Estudio de la Biblia. Propio 17 (A).

31 de agosto de 2014

Brian Pinter, Seminario Teología General

“Pero Jesús se volvió y le dijo a Pedro: ‘¡Apártate de mí, Satanás, pues eres un tropiezo para mí! Tú no ves las cosas como las ve Dios, sino como las ven los hombres’” (Mateo 16:23).

Leccionario Común Revisado (RCL) lecturas:
Éxodo 3:1-15; Salmo 105:1-6, 23-26, 45c; Romanos 12:9-21; Mateo 16:21-28.

Éxodo 3:1-15

Nuestra lectura de hoy, del Éxodo, es un texto con tonos místicos, a la vez que una escritura fundacional que mantiene un compromiso de clarín por Dios hacia los oprimidos. ¡Tal riqueza en una economía de versos! El encuentro de Moisés con Dios, y su nombramiento como líder establece un tema que recorrerá como un hilo a través de toda la narrativa bíblica.

En primer lugar, Moisés experimenta una teofanía, un momento místico de encuentro con Dios. Tenga en cuenta que la presencia de Dios toma la apariencia de fuego, un dispositivo de uso frecuente en otros relatos bíblicos. El fuego tiene el poder de calentar, de iluminar, de guiar, de consolar, pero también de quemar, de destruir, de devorar. Es una energía que debe ser tratada con respeto; que debe ser abordada con la humildad de pies descalzos. El texto de hoy, por ejemplo, nos recuerda que la naturaleza es un escenario sagrado, un actor indispensable en el drama de la salvación de Dios, tocada y bendecida por la energía de Dios de una manera íntima. Es santa y debe ser tratada como tal. Y como hemos visto en los últimos tiempos, cuando no respetamos la energía sagrada de la creación de Dios, puede responder de una manera poderosa.

En segundo lugar, los hechos fundamentales de nuestra religión descansan en este texto. En este momento, Dios se revela a sí mismo y comienza la gran obra de salvación, Dios librará a un pueblo oprimido de su miseria. Que la religión bíblica tiene su origen en este momento no es insignificante. Dios ha escogido tomar partido; Dios ha escogido estar con los marginados, los sin voz, los débiles. Recordemos que en este período de la historia bíblica, la idea de un más allá no ha entrado en la imaginación religiosa. Se trata de una salvación en el aquí y ahora, o de nada en absoluto. La religión, para los antiguos israelitas, trataba sobre una vida ética adecuada y la preocupación por los pobres.

¿Cómo nos hemos apartado de las expectativas de un “momento fundacional” de la religión bíblica? ¿Cómo nos hemos mantenido fieles a ese momento?

Salmo 105:1-6, 23-26, 45c

La alabanza y la conducta ética son los temas del salmo de hoy, que se basa en tres secciones de un “el salmo de la historia” más largo. Los primeros seis versículos destacan como un llamado a buscar la presencia de Dios. Es apropiado que este tema siga a la primera lectura del Éxodo, un texto que comienza con un poderoso encuentro con la presencia de Dios. Yendo mucho más atrás en la historia de Israel (los estudiosos sugieren que este salmo fue escrito después del período del exilio, es decir, en 587 AC), el salmista dibuja un retrato de dificultades, de liberación y de renovación.

Este texto nos recuerda que Dios a menudo trabaja de manera inesperada; que Dios tiene el poder de convertir lo que parecen ser derrotas y situaciones desesperadas en momentos clave que traen nueva vida. Así como “Jacob” (Israel) seguramente vio su esclavitud como un callejón sin salida, Dios transformó ese momento en la base de la salvación al presentar a Moisés y Aarón que habían de ser instrumentos de esperanza de Dios. Además, mediante la experiencia terrible de servidumbre y de liberación de Israel, Dios ofreció al pueblo de Dios la Ley sagrada, preceptos considerados por todos como un gran regalo, porque fue a través de la ley cómo Dios les enseñaba a vivir bien; cómo caminar en santidad. Por supuesto, el salmista dice: “¡Alabad al Señor!” ¡Verdaderamente, un Dios que crea esperanza y vida de las tinieblas es digno de nuestra alabanza!

¿Cómo ha trabajado Dios de forma inesperada en su vida?

Romanos 12:9-21

Pablo escribió a los romanos desde Corinto, una iglesia bien familiarizada con el individualismo y el sectarismo. Fue en Corinto donde Pablo había experimentado en su congregación gente perjudicial, que le daban puñaladas por la espalda, algunos de los cuales fueron tan atrevidos de acusar a Pablo de sacar de la canasta de la colecta. No es de extrañar entonces que Pablo, según la costumbre grecorromana de escribir cartas, incluya en este pasaje una lista de máximas, que tocan temas de perdón, reconciliación y convivencia. Para ello, Pablo parece recurrir a una variedad de fuentes, incluyendo la enseñanza de Jesús, la literatura de la sabiduría israelita, y la filosofía greco-romana.

Un intérprete moderno verá las admoniciones de Pablo como una llamada a domar el ego. El ego quiere venganza; Pablo dice que eso pertenece a Dios. El ego quiere elogios y reconocimiento; Pablo aconseja humildad. El ego quiere ver la derrota de los enemigos de uno; Pablo pide perdón y reconciliación. Pablo, sin duda, estaba bien informado de los deseos más oscuros de castigo y venganza, especialmente después de la experiencia desgarradora de Corinto. Él les habla a los romanos, y a nosotros, como un hombre que ha pasado por el crisol del dolor emocional, pero ha encontrado la fuerza para dejar las demandas del ego a un lado y permitir que algo mucho más grande (y más santo) guíe su respuesta a sus adversarios. Como el reverendo Dr. Martin Luther King, Jr., dijo a una generación más tarde, “La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad, sólo la luz puede hacerlo”.

Discuta el llamado de Pablo a domar las demandas del ego y a ofrecer paz y reconciliación a nuestros adversarios.

Mateo 16:21-28

Jesús en el evangelio de hoy nos recuerda una gran verdad sobre la vida y el camino espiritual: nuestra verdadera vida no trata sobre de nosotros mismos.

Seguir a Jesús es renunciar a la propia vida (quizás literalmente, pero también entregar el ego a una identidad mucho más grande) y seguir en obediencia a Jesús. La obediencia es un concepto difícil para nuestra cultura, incluso en círculos cristianos. Nuestra disposición innata es desear la independencia, la elección personal y la autonomía. El evangelio, especialmente el texto de hoy, exige una obediencia que es seguro que ha de conducir al sufrimiento, ¡algo que nadie quiere! Pero, como el biblista Dale Allison observó: “La fe es obediencia, y la obediencia es la tumba de la voluntad”.

Jesús enseña que el camino del discipulado es el camino de la cruz. Seguir a Jesús es caminar el camino de la herida. Este paradigma se ha repetido a lo largo de la narración bíblica, desde Israel en Egipto, a Job en el muladar, a Jonás en el vientre del pez, a Israel en el exilio, a Jesús en el sepulcro. La herida, sin embargo, no es la última palabra; Dios ofrece vida y salvación, incluso de una cruz. Pedro no puede saber esto en este momento, y a pesar del testimonio de la Escritura, es difícil para nosotros interiorizar y creer esto también, pero Jesús demanda fe y confianza; nos pide que le sigamos y caminemos su camino.

Hable de su reacción a la demanda que Jesús hace de ser obedientes.

 

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