Congregación de Virginia profundamente dividida por el nombre de la iglesia que honra a Robert E. Lee

Lee Memorial Church

El cartel al frente de esta iglesia En Memoria de R. E. Lee lleva el nombre del general confederado que fue uno de sus feligreses. Foto de Lee Memorial Church vía Facebook.

[Episcopal News Service] ¿ Fue Robert E. Lee un héroe estadounidense o un traicionero defensor de la esclavitud? El general confederado ha sido calificado de ambas cosas en el debate actual sobre si las estatuas, monumentos y tarjas en su honor deberían seguir expuestas en lugares públicos, desde parques hasta iglesias.

Al menos un aspecto de la biografía de Lee es indiscutible: él fue un prominente feligrés de la iglesia episcopal que ahora lleva su nombre, la R. E. Lee Memorial Church en Lexington, Virginia.

Y ese nombre ahora amenaza dividir a la congregación.

“El cambio es difícil, y eso es porque el cambio llega a afectar nuestra propia identidad” dijo, a Episcopal News Service, Doug Cumming, miembro de la junta parroquial y quien apoya la remoción de Lee del nombre de la iglesia.

La agitación ha aumentado desde 2015, cuando la junta parroquial consideró el asunto por primera vez, pero no logró aprobar una propuesta para quitar del nombre de Lee de la iglesia. Los miembros empezaron a irse de la congregación en protesta, y tales deserciones siguen produciéndose este año luego de que la junta parroquial decidiera no aceptar la recomendación de un asesor para un cambio de nombre.

Después de eso, la violencia en Charlottesville, Virginia, una ciudad a una hora escasa al noreste de Lexington, aceleró un reexamen nacional del legado de la Confederación. La defensa de una estatua de Lee se convirtió en materia de disputa para grupos de supremacistas blancos, que acudieron a Charlottesville este mes y se enfrentaron a contramanifestantes antirracistas, con un saldo de docenas de heridos y la muerte de una de los contramanifestantes.

El lunes, la junta parroquial de la iglesia En Memoria de R. E. Lee sostuvo su primera reunión mensual desde el barullo en Charlottesville y una vez más decidió no tomar medidas para el cambio de nombre, en su lugar emitió un comunicado aprobado por unanimidad que empieza por condenar la supremacía blanca, el racismo y la violencia en nombre de Lee.

Los miembros de la junta parroquial dijeron que “objetan enérgicamente el uso indebido del nombre y la memoria de Robert E. Lee en conexión con la supremacía blanca, el antisemitismo y movimientos semejantes que él abominaría. Lee fue ampliamente admirado, tanto en el Norte como en el Sur, como un hombre virtuoso y honorable y entre los principales reconciliadores de nuestro fracturado país”.

El comunicado defiende la reputación de Lee como cristiano, aunque no como confederado.

“No honramos a Lee como confederado”, dice el comunicado. “Ni suscribimos las ideas neoconfederadas al honrarlo. Honramos a Lee como uno de nuestros feligreses, un hombre devoto que dirigió nuestra parroquia a través de los tiempos difíciles de Virginia en la postguerra”.

Anne Hansen, que ayudó a redactar el comunicado el lunes, renunció luego a la junta parroquial porque los líderes de la iglesia no se habían comprometido más definitivamente a discutir un cambio de nombre.

“Mi esperanza había sido que si podíamos hacer una declaración unificada, decir algo unánimemente… que podríamos pasar de ahí a [tomar] una decisión posterior de manera consensuada [respecto] a las implicaciones de nuestra asociación con Lee”, dijo Hansen en una entrevista con ENS. “En la reunión de la junta parroquial se hizo evidente para mí que eso no iba a suceder”. Ella añadió que se culpa por haberse alterado y no haber expresado sus puntos de vista con bastante claridad”.

La inacción de la junta parroquial sobre el asunto ha avivado la tensión dentro y fuera de la congregación, creándole una innecesaria distracción a la iglesia, dijo a Episcopal News Serviceel obispo de Virginia Sudoccidental Mark Bourlakas quien se muestra a favor del cambio de nombre.

“El nombre se ha convertido no sólo en una distracción a su misión evangélica, sino… que está dividiendo a los feligreses y causando toda clase de rencor”, dijo Bourlakas, que se propone visitar la congregación este mes para ayudar en los empeños de reconciliación. “Mi prioridad es sanar la congregación, y no creo que esa sanación pueda ocurrir mientras el nombre siga siendo el mismo”.

La iglesia asumió el nombre de Lee en 1903

La historia de la iglesia se remonta a 1840, cuando se conocía como parroquia Latimer, pero no tenía un permanente espacio de culto. Los registros parroquiales citados por Cumming muestran que el primer edificio de la iglesia fue dedicado en 1844 como iglesia de La Gracia [Grace Church]. Y tenía ese nombre cuando Lee se unió a la congregación en 1865, después de la guerra de Secesión, según un comunicado de prensa de la iglesia en 2015.

Lee Church sign

El cartel que identifica la iglesia En Memoria de R. E. Lee en Lexington, Virginia. Foto de Doug Cumming

Mientras ejercía en Lexington de presidente del Washington College, rebautizado posteriormente como Universidad de Washington y Lee, el ex general confederado pasó los últimos cinco años de su vida, hasta su muerte en 1870, ayudando a sobrevivir a la congregación que sufría de apuros económicos.

Él sirvió en ella como guardián mayor y en un momento convino en pagar el salario del pastor de su propio peculio, según un reportaje publicado esta semana en el Washington Post.

No hay registro, sin embargo, de por qué la congregación decidió rebautizar la iglesia con el nombre de Lee en 1903. Algunos sugieren que puede haber sido parte de la “Causa Perdida”, una campaña que se llevó a cabo en el Sur para rehabilitar la imagen de la Confederación y de sus líderes en un tiempo cuando el racismo y la segregación  también estaban en alza. O el cambio de nombre puede haber sido simplemente una manera de honrar al más famoso feligrés de la congregación.

Los que favorecen que se retome el antiguo nombre de La Gracia resaltan que pocas iglesias episcopales llevan el nombre de feligreses difuntos. Les preocupa también que la iglesia esté dejando de dar un mensaje de bienvenida al colgar un cartel que destaca el nombre de un esclavista que estuvo dispuesto a ir a la guerra contra la Unión para preservar la esclavitud.

El debate sobre el nombre de la iglesia se suscitó en 2015 luego que un supremacista blanco aficionado a la bandera confederada mató a tiros a nueve personas en la iglesia metodista episcopal africana Emanuel en Charleston, Carolina del Sur. Esa masacre provocó un reexamen nacional de la manera en que la bandera confederada había llegado a representar ideologías racistas.

Miembros de la iglesia En Memoria de Lee dedicaron varios meses a debatir el nombre de la iglesia a la luz de la masacre de Charleston. Luego de consultarle a la congregación y de escuchar toda una gama de opiniones a favor y en contra, la junta parroquial se pronunció en noviembre de 2015, en una votación de 9 a 5, a favor de quitar el nombre de Lee, pero, debido a que había decidido que se necesitaba una supermayoría para su aprobación, a la medida le faltó un voto para ser adoptada.

Luego, en 2016, la iglesia contrató a un asesor de reconciliación, por lo que terminó gastándose $16.000, y creó el Comité de Exploración y Discernimiento compuesto por miembros de la junta parroquial y feligreses para procurar más cuidadosamente una reconciliación entre los miembros de la congregación y decidir qué medidas tomar.

El comité y el asesor publicaron un informe de 15 páginas en abril de 2017 que resumían las diversas perspectivas sobre el nombre de la iglesia. “El comité percibió a partir de su labor de exploración que un significativo número de feligreses siguen bastante incómodos con el nombre de la iglesia”, decía el informe.

El mismo advertía que esos feligreses se sentían marginados, y que podían retirarse de la congregación, o bien que el conflicto por el nombre podría seguir aumentando.

El informe contenía varias recomendaciones, entre ellas la creación de un comité que buscara nuevas vías de honrar los lazos históricos de Lee con la parroquia. También recomendaba esto: “que el nombre de la iglesia se restaurara oficialmente a su nombre anterior de iglesia episcopal de La Gracia”.

La junta parroquial se reunió el mismo mes para revisar el informe. Aceptó todas las recomendaciones, excepto la que instaba a un cambio de nombre.

Un momento diferente a partir de Charlottesville

ENS dejó mensajes en busca de comentarios del guardián mayor Woody Sadler, así como de un miembro de la junta parroquial, A. W. Lewis (“Buster”), que han expresado su oposición al cambio de nombre. Ninguno había respondido en el momento de la publicación, si bien Lewis le dijo a ENS en un artículo publicado en marzo que sentía que él y su parroquia estaban siendo “atacados”.

Después de la reunión de la junta parroquial en abril, “hubo ciertos miembros de esta que percibieron con alivio que la discusión se había terminado”, dijo Cumming, que es miembro de junta parroquial. “Pero creo realmente que en alguna medida ellos no estaban prestando atención.

El debate no se reanudó de manera significativa hasta que la violencia en Charlottesville volvió a suscitar preocupaciones respecto a cómo Lee había llegado a convertirse en un símbolo de la ideología supremacista blanca.

“Estamos en un momento diferente desde Charlottesville” dijo Bourlakas “Estos símbolos han llegado a ser demasiado tóxicos. Somos una Iglesia que pone especial cuidado en los sacramentos y en los símbolos, y este símbolo, independientemente de lo que uno pudiera creer acerca de él o lo que representara, se lo han apropiado y se ha vuelto tóxico”.

Hansen, sin embargo, teme que pueda ser demasiado tarde. “Hemos perdido nuestra oportunidad de cambiar el nombre de la iglesia de una manera deliberativa y proactiva en nuestros propios términos”, señaló ella.

Aunque no tiene intenciones de imponerle su preferencia a la congregación, Bourlakas dijo que es importante para él ayudar a la reconciliación de ambas partes. Él cree que el comunicado que la junta parroquial emitió el lunes aludía al camino a seguir, con una concluyente referencia al compromiso de la iglesia “no con Lee, sino con el evangelio, lo cual es su esperanza y la nuestra.

“Invitamos a todos a compartirla, y aspiramos a no dejar que nada se interponga en nuestro camino de proclamarlo con integridad”, termina diciendo la declaración.

No dejar que nada se interponga en el camino, parecería incluir un nombre, dijo Bourlakas.

“Para mí esto es de fácil arreglo, porque el nombre original de la iglesia era de La Gracia. Ese era el nombre de la iglesia cuando Lee era feligrés”, afirmó el obispo, “Si se trata de honrar a Lee, esa es la iglesia donde él adoró. Si se trata de la historia, ese es el nombre histórico.

“Pero lo más importante, es un nombre apropiado para una iglesia. Y Lexington y nuestro país podrían disponer de muchísima más gracia”.

– David Paulsen es redactor y reportero de Episcopal News Service. Pueden dirigirse a él a dpaulsen@episcopalchurch.org. Traducción de Vicente Echerri.

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