Viernes Santo (A,B,C) – 2015

3 de abril de 2015

Isaías 52:13-53:12; Salmo 22; Hebreos 10:16-25 o Hebreos 4:14-16; 5:7-9; Juan 18:1-19:42.

Hoy el mundo cristiano presta especial atención a la muerte de Jesús en la cruz y guarda especial respeto para tratar de ver este acontecimiento con nuevos ojos. El evangelio de hoy nos da la narración completa de la muerte de Jesús. Juan no trata de darnos una descripción literal de lo acontecido, sino que usa símbolos que nos invitan a profundizar lo que significa seguir a Jesús. Juan mismo se encuentra en una comunidad que será conocida como la comunidad joánica y que está experimentando las consecuencias de seguir a Jesús.

Para tratar de entender este acontecimiento tan brutal de la muerte de Jesús en la cruz, usaremos a los tres personajes centrales de toda esta narración: Jesús, lo veremos como luz; Judas, lo veremos como oscuridad y tiniebla exactamente lo opuesto a Jesús; y Pedro, lo veremos como el que duda entre la oscuridad y la luz.

Juan inicia su evangelio diciendo: “…La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la impidieron… Él era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre y llegaba al mundo… este mundo que no lo recibió. Vino a su propia casa y los suyos no lo recibieron; pero a los que lo recibieron les dio capacidad para ser hijos de Dios” (Juan 1: 5; 9-12). Esto, que ha sido todo el motivo de que Juan escribiera su evangelio, llega a su culminación en la narración de la condena y muerte de Jesús que acabamos de escuchar.

Para Juan es claro que Jesús es la luz que viene de Dios y que ha llegado para iluminar a toda persona. Esto significa que el camino que Jesús presenta es lo que le da a la persona humana la capacidad de desarrollar lo mejor de sí mismo, rompiendo todo aquello que lo retiene y no lo deja crecer a lo mejor de su potencialidad.

Pensemos un poco si nos gusta estar en la luz, o preferimos estar en oscuridad. Todos sabemos que la luz es vida, en la luz nos podemos mover, sabemos lo que hacemos, conocemos a la gente vemos sus expresiones y reconocemos nuestras propias expresiones y acciones. La luz permite desarrollarnos y ser creativos porque vemos el camino, vemos todo lo que sucede. Para Juan todo el evangelio ha sido presentar a Jesús como la luz que confronta a las tinieblas, lo que significa para nosotros que solo podemos ver lo que somos (nuestra propia tiniebla) cuando la luz viene a nosotros y nos permite ver lo que podemos llegar a ser. Jesús es entonces para nosotros, la imagen clara de lo que podemos llegar a ser, lo mejor del ser humano y por esto es luz.

Pero vivimos en una realidad en donde con frecuencia nos quedamos ciegos y no podemos ver la luz o no queremos verla. Preferimos estar en nuestra tiniebla. Y esta es la imagen que Judas representa, es el personaje que podría ser cualquiera de nosotros que se ha acostumbrado a vivir en la oscuridad. Vivimos sin dar lo mejor de nosotros porque no sabemos qué es lo mejor de nosotros. Nos podemos quedar en nuestra mediocridad y quedarnos estancados. Solo hasta que somos confrontados por la luz, conocemos también nuestra tiniebla. Solo con la luz podemos ver lo que podemos llegar a ser. Y entonces empieza una nueva lucha, la de aceptar la luz y caminar hacia ella.

Judas representa a todos los que rechazan la luz. “Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron”. Todas las apariciones de Judas en el Evangelio de Juan representan al que tuvo problemas en aceptar el plan de Jesús, es el que se queda en lo material y no entiende el más allá de porqué Jesús es como es. Finalmente en esta narración del evangelio de hoy, Juan pone a Judas como el que termina traicionando a Jesús. Es el que come en la misma mesa de Jesús y, sin embargo, es quien decide entregarlo.

Jesús le dice, “lo que has de hacer hazlo pronto” y Judas se ausenta del grupo y toma partido por aquellos que buscan agarrar a Jesús. Judas entonces representa a todos los que niegan la posibilidad de ser más. Son los que prefieren no correr riesgos y quedarse en donde están. Esto es la oscuridad y también será signo de muerte. Pensemos en nuestros sentimientos cuando estamos en un cuarto oscuro. Nos paralizamos, no podemos movernos con libertad porque no vemos y el temor puede apoderarse de nosotros. Quedarnos en la oscuridad es muerte. En el evangelio oímos que cuando la traición estaba sucediendo “era de noche”.

Tenemos a Pedro como el tercer personaje de este drama, y representa a todos los que son atrapados por la duda. Pedro, quiere ser todo de Jesús, pero sus intervenciones presentan a la persona que aún no ha entregado su corazón. Quiere creer en esa nueva posibilidad que Jesús presenta, pero ante la novedad de las actitudes de Jesús se queda corto. Por eso vemos a Pedro que no entiende que Jesús se ponga a lavar los pies de sus discípulos y cuando Jesús se acerca a él dice: “Tú no me vas a lavar los pies a mí” (Juan 13:6).

Cuando llegan a arrestar a Jesús, Pedro reacciona usando violencia, saca una espada y ataca (Juan 18:10), poco después, cuando ya Jesús es interrogado, vemos a Pedro afuera y es reconocido como uno de los discípulos de Jesús, a lo que Pedro contesta “no lo soy” (Juan 18:17). Pedro representa a todas las personas que aún están muy amarradas en su tiniebla y que quieren abrirse a la luz, pero se encuentran dudando. En el Evangelio de Juan volveremos a ver a Pedro corriendo hacia la tumba de Jesús cuando ha resucitado, y entonces Pedro se convertirá en uno de los testigos de la resurrección. En Pedro encontramos esa posibilidad de vencer nuestra oscuridad y ser de la luz. “A los que la recibieron les dio capacidad de ser hijos de Dios” (Juan 1:12).

En la narración de Juan, cuando vemos a Jesús en la cruz no hay tinieblas, no está oscuro, no es de noche. Y aunque ante los ojos humanos hay muerte, ante los ojos del que cree hay vida. Juan nos presenta estos signos de nueva vida, signos que podemos ver solo si vamos más allá, si nos arriesgamos a vivir en la fe de Jesús. Los signos son que Jesús al ser traspasado por la lanza de un soldado, de su costado brota sangre y agua. La sangre signo de la nueva ofrenda que será la eucaristía y el agua signo de la nueva vida en Jesús para el que cree y esto será el bautismo.

Ante el misterio de la muerte de Jesús, el evangelista Juan nos está diciendo: arriésgate a dejar tu tiniebla, tu oscuridad, Judas, en medio de tus dudas y de tus dificultades de darle tu corazón a Jesús. Pedro, ábrete a la luz y descubre lo que puedes llegar a ser, lo mejor que hay en ti (Jesús) y aunque aparezca como muerte, descubre la vida que se te ofrece, sangre y agua; eucaristía y bautismo, y sé luz para los demás ofreciendo tu vida y lo mejor que hay en ti.

 

— El Rvdo. Enrique Cadena es de México y ahora se encuentra como vicario de la Iglesia Episcopal San Pablo en Phoenix.

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