Propio 15 (A) – 2014

17 de agosto de 2014

Génesis 45:1-15 y Salmo 133; (o Isaías 56:1, 6-8 y Salmo 67); Romanos 11:1-2ª, 29-32Mateo 15:(10-20), 21-28.

El evangelio de Mateo nos presenta a una mujer que es capaz de cambiar la actitud de Jesús. Podemos llamar a esta mujer la voz profética. Pensemos por un momento lo que significa la voz profética, para que podamos entender lo que hace esta mujer en este texto.

Los profetas en el Antiguo Testamento eran reconocidos como hombres de Dios, porque mediante ellos la gente común y corriente del pueblo de Israel trataba de entender el camino por el que Dios guiaba a su pueblo. Entender el mensaje de los profetas significaba para muchos pensar fuera de lo común, ver más allá de lo conocido y acostumbrado. Esta es la razón por la que muchos de los profetas fueron rechazados y perseguidos. Es una experiencia muy normal para todos los pueblos y todas las personas el que cambiar hacia algo que no es muy conocido, no sea tan fácil de hacerse. Sin embargo, es este momento en el que la voz profética nos invita a ver con ojos nuevos, una nueva posibilidad siempre estará llena de retos, pero el abrirnos a esta posibilidad nos hace crecer.

A nivel de una sociedad, el intentar cambiar una costumbre es aún más difícil, pues las costumbres sociales arraigan dentro de la identidad de las personas y el cambio en estas sociedades exige un movimiento que siempre es mucho más lento. Por eso, la voz profética es esa voz que penetra hasta lo más interno de la persona y de la sociedad y rompe el estatus quo. Es esa voz que continúa resonando llamándonos a una visión más amplia y diferente hasta que el cambio se realiza.

La voz profética es aquella que no nos deja tranquilos y que nos exige un cambio. Recordemos, en el segundo libro de Samuel se nos presenta al profeta Natán que con su voz profética tiene que exponer al rey David por haberle quitado la mujer a uno de sus soldados y haber hecho que dicho soldado fuera puesto al frente de la batalla para morir y así quedarse con su mujer. El profeta Natán entonces le cuenta una historia en la que el rey se enfurece por lo que escucha y el profeta Natán compara lo sucedido en la historia con lo que había hecho el rey. El rey queda expuesto y tiene que enfrentar su realidad (2 Samuel 12:1-10).

En algunos momentos de la historia del pueblo de Israel, la voz profética es voz de esperanza en que un cambio sucederá en corto plazo y que el pueblo tiene que sostenerse y ayudarse. En el libro del profeta Isaías se habla del tiempo en que Babilonia ha destruido al pueblo y lo ha tenido en el exilio. La voz profética anuncia que se acerca el fin del tirano y el pueblo obtendrá la libertad (Isaías 14: 3-9).

Esa voz profética en tiempos modernos ha sido escuchada a través de líderes que han buscado la libertad de sus pueblos como Gandhi en India que se convierte en el líder de un movimiento no violento para exigir la igualdad de su pueblo en una India gobernada por los ingleses, esto sucede entre 1915 y 1921, o Nelson Mandela en Sudáfrica, en donde lucha contra el grupo de Apartheid devolviendo igualdad y dignidad a su gente que había sido despreciada racialmente. Después de estar 27 años en prisión se convierte en el primer presidente negro, electo legalmente en 1994 empezando una nueva era de reconciliación racial. Y para la comunidad de los indígenas en Chiapas, México, a través de la voz profética del obispo Samuel Ruíz, que se convierte en el negociador de la paz entre el gobierno mexicano, y el grupo sandinista que busca restablecer la dignidad del pueblo indígena empobrecido. Estos profetas modernos buscan un cambio, una manera nueva de ver las cosas. En los tres casos tuvo que haber un cambio social en el que los grupos que no contaban empezaron a tener su lugar.

La voz profética es entonces un llamado a cambiar que resuena en lo profundo del corazón. Todos nosotros estamos acostumbrados a escuchar esa voz procedente de Jesús, es en él en quien encontramos un llamado a ser lo mejor que podemos ser. Para nuestra sorpresa, en el texto del evangelio de hoy no es Jesús quien hace este llamado, sino por el contrario, nos encontramos a un Jesús que parece rechazar a una mujer por ser sirio fenicia y no ser del pueblo de Israel. Y peor aun cuando la respuesta de Jesús suena ofensiva al decirle que “no es bueno darle a los perros, lo que es destinado a los hijos”.

No cabe duda que Mateo se dirige especialmente a los cristianos judíos, se encuentra  tratando de abrir la visión de que la fe en Jesús es para todos y no solo para el pueblo de Israel. En el tiempo en que se escribe el evangelio de Mateo la fe en Jesús ya se ha extendido a pueblos griegos. Pero, ¡cuántos aún estarían peleando el privilegio de solo los judíos! Sabemos que el mismo Jesús no salió más allá de las fronteras del pueblo de Israel, concentrándose específicamente dentro de los límites de Israel. Mas su mensaje tendría que llegar a todos los pueblos y es aquí donde la mujer sirio fenicia pronuncia la voz profética forzando el cambio de actitud en Jesús.

“Señor, también los perritos comen de las migajas que caen de las mesas de sus amos”. Ante el aparente rechazo, la mujer se mantiene realizando un llamado al interior del mismo Jesús que éste no pudo pasar por alto. Su insistencia era la de una persona de fe, que no está dispuesta a rendirse tan simplemente. Aunque ella no es judía, sabe lo que necesita y va más allá del rechazo demandando de Jesús una respuesta diferente. Jesús se encuentra ante la interpelación de quien está mostrando fe en él, es la forastera y no la judía, es la que pertenece a otro pueblo y no la que ha sido privilegiada. Y ella entonces logra el cambio de mentalidad en Jesús. Lo que aparece aquí como un error de Jesús es corregido inmediatamente porque ella habló con una voz que no pudo callar el corazón. Y entonces Jesús se encuentra ante una nueva visión, va más allá y concede lo que ella está solicitando. “Mujer ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla tu deseo. Y en aquel momento quedó sana su hija”.

Así como la voz de esta mujer, logra un cambio de actitud, seamos capaces de escuchar esas voces proféticas que nos invitan a una nueva visión, a ir más allá de lo que percibimos y creemos que es bueno. Hemos estado escuchando un llamado a cuidar la tierra y tratar de disminuir el extremo calentamiento que amenaza nuestro futuro. Oímos las constantes voces que nos llaman a cambiar nuestra actitud ante el uso de armas de fuego que siguen siendo un peligro en nuestra sociedad. Oímos también las voces de aquellos que tratan de cambiar la actitud ante los inmigrantes en este país exigiéndonos el poder convivir y compartir cada vez más con gente diferente de nosotros. Esas voces penetran hasta lo profundo de nuestro corazón en donde se nos invita a crecer, a cambiar, a abrirnos a una nueva realidad.

Pongamos atención, escuchemos y ¡dejémonos impactar por esa voz que nos invita a tener una nueva visión! Todo cambio es una invitación a crecer.

— El Rvdo. Enrique Cadena, mexicano, trabaja en la Diócesis de Arizona.

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