4 Pascua (B) – 2015

26 de abril de 2015

Hechos 4:5-12; Salmo 23; 1 Juan 3:16-24; Juan 10,11-18.

Celebramos el cuarto domingo de Pascua. Estamos en pleno camino de Pascua. El mensaje de hoy está centrado poderosamente en dos hechos fundamentales: Jesús es el Buen Pastor y también es la piedra angular. Ciertamente, estos dos elementos reúnen las condiciones para construir el futuro del reino de Dios.

El tiempo pascual es el espacio asignado por Cristo a los discípulos de todos los tiempos, para que sin faltar a nuestros compromisos humanos, ayudemos a provocar la salvación de todos nuestros hermanos. La Pascua es nuestra alma y nuestra fiesta. En la Pascua vamos desarrollando nuestro futuro de realización como hijos de Dios.

En los Hechos de los Apóstoles (4:5-12), en la primera lectura, San Lucas nos presenta el primer brote de persecución que azotará sin clemencia a la primitiva comunidad. Las autoridades judías reclaman a los discípulos, los derechos de ley para predicar en nombre del resucitado y darle la salud a un enfermo.

Pedro lleno del Espíritu Santo, tomó la palabra y les dijo: “Pues bien, declaramos ante ustedes y ante todo el pueblo de Israel que este hombre que está aquí, delante de todos, ha sido sanado en el nombre de Jesucristo de Nazaret, el mismo a quien ustedes crucificaron y a quien Dios resucitó” (Hechos 4:10).

En esta intervención de Pedro se nota claramente la fuerza transformada de Cristo resucitado. Estos hombres, que antes eran tímidos, han vencido absolutamente el miedo ante las poderosas autoridades y pueden comunicar el poder del resucitado que abarca a todos.

Pedro concluyó: “Gracias a él, este hombre está sano en presencia de ustedes. Él es la piedra desechada por ustedes, los arquitectos, que se han convertido en piedra angular. En ningún otro se encuentra la salvación; ya que no se ha dado a los hombres sobre la tierra otro nombre por el cual podamos ser salvados” (Hechos 4: 11-12).

Toda la realidad de salvación que se produce en nuestro entorno lo es en nombre de Cristo, Jesús, que de piedra desechada se ha convertido en piedra angular. Es en la noche tremenda de la Pascua cuando es recogida la piedra desechada para ser colocada como piedra apta para la construcción.

Desde esa noche todos los humildes, los débiles y los ignorantes han comenzado a reinar con Cristo sobre los poderosos de la tierra. Toda la esperanza humana pasa por Cristo resucitado. Nuestro compromiso como cristianos consiste, en no permanecer extraños a la liberación por y con Cristo, piedra angular.

Todas las cosas, el progreso humano constructivo, las maravillas del corazón humano, la búsqueda incesante de la paz, en todas esas búsquedas, es Dios quien prolonga a través del componente humano de la historia la realización total de la resurrección de Jesús. Por eso, si nos llamamos cristianos, debemos vivir la resurrección. Solo así nos convertimos en hermosas piedras para construir el futuro.

También, en éste cuarto domingo de Pascua, el mensaje del evangelio nos trae a nuestra consideración la imagen del buen pastor, como una forma de profundizar en el misterio de la pascua.

Evocar hoy desde una gran ciudad, desde una cultura urbana, la imagen del pastor, los rasgos del buen pastor, parece una aventura exótica: ¿Dónde encontramos hoy un pastor? ¿Cuál es la imagen que del pastor tenemos en nuestros días? Los pastores hoy no están de moda. Están de moda en primera plana los servidores de la cosa pública.

La imagen que del pastor nos da San Juan no es una imagen dulce, acaramelada, sino la imagen de un hombre que adquiere compromisos totales que le conducen a tomar iniciativas y decisiones. Es un hombre dispuesto a luchar y a correr riesgos, incluso la propia vida, por aquellos que le han sido confiados.

Jesús mismo afirma: yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; pero el que trabaja solamente por la paga, cuando ve venir al lobo deja a las ovejas y huye, porque no es el pastor y porque las ovejas no son suyas (Juan 10:11-12).

Jesús es ciertamente el buen pastor, porque en él se dan los rasgos que configuran el ser del buen pastor. El pastor entrega su vida en favor de las ovejas que pastorea persiguiendo siempre su bienestar y felicidad .

Jesús también dice: “Yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí” (Juan 10:15). El pastor adquiere un conocimiento personal, de amistad con sus ovejas. Es un gran conocimiento que crea comunión de vida, amor que puede llegar a la propia donación. El dirigente del pueblo, el pastor, según el modelo de Jesús, no es alguien que ordena, organiza y manda. Es alguien que sirve y ama.

En esta relación con las ovejas, Jesús traspasa los límites territoriales y añade: “También tengo otras ovejas que no son de este redil; y también a ellas debo traerlas. Ellas me obedecerán y formarán un solo rebaño, con un solo pastor” (Juan10:16).

El pastor no excluye a nadie; con un corazón siempre abierto para superar las pequeñeces del propio redil, con una fina sensibilidad para sentir los problemas de todos los hombres y mujeres. No defiende su credo ni su bandera, sino que entrega su vida para que sus ovejas puedan encontrar la felicidad viviendo como hermanos por encima de credos y banderas.

Al final del texto, Jesús nos recuerda su sintonía con la voluntad del padre, diciéndonos: “El Padre me ama porque yo doy mi vida para volverla a recibir. Nadie me quita la vida, sino que yo la doy por mi propia voluntad. Tengo el derecho de darla y de volver a recibirla. Esto es lo que me ordenó mi Padre” (Juan 10, 17-18).

Nuestra reflexión, nuestra profundización sería llegar a adquirir hoy una fe en Jesús como nuestro verdadero pastor y nuestro verdadero guía. Solamente desde él podemos aprender a vivir y encontrar las razones de nuestra existencia. Sólo desde Jesús podemos descubrir en el día a día cual es la manera más humana de vivir.

Seguir a Jesús, como buen pastor es asumir las actitudes fundamentales que él vivió, y esforzarnos por vivirlas hoy desde nuestra propia originalidad, prosiguiendo la tarea de construir el reino que él comenzó.

Desde el evangelio, desde este evangelio, podemos distinguir y descubrir siempre quiénes son los buenos pastores. Hoy estamos inundados de voces, ecos, ruidos que intentan manipular nuestra libertad en nombre de un pretendido bienestar que no va más allá del consumo. El buen pastor nos guía siempre a la conquista de nuestra libertad, de nuestra dimensión interior.

Sabernos amorosamente conducidos por Jesús nos lleva a vivir sin temor la propia vida, sabiendo que nuestro presente está en buenas manos y que nuestro presente está asegurado en quien amó su vida menos que la nuestra. Nuestra seguridad se apoya no en promesas por cumplir, sino en hechos ya realizados: Jesús ha dado su vida por nosotros y ya realizados: Dios le ha hecho, por esto, pastor de nuestras vidas.

 

— El Rvdo. Antonio Brito es oriundo de la República Dominicana y misionero hispano en la Diócesis de Atlanta.

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