Viernes Santo (A,B,C) – 2013

29 de marzo de 2013

Isaías 52:13-53:12; Salmo 22; Hebreos 10:16-25; Juan 18:1-19:42.

El Viernes Santo es un día de profunda reflexión para todos los cristianos y cristianas del mundo. Nuestro Señor Jesucristo, en su naturaleza humana, padeció el doloroso paso de la muerte. La Iglesia invita a los fieles a meditar en el dolor humano de Cristo.

Los cristianos de tradición católica en la comunidad hispana/latina, desde los pasados siglos de la colonización de los pueblos americanos, han sido expuestos al sufrimiento de Cristo en la cruz por medio de numerosas imágenes religiosas que expresan la pasión del Señor y por medio de devociones religiosas como el viacrucis, las siete palabras y las procesiones con Jesús flagelado cargando con la cruz o bien la imagen de Cristo muerto, llevado por acongojados devotos.

Esta vivencia con Cristo crucificado y muerto ha marcado la espiritualidad del pueblo hispano por generaciones. Nuestro pueblo es un pueblo penitencial. Las iglesias se llenan de fieles estos días de Semana Santa; se acercan a venerar la cruz donde estuvo clavado el Salvador. En algunos lugares se revive el sufrimiento de Cristo mediante la representación, al vivo, de la pasión del Señor.

Tomando en cuenta el marco cultural y religioso en el que la comunidad hispana conmemora la Semana Santa, resulta difícil entender que el Viernes Santo también nos hable de vida y amor desbordante de Dios hacia el género humano.

La primera lectura del profeta Isaías menciona la palabra éxito en más de una ocasión. ¿Es posible hablar de éxito un Viernes Santo? Los dictados de la sociedad en que vivimos nos dicen que éxito tiene que ver con los individuos que alcanzan fortuna, fama y poder. ¿A qué se refiere, entonces, el profeta Isaías cuando nos dice: “Mi siervo tendrá éxito, será levantado y puesto muy alto”? (Isaías 52:13). También reafirma: “El Señor quiso oprimirlo con el sufrimiento. Y puesto que él se entregó en sacrificio por el pecado, tendrá larga vida y llegará a ver a sus descendientes; por medio de él tendrán éxito los planes del Señor” (Isaías 53:10).

El profeta ha dicho que el siervo, tendrá éxito y también los planes de Dios. Este siervo que menciona Isaías, es el mismo Señor Jesús que llevó sobre sí tantos dolores y fue crucificado para redimir a la humanidad entera según los propósitos de un Dios misericordioso que procura la salvación del género humano.

El significado de éxito, según esta lectura, es pues muy diferente al que todos entendemos. Éxito según Isaías es cumplimiento, entrega y amor desbordado hacia los demás.

No se tiene éxito cuando solo uno está bien y los demás mal. Bien claro lo dejó el Señor Jesús en las bienaventuranzas: “Dichosos los que tienen espíritu de pobres, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que sufren, porque serán consolados. Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra prometida. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque serán satisfechos” (Mateo 5:3-6).

La liturgia del Viernes Santo expresa que hay un plan de parte de Dios para redimir al ser humano. En este plan no se contempla ganar al estilo humano. No se trata de que Dios muestre su poder en forma arrogante; Dios, en la persona de su Hijo, nos muestra su inmenso amor. La muerte de Señor en la cruz es la máxima expresión de ese amor.

Cada año, en la liturgia del Viernes Santo se lee la pasión del Señor según san Juan en una forma dramatizada que permite meditar en la conducta de los diferentes personajes que participan en la narrativa.

Varios personajes actúan de forma egoísta, pensando únicamente en sus propios intereses. Judas traiciona a Jesús movido por sus aspiraciones políticas, económicas y su interpretación personal de un mesías como líder militar. Aun cuando escuchó al Señor en tantas ocasiones, no entendió el mensaje de un reino de Dios para todos. Judas pensaba en su nación, en su facción política y religiosa. No fue capaz de comprender que el plan de Dios involucra a todos los pueblos de esta tierra. La traición de Judas no es solamente la venta y entrega física del Señor a los soldados y fariseos, es una traición al mensaje inclusivo de Jesús.

La negación de Pedro es otro episodio que expone la debilidad humana de los apóstoles. ¿Cómo se explica que Pedro tuviera miedo de confesar que era discípulo del Señor? Fueron tres veces las que Pedro negó a Jesús. Podemos justificar la negación de Pedro como un acto para salvar su propia vida, pero por otra parte no se justifica la negación porque Pedro fue testigo de múltiples revelaciones de Jesús como el Hijo de Dios. Pedro conocía muy bien el plan de Dios por medio de su Hijo. Tanto así, que Pedro fue el único capaz de confesar que Jesús, era el Cristo, el Hijo del Dios vivo.

Cada uno de nosotros puede estar representado en Judas y Pedro. Somos como Judas cuando traicionamos el mensaje de salvación para todos, cuando reducimos la salvación a los que piensan y actúan como nosotros. Somos como Pedro porque, a pesar de conocer la verdad, tenemos miedo de enfrentar el juicio de los que se oponen a la verdad que proclama Jesús.

Otros podemos ser como José de Arimatea, el discípulo secreto de Jesús, decimos que somos discípulos del Señor cuando no hay peligro o compromiso de por medio.

La pasión del Señor es un drama humano que muestra las emociones más profundas de cada uno de sus protagonistas. El amor sin límites de María, la madre de Jesús, y de las otras mujeres que sienten una inmensa pérdida, tal amor contrasta con el odio de los que piden la muerte del Señor.

En la tradición religiosa del pueblo latino el Viernes Santo es de gran observancia, sin embargo, se nota que muchos lo viven con la nostalgia de no estar en el pueblo natal en donde la Semana Santa tiene un carácter especial con tradiciones propias de cada lugar.

El Viernes Santo es acompañar a Jesús en su camino hacia el calvario, meditando en la maldad que puede abrigar el corazón humano y tratar de entender la bondad sin límites de Dios que se empeña en rescatar al ser humano mediante el sacrificio de su Hijo, sacrificio único e irrepetible, que perdona los pecados del mundo, tal como se declara en la carta a los Hebreos: “Así pues, cuando los pecados han sido perdonados, ya no hay necesidad de más ofrendas por el pecado” (Hebreos 10:18).

En este Viernes Santo nos conmueven las escenas que muestran a personas cumpliendo penitencias severas, que van desde caminar descalzos sobre el ardiente asfalto durante una procesión religiosa o bien cargan pesados maderos que laceran sus espaldas o, en casos extremos, la flagelación y crucifixión.

El sacrificio del Señor es un sacrificio por todos los pecados del mundo. No hay otro acto que pueda igualarle. El mensaje de la carta a los hebreos nos exhorta a expresar el amor sincero y practicar la ayuda mutua; practicar el ejemplo de Jesús de ser capaces de entregar la misma vida por los demás.

La muerte del Señor en la cruz fue algo real que recordamos con tristeza. Sin embargo, aún en medio de la tristeza, nos debe animar el hecho de que Dios mediante el sacrificio de su Hijo, ha dejado muy claro que su amor es incondicional. Ni el odio de las autoridades religiosas y políticas de la época, ni las debilidades humanas de sus propios discípulos impidieron que el Señor llevara a cumplimiento la amorosa obra de la redención. Cada vez que un ser humano comprende el sacrificio de Cristo en la cruz y se convierte, el Señor nos muestra el éxito a su manera: nos dice que la salvación de todos es el gran propósito de Dios.

 

— El Rvdo. Dr. Alvaro Araica sirve en la Diócesis de Chicago. Actualmente es el asociado del Obispo para el Ministerio Hispano y está a cargo de las congregaciones de Cristo Rey y Nuestra Señora de las Américas. El P. Araica y su familia son de origen nicaragüense.

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