La catedral de Little Rock celebra oficio de oración por siete condenados a muerte en vísperas de sus ejecuciones

El estado se propone ejecutar a los hombres en el transcurso de 11 días a partir del Lunes de Pascua

En la hilera de arriba (de izquierda a derecha) los reos Bruce Ward, Don Davis, Ledell Lee y Stacy Johnson; en la hilera de abajo (de izquierda a derecha) Jack Jones, Marcel Williams, Kenneth Williams y Jason McGehee, aparecen aquí en estas fotos policiales que se divulgaron el pasado 21 de marzo. Siete de ellos serán ejecutados mediante inyección letal en Arkansas, a partir del 17 de abril de 2017. Un juez federal suspendió la ejecución de McGehee el 6 de abril. Cortesía del Departamento Correccional de Arkansas/ /REUTERS.

[Episcopal News Service] La catedral episcopal de La Trinidad [Trinity Episcopal Cathedral] en Little Rock, Arkansas, se propone celebrar un oficio especial de oración a las 8:00 PM del Domingo de Pascua, la víspera de un  período de ejecuciones programadas, de siete de los reclusos que se encuentran en el pabellón de la muerte del estado y que contarán con la presencia de víctimas, familiares y verdugos.

“La catedral celebrará oficios si llegamos al punto en que nada más pueda hacerse sino orar”, dijo el Muy Rdo. Christoph Keller III, deán y rector, en un mensaje por email a Episcopal News Service. “Entonces oraremos por los hombres que están a punto de morir, y por los que les aman; y por los que murieron y sufrieron por los crímenes por los que ellos han sido condenados y por los que les aman”.

Desde que se anunciaran las ejecuciones en marzo, opositores a la pena de muerta han llevado a cabo manifestaciones diarias frente a la mansión del gobernador. El 12 de abril, un grupo de clérigos planeaba entregar una carta firmada por más de 200 clérigos de Arkansas al gobernador Asa Hutchinson instándolo a mostrar misericordia.

Dos de los siete hombres está previsto que mueran mediante inyección letal el Lunes de Pascua, 17 de abril; otros dos el 20 de abril; otros dos el 24 y uno el día 27; la última ejecución se ha fijado para tres días antes de la fecha en que caduca el uso en las ejecuciones del sedante Midazolam. Una hora antes de que se lleven a cabo las ejecuciones, la catedral será sede de un breve oficio ecuménico seguido por una corta caminata hasta la mansión del gobernador donde habrá una vigilia con velas.

La decisión del estado de ejecutar un número sin precedentes de reclusos en rápida sucesión y con controvertidas inyecciones letales ha suscitado críticas internacionales, generado demandas legales que arguyen que la rápida sucesión de las ejecuciones aumenta el riesgo de que la muerte de los condenados  sea “cruel e inusual” y pone a Arkansas y a su gobernador en el centro del debate sobre la pena de muerte en la nación.

Hutchinson, que fijó las fechas de las ejecuciones, reconoció sentirse “incómodo” con la necesidad de programar las mismas en rápida sucesión ante la inminencia de la fecha de caducidad del sedante (compañías farmacéuticas, como Pfizer, han comenzado a imponer controles en los fármacos que fabrican para garantizar que no se utilicen en inyecciones letales).

En un principio el estado había planeado ejecutar a ocho reos, pero un juez federal suspendió la semana pasada la ejecución de uno de ellos.  Los ocho reclusos del pabellón de la muerte fueron declarados culpables de asesinato entre 1989  y1999.

“La pena de muerte es motivada por la venganza —no por la justicia”, dijo la Rda. Allison Liles, directora ejecutiva de la Hermandad Episcopal de la Paz (EPF por su sigla en inglés) en un comunicado de prensa de fines de marzo en que condenaba las ejecuciones. “Y un alto precio de este castigo vengativo lo pagan los trabajadores de la prisión obligados a sufrir la realidad de lo que significa ejecutar a un ser humano”.

Arkansas no ha ejecutado a un preso en los últimos 12 años; cuando el gobernador programó las ocho ejecuciones, esto llegó “inesperadamente”, dijo Caroline Stevenson, miembro de la iglesia episcopal de San Miguel [St. Michael’s Episcopal Church] en Little Rock y miembro también de la Hermandad Episcopal de la Paz.

Las continuas protestas frente a la mansión del gobernador muestran la indignación de los ciudadanos y “les brindan un medio de intentar influir al gobernador”, dijo Stevenson en una llamada telefónica con ENS. “¿Es él susceptible de conmoverse? No que digamos”.

El gobernador dice estar cumpliendo con la ley, dijo la Rda. Mary Janet Murray, diácona jubilada y miembro de San Miguel y de la EPF.

“Él afirma que ‘es la ley y si quieren cambiar la ley tienen que hablar con la legislatura para hacer eso’”, dijo Murray, también en una conversación telefónica con ENS.

Stevenson ha sido miembro también durante mucho tiempo de la Coalición de Arkansas contra la Pena de Muerte, que se creó en 1976 cuando el Tribunal Supremo de EE.UU. reimpuso la pena de muerte. (En 1972, el tribunal había dictaminado que la pena de muerte era un castigo “cruel e inusual” que violaba las enmiendas 8ª. y 14ª. [de la Constitución] ). Ella también es miembro de Familias de Víctimas de Asesinatos por la Reconciliación, la cual aboga por el fin de la pena de muerte.

Es un error, dijo Stevenson, mezclar justicia y venganza, y pensar que las ejecuciones le darán conclusión al proceso de recuperación de los familiares de las víctimas.

“Las ejecuciones no aportan el tipo de alivio que la gente piensa que le aportan a las familias, más bien agravan la violencia”, dijo Stevenson, cuyo hijo, un estudiante de la Universidad de Syracuse, resultó muerto en diciembre de 1998 en el atentado terrorista del vuelo 103 de Pam Am sobre Lockerbie, Escocia.

El obispo de Arkansas Larry Benfield llamó al número sin precedentes de ejecuciones “cuando menos una nota discordante en un estado que reporta creencia en Dios y asistencia a la iglesia por encima del promedio”.

Él prosiguió preguntándose: “¿Son estas ejecuciones donde las enseñanzas de la Iglesia han llevado a los arkansanos? ¿O la gente de este estado y sus líderes han decidido ignorar los mismos principios religiosos que profesan?”. Benfield se ha unido a otros líderes religiosos de Arkansas en pronunciarse contra las ejecuciones.

El sesenta y un por ciento de los residentes de Arkansas expresó su apoyo por la pena de muerte en una encuesta reciente. Y el estado se sitúa en el quinto lugar entre los estados más religiosos de EE.UU. según el estudio del panorama religioso en 2016 del Centro de Investigaciones Pew.

“La mayor interrogante para mí es cómo puede uno ser cristiano y apoyar tantos tipos de violencia”, dijo Stevenson al preguntarle como la gente de Arkansas conciliaba sus creencias cristianas con el apoyo a la pena de muerte. Ella citó la eliminación de programas para la alimentación de niños, un presupuesto federal que promueve gastos militares y armas de destrucción masiva. “La mayor interrogante para mí es como conciliar el seguir a Jesús con la violencia?

“Quizá esta ejecución por la que vamos a pasar ahora lleve a la gente a cuestionar su propia interpretación de la enseñanza de Jesús respecto a matar. A mí me llevó un tiempo llegar a un mejor entendimiento. Yo no cuestionaba [[la pena de muerte]  mientras crecía. Creía que sencillamente estaba ahí y no cuestionaba las decisiones de las personas situadas en las altas esferas”.

En 2015, la Convención General de la Iglesia Episcopal reafirmó su antiguo llamado a eliminar la pena de muerte. Treinta y uno de los estados de EE.UU. permiten la pena de muerte; Arkansas ha ejecutado a 27 27 personas desde 1976.

— Lynette Wilson es jefa de redacción de Episcopal News Service. Traducción de Vicente Echerri.

Speak Your Mind

*

Full names required. Read our Comment Policy. General comments and suggestions about Episcopal News Service, as well as reports of commenting misconduct, can be e-mailed to news@episcopalchurch.org.