El respaldo a Roca Enhiesta le enseñó solidaridad a los episcopales

Las lecciones van desde lo teológico hasta lo esencial y lo logístico

Parte de las más de 3.000 libras de harina recuperadas del campamento de Oceti Sakowin, que tenían los protectores del agua cerca de Cannon Ball, Dakota del Norte, esperan por un nuevo hogar en el garaje del Rdo. John Floberg en Bismark. Foto de John Floberg

[Episcopal News Service] El Rdo. John Floberg tiene más de 3.000 libras de harina en su garaje. Dependiendo del punto de vista, las bolsas simbolizan o bien la misión y el ministerio de la Iglesia Episcopal o la ley de consecuencias imprevistas, o ambas cosas.

Floberg, sacerdote encargado de las congregaciones episcopales del lado de Dakota del Norte de la reserva india de Roca Enhiesta (Standing Rock) rescató la harina cuando se desmontó el campamento de los protectores del agua en Oceti Sakowin  cerca de Cannon Ball, Dakota del Norte. Es lo que quedó después de que él y otras personas distribuyeran centenares de bolsas a los bancos de alimentos de la zona.

La Iglesia Episcopal comenzó a solidarizarse con la Nación Sioux de Roca Enhiesta a mediados de 2016 para apoyar su lucha contra el Oleoducto para el Acceso a las Dakotas. La Iglesia respaldó el reclamo de la soberanía tribal y el deseo de la tribu de proteger su agua potable y sus tierras que tenían una importancia cultural.

Incluso para una Iglesia que se ha destacado por su labor en pro de la justicia y de la reconciliación, los episcopales aprendieron algunas lecciones que les recordaron su llamado a una obra de justicia social que es amplia, profunda y coordinada. Las lecciones pueden resultar muy útiles a la Iglesia la próxima vez que incurra en una campaña de defensa social en cualquier escala.

Algunas lecciones fueron teológicas; otras fueron logísticas. Algunas abarcaron ambos aspectos.

Los episcopales aprendieron acerca de la extensión a la que son llamados a reconciliarse con todos los pueblos. Aprendieron a escuchar y a discernir antes de actuar. La Iglesia aprendió que mostrarse solidaria puede acarrear costos inesperados.

“Para nosotros como Iglesia, lo que estamos aprendiendo es lo que ya sabemos;  sencillamente se nos  confirma, que cuando queremos asociarnos con comunidades cuya salud y subsistencia están amenazados, en verdad necesitamos escuchar lo que ellos quieren y no presumir de que sabemos más”, dijo Heidi Kim, funcionaria encargada del personal denominacional para la reconciliación racial en la Iglesia Episcopal.

El Rdo. Bradley S. Hauff, misionero de la Iglesia Episcopal para el ministerio indígena, sugiere que Roca Enhiesta sirvió para recordarles a los episcopales que “los problemas de justicia, ya sean políticos, económicos, ambientales o raciales, deben ser prioridades para nuestra Iglesia porque eso es lo que hacemos como seguidores de Cristo”.

Los episcopales de la localidad, y, en ocasiones, los episcopales de otros lugares, ministraron a los vecinos del lugar y a los recién llegados que se incorporaban a la protesta. La reunión atrajo a miembros de casi 300 tribus en una muestra de unidad sin precedentes que resucitó el movimiento de los derechos indígenas en Estados Unidos. Entre 6.000 y 10.000 personas, indígenas y no indígenas, se congregaron a lo largo del río.

La Rda. Lauren R. Stanley, a la izquierda, presbítera superintendente de la misión episcopal de Rosebud (Oeste), y el Rdo. John Floberg, sacerdote a cargo de la misión episcopal de Roca Enhiesta en el lado de Dakota del Norte, poco después del anuncio del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EE.UU. Foto de Paul Lebens-Englund.

El oleoducto pasa por debajo del lago Oahe, parte del río Misurí, que fluye a lo largo del linde oriental de Roca Enhiesta. La tribu tiene agua, así como derechos de caza y pesca en el lago. Los líderes sioux han advertido en repetidas ocasiones de que un derrame de petróleo afectaría el suministro de agua de la reserva y dijeron que el oleoducto constituía una amenaza a sus lugares sagrados y a sus derechos pactados [con el gobierno federal].

La compañía que construye el oleoducto, Energy Transfer Partners, dice que será seguro y mejor que transportar el petróleo por carretera o por ferrocarril. El 1 de junio comenzó a fluir el petróleo a través del oleoducto de 1886 kilómetros de largo y 76 centímetros de diámetro. La vía transportará hasta 470.000 barriles de petróleo al día desde los terrenos petrolíferos de Bakken en el noroeste de Dakota del Norte —pasando por Dakota del Sur y Iowa— hasta Illinois, desde donde lo embarcarán a las refinerías.

Hauff dijo que los episcopales han aprendido que son llamados a esas tareas de defensa social “independientemente del resultado, independientemente de si resultan exitosas”. La tribu no ha logrado todavía su objetivo de que las autoridades que otorgan los permisos respeten sus derechos pactados y renegocien una ruta que aleje el oleoducto de sus fuentes de agua potable.

“Pero eso no importa. Lo hacemos porque es lo que debe hacerse”, dijo Hauff. “Somos llamados a intentarlo. El tener o no tener éxito no está en nuestras manos. Pero tenemos que tratar y seguir tratando de enmendar los errores del mundo, o al menos señalarlos”.

La historia de Roca Enhiesta sigue desenvolviéndose. El 14 de junio, un juez federal dictaminó que el Cuerpo [de Ingenieros] del Ejército de EE.UU. “no consideró adecuadamente los impactos de un derrame de petróleo en los derechos de pesca, los derechos de caza o la justicia medioambiental”. El juez James Boasberg, del tribunal federal de distrito, dijo que el Cuerpo [de Ingenieros del Ejército] debe reconsiderar esos problemas. Si el Oleoducto para el Acceso a las Dakotas debe interrumpir las operaciones en el ínterin, se trata de otro asunto que no se ha abordado todavía.

‘Reputación’ y racismo

Cuando la resistencia local a la ruta del oleoducto se inició en abril de 2016, Floberg y otros episcopales comenzaron a discernir el lugar de la Iglesia en el incipiente movimiento de protección del agua. Se organizaron para ayudar a la tribu a proteger sus derechos soberanos y su agua potable.

Floberg, que ha ministrado a los residentes de la reserva (y junto con ellos) durante más de 20 años, pidió en repetidas ocasiones a los episcopales que se solidarizaran con la tribu. Les instó a evitar las otras agendas que giraban en torno al río Misurí.

Su labor detrás de bambalinas, junto con una visita en septiembre del obispo primado Michael Curry y el apoyo del Consejo Ejecutivo, cambió la reputación de la Iglesia sobre Roca Enhiesta.

El obispo primado Michael Curry habla el 24 de septiembre en el campamento de Oceti Sakowin. Foto de Mary Frances Schjonberg/ENS.

“Es ampliamente conocido que la Iglesia Episcopal intervino. Es ampliamente conocido que la Iglesia Episcopal participó allí activamente y puso su propia vida, su propia reputación al lado de la tribu y de todos sus miembros”, dijo Floberg.

En los primeros tiempos del oleoducto, los agentes de las fuerzas de orden público elaboraron una campaña de desinformación para desacreditar a los que protestaban. Apelaron “muchísimo a un lenguaje muy provocativo”, dijo Floberg, refiriéndose a “una insurgencia ideológicamente motivada con un  notable componente religioso”. La página web Intercept informaba recientemente que la compañía del oleoducto contrató a TigerSwan, una firma de seguridad fundada por miembros jubilados de fuerzas especiales del Ejército, para dirigir esa campaña.

“Aunque nos desacreditaban, aunque los arrestos ascendieron a centenares, hasta 700, la Iglesia Episcopal no abandonó su compromiso y sus declaraciones públicas”, dijo Floberg. “Eso fue decisivo”.

Algunos de los objetivos y tácticas de los protectores del agua no coincidían con los de los sioux de Roca Enhiesta, pero, dijo Floberg, él sabía que el núcleo era un movimiento pacífico. “También supe que el estado de Dakota del Norte estaba usando tácticas que acrecentaban todo el asunto, y ahora hay evidencia de ello en público”, afirmó refiriéndose a la participación de TigerSwan.

La Rda. Lauren Stanley, presbítera supervisora de la reserva Botón de Rosa [Rosebud] en el noroeste de Dakota del Sur, dijo que la Iglesia había estado marcando “una enorme diferencia respecto a las relaciones de los blancos con los nativos”. Pero, añadió, “Roca Enhiesta hizo brotar lo peor del racismo”. Fue difícil encontrar aliados entre la población no nativa de las dakotas.

Floberg pertenece a un grupo bisoño de clérigos ecuménicos que procuran salirle al paso al racismo persistente.

Más de 500 testigos interreligiosos marchan rumbo norte por la Autopista 1806 el 3 de noviembre hacia el puente Backwter donde formaron el Círculo de la Vida Niobrara. Foto de Lynette Wilson/ENS.

“Para poder defender los derechos de los nativos, a los que nadie presta atención en este país en absoluto, se galvanizó esta Iglesia para decir: ‘sí, este es un momento del pacto bautismal’”, dijo Stanley. “¿Vamos a respetar la dignidad de todo ser humano, vamos a trabajar a favor de la justicia y de la paz, o no vamos a hacerlo?”

Solidarizarse con Roca Enhiesta resultó arriesgado para la reputación de la Iglesia Episcopal, incluso entre sus propios miembros. “Supimos que algunas personas de la iglesia —y esto probablemente no es un conocimiento nuevo para la Iglesia Episcopal en absoluto— no pueden tolerar que la Iglesia asuma una postura que es contraria a la suya personal”, dijo Floberg. “De manera que debido a esto perdimos a algunas personas en la Iglesia Episcopal de Dakota del Norte. Sé que perdimos algunos en Minot y perdimos algunos en Bismarck.

Defensa social mediante la acción, no sólo de palabra

Sin embargo, esa participación impresionó a otros. Personas que no iban a la iglesia, especialmente indígenas, que no estaban habituados a ver a cristianos en solidaridad con los nativos. Para los episcopales solidarizarse con los activistas de Roca Enhiesta que no sólo no eran episcopales, que ni siquiera eran cristianos, “significó muchísimo para personas que estaban involucradas en estas batallas”, dijo Hauff.

Para el Rdo. Brandon Mauai, diácono de la reserva sioux de Roca Enhiesta y uno de los organizadores de la respuesta de la Iglesia Episcopal, la emergente solidaridad entre la Iglesia y el pueblo indígena impartió una impactante lección.

“No sólo estamos con la gente de Roca Enhiesta y todas las naciones nativas, sino también, somos capaces de estar entre ellas como Iglesia y decirles que nosotros, la Iglesia Episcopal, y muchas otras denominaciones, hemos repudiado la Doctrina del Descubrimiento”, dijo Mauai.

En 2009, la Iglesia Episcopal denunció el documento emitido en 1493 que pretendía otorgarles a los exploradores cristianos el derecho a reclamar las tierras que habían “descubierto” y a convertir a las personas que habían encontrado. Durante una reunión interreligiosa de más de 500 clérigos en Roca Enhiesta el 3 de noviembre, los ministros quemaron una copia del documento cerca del  fuego sagrado del campamento Oceti Sakowin.

Líderes religiosos en representación de episcopales, luteranos, presbiterianos, bautistas y otros leyeron el repudio de sus denominaciones a la Doctrina del Descubrimiento. Luego les dieron una copia del documento del siglo XV —que le otorga el derecho a los exploradores cristianos de reclamar las tierras que habían descubierto— a ancianos del campamento de Oceti Sakowin y les pidieron que la quemaran. Foto de Lynette Wilson/ENS.

“La Convención General puede aprobar una resolución tras otra repudiando la Doctrina del Descubrimiento y todo eso está muy bien, pero no todos los nativos son episcopales”, dijo Mauai. “Estar en presencia de ellos y simbólicamente quemar este pedazo de papel y decirles que no creemos en este documento y que estamos aquí a favor de ellos, significó muchísimo”.

Como nativo y como diácono episcopal, dijo Mauai, las cenizas de ese documento simbolizaron el comienzo de algo que era necesario que ocurriera.

“Es nuestro deber personarse allí y hacerlo saber, y actuar de tal manera que seamos compasivos y estemos dispuestos a reconciliarnos por todo lo que nuestros antepasados de las antiguas iglesias pudieron haber hecho”, apuntó.

Escuchar antes de actuar

La postura de la Iglesia con Roca Enhiesta les dio a los episcopales un modo de “poner en práctica sus votos del Pacto Bautismal de una manera que se necesita desesperadamente en este país”, arguyó Stanley.

Sin embargo, es importante para los episcopales no asumir que saben exactamente cómo actuar respecto a esos votos en [lo tocante a] Roca Enhiesta. Deben escuchar lo que las personas necesitan de la Iglesia y, dijo Hauff, lo que no necesitan.

Deben aprender que  “no todos los indígenas piensan lo mismo respecto a todos los asuntos” y muchos son política y teológicamente conservadores, afirmó.

Carmen Goodhouse, una humkpapa lakota de pura cepa, habla con el obispo primado Michael Curry durante un momento para escuchar el 24 de septiembre en el campamento de Oceti Sakowin. El obispo de Dakota del Norte, John Tarrant, está sentado al lado de Curry. El Rdo. John Floberg, que aparece detrás de Curry,  preparó esta sesión. Floberg es un sacerdote supervisor de las iglesias episcopales de la parte de Dakota del Norte en la reserva de Roca Enhiesta. El Rdo. Brandon Mauai, ex miembro del Consejo Ejecutivo, que aparece a la izquierda de Floberg, también participó en la bienvenida de Curry al campamento. Foto de Mary Frances Schjonberg/ENS.

Muchos miembros tribales reconocieron el beneficio económico que traería consigo la construcción del oleoducto y su gestión, dijeron él y Kim. Ellos no estaban completamente opuestos a los combustibles fósiles ni a los oleoductos.

Todo lo que la nación sioux quería, dijo Kim, era proteger su agua potable de la misma manera que lo hicieron los vecinos de Bismarck, que objetaron que el oleoducto se acercara demasiado al suministro de agua de la ciudad capital y el Cuerpo de Ingenieros cambió la ruta.

Algunos activistas medioambientales aprovecharon el oleoducto para protestar de cualquier uso de combustibles fósiles, dijo Hauff. Eso  dio lugar a agendas y tácticas  contradictorias, algunas puestas en práctica por personas que incurrieron en lo que Kim llamó una actitud autocomplaciente respecto a ser activistas “en la reserva”.

La Iglesia Episcopal fue sólo uno de los muchos grupos que participaron [en la protesta de] Roca Enhiesta. “No teníamos ningún control sobre lo que hicieron todos los otros grupos, pero tuvimos control sobre nosotros mismos y creo que lo hicimos bien”, afirmó Hauff.

Kim dijo que el liderazgo de Floberg en Roca Enhiesta epitomizaba el papel de la Iglesia y puede ser una guía para la defensa social del futuro.

“Una de las cosas que me gustan respecto a la manera en que John [Floberg] organizó al clero y a los laicos que vinieron a Roca Enhiesta era que se trataba solamente de oración —oración y manifestación pacífica”, dijo Kim de la reunión del 3 de noviembre. Algunos clérigos de otras denominaciones viajaron al norte a Bismarck más tarde ese día, decididos a que los arrestaran para mostrar su compromiso. Floberg siempre se pronunció en contra de tales manifestaciones.

El campamento de Oceti Sakowin se extendía a fines de enero a lo largo del terreno donde el río Misurí se encuentra con el río Cannonball. La Autopista 1806 de Dakota del Norte puede verse que se extiende de un extremo a otro en la parte superior de la foto. Foto de Oceti Sakowin vía Facebook

Ministerio de presencia en forma práctica

Junto con la defensa social y la solidaridad, la Iglesia tuvo un ministerio de presencia esencial y práctico.

La iglesia episcopal de Santiago Apóstol [St. James Episcopal Church] en Cannon Ball, una de las iglesias que atiende Floberg, ofreció un lugar donde reunirse. Su cocina y un  Wi-Fi que funcionaba fueron extras. La bandera de la Iglesia Episcopal ondeaba en el campamento de Oceti Sakowin. El área que marcaba se conocía como un sitio de acogida.

Para anticipar donde habrían de necesitarlos, Floberg y otros observaban lo que estaba sucediendo y escuchaban lo que se decía, incluidas las redes sociales. Pronto se dieron cuenta de que el campamento necesitaba inodoros portátiles y contenedores de basura. Los episcopales le dijeron al resto de la Iglesia que querían ayudar a la tribu a costearlos y la gente donó dinero.

Los episcopales no pudieron prever con tanta claridad otras necesidades. Floberg dijo que el ministerio en Roca Enhiesta “siempre se habría quedado a la zaga” de no haber sido por personas que contribuyeron con dinero y confiaron en que se usaría con prudencia.

Los episcopales donaron $116.369,29 para el esfuerzo solidario con Roca Enhiesta, según dijo Floberg. El dinero cubrió cosas tales como la cena de Navidad en Santiago Apóstol, varios tipos de apoyo en los campamentos y gastos de alojamiento. Adelantándose a las necesidades futuras, los episcopales compraron un remolque de carga, un remolque de volcado y un montacargas.

Cuando las autoridades decidieron cerrar los campamentos, les pidieron ayuda a los episcopales. Floberg vio [cual era] la primera tarea de la Iglesia: “logramos que la gente saliera de esto sin perjuicio”. Él reclutó a personas con camionetas y furgonetas.

Luego, estaban todos los materiales que se quedaron por detrás. En diciembre, una tormenta derribó y sepultó las tiendas de campaña y otras estructuras endebles —escombros que la tribu no quería que las inundaciones de primavera arrastran al río.

Además, dijo Floberg, “todo el mundo que vino al campamento parecía necesitado de traer una bolsa de macarrones o una bolsa de harina”. Más aún, la gente envío bienes materiales que no eran necesarios. Las donaciones fueron una involuntaria consecuencia de la constante cobertura de la prensa. Algunos, dijo Kim, vinieron con lo que ella llamó un “modelo colonial”, el supuesto de que la reserva era tan pobre que los residentes apreciarían las donaciones.

Antes y después del cierre, Floberg ayudó a rescatar y distribuir más de 7.000 libras de arroz, frijoles y macarrones, así como gran parte de la harina, para los bancos de alimentos de la zona. El resto de la harina está ahora en su garaje, a la espera de encontrar un hogar.

Gilbert Summers, a la izquierda, y Isaiah Floberg recogen alimentos aprovechables en el campamento de Oceti Sakowin, en febrero, para evitar que las inundaciones de primavera los arrastren al río. Foto de John Floberg

¿Ahora qué?

“Lo que sabemos en la Iglesia es que ahora cuando los campamentos están vacíos y el oleoducto está pasando, ahora es cuando somos verdaderamente llamados a caminar en solidaridad con la comunidad cuyas [reservas de] agua se ven amenazadas”, dijo Kim, “Sólo porque las cámaras se han ido, no significa que el ministerio se haya terminado. Ahora que las cámaras se han ido el ministerio puede comenzar en serio”.

Esa fue una lección que la Iglesia empezó a aprender mientras los episcopales respondían a la muerte de Michael Brown en 2014 en Ferguson, Misurí, dijo Kim.

Mni Wiconi, el Agua es la Vida, ha sido el lema de la resistencia al Oleoducto para el Acceso a las Dakotas cuya ruta ahora pasa cerca de un kilómetro al norte de la reserva sioux de Roca Enhiesta en Dakota del Norte. Foto de Mary Frances Schjonberg/ENS.

“Lo que reconocemos es que necesitamos distanciarnos de toda la hipérbole”, dijo ella. “uno no puede participar realmente en una conversación en torno al discernimiento, la colaboración y la verdadera asociación cuando todo eso está sucediendo”.

En tanto la Iglesia Episcopal continúa ministrando a la Nación Sioux de Roca Enhiesta, y junto a ella, los episcopales de todas partes pueden usar el ejemplo para sus propias comunidades.

“Descubra en el territorio de quién vive. No haga el gran reclamo acerca de Roca Enhiesta a menos que esté en disposición de presentar la iniciativa en su localidad”, dijo Floberg. “Lo que hay de cierto respecto a la relación de Roca Enhiesta con el gobierno federal, lo que hay de cierto respecto a los asuntos y problemas de Roca Enhiesta, es válido para todo el país indio. No es que el gobierno federal esté tratando de manera diferente con Roca Enhiesta de lo hace de las otras entidades tribales en cualquier otra parte”.

Hauff dijo que había incluso una lección mayor para la Iglesia.  Su poder de permanencia —y su ministerio más efectivo— deben arraigarse en una disciplina para “no saltar a cualquier causa célebre que pueda aparecer en el mundo”, dijo él.

“No estamos allí para conseguir titulares y llamar la atención. Siempre estamos dispuestos a hacer lo correcto, independientemente de si le prestan atención o no”, apuntó Hauff. “No se trata de ocasiones para fotografías; no se trata de conseguir el primer titular de las noticias vespertinas. Si lo logramos, eso es magnífico, pero… esa no es su finalidad”

– La Rda. Mary Frances Schjonberg es redactora sénior y reportera de Episcopal News Service. Traducción de Vicente Echerri.

Speak Your Mind

*

Full names required. Read our Comment Policy. General comments and suggestions about Episcopal News Service, as well as reports of commenting misconduct, can be e-mailed to news@episcopalchurch.org.