testamento”, Yale University Press, 1997, para un buen resumen). En esta historia, el discípulo amado es el primer creyente en la resurrección de Jesús cuando adelanta a Simón Pedro a ver las mortajas de lino que habían cubierto a Jesús (versículo 8).

La segunda parte de este pasaje (versículos 11-18) explica el encuentro de María con Jesús cuando ella se quedó llorando en la tumba después que los discípulos regresaron a su casa. Ella vio a dos ángeles en la tumba y luego vio a Jesús mismo, aunque no lo (versículo 15) reconoció. Después de que María piensa que Jesús es un jardinero, Jesús evoca el motivo del buen pastor de Juan 10: 3-4, llamándola por su nombre. El relato termina con Jesús diciendo a María que lleve el mensaje a los discípulos (versículos 17-18).

¿Cuáles son algunas de sus reacciones ante el papel del discípulo amado? Una teoría es que el discípulo amado estaba allí para conseguir que el lector participe más profundamente en el texto. ¿Puede usted considerarse a sí mismo en ese papel? ¿Por qué o por qué no?

Considere el destacado papel de María Magdalena en este relato. Considere su fe y lealtad quedándose en el sepulcro a llorar. ¿Cree que usted podría tomar parte en este duelo y fiel papel con Cristo este tiempo de Pascua?

¿Alguna vez ha sentido que Cristo le ha llamado por su nombre como llamó a María? ¿Cómo se sentiría tal reconocimiento? ¿Dónde en su vida y comunidades se le conoce más a fondo?

Estudio de la Biblia. Domingo de Ramos (B).

29 de marzo de 2015

Steven M. Balke, Jr; Seminario Teológico de Virginia

“Pilato le preguntó: ‘¿Eres tú el Rey de los judíos?’ ‘Tú lo has dicho’, contestó Jesús” (Marcos 15:2).

Leccionario Común Revisado (RCL) lecturas:
Isaías 50:6-9a; Salmo 31:9-16Filipenses 2:5-11; Marcos 14:1-15:47.

Isaías 50:4-9a

El Domingo de Ramos es el punto de transición entre la cuaresma y la Semana Santa, por lo que es un momento especialmente oportuno para reflexionar sobre nuestra relación con Dios. El profeta Isaías suplicó al pueblo de Dios, una y otra vez, para se concentrara en su relación con Dios, pero a través del Antiguo Testamento, los israelitas tuvieron que luchar por mantenerse en esa relación. Lucharon porque en vez de dar prioridad a Dios en sus vidas la riqueza material o poder los atraía constantemente. El atractivo de las distracciones mundanas erosionaba su relación con Dios hasta que el desastre cayó sobre ellos, después de lo cual regresarían a Dios una vez más. El profeta sirvió como un recordatorio en la vida del pueblo para que dieran prioridad a Dios aun cuando el mundo trataba de tener prioridad en su lugar.

Esperemos que la cuaresma haya sido un tiempo de crecimiento más profundo en su relación con Dios. Las disciplinas cuaresmales, si se hacen bien, pueden ayudar a uno a dar prioridad a Dios en nuestra vida y a enfocar las cosas que son realmente importantes. El siguiente reto es ser capaz de dar un paso atrás, en el mundo posterior a la cuaresma, y enfrentar a todas las distracciones del mundo que amenazan una vez más con tener prioridad sobre nuestra relación con Dios. Así como Isaías advirtió a los israelitas, sea consciente de dónde le vienen las amenazas a su arduo trabajo de priorizar a Dios en su vida.

¿Dio prioridad a los valores durante la cuaresma?

¿Qué es lo que en su vida amenaza con deshacer esas prioridades?

¿Qué cambios puede hacer para mantener en prioridad su relación con Dios?

Salmo 31:9-16

La vergüenza es una de las fuerzas más poderosas que pueden controlar la vida de una persona. Pocas cosas motivan el comportamiento de una persona como el miedo a la vergüenza o la experiencia de la misma. Los antiguos israelitas estaban profundamente inmersos en una cultura basada en el honor y la vergüenza, y el salmista expresa claramente lo que se siente cuando uno está perdido en la vergüenza: “un horror para mis vecinos”, “espanto para mis conocidos”, “perdida la mente como alguien que está muerto”, etc.

La vergüenza puede ser terriblemente aisladora y deshumanizante, sin embargo, el salmista pone una luz de esperanza en la promesa del amor infinito de Dios. Incluso en medio de la vergüenza, Dios sabe lo que somos y ha prometido amarnos.

Durante la cuaresma, muchas personas se pasan el tiempo reflexionando sobre los errores que han cometido y de los que se avergüenzan. Del mismo modo, la Semana Santa hace que algunas personas experimenten una gran vergüenza en torno a la idea de que Cristo tuvo que morir por nuestros pecados. No hay palabras que mágicamente puedan hacer desaparecer la vergüenza, pero esto es un lugar importante para empezar: el amor de Dios es firme. Cristo no murió para que la gente se sintiera culpable, sino por el contrario, como una señal de que no podemos hacer nada que detenga a Dios de amarnos. Todos nosotros sentimos vergüenza a veces, pero Dios nunca se avergüenza de nosotros.

¿Cuándo ha sentido como si la vergüenza le controlara?

¿Conoce a alguien que se sienta solo a causa de la vergüenza?

¿Cómo puede ayudarles a ver que son amados?

Filipenses 2:5-11

Una gran parte de la vergüenza que se acumula en las personas proviene de las expectativas puestas en ellos por el mundo. Se hace sentir a las mujeres como malas madres porque pasan demasiado tiempo trabajando y no lo suficiente cuidando de sus hijos, pero también se avergüenzan si no tienen una carrera fuera de la casa. Los escolares se enfrentan a tener que criticar a otros estudiantes o de lo contrario se arriesgan a ser criticados ellos mismos. Los empleados que dicen a sus jefes que no pueden trabajar los domingos, debido a los compromisos de la iglesia, se arriesgan a ser considerados como “uno de esos fundamentalistas cristianos”. Nuestros valores están siendo constantemente medidos y juzgados contra los de la sociedad. El mundo es un campo minado de potencial de vergüenza.

El Domingo de Ramos, celebramos la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén y su prestigio ante los líderes. Es importante que Dios escogiera hacer esto, porque significa que Dios sabe lo que se siente al estar avergonzado, cuando se ríen de uno, al ser tenido como loco, al ser burlado y físicamente castigado por sus creencias. Incluso si no hay nadie en el mundo que entiende cómo se siente uno, Dios lo entiende.

Cuando la sociedad señala a los marginados y los desprecia, Cristo dijo que los marginados son dignos de amor. Por nuestra parte, podemos descansar al saber que Dios fundamentalmente nos conoce y que somos capaces de ver a los marginados en el mundo y juzgarlos también dignos de amor.

¿Se ha sentido solo en el mundo?

¿Qué se siente al saber que alguien le ve y le ama?

¿Cómo se puede ayudar a alguien a que sepa que tampoco está solo?

Marcos 14:1-15:47

El Evangelio de Marcos pone de relieve la importancia del sacrificio de Cristo para el mundo, así pues ¿en qué consiste el mundo que Cristo trataba de transformar? A partir de este evangelio, podemos ver que se trata de un mundo en el que los líderes eligen lastimar y matar a los que no están de acuerdo con ellos, en lugar de abrir un debate (14: 1). Es un mundo donde la riqueza material se valora más que el cuidado de otra persona (14: 5), donde la violencia es la respuesta (14:47) y donde el miedo es más fuerte que la fe (14:50). El sacrificio de Cristo consistía en fundamentalmente retar esta manera de vivir unos con otros. Se nos mostró el terrible quebrantamiento que surge de esta forma de vida, hasta el punto dar muerte al Dios que nos ama, a pesar de todo lo que podamos hacer.

Sin embargo, sabemos a dónde conduce la historia. Sabemos que Cristo no puede ser derrotado por un mundo de materialismo, de vergüenza y de violencia. A medida que entramos en la Semana Santa, se nos pide que veamos cómo Dios escogió participar en nuestro mundo con amor, y cómo ahora tenemos la opción de participar en nuestro mundo con ese mismo amor. Podemos optar por dar prioridad a las personas sobre las posesiones, a respetar a las personas que están en desacuerdo con nosotros, y ayudar a que la gente vea que son conocidos y amados. A veces vivir de esta manera es fácil y no requiere gran sacrificio de nuestra parte, pero otras veces se necesita una gran cantidad de sacrificio a seguir luchando para cambiar este mundo. Sin embargo, siempre podemos mirar a Dios y a nosotros mismos, y darnos cuenta de que no estamos solos en nuestro trabajo.

¿Dónde ve usted a la gente que sufre en el mundo?

¿Qué cosas se interponen en el camino de hacer del mundo un lugar mejor?

¿Cómo puede usted marcar una diferencia por las decisiones que toma?

Estudio de la Biblia. 5 Cuaresma (B).

22 de marzo de 2015

Jason PolingSeminario Teológico General.

“Jesús les dijo entonces: ‘Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado. Les aseguro que si el grano de trigo al caer en tierra no muere, queda él solo; pero si muere, da abundante cosecha. El que ama su vida, la perderá; pero el que desprecia su vida en este mundo, la conservará para la vida eterna’” (Juan 12:23-25).

Leccionario Común Revisado (RCL) lecturas:
Jeremías 31: 31-34; Salmo 51:1-12 o Salmo 119:9-16; Hebreos 5:5-10; Juan 12:20-33.

Jeremías 31:31-34

Pocos pasajes del Antiguo Testamento son tan importantes – o tan difíciles de entender – como la profecía de Jeremías sobre el “nuevo pacto”. El escritor de la carta a los hebreos cita este pasaje no una sino dos veces (capítulos 8-10), se trata de un pasaje denso que describe la comprensión del escritor de la relación entre el antiguo pacto con Israel y el nuevo pacto con la iglesia. Ciertamente, este pasaje ocupa la consideración de Pablo sobre el asunto en Romanos 9:11. Y según muchos manuscritos importantes, que nuestro Libro de Oración sigue, el mismo Señor Jesucristo alude al pasaje [de Jeremías] en lo que conocemos como las “palabras de institución” de Mateo 26:28.

El gran reto para nosotros, como cristianos, es entender cómo Dios puede instituir un nuevo pacto, mientras que no se deroga el antiguo. Ciertamente lo que Jeremías describe aquí – lo que Jeremías dice que el Señor describe aquí – es un nuevo pacto en continuidad radical con el antiguo. También es con el pueblo de Dios, a pesar de su infidelidad. Sin embargo, lo que leemos aquí también tiene elementos importantes de discontinuidad.

¿Cuáles son los elementos de continuidad y discontinuidad entre el antiguo y nuevo pacto, como se describe en este pasaje y en los versículos a su entorno?

Los versículos siguientes (35-37) parecen indicar que las promesas de Dios son permanentes. ¿Cómo podemos entender que esto es cierto, si Dios está reemplazando un viejo pacto con uno nuevo?

Salmo 51:1-13 y Salmo 119:9-16

Los dos salmos que se pueden leer esta semana se complementan entre sí como la mano y el guante – o una pierna rota y enyesada. El epígrafe de Salmo 51 dice que David compuso este salmo cuando el profeta Natán le permitió ver la gravedad de su pecado al cometer adulterio con Betsabé y organizar el asesinato del marido Urías para encubrir su crimen (2 Samuel 11: 1-12: 15). Pero todos nosotros podemos relacionarnos con este salmo, aunque nuestros pecados sean menos impresionantes. ¿Quién de nosotros no ha tenido la experiencia de despertarse – literalmente o figurativamente – con la conciencia de que hemos ofendido a Dios, violado nuestra propia conciencia, dañado a otros y sembrado el caos en el mundo en que vivimos?

En la fórmula uno del rito de la reconciliación de un penitente en nuestro Libro de Oración, después de confesar sus pecados a Dios, a la iglesia y al sacerdote, el penitente afirma: “Me propongo firmemente corregir mi vida” (Libro de Oración Común, p 369). Nuestro pasaje del Salmo 119 ofrece una guía de bienvenida a la persona que Jesús ha recogido y desempolvado. Pocas veces estamos interesados en mantener nuestro camino puro después de ver el lío que hemos hecho de él por nuestro pecado. El autor de este salmo describe la Palabra de Dios no como algo que él acepta a regañadientes, o, a falta de mejores opciones, no, la palabra de Dios es algo en lo que él se deleita. Lo que se describe aquí no es lo que Dallas Willard ha llamado “el evangelio de la gestión del pecado” (“The Divine Conspiracy”, HarperCollins, 1997); el salmista habla de vivir bien, y de cómo la guía de Dios permite, más que frustra, ese deseo válido humano. Eso es lo que el tío de Jesús, Zacarías, celebró en su canción: “ya librados del poder enemigo, sirvamos a Dios sin temor, con santidad y justicia ante él toda la vida” (Lucas 1: 74-75).

Sea honesto: cuando usted toma la Biblia, ¿piensa que es una fuente para vivir bien la vida? Si lo piensa, ¿lo piensa así siempre? Si no, ¿alguna vez lo pensó?

¿Hay momentos en los que, al igual que el salmista, se ha deleitado en la lectura de las Escrituras? ¿Se puede imaginar que ese es su caso siempre?

Hebreos 5:5-10

Aquí el autor de la carta a los hebreos piensa en tres principales sacerdotes: en Melquisedec, en el sumo sacerdote descrito en la Torá, y en Jesús. La mayoría de sus oyentes – personas de origen judío que habían aceptado reconocer a Jesús como el Mesías de Israel – habrían naturalmente estado pensando en el sacerdote Moisés descrito como la persona que haría expiación por el pueblo de Dios en el Yom Kippur, el Día de la Expiación. Pero el autor de la carta a los hebreos se remonta a algunas de las primeras historias de la Biblia (Génesis 14: 18-20) para recordar a Melquisedec, descrito allí como el rey de Salem (en hebreo, Shalem) y un sacerdote del Dios Altísimo (en hebreo, ‘El’ Elyon) a quien Abraham trajo el diezmo del botín del victorioso rescate de su desafortunado sobrino Lot. El escritor dice entonces que Jesús es un sumo sacerdote, “según el orden de Melquisedec” (versículo 6; vea también Salmo 110: 4), reuniendo a casi toda la extensión de la historia bíblica en esta afirmación sobre el ministerio de Jesús.

Lea el Salmo 110. ¿Cómo sería entendido por la gente que lo cantó primero? ¿Cómo lo entiende a la luz de lo que el autor de la carta a los hebreos dice en nuestro pasaje? ¿Qué es lo que es semejante? ¿Qué es lo diferente?

Unos pocos versículos antes de nuestro pasaje, el autor de la carta a los hebreos dice que debido a que Jesús es el tipo de sumo sacerdote que es, es “capaz de tratarnos con carriño” (versículo 2). ¿Cómo el versículo 8 de nuestro pasaje ilumina esa declaración?

Juan 12:20-33

Un amigo mío que es pastor presbiteriano tiene el segundo versículo de este pasaje de la antigua versión “King James” inscrito en el púlpito, frente al predicador: “Señor, quisiéramos ver a Jesús” (En mi iglesia hemos inscrito Juan 13: 27: “Lo que vas a hacer, hazlo pronto”). Su inscripción es un buen recordatorio para cualquier predicador o maestro que en última instancia, lo que atrae a cualquier persona a los discípulos de Jesús no es más que el mismo Jesús.

En este pasaje tenemos a gentiles que temían al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob que vienen, no a ver a Felipe, o a Andrés, o a cualquiera de los otros discípulos, sino a Jesús. En la medida en que llevamos a la gente a Jesús, somos sus discípulos. En la medida en que no lo conseguimos, estamos simplemente dando gusto a ejercicios religiosos para nuestro propio bien.

Piense en la programación de su congregación. ¿Cómo se ha diseñado el llevar a la gente a Jesús? ¿Cómo se podría fracasar, ya que solamente se lleva a la gente a la programación de la congregación?