Día de Navidad (A,B,C) – 2013

25 de diciembre de 2013

Isaías 62: 6-12; Salmo 97; Tito 3: 4-7; Lucas 2: (1-7) 8-20.

“Los cielos anuncian su justicia, y todos los pueblos contemplan su gloria” (Salmo 97: 6).

En un pueblo pequeño, en África, en Latinoamérica, en  el Oriente, en cualquier parte del mundo, entre las personas más desafortunadas, nacen niños no programados, cuyos padres solo saben trabajar en las faenas duras del campo; donde no hay escuelas, ni hospitales, donde la ley del más poderoso es la que impera. Esos niños no tienen la oportunidad de alcanzar una vida diferente a la de sus padres; es una cadena de miseria la que arrastran.

Una vez, nació un niño cuyos padres eran gente sencilla y llevaban una vida tranquila; él  carpintero y su madre ama de casa, como  millones de familias en estos tiempos. Ese niño era igual que los de ahora; con una sola diferencia; era el Hijo de Dios.

El evangelio de Lucas nos narra con detalles cómo fue el nacimiento del niño Dios. Sus padres, José y María, iniciaron el largo viaje hacia Belén donde tenían que ser censados, por ser José descendiente  del rey David. Pueblo pequeño, rápido se agotaron los lugares que ofrecían hospedaje a los viajeros. Finalmente, estos padres no encontraron lugar donde pasar la noche. Pero alguien tuvo compasión y les facilitó el establo donde se resguardaban del frio las vacas, burros, ovejas…

Jesús nació igual como nacen muchos niños hoy, cuyas madres no tienen una mantita para abrigarlos. Pero Jesús pudo nacer en cuna de oro, ¿no? El lugar escogido por Dios para que su Hijo viniera a este mundo nos da una lección de vida. Estamos inmersos en un mundo de competencia y el que más tiene necesita demostrar que es más poderoso, lo cual hace que la competencia cada día sea más agresiva.

Los padres por ganar más dinero, las madres  por producir más dinero también, por competir con sus hijas jóvenes (ellas quieren lucir igual o mejor que las hijas) la moda, los carros de lujo. Los niños, quieren el último juguete electrónico, pues hay que mostrarlo o hacerle saber al compañerito de escuela que él tiene el último que salió al mercado. Los jóvenes que están viviendo el ejemplo de sus padres, se descarrían y optan por la vida fácil. El respeto a los padres es cosa del pasado, hay que estar a la altura de las cosas nuevas…

Desde tiempos inmemorables se anuncia el fin del mundo; mes, día y hasta hora exacta; la delincuencia rampante en todas partes; el desenfreno en el uso de las drogas y el alcohol; el culto al cuerpo, el sexo, la avaricia… Y ¿este es el mundo que Dios creó y al cual mando a su Hijo a nacer? Precisamente por todas estas cosas y muchas más, Dios, en su inmenso amor por la humanidad orquestó un plan de salvación en el cual todos estamos incluidos, mas no todos queremos estar. Jesús nace para cada uno de sus hijos e hijas, nos da el gran regalo de la salvación y la vida eterna; aunque no lo queramos. Él nació, murió en la cruz y resucito por ti y por mí.

“De pronto se les apareció un  ángel del Señor…Y les dijo: no tengan miedo…” (Lucas 2:8-9). El miedo nos  paraliza, nos asusta, nos hace impotentes de actuar, nos estremece, nos aflige, nos hace débiles. Cuando el ser humano se siente débil, hace un esfuerzo por demostrar que es fuerte y poderoso, entonces ahí es cuando cae en la tentación y toma decisiones equivocadas. El miedo a lo desconocido nos aterra, y por eso no queremos cambiar nuestra actitud ante la vida, por eso no queremos estar incluidos en el plan de salvación que Dios ha preparado para nosotros.

Por lo general siempre nos ocupamos de que todo esté impecable en casa para celebrar la Navidad, aunque lo que más celebramos es la Nochebuena; la reunión familiar con una mesa exquisita para disfrutar, los regalos, los buenos deseos entre todos, la alegría de ver familiares que hace tiempo no veíamos; más bien es una reunión de familia. Lo más triste de esto es que al que debemos festejar lo dejamos fuera de la casa, no lo invitamos para que no nos arruine la fiesta.

Celebremos con alegría el nacimiento del niño Dios, es su  fiesta de cumpleaños, no lo olvidemos. Él debe ser el invitado por excelencia. “Hoy les ha nacido en el pueblo de David un salvador, que es el Mesías, el Señor”.   “¡Gloria a Dios en las alturas! ¡Paz en la tierra entre los hombres que gozan de su favor!”  Vamos, pues, a  Belén a ver esto que ha sucedido y que el Señor nos ha anunciado” (Lucas 2: 11, 14, 15b).

Estamos todos invitados a dejar que Dios habite en nuestros corazones, que le recibamos con amor para que entre en nosotros y transforme nuestras vidas, pues solo él tiene el poder para hacerlo. Nadie puede predecir  que el mundo se acabará, o cuando sucederá, nada nos puede dar más satisfacción y más seguridad que el amor de Dios hecho realidad a través de nuestras acciones.

Ama y déjate amar por los demás, prepara tu corazón para que Jesús entre en él, así como limpias tu casa física, limpia tu casa espiritual y dale la bienvenida hoy que es día de Navidad y veras como cambia tu vida y la de tu familia. No lo dejes para el próximo año, quizás sea demasiado tarde.  Él está a la puerta y está tocando para que lo dejes entrar, no tengas miedo, vamos pues a Belén a ver esto que ha sucedido. ¡Tu Belén es tu corazón y Dios te ama tal y como eres, él  te quiere así, él espera que lo invites!

 

— La Rvda. Mercedes Julián. Misionera hispana en la iglesia de la Ascensión en Cranston, Diócesis de Rhode Island, originaria de la Republica Dominicana.

Comments

  1. Un mensaje por la Revda. Mercedes Julian
    My greetings to your Bishop. I have been asked to preach at the Spanish Mass on Christmas Eve in his former charge. I told the interim Dean I would find a suitable sermon to use “porque no tengo confianza en mi Espanol”. Muchas gracias. Esa mensaje es muy agradable para mi, y por el pueblo de La Trinidad.

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