5 Epifanía (B) – 2015

8 de febrero de 2015

Isaías 40:21-31; Salmo 147:1-12, 21c; 1 Corintios 9:16-23; Marcos 1:29-39.

Oh Dios de inmutable poder y eterna luz: mira favorablemente a toda tu Iglesia, ese maravilloso y sagrado misterio; por el eficaz trabajo de tu providencia, lleva a cabo en tranquilidad el plan de salvación; deja que todo el mundo vea y sepa que las cosas que han sido abatidas están siendo levantadas, y las cosas que habían envejecido se están renovando, y que todas las cosas se están llevando a su perfección por él, a través de quien todas las cosas fueron hechas, tu Hijo Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, un solo Dios, para siempre jamás. Amén. (Libro de Oración Común, página 528).

Por la historia podemos apreciar que, con el paso del tiempo y de acuerdo a los adelantos científicos, sociales y tecnológicos, la Iglesia se ha ido ajustando a dichos cambios con el propósito de ser más eficiente en la proclamación del reino de Dios.

La primera carta a los corintios nos muestra que ya Pablo tuvo ese mismo pensamiento de cambio, de utilizar las oportunidades para ejercer su ministerio de una manera más eficiente. “Aunque no soy esclavo de nadie, me he hecho esclavo de todos, a fin de ganar para Cristo el mayor número de personas. Cuando estoy entre los judíos me vuelvo como un judío, para ganarlos a ellos. … Por otra parte, para ganar a los que no viven bajo la ley de Moisés, me vuelvo como uno de ellos. … Cuando estoy con los que son débiles en la fe, me vuelvo débil como uno de ellos, para ganarlos también. … Hago todo esto por Cusa del mensaje de salvación.” (1 Corintios 9:19-23).

En la 77ª Convención General se aprobó la formación de un grupo de trabajo para “La re-imaginación de la Iglesia Episcopal”. Este equipo de personas ha trabajado arduamente y ha escrito un documento de “Propuestas y Recomendaciones a la 78ª Convención General” que tendrá lugar en el verano de este año 2015. Las lecturas correspondientes a este domingo tienen una conexión directa con esta propuesta, por lo que no podemos desperdiciar la oportunidad para sacarle provecho en nuestro ministerio de evangelización.

Las estrategias sugeridas en el documento son extraordinarias y nos instan a aprovechar cada oportunidad para traer más personas a los pies de Jesús. La Iglesia Episcopal tiene el reto de adecuar su evangelización mediante el uso de nuevas estrategias en la medida del ritmo que nos marca el siglo XXI.

La música es una expresión de arte y para llegar a ser un bailarín profesional se necesita estar bien conectado(a) con la música; hay que sentirla, hay que vivirla para poder transmitirla. Comencemos a llevar el evangelio con arte, con alegría, con pasión. Debemos adaptarnos a los cambios para que podamos evolucionar. Si no evolucionamos, no crecemos, no avanzamos. La Iglesia no puede quedarse adormecida y rezagada; al contrario, debe ir a la vanguardia de los tiempos y de los cambios, para que su mensaje sea efectivo, atractivo, convincente y que le transmita a los hijos e hijas de Dios el hermoso plan de salvación que Jesucristo les ofrece.

El apóstol Pablo nos exhorta a vivir los cambios y a hacernos como los demás, con el propósito de ganarlos para Cristo. Estamos viviendo en la época de la tecnología y tenemos que aprovechar todos los recursos disponibles haciendo buen uso de ellos para llevar el mensaje de salvación.

Sacar a la luz a los que están en la oscuridad, despertar a los que están dormidos, ser uno de ellos y vivir con ellos su realidad; de modo que el Cristo que les presentamos se identifique con cada una de las personas que tocamos, ya sea a través de la palabra hablada o mediante nuestras obras, con una buena conducta.

No nos olvidemos de estar conectados al Maestro de Galilea para que podamos comunicar el mensaje, pues solamente con el uso de la tecnología no lo lograremos; la tecnología es un medio que puede ser usado adecuada o inadecuadamente. Ante todo, lo más importante es estar conectados a la raíz, a la esencia, que es Jesucristo nuestro Señor.

No olvidemos el método del Maestro, como dice el evangelio de Marcos 1:38: “Vamos a los otros lugares cercanos, a anunciar también allí el mensaje; porque para esto he salido”. Es decir, que la Iglesia no está encerrada entre cuatro paredes, la Iglesia está en la calle, en la fábrica, en el restaurante, en la lavandería, en la tiendita; en todas partes donde habita el pueblo de Dios. Vamos pues a llevar el evangelio de salvación. Jesús nos dice hoy cómo debemos ejercer la misión que nos ha encomendado y para la cual nos ha escogido. Vayamos a convivir con los más desposeídos, los menos afortunados, los desvalidos, los oprimidos, los que carecen de pan, de abrigo, los encarcelados, los que no tienen esperanzas los que buscan de paz.

Muchos misioneros hispanos en Estados Unidos han traído como parte de su equipaje un método de evangelización que les ha dado muy buenos resultados. Al igual que Jesús nos habla hoy en su evangelio; ellos siempre, o muy frecuentemente, están en las calles, llevando grupos de oración, visitando a los enfermos, llevando pan a los sin hogar, compartiendo lo que tienen con los desamparados y llevándoles esperanza. No debemos tener miedo, pues el Señor nos dice: “Pero los que confían en el Señor tendrán siempre nuevas fuerzas, y podrán volar como las águilas, podrán correr sin cansarse y caminar sin fatigarse” (Isaías 40:31).

“Para mí no es un motivo de orgullo predicar el mensaje de salvación, porque lo considero una obligación ineludible. ¡Y ay de mi si no lo predico!” (1Corintios 9:16). Dios nos llama a servirle a través de los demás, a llevar su mensaje de paz y amor, a buscar las ovejas perdidas, a compartir su gracia y su misericordia, a ser compasivos, tolerantes, agradecidos, a perdonar, a ser amables y respetuosos y, sobre todo, a conocerle, amarle y servirle.

Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo nos bendiga y nos dé su paz.

 

— La Rev. Mercedes Julián misionera hispana en la Iglesia de la Ascensión , Cranston, Diócesis de Rhode Island.

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