Vigilia Pascual (B) – 2015

4 de abril de 2015

Romanos 6:3-11; Salmo 114; Marcos 16:1-8.

Esta celebración está llena de símbolos que nos permiten estar atentos a la resurrección del Señor. Hemos repasado momentos de la historia del pueblo de Israel en donde la acción de Dios se muestra favorable, de tal manera que el pueblo se sintió haciendo su historia con Dios.

Así es para cada uno de nosotros, si repasáramos los momentos más significativos de nuestra vida nos daríamos cuenta de nuestra propia historia que está realizada por momentos llenos de la presencia de Dios. Hoy estamos aquí y esto es como haber renacido. San Pablo lo presentaba como el haber dejado el “hombre viejo crucificado con Cristo y renacemos a un vivir que es vivir para Dios” (Romanos 6: 6).

Se nos invita a que demos un primer paso que es el ser conscientes de nuestra propia historia. No podemos crecer y empezar de nuevo si no enfrentamos nuestra historia, y todos sabemos que no es fácil el entrar en nuestro pasado pues es encontrarnos con una cantidad de eventos oscuros y llenos de sufrimiento para nosotros y para los que nos rodeaban. Sin embargo, es solo cuando vemos la oscuridad y muerte en la que estábamos cuando podemos caminar hacia la luz y la nueva vida en Cristo el Señor.

La psicología moderna nos hace ver que una de las formas de la integración de la persona, es el quitarle la fuerza a los eventos traumáticos de nuestro pasado haciéndolos conscientes. Cuando los recordamos y enfrentamos ya no nos dominan de una manera inconsciente, ahora tenemos la posibilidad de verlos de frente y los podemos manejar más adecuadamente.

Pablo en su carta a los romanos lo ponía de esta manera: “Las fuerzas vivas del pecado, han sido destruidas para que no sirvamos más al pecado…Pero si hemos muerto con Cristo, debemos creer que también viviremos con él”. Toda nuestra celebración nos habla de un paso de la oscuridad hacia la luz, de la muerte a la vida. Tenemos que ser capaces de ver en nuestra historia el proceso en el que, al elegir vivir en Jesús, nuestra vida se hace de nuevo.

Esta es la segunda invitación de nuestra celebración de hoy; tomar conciencia de nuestro llamado a una vida nueva en Jesús. En el evangelio encontramos este llamado: “Si ustedes buscan a Jesús Nazareno, el crucificado, no está aquí, ha resucitado” (Mc 16: 6), es un llamado a la vida nueva de la resurrección. En Jesús se presenta una manera nueva de ser en el mundo, una manera nueva de ser para los demás, una manera nueva de estar presentes a nosotros mismos, esto es la vida en la resurrección de Jesús.

Jesús ya no se encuentra entre los muertos, ni se encuentra en la oscuridad. Solo cuando lo vemos desde la luz de la resurrección sabemos que su vida nos alumbra a todos. El bautismo cristiano, que hoy renovamos, es el llamado a esa vida nueva en Jesús: “Así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros empezamos una vida nueva” (Romanos 6:4).

Hoy, este paso de muerte a vida, ha sido simbolizado en nuestra liturgia, pero todos sabemos que en nuestra vida diaria este paso se repite constantemente. Todos lidiamos pequeñas batallas y muy constantes para ir superando nuestros comportamientos de muerte y convertirlos en comportamientos de vida. Para nosotros, cada vez que superamos algo, nos encontramos ante el llamado a la vida. Reconocer las pequeñas victorias que tenemos nos hace seguir luchando por la vida que nos hace personas más dignas.

Hay muchos ejemplos en nuestra historia de momentos en los que la gente ha logrado hacer cambios a nueva vida. Y estos son signos de este llamado a vivir en la resurrección. Un ejemplo muy significativo y conocido por todos ha sido lo vivido por el pueblo de Polonia. Ellos que eran parte de los estados ocupados por los nazis, después de la segunda guerra mundial, se vieron bajo una nueva ocupación por el comunismo. Este nuevo gobierno comunista en Varsovia ganó poder político y Polonia se convirtió en parte del Bloque Soviético. Pronto Polonia empezó a experimentar una creciente problemática tanto económica como política. Para la década del 1970 en adelante, se encuentra entre una ola de huelgas y protestas públicas. Es importante mencionar que es en el 1978 cuando el obispo Karol Wojtyla se convierte en el papa Juan Pablo II que fortalece la oposición al comunismo en Polonia. Para el inicio del 1980 surge el sindicato independiente para la solidaridad que movilizó a millones de polacos en búsqueda de su libertad. Su líder Lech Walesa finalmente logra ser el ganador de las elecciones en diciembre del 1990 poniendo fin al movimiento comunista.

La fuerza con la que el movimiento Solidaridad congregó a tanta gente es un verdadero ejemplo de resurrección. El llamado a la vida no fue algo sencillo, fueron diez años de huelgas y manifestaciones públicas en los que muchos perdieron la vida y en los que el frente comunista se recrudecía creando verdaderas situaciones de muerte y oscuridad. Pero el llamado a la vida fue escuchado por la gente que lo arriesgó todo y salió a la calle a manifestarse creando un movimiento que no pudo frenarse. El bloque comunista se rompió y Polonia volvió a la vida integrándose poco después a la unión de los países europeos.

Así cada uno de nosotros está llamado a pasar de la oscuridad a la luz, repasando nuestra historia y sus signos de muerte para aceptar el llamado a la luz y sus signos de nueva vida. Es en nuestras pequeñas victorias en la vida diaria cuando se muestra esa nueva vida. Esto es signo suficiente del Resucitado.

Es una voz que hay que seguir pasando a otros, que Jesús está entre los vivos. Es en esta voz cuando nos hacemos sus discípulos tal y como María Magdalena y las otras mujeres tienen que hacerlo: “Ahora vayan a decir a los discípulos, y en especial a Pedro, que él se les adelanta camino de Galilea, allí lo verán tal y como él les dijo” (Marcos 16:7). Hay un camino nuevo delante de nosotros lleno de luz y de actitudes nuevas con las que no habíamos estado muy familiarizados, pero es esta vida nueva la que nos hace ser testigos de la resurrección.

 

— El Rvdo. Enrique Cadena es de México y ahora se encuentra como vicario de la Iglesia Episcopal San Pablo en Phoenix.

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