Una ‘aldea’ de casitas para indigentes con ayuda de una iglesia de Montana

Tiny houses aerial view in Bozeman

Una maqueta de la propuesta Primera Aldea de Viviendas muestra un grupo de diminutas casas en torno a un centro comunitario de recursos. Foto de la Escuela de Arquitectura de la Universidad del Estado de Montana.

[Episcopal News Service] Una coalición de episcopales, estudiantes de arquitectura y proveedores de servicios sociales en Bozeman, Montana, están en medio de un proyecto innovador que se propone abordar el problema de la indigencia en la ciudad con un espacio de 14 metros cuadrados por unidad.

El concepto es una aldea de casas diminutas para indigentes crónicos en torno a un centro comunitario de recursos, donde los residentes podrían recibir consejería, asistencia médica y ayuda para encontrar empleo hasta que puedan mudarse a hogares permanentes. Los organizadores  aún están a la búsqueda de un sitio adecuado, pero la mayoría de las otras piezas del proyecto están cayendo en su lugar mientras otros grupos e individuos de la comunidad respaldan la idea.

“De repente, ha surgido esta coalición que se muestra entusiasmada con lo que queremos hacer”, dijo la Rda. Connie Pearson-Campbell, diácona de la iglesia episcopal de Santiago Apóstol [St. James Episcopal Church] en Bozeman, que es una de las fuerzas motrices detrás de la propuesta Primera Aldea de Vivienda.

[Housing First Village].

Sara Savage, directora de viviendas  en el Consejo de Desarrollo de Recursos Humanitarios, o HRDC [por su sigla en inglés] definió a  Pearson-Campbell como un “huracán de relaciones públicas” en la búsqueda de apoyos para el proyecto. El HRDC, una agencia de acción comunitaria sin fines de lucro, aporta años de experiencia en proporcionarle albergue y servicios a la población indigente de la localidad.

La Universidad del Estado de Montana es el tercer actor de esta coalición. La Escuela de Arquitectura creó un curso el otoño pasado en el cual los estudiantes diseñaron las casitas, y cursos subsecuentes ayudarán este año a hacer avanzar el proyecto a través de las fases regulatoria y de construcción.

“Nos damos cuenta de que probablemente es cuestión de un par de años, o al menos de un año, antes de que podamos poner las primeras unidades en un sito”, dijo Ralph Johnson, profesor de arquitectura. “Estas cosas no suceden de la noche a la mañana. Pero estamos avanzando más rápidamente que la mayoría de las comunidades” que han intentado llevar a cabo proyectos semejantes.

Las casas pequeñitas son una fuerte tendencia en el mundo de la construcción de viviendas y en la cultura popular. Los programas de TV de realidad múltiple han venido a mostrar estos pequeños espacios habitables, suscitando incluso que algunos en la industria de la construcción de casas pequeñas debata si tales programas son buenos o malos para el “movimiento”.

En ese contexto, las casitas se ven como una tendencia para reducir el espacio de vivienda, pero algunas comunidades, tales como la de San Jorge [St. George, Utah, y Seattle , han demostrado que estas casas diminutas pueden ser herramientas para llegar a las personas sin hogar o a poblaciones de bajos ingresos.

La Iglesia Episcopal cuenta con sus propios ejemplos. La iglesia episcopal de Santiago Apóstol [St. James] en la reserva india de Roca Enhiesta [Standing Rock] en Dakota del Norte utilizó una subvención de la Ofrenda Unida de Gracias para construir casitas para estudiantes. Y la iglesia episcopal de San Juan [St. John’s Episcopal Church] en St. Cloud, Minnesota, construyó una sola casita para alojar  a una sola persona indigente  en su propiedad.

Lo que singulariza a Pearson-Campbell y a la iglesia episcopal de Santiago Apóstol es que representan una de las tres patas de las tres que sostienen una misión que se consolidó casi por accidente.

Se calcula que cualquier noche dada hay unas 150 personas sin hogar en Bozeman, y un 30 por ciento de las cuales se consideran indigentes crónicos, una situación que a menudo se asocia con la enfermedad metal, el consumo de sustancias estupefacientes y otros problemas personales, explicó Savage. La supervivencia en las calles puede ser precaria, especialmente en los crudos meses del invierno de Montana, y desde 2016 se han reportado seis muertes de indigentes en Bozeman.

El HRDC ha estado albergando a unas 10 personas a la vez en un espacio de vivienda transitoria llamado Casa Amos [Amos House], pero se vio obligado a cerrar el local en julio pasado luego de perder una subvención federal. Santiago Apóstol intervino y ofreció un albergue que no usaba propiedad de la iglesia, llamado Canterbury House, lo cual le permitió al HRDC convertirla en vivienda para cuatro mujeres indigentes.

“Tengo que decir, que contar con asociados locales de carácter religioso que buscan dentro de sus propios recursos… resultó muy impactante y realmente tuvo una repercusión directa en las mujeres sin hogar en el transcurso de un mes”, dijo Savage.

Por separado, dijo Pearson-Campbell, ella le oyó contar el verano pasado a un amigo de un proyecto de casitas diminutas en Detroit, y se dio a la idea de hacer algo semejante para abordar el problema de la indigencia en Bozeman.

“Le eché un vistazo a eso y pensé,  cielos, creo que podemos hacer esto en Bozeman”, dijo.

Sacó a relucir la idea en una reunión con el director de planificación municipal en agosto. A la salida, dio la casualidad que se encontró con Johnson, el profesor de la Universidad de Montana, que se iba a hablar con el director de planificación sobre otro asunto. Luego de las presentaciones, se creó rápidamente una asociación para [la fabricación] de las casitas.

Johnson llevó la idea a la universidad y, con otros dos profesores, creó el curso ese otoño en que 12 estudiantes se dieron a la tarea de diseñar las casitas.

“Sabía que en la Escuela de Arquitectura había una sólida ética moral entre los estudiantes”, dijo él. Y partiendo de la personalidad de Connie y sus aspiraciones, ofrecí una clase sobre albergues pequeños para la ciudad de Bozeman”.

El resultado fue dos modelos, cada uno de sólo 14 metros cuadrados o un poquito más grande. Uno estaba diseñado para ser accesible a personas con discapacidades. Cada modelo incluía una cama personal, área de almacenaje, una ducha, un inodoro, un pequeño refrigerador, un horno microonda, un lavadero y espacio para una silla.

Tiny houses in Bozeman

Los residentes podrían recibir consejería, asistencia médica y ayuda para encontrar empleo hasta que puedan mudarse a viviendas permanentes. Foto de la Escuela de Arquitectura de la Universidad del Estado de Montana.

Los estudiantes luego crearon  maquetas de cartón y las probaron, llegando a invitar a entrar en ellas a miembros de la comunidad de personas sin hogar. El semestre concluyó con un evento de puertas abiertas en diciembre. Más de 100 personas vinieron a ver las maqueta y a informarse sobre el proyecto, dijo Johnson.

Seis estudiantes construirán las primeras casitas en un nuevo curso este semestre que también abordará algunos de los obstáculos regulatorios. El código de construcción de Bozeman, como los códigos de muchos ciudades a través del país, incluye restricciones sobre el uso de terrenos, el tamaño del espacio habitable y el trazado de la vivienda que no se ajustan fácilmente a las casitas, explicó Johnson. Sus estudiantes buscarán opciones que puedan presentarles a los funcionarios municipales.

Y luego existe el reto de encontrar un sitio adecuado para lo que finalmente podrían ser las docenas de casitas y el centro comunitario de recursos. Savage no tiene ningún calendario definido para garantizar un sitio. Los factores a considerar incluyen costo, zonificación y proximidad a otras residencias.

“De encontrarse disponible la parcela adecuada, podríamos avanzar más bien rápidamente”, dijo Savage. “Pero exigirá alguna alineación de los astros, como suele suceder con cualquier proyecto importante como éste”.

En cuanto al costo de la construcción, los materiales necesarios para la construcción de cada casita se calculan en unos $10.000, o menos, si donan algunos de los materiales.

La iglesia de Santiago Apóstol se ha comprometido con suficiente dinero para construir una de las casas, y una de las tareas de Pearson-Campbell es captar más iglesias y grupos comunitarios para que aporten dinero o incluso que ensamblen una de las casas mismas como un proyecto de servicio. Los estudiantes de Johnson esperan finalmente crear unas instrucciones de ensamblaje que resulte fácil para esos grupos construir las casas por sí mismos, semejante al montaje de los muebles de IKEA, contó Johnson.

La ética moral que Johnson ve en muchos de sus alumnos con frecuencia se materializa en un deseo de construir edificios con ahorro de energía, dijo él, pero este proyecto se construye sobre un sentido de responsabilidad social.

“Si esto puede darle a los que carecen de hogar una oportunidad de resolver los problemas que les colocan en una circunstancia de indigencia, debemos darles esa oportunidad”, afirmó.

– David Paulsen es redactor y reportero de Episcopal News Service. Pueden dirigirse a él a dpaulsen@episcopalchurch.org. Traducción de Vicente Echerri.

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