Predicadores brindan consuelo, estímulo y humor frente a Harvey

El Rdo. James Derkits, rector la iglesia episcopal de La Trinidad del Mar, en Port Aransas, Texas, dijo el 3 de septiembre que las personas estaban allí “viviendo la enseñanza de Romanos”. Foto de Jennifer Wickham vía Facebook.

[Episcopal News Service] A veces, las palabras más sencillas son las que mejor funcionan. Eso, y algo de humor.

“Entonces”

“¡Guau!”

“¡Qué semana!”

Así fue que el Rdo. Russell J. Levenson Jr., rector de la iglesia episcopal de San Martín [St. Martin’s Episcopal Church] en Houston, comenzó su sermón del 3 de septiembre. Al igual que muchos predicadores que se enfrentaron a la tarea de llevar la palabra de Dios para hacerle frente a la experiencia del huracán Harvey, Levenson combinó el simple consuelo con el humor y la interpretación bíblica con un llamado a ministrar.

Cuando le preguntó a su congregación cómo la estaban pasando y se produjo, en respuesta, lo que parecía un murmullo de satisfacción, Levenson dijo amablemente:

—“No me digan, todos ustedes están mintiendo”.

Eso provocó la risa general.

En la iglesia episcopal de La Trinidad del Mar [Trinity by the Sea Episcopal Church] en Port Aransas, Texas, cerca de donde Harvey tocó tierra por primera vez el 25 de agosto, el Rdo. James Derkits describió en su sermón una conversación típica.

“Eh, ¿cómo te va?

“Aguantándolo bien”

“Y entonces lloramos durante un minuto. Y luego decimos, muy bien, volvamos al trabajo’”.

“Sencillamente, vamos a seguir haciendo eso”, dijo Derkits.

Él reconoció que no sabía si podía predicar ese día. “No estaba seguro de que pudiera decir una sola palabra sin llorar”, afirmó Derkits, cuya familia perdió muchas cosas cuando Harvey destruyó la rectoría. Él ha estado ayudando a dirigir las tareas de recuperación en su pueblo.

En la iglesia episcopal de San Dunstan [St. Dunstan’s Episcopal Church] en Houston, el rector, Rdo. Rob Price confesó que había estado ocupado esa semana con “la labor de hacer la palabra de Dios y no he tenido tanto tiempo como me habría gustado para prepararme para predicar sobre la palabra de Dios”.

Afortunadamente, añadió, el leccionario acudió en mi rescate. Las lecturas señaladas incluían la historia de Moisés de pie en tierra santa ante la zarza ardiente  para recibir el llamado de Dios a sacar a su pueblo de la miseria; la exhortación de Pablo a los romanos de no ser perezosos y sí fervientes en espíritu sirviendo al Señor, y el llamado de Jesús a sus discípulos a tomar su cruz y seguirle.

Price dijo que había visto a feligreses de San Dunstan dedicados a “simples actos de amor que perdurarán después de que los medios de prensa se hayan ido de Houston” Y prometió que “caminaremos con nuestra familia [la Iglesia] y sus amigos durante todo el tiempo que sea menester”.

Levenson dijo a su congregación en San Martín que Dios estaba en todas partes mientras el Harvey sumergía a Houston bajo casi 52 pulgadas de lluvia, lo mismo si ellos habían sufrido daños o habían sido rescatados —o no. Él instó a sus oyentes a actuar.

“Luego del caos de la naturaleza, ahora viene la obra de Dios. Ustedes, al estar ante él en oración, son como Moisés”, expresó, diciéndoles que tienen la oportunidad de mostrarle al mundo que son el cuerpo de Cristo. “Ustedes, en tanto permitan que el genuino amor brote de ustedes. En tanto les muestren a otros que son sus discípulos por amar” a las personas en sus comunidades.

Él hizo una advertencia contra la desesperación. “No pueden permitir que esta tormenta les defina de tal manera que se queden congelados y estancados, ni pueden permitir que esta tormenta pasé a través de nosotros y por encima de nosotros, porque según el agua retrocede lentamente en algunos lugares, la vida comienza otra vez”, dijo Levenson.

Las aguas del bautismo son más poderosas que la inundación del Harvey, añadió, instando a la congregación a trasplantar el santo suelo de su espacio de culto a la comunidad. “Amigos míos, eso es lo que somos llamados a hacer”, enfatizó.

Ese ministerio ayudará a reconstruir las zonas azotadas por Harvey, dijeron los predicadores.

Un cartel de agradecimiento se ve fuera de un hotel del centro que alberga a equipos de respuesta de emergencia luego del paso del Harvey por Houston. Hebreos 6:10 dice “Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún”. Foto de Mike Blake/REUTERS.

En la iglesia episcopal de San Pedro [St. Peter’s Episcopal Church] en Rockport, Texas, cerca también de donde Harvey tocó tierra por primera vez, el Rdo. Jim Friedel señalaba un nuevo crecimiento simbólico. “Cuando regresé de la evacuación hace unos días, todos los árboles estaban pelados”, dijo. “Pero hoy, si miran detenidamente a los robles de los terrenos de nuestra iglesia, están brotándoles retoños”.

Friedel celebró la eucaristía en el estacionamiento de la iglesia en medio de un clima húmedo y bajo un sol abrasador. Durante las lecturas, podría escucharse a una congregación vecina que cantaba “Bendice, alma mía, al Señor”.

“Tenemos una oportunidad de responder de un modo que dará nueva vida”, dijo el rector mientras los helicópteros zumbaban en lo alto.

Al recordarles a los feligreses que Dios oyó los llantos de los israelitas, Friedel dijo “él ha oído nuestros llantos y los llantos de esta comunidad. Hemos sufrido, y ahora con corazones agradecidos, seguiremos adelante”.

El Muy Rdo. Barkley Thompson, deán de la iglesia catedral de Cristo [Christ Church Cathedral] en el centro de Houston, también usó la imagen de comunidades que lo han perdido todo, pero que empiezan a mostrar nueva vida. En una entrada de su blog el 3 de septiembre describió lo que parecía Houston “después que se acabó el mundo”.

“A raíz del desastre, más allá del yermo, cuando todo está asolado, el Dios a quien el fuego no puede consumir ni el agua puede ahogar viene a nosotros y nos dice: “yo os enviaré”, escribió. “Dios está llamando ahora —a nosotros, a esta catedral, a esta comunidad de discípulos— y él no nos envía solos. Somos juntos la Iglesia de Cristo, y veremos el amanecer”.

La eucaristía en La Trinidad del Mar en la vecina Port Aransas tuvo lugar con los sonidos de la recuperación en el trasfondo. Derkits le agradeció al jefe de la policía y al administrador municipal por estar al servicio [de la comunidad] y por su liderazgo.

Dijo que Pablo podría haber encontrado en las maltrechas calles de Port Aransas las bases para el repertorio de virtudes cristianas que les dio a los romanos.

“Esto es a lo que es semejante el reino de Dios ; esto es semejante al Hijo del Hombre viniendo a su reino”, dijo Derkits. “Las personas están allegándose en amor unas a otras y en consecuencia estamos viviendo esta enseñanza evangélica y estamos viviendo la enseñanza de [la epístola a los] Romanos”.

Antes en el oficio, Derkits reunió a niños en torno a la pila bautismal y les mostró las conchas que había encontrado a lo largo de la playa azotada por el huracán. Él las llamó tesoros que Harvey había arrojado, añadiendo que era símbolos de lo que estaba sucediendo en la ciudad.

“Hemos tenido este terrible y desafiante huracán que ha traído todos estos tesoros que han hecho palpitar los corazones de la gente”, dijo él, explicando cómo los residentes y voluntarios por igual estaban cuidando de la ciudad y unos de otros.

Él le pidió a cada niño que tomara una concha para que le sirviera “de recordatorio para estar atentos a los tesoros porque aunque hemos pasado un mal rato y vamos a tener un arduo camino por delante, hay ahí afuera montones de tesoros  que podemos [llegar a] poseer”.

Andy Doyle, obispo de la Diócesis de Texas, le dijo a la congregación de la iglesia episcopal de San Cuberto [St. Cuthbert’s Episcopal Church] en Houston, que ver a los episcopales ayudando a sus comunidades estaba entre las partes más gratificantes de su trabajo.

“Nada me muestra más el reino y el amor de Dios por nosotros que el trabajo que todos ustedes emprendieron la semana pasada y la labor que tienen por delante”, dijo él en su sermón. “Y sería fácil decir que no tenemos los recursos o que no sabemos lo que hacemos. No somos profesionales. No sabemos de reparaciones. Pero eso no detiene al reino de Dios.

“Dios nos da un espíritu para entrar en la grieta y cambiar las vidas de la gente. La Iglesia de Cristo está en su mejor momento cuando depone todo su poder, cuando depone toda su victoria, cuando depone su actitud de que “la Iglesia lo sabe todo”. Y, por el contrario, está en su mejor momento cuando se sube las mangas y crea una nueva comunidad de generosidad, de hospitalidad, de vulnerabilidad y de amor”¨.

En el este, la Rda. Sharon A. Alexander, rectora de la iglesia episcopal de la Trinidad, [Trinity Episcopal Church] en Baton Rouge, Luisiana, le recordaba a su congregación el huracán Katrina en 2005, la llamada inundación de los 1000 años en Baton Rouge el año pasado y las profundas conexiones económicas de su ciudad con Texas a través de las industrias energética y química.

“Ellas extendieron su ayuda a nosotros el año pasado después de nuestra inundación, y ahora nos toca devolver el favor. No está en nuestro ADN en La Trinidad ignorar el sufrimiento de otros”, dijo ella refiriéndose a los texanos. Todos ustedes han demostrado muchas veces cualidades expuestas en el pasaje de hoy de Romanos: esperanza, diligencia, oración, hospitalidad: estas son llaves del reino que hemos heredado de San Pedro”.

Alexander dijo que La Trinidad usará esas llaves para ayudar a las personas en la zona de Beaumont, Texas.  Ella le pidió a los feligreses que pidieran en sus oraciones “cómo podemos ser portadores de la compasión y la esperanza de Jesús, tal como nosotros fuimos una vez los beneficiarios de esos santos dones”.

Predicadores que se encontraban tan lejos como en California hablaron del Harvey. La Rda. Peggy Bryan, asistente pastoral de la iglesia episcopal de San Andrés [St. Andrew’s Episcopal Church] en Saratoga, California, describió como sus dos hijos y sus familias,  a salvo de las inundaciones en Houston, habían recibido a evacuados, a personas, a un perro y a un curiel. En parte, dijo ella, sus acciones reciprocaban la ayuda que recibieron a raíz del huracán Rita en septiembre de 2005.

Bryan hizo notar que tanto CNN como Breitbart News habían reconocido esta clase de voluntarismo de parte de las personas ordinarias. “En serio, si esas dos fuentes de noticias pueden girar en la misma dirección, incluso por un breve instante, hay esperanza”, afirmó. “Y no es esperanza frente a más desastres unificadores, sino esperanza de que podamos procurar el amor audaz y la valiente hospitalidad, de manera que un día maravilloso no sea excepcional, sino natural”.

— La Rda Mary Frances Schjonberg es jefa de redacción interina de Episcopal News Service. Traducción de Vicente Echerri.

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