Una congregación de Baltimore vincula a Maryland y a una diócesis keniana en un ministerio conjunto

St. Andrew's

El obispo keniano Joseph Muchai, al centro, ordena a Janet Kuria al diaconado transicional. Participando en el oficio se encontraban los obispos Chilton Knudsen, a la izquierda, y Eugene Taylor Sutton. El oficio del 8 de julio tuvo lugar en la iglesia anglicana-episcopal de la Comunidad Cristiana Internacional de San Andrés, en Baltimore, un ministerio conjunto de la Diócesis Anglicana de Nakuru y la Diócesis Episcopal de Maryland. Foto de Dan Webster.

[Episcopal News Service – Baltimore, Maryland] El Rdo. John Karanja tenía un problema. Su congregación de Baltimore necesitaba un nuevo hogar, Pero, ¿dónde podía él encontrar uno?

Aunque Karanja era de la Diócesis Anglicana de Nakuru en Kenia, su congregación, la Comunidad Cristiana Internacional no estaba realmente adorando al estilo anglicano. Una llamada a su país de origen terminó con la sugerencia de que se pusiera al habla con el Rvdmo. Eugene Taylor Sutton, obispo de la Diócesis de Maryland.

“Le dije lo que yo buscaba”, contó Karanja, recordando la reunión de diciembre de 2013. “Me fui de la oficina sabiendo que conseguiría el inmueble”.

Ciertamente, la diócesis había cerrado una iglesia un mes antes. Al cabo de unas semanas, Karanja y sus feligreses se mudaron para el edificio vacante. Así comenzó un ministerio singular entre la Diócesis de Nakuru y la Diócesis de Maryland que es mucho más profunda que la más común relación de diócesis compañeras.

“Ambas diócesis tienen una mano en esta iglesia”, dijo Sutton.

Hace poco, la recién bautizada iglesia anglicana-episcopal de la Comunidad Cristiana Internacional de San Andrés [St. Andrew’s International Christian Community Anglican-Episcopal Church] celebró la ordenación de una de sus miembros, la Rda. Janet K. Kuria, al diaconado transicional.  Con la participación de obispos de ambas diócesis.

“Esto no estaba planeado. Esto no está en los Cánones”, dijo Sutton refiriéndose a este acuerdo durante su sermón en el oficio de ordenación. “Estamos llevándolo a cabo porque el Espíritu Santo nos ha juntado”.

Karanja bromeó durante el oficio de que él probablemente era el único sacerdote que tiene que laborar dentro de las estructuras de dos diócesis y bajo la supervisión no de uno, ni de dos, sino de tres obispos.

Llegar a este punto exigió cuidadosas negociaciones. No todo el mundo estaba a favor del ministerio conjunto. Las tensiones dentro de la Comunión Anglicana sobre importantes problemas teológicos han crispado las relaciones  y a veces quebrantado los vínculos de afecto entre iglesias conservadoras y liberales.

Esas inquietudes no impidieron que el Rvdmo. Joseph K. Muchai, obispo de Nakuru, le diera su pleno apoyo al proyecto.

“Estamos trabajando juntos para llevar a la gente al reino de Dios, y podemos aprender muchísimo los unos de los otros”, dijo él, después del oficio de ordenación en la cuál él participó en la imposición de manos sobre Kuria. “Respetamos nuestros puntos de vista. Podemos no estar de acuerdo en todo,= salvo en que lo importante es la misión”.

Esa misión, dijo Sutton, se edifica en torno a las tareas centrales de la Iglesia: proclamar el reino de Dios, expulsar el mal dondequiera que se encuentre y restaurar todo lo que esté quebrantado. En el caso de San Andrés, la misión comenzó con el don de la hospitalidad.

“No es fácil que a uno le den una iglesia. Es una muestra de amor”, dijo Muchai.

Algunas de las especificidades de la asociación se detallaron en un memorando de entendimiento aprobado el año pasado. Actualmente, San Andrés tiene el edificio libre de alquiler, pero paga sus propias facturas de servicios públicos y otros gastos operativos. Se ofrece educación cristiana conducente al bautismo, la confirmación y oficios semejantes a los prescritos en el Libro de Oración Común. La Iglesia también paga una contribución regular a la Diócesis de Maryland y es recibida en la convención anual  como “congregación asociada” con voz y voto.

De suscitarse cualesquier disputas o malentendidos, los obispos de ambas diócesis han convenido en reunirse y resolver las cosas.

La iglesia también está obligada a ofrecer el domingo un oficio semanal de Santa Comunión según se encuentra en el Libro de Oración Común además del servicio dominical que sirve a la congregación original y atrae a inmigrantes africanos desde tan lejos como Delaware, Pensilvania y los suburbios de Washington, D.C. En total, San Andrés tiene aproximadamente 150 personas en su lista.

Karanja resaltó con una sonrisa que el oficio del libro de oración de las 9:00 A.M. está destinado a personas a las que les gusta un oficio tradicional y que desean estar fuera de la iglesia al cabo de una hora. En el oficio “contemporáneo” de las 11:00 A.M., nadie mira el reloj. Allí pueden oírse cantos en inglés, swahili o kikuyo.

La reciente ordenación combinó ambos estilos de culto. En un momento del oficio Karanja se excusó y pidió perdón. Él no les había dado a las mujeres de San Andrés su momento de celebración. A una señal suya, al menos dos docenas de mujeres se reunieron en el fondo del santuario para una procesión jubilosa y vivaz que en parte era desfile y en parte danza. Los gritos y las ululaciones se sobreponían al canto mientras las mujeres se balanceaban de un lado a otro con Kuria a la cabeza.

Ella ha estado predicando y evangelizando durante años y actualmente es capitana del Ejército de la Iglesia, una organización dentro de la Iglesia de Inglaterra dedicada a la evangelización a través de la Comunión Anglicana.

“Es un modo estupendo de salir y hacer misión”, dijo Kuria, que está terminando su trabajo pastoral clínico en el hospital de Johns Hopkins y espera ser ordenada al presbiterado el año próximo.

Para entonces, Sutton espera haber hecho un segundo viaje a Kenia para visitar a sus socios de ministerio en Nakuru. Él se propone llevar un equipo de la Diócesis de Maryland con él. Muchai dijo que tales viajes ayudarán a fortalecer la fraternidad, en tanto clérigos y miembros laicos de Maryland y Nakuru comparten ideas  acerca del ministerio de los jóvenes y la plantación de iglesias, con el posible desarrollo de un sistema en el que haya grupos que viajen regularmente entre los dos países.

“Es sencillamente mi esperanza que esta asociación y esta misión crezcan como un modelo de la manera en que pueden conectarse personas de diferentes culturas”, dijo Sutton. “Dadas nuestras diferencias sobre ciertos asuntos teológicos, en lugar de quedarnos en nuestros rincones y lanzarnos insultos y bombas a través del océano, oramos juntos y nos escuchamos unos a otros y hacemos una misión común. Si hacemos eso, entonces tal vez las personas, el mundo, verán que los cristianos en verdad se aman unos a otros”.

– El Rdo. M. Dion Thompson es sacerdote episcopal en la Diócesis de Maryland. Traducción de Vicente Echerri.

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