Estudio de la Biblia. 1 Epifanía (B).

11 de enero de 2015

Jessie Gutgsell, Seminario Teológico de Berkeley de Yale.

“Por aquellos días, Jesús salió de Nazaret, que está en la región de Galilea, y Juan lo bautizó en el Jordán. En el momento de salir del agua, Jesús vio que el cielo se abría y que el Espíritu bajaba sobre él como una paloma. Y se oyó una voz del cielo, que decía: ‘Tú eres mi Hijo amado, a quien he elegido’” (Marcos 1:9-11).

Leccionario Común Revisado (RCL) lecturas:
Génesis 1:1-5; Salmo 29; Hechos 19:1-7; Marcos 1:4-11.

Génesis 1:1-5

Es difícil imaginarse palabras más familiares que las del Génesis, ¿no es verdad? “En el principio” así suenan las primeras palabras. No creo que nunca vaya a olvidar las palabras de mi profesor del Antiguo Testamento, el Dr. Robert Wilson, cuando nos explicaba el libro del Génesis: “No hay que confundir la familiaridad con el entendimiento”. Así que, con ese espíritu vuelvo yo a los primeros cinco versículos de las Escrituras. Son los pensamientos del profesor Wilson los que guiarán gran parte de mi investigación.

El Génesis a menudo se divide en dos grandes secciones: los capítulos del 1 al 11 forman la “historia de los orígenes”, mientras que los capítulos del 12 al 50 comprenden las “historias patriarcales”.

Los dos primeros versículos de la Biblia entran de lleno en la obra de la creación, sin ofrecer una explicación de lo que Dios hacía antes de Génesis del versículo 1: 1. El versículo 2 describe la tierra como algo “caótico y vacío”, aunque el profesor Wilson se apresuró a señalar que la frase hebrea (tohu wa-bohu) es intraducible. Muchos estudiosos han argumentado acerca de la traducción exacta que durante siglos se ha admitido, y que se hace difícil por el juego de palabras. Me parece un poco divertido que luchemos para definir exactamente lo que “caótico y vacío” o tohu wa-bohu realmente significa. Parece adecuado que no tenga una explicación.

En el versículo 3, Dios demanda que haya luz. Una vez más, es difícil no confundir la familiaridad con la comprensión, pero es lo que tenemos que hacer como cristianos. Es incomprensible (tohu wa-bohu) imaginar lo que significa que Dios mande que la luz exista – algo tan integral en nuestras vidas -, ¡pero así sucede!

En el versículo 4, Dios separa la luz de las tinieblas. ¿Qué quiere decir esto? Me pregunto lo que la luz y la oscuridad parecían antes de que fueran separadas. ¿Eran como el aceite y el agua? ¿O como una pintura de Mark Rothko? ¿O más allá de la imaginación?

Nuestro pasaje termina con el final del primer día. ¡Pero sabemos que esto es sólo el principio!

Los lectores atentos del Génesis se interesarán en saber que hay otro relato de la creación en Génesis (2: 4-24), que de alguna manera contradice directamente la narración que comenzamos a leer hoy. Los lectores puede que deseen comparar las dos versiones en su estudio privado.

Considere el versículo 3, cuando Dios manda que la luz exista. ¿Qué ha mandado Dios que exista en la vida de usted? ¿Qué cree que Dios podría estar pidiendo que existiera en su vida ahora? ¿Cómo le hablaría Dios a usted? ¿A través de otras personas? ¿A través del viento y de la naturaleza? ¿A través del silencio?

Regrese al versículo 4, cuando Dios separa la luz de las tinieblas. Tal vez usted podría decir que esta fue la primera vez que Dios puso límites entre las cosas. ¿Dónde en su vida podría utilizar más separación? ¿Dónde podría utilizar más mezcla e integración? Del mismo modo que hemos considerado lo que sería la separación de la luz y de la oscuridad, ¿qué parecería tal separación e integración en su vida?

Salmo 29

El salmo 29 es un salmo que puede ser clasificado como un himno, o una canción de alabanza. La orientación general del salmo es pedir que la gente a alabe a Dios, y ofrezca razones y afirmaciones de las razones por las cuales la gente debe alabar a Dios.

El salmo 29 tiene algunos rasgos literarios interesantes y distintivos que se manifiestan rápidamente, especialmente cuando se le lee en voz alta. La primera característica es la utilización de “tripletes”. En el versículo 2 decimos las palabras “den al Señor” tres veces antes de romper el patrón en el cuarto tiempo, llamando la atención sobre esa línea que rompe el patrón: “Adoren al Señor en la hermosura de su santidad”. Estas palabras (que también se encuentran en el salmo 96) son famosas en la historia anglicana gracias al arzobispo William Laud. “Adoren al Señor en la hermosura de su santidad” fue una de sus formas de pedir a los anglicanos que tomaran la liturgia en serio, y la hicieran uniforme. Hoy estas palabras forman parte del servicio de la mañana del Libro de Oración Común, como una frase de invitatorio.

La siguiente característica literaria interesante a observar se encuentra en los versículos 3-5 con la repetición tres veces de “la voz del Señor”. El triplete se rompe en el versículo 5 con una instancia del paralelismo absoluto, donde una frase reafirma lo que se dijo antes, pero en un orden diferente: “La voz del Señor quebranta los cedros; el Señor quebranta los cedros del Líbano”.

Este salmo se centra en gran medida en la voz de Dios y las cualidades mitológicas de ella. (Véase el versículo 10.) Es interesante notar el énfasis en la voz de Dios en las lecturas del leccionario: Dios halaba a la luz para que existencia, y aquí, la voz de Dios rompe los árboles.

¿De qué manera usted adora al Señor en la hermosura de su santidad? ¿Qué significa esta frase para usted? ¿La asocia con la liturgia?

Este salmo nos pide que “atribuyamos” fuerza y gloria a Dios. ¿Cómo puede atribuir fuerza y gloria a Dios en su propia vida? ¿De qué manera debe usted dar a Dios más crédito? ¿Más reverencia?

Hechos 19:1-7

La lectura de los Hechos de hoy se encuentra hacia el final del libro de los Hechos. La escena es del tercer gran viaje de Pablo a Éfeso. Sus dos primeros viajes fueron a Asia Menor y Grecia, y terminará sus viajes yendo a Jerusalén y, finalmente, con la predicación en Roma.

El personaje mencionado en Hechos 19 es Apolos, que sabemos por Hechos 18: 24-25, que es un judío y un “hombre elocuente” que “hablaba con un entusiasmo ardiente y enseñaba diligentemente lo concerniente a Jesús”. Lo que es notable en este pasaje es la distinción que se hace entre los bautismos. Una especie de bautismo implica el Espíritu Santo, y el otro, el de Apolos y los discípulos mencionados aquí, es “el bautismo de Juan” (v. 3) sin Espíritu Santo. Lo sorprendente es que los discípulos dicen: “Ni siquiera hemos oído que haya un Espíritu Santo” (v. 2). El libro de los Hechos de los Apóstoles es conocido por centrarse mucho en el Espíritu Santo. (Véase en Hechos 2, la historia de Pentecostés). Aquí el Espíritu Santo no es tanto un carácter dramático como lo es en otros lugares de este pasaje y en Hechos, sino que es un aspecto integral de un bautismo total y completo. El pasaje termina con Pablo bautizando a los discípulos. El Espíritu Santo hace una dramática aparición en el versículo 6 cuando “viene sobre” los discípulos y la gente habla en lenguas y profetiza.

Considere el versículo 2, donde los discípulos dicen que ni siquiera han oído hablar del Espíritu Santo. ¿Has conocido o te imaginas conocer a alguien que nunca haya oído hablar del Espíritu Santo? ¿Cómo explicarías el Espíritu Santo a alguien que no sabe al respecto?

¿Cómo te imaginas que se sentirá el “recibir el Espíritu Santo”? (Vea los versículos 2, 6.) ¿Alguna vez, antes, ha “recibido el Espíritu Santo”?

Marcos 1:4-11

Esta lectura se encuentra al principio del evangelio de Marcos. Todo lo que hay antes de esta lectura es una cita de Isaías (en realidad una fusión de citas del Éxodo, Miqueas e Isaías) sobre un mensajero “que clama en el desierto” (Marcos 1:2-3). Cabe destacar que Marcos no comienza con una narración del nacimiento como lo hacen los evangelios de Mateo o de Lucas. En cambio el ministerio de Jesús comienza con Juan el Bautista.

En lo que la lectura de hoy se centra es, a la vez, en el papel que jugó Juan el Bautista y el bautismo de Jesús. Se dice que Juan el Bautista vestía un manto de “pelo de camello” y comía “saltamontes y miel silvestre”. Esto no sólo evoca la imagen de un hombre ascético bastante extrema, sino también alude fuertemente al profeta Elías del Antiguo Testamento (2 Reyes 1: 8). El versículo 9 nos dice que Juan bautizó a Jesús. Juan el Bautista es decapitado después (Marcos 6) bajo la orden del rey Herodes.

El pasaje también se centra en gran medida en el propio bautismo de Jesús por Juan (v. 9). Lo que describe es algo épico, casi escena mitológica, del “cielo abierto” (v. 10). Entonces el Espíritu, como una paloma, desciende de lo alto (v. 10). Luego viene una voz del cielo con las reconfortantes y aún casi secretas palabras: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco” (v. 11). Esta línea es quizás una alusión al salmo 2:7.

Si usted ha sido bautizado, este sería el momento oportuno para reflexionar sobre su experiencia del bautismo. ¿Qué cree que hace el bautismo?

Considere la posibilidad de reflexionar sobre el Pacto Bautismal. Tenga en cuenta al hacer esto cómo el hecho de que Jesús también fue bautizado le conecta aún más con nosotros.

Lea de nuevo el versículo 11: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”. Imagínese a Dios diciéndole estas palabras también a usted (cambie lo de “hijo” por “hija” si es necesario). Usted también es un hijo de Dios. Considere cómo creyendo realmente esto podría cambiar el cómo se ve a sí mismo y a su vida.

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