El Santo Nombre de Jesús (A,B,C) – 2014

1 de enero de 2014

Números 6:22-27; Salmo 8; Filipenses 2:5-13Lucas 2:15-21.

El primer día del año es designado, reconocido y celebrado por la Iglesia como la solemnidad del Nombre de Jesús. Es interesante que en muchas culturas latinas se use el nombre de Jesús no solamente como nombre propio para muchos varones cuando son bautizados (nombre que se le da a los varones y de vez en cuando junto o con el nombre de María o de José), sino también en otras modalidades que no tienen nada que ver con la religión, como responder con “Jesús” cuando alguien estornuda.

Los norteamericanos son un poco más conservadores en ese sentido y nunca se les ocurriría darle a uno de sus hijos el nombre de Jesús ni usar su nombre de cualquier otra manera que no tuviera un sentido religioso. Hace poco hubo un caso en las cortes judiciales de Estados Unidos en el que el juez dictaminó que los padres de un niño varón tenían que escoger otro nombre en vez de “Mesías”. A tal punto se llega que expresar el nombre de Jesús fuera de un contexto religioso es considerado como una vulgaridad.

Para los latinos no tanto, y es porque muchos han sido criados en ambientes religiosos donde Jesús es considerado más amigo y compañero que otra cosa. Esa relación que muchos tienen con Jesús es de amistad e intimidad personal que se muestra en la piedad popular. Lo que atrae algunos al “Niño divino”, al que sufrió por nosotros, al que agonizó en la cruz, al que como muerto lo reciben los brazos de su querida madre, al sepultado, y al que comparte cenas con sus amigos después de su resurrección, es evidencia de que Jesús es más que solamente Dios; es también hombre, un ser humano con el cual se puede uno identificar porque algunos han pasado por experiencias similares a las de Jesús. Pero también lo consideran como Dios pues es a él, y no al Padre celestial al que muchos acuden cuando lo necesitan y lo reconocen no solamente como amigo, sino también como Salvador y Redentor.

El primer mes del calendario, el mes de enero (en inglés January) recibe el nombre del dios pagano Janus, representado por dos caras mirando en direcciones opuestas. Los antiguos romanos lo consideraban como el dios del principio y del fin, el dios de las entradas y salidas, el dios de la guerra y la paz, el dios del pasado y el futuro; cosas opuestas pero relacionadas. Y por eso la Iglesia celebra en este primer día del año la solemnidad del santo nombre de Jesús que era tanto Dios como hombre, nació y murió, y se identifica en los evangelios como la puerta y el camino, pero también como el fin de nuestro peregrinaje. Él es, según el autor del libro del Apocalipsis: “El alfa y la omega (la primera y última letras del alfabeto griego) el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso, el principio y el fin” (Apocalipsis 1:7-9 y 22:13).

Pero la Iglesia también nos ofrece al principio del año esta celebración del Nombre de Jesús porque desea que cada uno de nosotros imite a nuestro Señor Jesucristo desde el primer día hasta el último del año, y que lo hagamos reconociendo que también somos hijas e hijos de Dios y que en cada uno de nosotros se encuentra tanto lo humano como lo divino. Así como Cristo fue imagen y reflejo del Padre, nosotros también somos imágenes de Dios, iconos que reflejan un poco lo que Dios es. Escuchen por favor una vez más las palabras de la segunda lectura de hoy, tomada de la carta de san Pablo a los Filipenses: Haya, pues, en ustedes esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló él mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:5-11).

En palabras del autor Tomás de Kempis, debemos de imitar a Cristo para así ser reflejos suyos para otros que lo buscan y desean una relación con él. Nuestra manera de pensar y de actuar debe ser como la de nuestro hermano mayor Jesucristo. No pensar que somos mejores que otros porque somos de tal país o tenemos mucho dinero en el banco o somos profesionales o nos vestimos elegantes. Jesús, que era Dios, nació en un humilde pesebre y acabó su vida en una tumba regalada por uno de sus discípulos. Como Dios, Jesús podía haber utilizado esa naturaleza y poder para no tener que pasar por lo que el resto de los seres humanos pasamos, pero optó por todo ello para que tuviéramos un ejemplo de alguien que no solamente predicaba sino que también practicaba lo que predicaba. Y no es solamente san Pablo el que cree de esta manera. Jesús mismo lo dijo: “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino a servir, y a dar su vida como rescate por muchos” (Marcos 10:45).

El principio del año es la ocasión en que muchos miran hacia el pasado, examinan lo que han hecho (tanto bueno como malo) y se comprometen a mejores cosas. ¡Qué mejor manera de empezar este año de 2014 que imitando a nuestro Señor Jesucristo! Sí, reconociendo que somos hijos e hijas de Dios, elegidos cada uno por él. Pero también reconociendo que si somos hijos e hijas del mismo Dios, todos somos hermanos y hermanas. Y aunque muchos no se llevan bien, eso no es lo que Dios desea de los suyos, y ese no es el ejemplo que nos da Jesucristo que ofreció hasta su propia vida por nosotros para que todos “tengamos vida y en abundancia” (Juan 10:10).

Si nos proponemos obrar como actuó Jesús, entonces aquellos que nos vean dirán de nosotros lo mismo que se dijo de los discípulos de Cristo en los primeros siglos del Cristianismo: “Miren como se aman los unos a los otros”.

Que en el año 2014 y por el resto de vuestras vidas Jesús sea nuestro compañero, nuestro salvador, el invitado invisible en nuestros hogares, nuestro principio y nuestro fin.

 

— El Rvdo. Ramón Ignacio Rafael Benito de Jesús Aymerich-Kotwick es un sacerdote jubilado y vive con su madre en la ciudad de Matthews, Carolina del Norte. 

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