Estudio de la Biblia. Tercer domingo de Pascua (Año B) – 22 de abril 2012.

Moderador del debate: JK Melton, el Seminario Teológico General

“Ellos se asustaron mucho, pensando que estaban viendo un espíritu. Pero Jesús les dijo: ‘¿Por qué están asustados? ¿Por qué tienen esas dudas en su corazón? Miren mis manos y mis pies. Soy yo mismo. Tóquenme y vean: un espíritu no tiene carne ni huesos, como ustedes ven que tengo yo’”. (Lucas 24:37-39).

Leccionario Común Revisado (RCL) lecturas:
Hechos 3:12-19 ; Salmo 4 ; 1 Juan 3:1-7 ; Lucas 24:36b-48
(Haga clic en el enlace para saltar a la página de cada lectura).
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Hechos 3:12-19

12 Pedro, al ver esto, les dijo: «¿Por qué se asombran ustedes, israelitas? ¿Por qué nos miran como si nosotros mismos hubiéramos sanado a este hombre y lo hubiéramos hecho andar por medio de algún poder nuestro o por nuestra piedad?
13 El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros antepasados, ha dado el más alto honor a su siervo Jesús, a quien ustedes entregaron a las autoridades y a quien ustedes rechazaron, después que Pilato había decidido soltarlo.
14 En vez de pedir la libertad de aquel que era santo y justo, ustedes pidieron que se soltara a un criminal.
15 Y así mataron ustedes al que nos lleva a la vida. Pero Dios lo resucitó, y de esto nosotros somos testigos.
16 Lo que ha hecho cobrar fuerzas a este hombre que ustedes ven y conocen, es la fe en el nombre de Jesús. Esa fe en Jesús es la que lo ha hecho sanar completamente, como todos ustedes pueden ver.

17 »Ya sé, hermanos, que cuando ustedes y sus jefes mataron a Jesús, lo hicieron sin saber en realidad lo que estaban haciendo.
18 Pero Dios cumplió de este modo lo que antes había anunciado por medio de todos sus profetas: que su Mesías tenía que morir.
19 Por eso, vuélvanse ustedes a Dios y conviértanse, para que él les borre sus pecados.

(Biblia Dios Habla Hoy, propiedad literaria de c Las Sociedades Bíblicas Unidas. Usado con permiso via BibleGateway.com.)

JK Melton, el seminarista de esta semana dijo:

Pedro acaba de sanar a un hombre en las escaleras del templo de Jerusalén. Al ver el asombro de la multitud ante la curación, Pedro declara que fue Dios el que realizó la curación, no Pedro, que no es más que un agente de Dios que sana. De hecho, Dios hizo algo aún más milagroso, el pueblo rechazó a Jesús y lo entregó a las autoridades para que lo mataran, pero Dios resucitó a Jesús de entre los muertos. Pedro le dice a la multitud que, debido a estos eventos, deben arrepentirse y convertirse a Dios.

A medida que avanza la temporada de Pascua, ¿de qué manera te está llamando Dios a una vida nueva? ¿Es a través de algo milagroso? O por el contrario, ¿es a través de lo mundano?

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Salmo 4

1 Respóndeme cuando clamo, oh Dios de mi justicia;
cuando estaba en angustia, tú me libraste;
ten misericordia de mí, y escucha mi oración.
2 “Mortales, ¿hasta cuándo volverán mi honra en infamia,
amarán la vanidad, y buscarán la mentira?”
3 Sepan, pues, que el Señor ha escogido a los fieles para sí;
el Señor oirá cuando yo a él clamare.
4 Tiemblen y no pequen;
mediten en su corazón estando en su cama, y callen.
5 Ofrezcan sacrificios rectos,
y confíen en el Señor.
6 Muchos son los que dicen: “¿Quién nos mostrará el bien?”
Alza sobre nosotros, oh Señor, la luz de tu rostro.
7 Tú diste alegría a mi corazón,
mayor que la de ellos cuando abundaba su grano
y su mosto.
8 En paz me acostaré, y en seguida dormiré;
porque sólo tú, oh Señor, me haces vivir seguro.

(El Libro de Oración Común, p. 488)

JK Melton, el seminarista de esta semana dijo:

Todos hemos formado parte de este diálogo en un momento u otro. Llamamos a Dios pidiendo ayuda, y oímos que Dios nos llama al arrepentimiento. Dios es fiel a su pueblo, ya sea que deshonremos su gloria, adoremos a estúpidos ídolos, o deseemos tiempos mejores. Incluso en esos momentos, se nos pide que confiemos en Dios y ofrezcamos los sacrificios designados. Dios tiene planes para nosotros y los está realizando. Como resultado, podemos descansar en paz.

Este salmo tiene las características de un lamento. ¿Hay algo en ti que está rezando un lamento? ¿Qué se interpone en el camino para que puedas descansar en paz?

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1 Juan 3:1-7

1 Miren cuánto nos ama Dios el Padre, que se nos puede llamar hijos de Dios, y lo somos. Por eso, los que son del mundo no nos conocen, pues no han conocido a Dios.
2 Queridos hermanos, ya somos hijos de Dios. Y aunque no se ve todavía lo que seremos después, sabemos que cuando Jesucristo aparezca seremos como él, porque lo veremos tal como es.
3 Y todo el que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, de la misma manera que Jesucristo es puro.

4 Pero todo el que peca, hace maldad; porque el pecado es la maldad.
5 Ustedes ya saben que Jesucristo vino al mundo para quitar los pecados, y que él no tiene pecado alguno.
6 Así pues, todo el que permanece unido a él, no sigue pecando; pero todo el que peca, no lo ha visto ni lo ha conocido.
7 Hijitos míos, que nadie los engañe: el que practica la justicia es justo, como él es justo.

(Biblia Dios Habla Hoy, propiedad literaria de c Las Sociedades Bíblicas Unidas. Usado con permiso via BibleGateway.com.)

JK Melton, el seminarista de esta semana dijo:

Los cristianos son hijos de Dios, y eso nos distingue. El mundo no nos entiende, lo cual no debería sorprendernos, porque el mundo no entendió a Jesús. Como hijos de Dios, tenemos una identidad especial y un papel especial que ejercer en el mundo. Somos signo del Reino de Dios, ya sea que el mundo entienda el Reino de Dios o no. Podemos consolarnos de que Dios se revelará en el momento que él sabe.

¿Cómo puede la Iglesia, y nosotros como miembros de la Iglesia, encontrar nuestro lugar como hijos de Dios en este mundo? ¿Cómo podemos vivir mejor en esa identidad? ¿Cómo deberían ser nuestras vidas ordenadas de modo que todos los hijos de Dios puedan entrar en el abrazo amoroso de Dios?

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Lucas 24:36b-48

36 Estaban todavía hablando de estas cosas, cuando Jesús se puso en medio de ellos y los saludó diciendo:
—Paz a ustedes.
37 Ellos se asustaron mucho, pensando que estaban viendo un espíritu.
38 Pero Jesús les dijo:
—¿Por qué están asustados? ¿Por qué tienen esas dudas en su corazón?
39 Miren mis manos y mis pies. Soy yo mismo. Tóquenme y vean: un espíritu no tiene carne ni huesos, como ustedes ven que tengo yo.
40 Al decirles esto, les enseñó las manos y los pies.
41 Pero como ellos no acababan de creerlo, a causa de la alegría y el asombro que sentían, Jesús les preguntó:
—¿Tienen aquí algo que comer?
42 Le dieron un pedazo de pescado asado,
43 y él lo aceptó y lo comió en su presencia.
44 Luego les dijo:
—Lo que me ha pasado es aquello que les anuncié cuando estaba todavía con ustedes: que había de cumplirse todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los libros de los profetas y en los salmos.
45 Entonces hizo que entendieran las Escrituras,
46 y les dijo:
—Está escrito que el Mesías tenía que morir, y resucitar al tercer día,
47 y que en su nombre se anunciará a todas las naciones que se vuelvan a Dios, para que él les perdone sus pecados. Comenzando desde Jerusalén,
48 ustedes deben dar testimonio de estas cosas.

(Biblia Dios Habla Hoy, propiedad literaria de c Las Sociedades Bíblicas Unidas. Usado con permiso via BibleGateway.com.)

JK Melton, el seminarista de esta semana dijo:

¿Cómo responderíamos si el Jesús resucitado se apareciera en la habitación? Sospecho que, como los discípulos, estaríamos “espantados y llenos de miedo”, y creeríamos que se trataba de un fantasma.

La respuesta de Jesús a sus dudas es hermosa, les pide un bocado para comer. Él ve sus dudas, y en lugar de insistir en ellas, trata de mostrarles cuán real es comportándose de la manera más natural posible, pidiendo un bocadillo. Les pide lo que pueden darle en ese momento determinado.

¿Dónde aparece Jesús en nuestras vidas hoy en día? Sospecho que a menudo no nos damos cuenta, lo que puede ser peor que dudar. ¿Qué hemos de hacer de tal manera que podamos observar a Jesús cuando se nos manifieste? ¿Qué nos impide ver a Jesús?

Si le vemos, puede que permanezca un rato con nosotros y nos abra nuestras mentes a las Escrituras, todo mientras participa en lo que tenemos que ofrecerle, pescado a la parrilla o tal vez algo más.

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