Estudio de la Biblia. 4 Cuaresma (B).

15 de marzo de 2015

Michael Toy, Seminario Teológico de Princeton.

“Pues Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Leccionario Común Revisado (RCL) lecturas:
Números 21:4-9; Salmo 107:1-3, 17-22; Efesios 2:1-10; Juan 3:14-21.

Números 21:4-9

Este pasaje presenta al pueblo de Israel después de haber salido de Egipto y viajado por el desierto. Intimidados por los edomitas, los israelitas se impacientan con el rodeo dado y repiten su estribillo de insatisfacción: “¿Por qué nos sacaste de Egipto para morir en el desierto?” Dios responde enviando serpientes venenosas entre el pueblo, matando a muchos. La gente se acerca a Moisés y le piden que interceda en su favor. Las serpientes mismas creaban la aflicción, y en un acto de salvación irónico, el Señor usa una serpiente de bronce para que se convierta en instrumento de sanación para los mordidos.

Tras una primera lectura, este castigo no parece corresponder al crimen que los israelitas había cometido. Pero este evento no es un incidente aislado. El pueblo se había quejado antes, y de hecho, se negó a entrar en la Tierra Prometida por temor a sus ocupantes. ¿En qué medida es esta historia armónica o disonante con su concepción de la justicia de Dios? ¿Es todo sufrimiento una clase de disciplina o castigo divino?

Aunque el pueblo de Israel no está contento ni con Moisés ni con Dios, la única cosa de la que nunca se duda es de la presencia de Dios entre la gente. Cuando el pueblo se queja contra Dios, el Señor escucha. Cuando el pueblo se arrepiente, Dios escucha y responde con la curación y alivio del sufrimiento.

¿Cree que alguna vez le pareció que Dios lo llevara a usted a un lugar desierto?

¿De qué manera Dios le ha liberado de la esclavitud como Dios liberó a los israelitas de Egipto?

Dondequiera que se encuentre en el viaje de la vida – ya sea en la alegría de la sanación y en la plenitud o en la caminata miserable través de desierto – ¿cómo y dónde ve que Dios le acompaña?

Salmo 107:1-3, 17-22

Este salmo de acción de gracias relata las liberaciones de Israel por el Señor. El estribillo en este salmo es: “Den gracias al Señor por su misericordia, y por las maravillas que obra por sus hijos”. Aunque el pueblo de Israel fue perennemente desobediente y rebelde, cuando se volvieron a Dios, el Señor tuvo misericordia y los salvó. Las obras de Dios provocan una respuesta del salmista, que manda al pueblo de Israel dar gracias al Señor y “aclamar sus obras con gritos de alegría”. Para el salmista, no hay forma de pagar la misericordia de Dios, pero la respuesta es la acción de gracias y la proclamación de las obras de Dios.

¿De qué manera Dios ha obrado maravillas para usted?

¿De qué “enemigos” ha sido usted redimido?

¿Cómo puede seguir la instrucción del salmista y aclamar estas bendiciones y la gracia?

Efesios 2:1-10

El autor de la carta a los efesios pinta una imagen elocuente de la muerte y de la renovación en este pasaje. Antes existía la muerte, pero ahora, por medio de Cristo, hay vida. Antes, “éramos por naturaleza hijos de la ira”, pero ahora estamos sentados en los lugares celestiales con el propio hijo de Dios. Todo esto se logra a través de la gracia de Dios, no por ninguna obra humana. Este pasaje es citado a menudo para enfatizar que los seres humanos no [podemos] hacer nada para ganar el amor o la gracia de Dios, sin embargo, al final del pasaje el autor declara que somos “creados en Cristo Jesús para [realizar] obras buenas”.

No hay nada que los humanos [puedan] hacer para ganarse el amor de Dios, la gracia o la misericordia, pero eso no quiere decir que las buenas obras sean irrelevantes. Es una cuestión de orden. Primero y principalmente está nuestra identidad en Cristo Jesús.

En segundo lugar, derivada de nuestra identidad es la forma de vida que Dios ha preparado para nosotros. La razón por la que los cristianos obran bien no es con el fin de ganar el amor o la misericordia de Dios, sino en respuesta a la obra de Dios. Nuestras buenas obras no se deben realizar en búsqueda de una recompensa, porque ya hemos recibido las abundantes riquezas de la gracia de Dios.

¿Qué significa para usted ser un recipiente de la gracia de Dios?

Identidades, como padre, hijo, esposo, empleado o empleador implican ciertos deberes. ¿En qué medida su identidad en Cristo implica nuevos o diferentes derechos?

Aunque nuestra identidad como cristianos ha pasado de la muerte a la vida, eso apenas significa que los cristianos sean ahora perfectos. ¿Cómo reconoce usted un movimiento de búsqueda de “los deseos de la carne y de los sentidos” a la forma de vida que Dios ha preparado?

Juan 3:14-21

Uno de los líderes religiosos judíos, Nicodemo, se reúne con Jesús por la noche por temor al juicio de sus compañeros. Es en esta conversación donde encontramos quizás el versículo más conocido de la Biblia de todos los tiempos, Juan 3:16. Esta declaración del amor de Dios y la promesa de la vida eterna en Jesús está ligada por Juan a las serpientes de la lectura de hoy de Números 21. Al igual que el instrumento de aflicción se convirtió en el instrumento de la curación para el pueblo de Israel, de la misma manera, mediante Jesús, la muerte en sí misma se convierte en el vehículo de la inmortalidad. La muerte, el verdadero enemigo de la vida, se ha convertido en el portal de la vida eterna.

En cada uno de estos pasajes, vemos que el pueblo del Señor ha sido liberado de la muerte y ha pasado a la vida. Las acciones misericordiosas y salvíficas de Dios no fueron nunca una respuesta a las buenas obras de la gente, sino que se derivan de la identidad de Dios y la gracia de Dios. Ahora la identidad del cristiano es la de uno salvado, por la gracia, de la tumba, de la miseria y de los deseos de los sentidos. A partir de esa identidad, vivimos la forma de vida que Dios pretende, obrando el bien y proclamando la bondad de Dios.

Nicodemo fue a ver a Jesús de noche por temor a sus compañeros. Pero, como está escrito en este capítulo, los que obran la verdad no tienen por qué ocultarse en la oscuridad, sino llegar a la luz. No es fácil proclamar la bondad de Dios en un mundo moderno que no aprecia la religión. Sin embargo, se nos manda proclamar la bondad de Dios en agradecimiento mediante palabras o buenas obras.

¿En qué situaciones o circunstancias somos propensos a silenciar nuestra proclamación, ya sea de palabra o de hecho? ¿En el lugar de trabajo? ¿En nuestros círculos sociales?

¿Cómo podemos encontrar la fuerza de vivir nuestra identidad como pueblo de Dios?

La muerte es todavía una fuerza temible en el mundo. ¿Qué le asusta de la muerte?

¿Qué fuerza encontramos en el evangelio de Juan que aquellos que creen en el Hijo de Dios no se perderán, sino que tendrán vida eterna?

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