‘Verano en la Ciudad’ ofrece a jóvenes refugiados un campo de misión local

Kay Yeh, al centro, brinda sandías a dos hombres sentados a la sombra de un árbol en el parque Garrett. Foto de Lynette Wilson/ENS.

[Episcopal News Service – Dallas, Texas] Al atardecer de un miércoles tórrido y húmedo de finales de junio, 18 jóvenes partieron de la catedral de San Mateo [St. Matthew’s Cathedral] en el centro de Dallas hasta el cercano parque Garrett, un sitio donde suelen reunirse personas indigentes. Llevaban una nevara con Gatorade y bandejas con tajadas de sandías.

Brindarles un refresco frío y sandías a los hombres y mujeres indigentes que buscan sombra y a los niños que juegan en el parque era la última tarea en la repleta agenda del día. Los jóvenes ya habían visitado a los residentes de un asilo; habían ensayado una obra de teatro basada en la curación que hizo Jesús del paralítico y habían almorzado con niños provenientes de un vecindario de bajos ingresos en el Campamento del Obispo [Bishop’s Camp], un campamento anual de verano de la diócesis.

Todo formaba parte de “Verano en la Ciudad”  [Summer in the City] una actividad de una semana de misión local en el campamento de la Diócesis de Dallas en las inmediaciones de la catedral, durmiendo en colchones inflables en el suelo de un aula, y pasando los días dedicados a la misión, incluidos los encuentros con personas que viven marginadas.

“[Parte de ello] se centra en servir a indigentes, personas empobrecidas del área metropolitana de Dallas”, dijo Amanda Payne, ministra de la juventud en la iglesia episcopal de Santiago Apóstol [St. James Episcopal Church] en Lake Highlands, un barrio del nordeste de Dallas. “Estamos a unos 15 minutos de nuestra iglesia, no es lejos pues, pero se trata de sacar diariamente a los chicos de su ambiente y hacerles ver que hay pobreza y necesidad cerca de casa”.

Jóvenes de la iglesia episcopal de Santiago Apóstol y de La Epifanía dedicaron una mañana a recoger frutos y hortalizas en un huerto de la iglesia episcopal de Nuestro Salvador, en Dallas, Texas. Foto de Lynette Wilson/ENS.

Era el segundo año que el grupo de Payne, la mayoría de ellos refugiados birmanos, casi todos de la etnia minoritaria karen, participan de Verano en la Ciudad y, al igual que el año pasado, algunas de las interrelaciones más estrechas tuvieron lugar entre los jóvenes y las personas indigentes del parque Garrett.

“¿Cuántas veces uno tiene la oportunidad de detenerse a interactuar, en condiciones seguras, y especialmente de adolescente, con alguien que ha estado viviendo en la calle durante 10 años?, preguntó Payne, añadiendo que el evangelio llama a los cristianos a acercarse a los pobres, no a evadirlos. “Es la vida para esta gente pobre; y relacionarse con ellos nos ayuda a entender por qué Cristo tuvo tal preferencia por los pobres”.

Los jóvenes karenes también saben de la vida y sus privaciones. Provenientes del grupo étnico karen, muchos de ellos nacieron en campamentos de refugiados en Tailandia, de familias que huyeron de la violencia en Myanmar, la antigua Birmania, el sitio del sudeste asiático donde se ha librado una guerra civil durante décadas. Unos 100.000 refugiados birmanos, la mayoría de ellos de la etnia karencontinúan viviendo en campamentos de refugiados a lo largo de la frontera en Tailandia.

Sigue siendo un lugar de donde las personas “escapan para salvar sus vidas”, dijo Moo Eh Hser, de 18 años, que pasó la primera mitad de su vida viviendo en un campamento de refugiados en Tailandia, o en sus inmediaciones.  Sus padres, contó ella, huyeron de Birmania porque los militares estaban expulsando a los karenes de sus aldeas. “No hay ninguna libertad ni paz para ellos”. Si los militares llegaban y la gente no se podía esconder, la mataban.

“Eso sucede todavía. Sigue habiendo una guerra. Sencillamente tienen que huir para salvar sus vidas, a las personas les están quitando sus tierras, les resulta muy difícil”, explicó.

Moo Eh Hser lleva las tajadas de sandía. Foto de Lynette Wilson/ENS.

La familia de Moo Eh Hser es afortunada. Menos del 1 por ciento de los refugiados de todo el mundo logran ser reasentados. Muchos niños nacen y crecen en campamentos de refugiados. De los 22,5 millones de personas con estatus de refugiados, más de la mitad son menores de 18 años, según ACNUR, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados.

Imágenes de personas corriendo para salvar la vida y de las dificultades a que se enfrentan los refugiados en los campamentos siguen estando en las mentes de los jóvenes mientras afrontan su vida diaria y sirven a otros. Y los jóvenes karenes mismos  provienen de pobres familias obreras y con frecuencia viven en hogares sin seguridad alimentaria. Ser testigos de otro costado de la pobreza puede dar lugar a preguntas interesantes y a la compasión.

A los jóvenes, dijo Payne, a veces les resulta difícil entender cómo alguien que habla inglés no puede encontrar empleo. Muchos de sus padres trabajan durante muchas horas en plantas procesadoras de carne o en otros empleos de baja calificación, ya que sus oportunidades se ven limitadas por su escaso dominio del inglés.

“Les pedimos que muestren compasión por esas personas que viven en la calle, las cuales, de alguna manera, tienen más recursos que  ellos”, dijo Payne, quien con frecuencia ve que los jóvenes sacan sus billeteras para darles a los indigentes del poquito dinero que tienen.

“Dar cuando no resulta lógico …   pugna para mí con lo que es justo, ellos dan aunque no les resulte lógico dar”, explicó . “Pero ese es el Reino de Dios”.

El grupo de jóvenes de Santiago Apóstol ha aumentado este año de ocho a 50. Viven en un grupo de apartamentos para personas de bajos ingresos no lejos de Vickery Meadow, un barrio que se encuentra justo al oeste de Lake Highlands y donde reside una población diversa de inmigrantes y refugiados. Los jóvenes de la iglesia de La Epifanía [Epiphany] en Richardson, un suburbio al norte, también asistieron a Verano en la Ciudad.

Santiago Apóstol comenzó a trabajar con refugiados karenes cuando Caridades Católicas, una agencia que ofrecer servicios a refugiados, se puso en contacto con el Rdo. Cliff Gardner, el anterior rector, y le preguntó si le interesaba trabajar con un grupo de anglicanos karenes en Vickery Meadow. Gardner comenzó por ofrecer la comunión en un complejo de apartamentos y aproximadamente un año después algunas familias empezaron a venir a la iglesia. Los niños karenes asistieron a la escuela bíblica de vacaciones, y feligreses, encabezados por Ginny Keeling, se mostraron dispuestos a ayudar a los nuevos miembros a aprender inglés, y así comenzaron a entablarse las relaciones.

“Hay allí una comunidad de personas realmente amable. Muchísima gente nos apoya, al igual que Santiago Apóstol, la comunidad eclesial, que en verdad me han ayudado a mí y a mi familia a levantarnos desde cero”, dijo el joven de 17 años Soe Win, que vino a Estados Unidos cuando tenía 9.

Soe Win choca el puño con Sel durante un almuerzo con los chicos del Campamento del Obispo. Foto de Lynette Wilson/ENS.

Soe Win pasó sus primeros años en un campamento de refugiados, en un ambiente caótico y con escasez de recursos. Sus padres eran más afortunados que otros, porque tenían permiso para trabajar fuera del campamento. Los recogían temprano en la mañana y trabajaban todo el día por tal vez el equivalente a $2 o $3, y eso alcanzaba sólo para comer, no había dinero para ropa ni otras necesidades. Él nunca esperó salir del campamento.

“Creía que mi vida empezaría y terminaría allí”, dijo Soe Win. Ni siquiera sabía de la existencia de este lugar. La gente hablaría de eso, pero yo no tenía ningún interés en venir aquí. Mi mamá no tenía interés en venir aquí tampoco, pero mi papá quería que viniéramos. Mi papá quería que nos mudáramos aquí de manera que yo pudiera tener una vida mejor y no tener que luchar tanto como él”.

Cuando la familia de Soe Win llegó a Estados Unidos recibieron poca ayuda de la agencia de reasentamiento que le asignaron a su caso, contó él. A través de las conexiones karenes, dieron con Santiago Apóstol.

“Fue entonces que empecé a conocer a muchísimas personas que me quisieron a mí y a mi familia”, dijo, durante una entrevista con Episcopal News Service en el huerto de la iglesia episcopal de Nuestro Salvador [Our Saviour Episcopal Church] en el sudeste de Dallas, donde los jóvenes habían pasado la mañana recogiendo higos y tomates cerezas y calabacines , algunos de los cuales fueron donados a una despensa de caridad.

Como uno de los miembros más antiguos del grupo de jóvenes, Soe Win es un modelo a seguir. Se hace obvio en sus relaciones con los miembros más jóvenes del grupo y con los niños matriculados en el Campamento del Obispo. Durante el almuerzo, mientras comía con los niños del Campamento del Obispo, Soe Win mantuvo su atención en la mesa y luego dirigió a los chicos en la limpieza, la recogida de sillas y el barrido del piso.

“Los karenes tienen un verdadero espíritu de servicio,” dijo Payne.

El espíritu de servicio puede apreciarse también en Moo Eh Hser, que se incorporó al grupo de jóvenes de Santiago Apóstol hace dos años. Una vez, mientras servía comidas en un albergue de indigentes, decidió situarse al final de la cola de servicio y abrazar a la gente. Abrazó a 411 personas ese día.

En efecto, no temo servir a otros, dijo ella. “Resulta hermoso mientras lo haces. Dios nos muestra un milagro y un misterio… todo el mundo tiene una historia”.

Moo Eh Hser se graduó de la escuela secundaria este a en el otoño se propone estudiar [administración de] empresas y teología en la Universidad Howard Payne, una universidad bautista privada en Brownwood, Texas. Moo Eh Hser asiste a Santiago Apóstol y a una iglesia bautista karena de Dallas, donde los oficios son en lengua karen.

En el parque Garrett, mientras muchos de los jóvenes se sentaron a conversar en torno a la mesa del picnic, o a jugar fútbol, Moo Eh Hser, junto a Payne, brindó sandias a la mayoría de los hombres sentados o recostados a la sombra. A un hombre que dormía debajo de un árbol, ella le dejó un vaso de Gatorade.

“Dios te muestra cosas a través del servicio”, dijo ella. Es como lo hizo Jesús, que vino a servir, no a ser servido”.

Para obtener más información sobre los refugiados y el ministerio entre los refugiados visite [la página del] Ministerio Episcopal de Migración.

-Lynette Wilson es jefa de redacción de Episcopal News Service. Traducción de Vicente Echerri.

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