El poder del testimonio público: las iglesias se preparan para llevar la Pasión a la calle

 

Robert Yearwood, sacristán de la iglesia de La Trinidad, lleva la cruz a través de las calles de Boston mientras los cristianos de la zona recordaban el sufrimiento de Jesús con un desfile por las calles de la ciudad el Viernes Santo de 2015. La Rda. Rainey Dankel, también de La Trinidad, fue una de las organizadoras de las “Estaciones de la Ciudad”. Foto de Patricia Hurley.

Robert Yearwood, sacristán de la iglesia de La Trinidad, lleva la cruz a través de las calles de Boston mientras los cristianos de la zona recordaban el sufrimiento de Jesús con un desfile por las calles de la ciudad el Viernes Santo de 2015. La Rda. Rainey Dankel, también de La Trinidad, fue una de las organizadoras de las “Estaciones de la Ciudad”. Foto de Patricia Hurley.

[Episcopal News Service] Este Viernes Santo, para el Rdo. Scott Slater y otros de la Diócesis de Maryland, el Vía Crucis [o Estaciones de la Cruz] incluirá una caminata a lo largo del corredor de la Ruta 40 con altos para orar en los lugares donde la violencia armada ha cobrado vidas.

En todas partes de la Iglesia Episcopal, la antigua tradición de evocar el camino de Jesús a la crucifixión se observará al aire libre y de diversas maneras novedosas y públicas.

En Copley Square de Boston, Matt Gin, de 29 años, se propone estar entre un grupo de la iglesia de La Trinidad [Trinity Church] que usará pantomimas y cuadros plásticos para transmitir la profundidad de la Pasión. “Estoy representando a Jesús en las últimas cinco estaciones”, dijo Gin en una entrevista reciente con Episcopal News Service.

Y en Virginia, miembros del ministerio de jóvenes adultos de la iglesia de Santiago Apóstol [St. James’s Church] recorrerán las estaciones el Sábado Santo, 26 de marzo, en Belle Isle de Richmond, un sitio popular para entusiastas de las actividades al aire libre con una notable importancia histórica. El sitio de un campamento prisión para soldados de la Unión durante la guerra de Secesión sirve como un “poderoso recordatorio de que la labor de reconciliación no ha concluido aún”, según la Rda. Carmen Germino, rectora asociada.

Baltimore: Una ‘impía trinidad’ de pobreza, racismo y violencia

Slater, canónigo del Ordinario en la Diócesis de Maryland, dijo que él ha pasado muchas veces en su auto por algunas zonas de Baltimore “con las puertas cerradas con seguro y la radio puesta”, pero quería caminar por la ciudad y orar siguiendo los pasos de los disturbios que se produjeron después de la muerte de Freddie Gray el año pasado y de la violencia armada que sigue cobrando vidas de jóvenes afroamericanos.

Gray, de 25 años, fue arrestado el 12 de abril de 2015, acusado de portación ilegal de armas en Baltimore. Sufrió una grave lesión en la médula espinal mientras se encontraba detenido por la policía y falleció poco después. Su muerte provocó un disturbio civil y un juez anuló el juicio luego de que los jurados no pudieran alcanzar un veredicto en el proceso seguido a los primeros seis policías acusados de la muerte de Gray.

Según un informe del Departamento de Justicia de EE.UU., en 2012, el barrio de Sandtown-Winchester/Harlem Park donde vivía Gray se vio asediado por “un ciclo de encarcelación, pobreza y pérdida de oportunidades”.

El informe incluía algunas tristes realidades del barrio: un ingreso familiar promedio de $24.000 de 2006 a 2012; una tasa de desempleo de un 51,8 por ciento y una tasa de ausentismo escolar de casi un 50 por ciento. Aproximadamente un tercio de las propiedades residenciales están vacías o abandonadas.

“La desesperanza (allí) te cala los huesos. Es palpable”, dijo Slater, quien recorrió previamente la zona para planear su conmemoración del viernes. “Una cuadra tras otra de casas clausuradas y de calles convertidas en basureros… uno se da cuenta de lo difícil que resulta crecer aquí”.

El recorrido de poco más de 11 kilómetros abarca los sitios de 3 iglesias episcopales e incluye a participantes ecuménicos. A lo largo del camino, los altos para orar en 15 lugares donde jóvenes afroamericanos han muerto a tiros o debido a otras formas de violencia en el último año obligarán a los participantes a enfrentar la triste realidad de lo que “nuestro obispo (Eugene Sutton) ha llamado la impía trinidad del racismo, la pobreza y la violencia”, dijo Slater.

Se planea una parada detrás de una gasolinera donde “mataron a tiros a un joven. Es un lugar horrible para morir y también un lugar horrible para vivir”, agregó. Al ver los nombres y los lugares, Slater espera hacerles a los participantes las circunstancias de las vidas y muertes contemporáneas, tanto como la de Jesús, “mucho más reales”.

“Espero que el concepto de caminar a través de nuestra propia ciudad y pasar por los sitios donde personas de verdad, con nombres reales, murieron violentamente, y orar por ellos, hará la auténtica experiencia de recordar a Jesús el Viernes Santo un poco más palpable”.

El Rdo. Ramelle McCall, de 34 años, rector de la iglesia de San Miguel y Todos los Ángeles [St. Michael and All Angels Church] en Baltimore, se propone unirse a la caminata de oración porque espera captar a otros “que no han visto zonas extremadamente desfavorecidas de Baltimore”.

“Me sentí como si fuera un chico de la Ruta 40; yo viví durante varios años en el barrio Sandtown-Winchester”, mientras crecía, le dijo él a ENS.

“Es importante concienciar a muchísima gente dentro y fuera de la Iglesia acerca de estas comunidades que necesitan ayuda. Espero que la gente que no vive en Baltimore verá como la dinámica de la socioeconomía, la raza y la clase —juntas— afectan las vidas”.

McCall dijo que su iglesia está a menos de ocho kilómetros de donde Gray fue arrestado. Según se acerca el aniversario de la muerte de Gray, McCall espera que prosigan los esfuerzos “para ver si podemos fomentar algunas relaciones y ver dónde va eso”.

Slater se muestra de acuerdo. Dijo que hay “un genuino apetito de personas de la diócesis que no viven en Baltimore de hacer algo tangible para relacionarse con los problemas endémicos de Baltimore”.

McCall dijo que espera convertir la oración en acción. “La necesidad siempre ha existido, y estoy agradecido de que la diócesis está coordinando verdaderamente este evento”, afirmó.

“Nunca habría imaginado que como sacerdote, como negro, formaría parte realmente de un grupo presumiblemente diverso que tiene un genuino interés por estas comunidades y que realmente quiere ver cómo el Espíritu puede obrar a través de todos nosotros para convertirnos en un auténtico amigo de estas zonas empobrecidas. Eso es lo que me entusiasma”.

Al mismo tiempo, la caminata será un recordatorio aleccionador no sólo de “que Jesús murió por nosotros este día… sino que en algunas partes de Baltimore, la gente puede ver constantemente el Viernes Santo”, dijo McCall.

“Estamos intentando realzar, en el contexto del Viernes Santo, los desafortunados homicidios que tienen lugar y las infortunadas pérdidas de vida que ocurren, y cuánto nos entristecen esas muertes”, añadió. Al mismo tiempo, “miramos a un futuro donde tal vez podamos celebrar la esperanza en medio de un Viernes Santo donde esta violencia no se repita constantemente”.

“Tenemos la facultad de reescribir la narrativa, de manera que este no es un viernes al que miramos a las vidas perdidas, sino a las vidas que se salvarán en el futuro próximo”.

Boston: Mimos y cuadros plásticos, ‘la mejor expresión de la evangelización episcopal’

Para algunos miembros de la iglesia de La Trinidad, el reto de este Viernes Santo será expresar la Pasión en pantomimas y cuadros plásticos, mientras hacen malabarismos entre varios papeles como espectadores, partidarios, adversarios y Jesús.

Mary Davis se encuentra entre los seis miembros de la iglesia que representarán a Jesús durante los últimos momentos de su vida en “un Vía Crucis viviente” en medio de las vistas y sonidos de la animada Copley Square de Boston.

“Pensamos que ‘es demasiado peso que una sola persona hiciera de Jesús”, dijo Davis. “Hicimos el recorrido ayer y fue muy conmovedor. Me hizo reflexionar sobre aspectos del relato en los que nunca antes había pensado como el de estar dentro de la experiencia de una manera que era bastante novedosa. Justo durante el ensayo, me eché a llorar en varias ocasiones”.

La Rda. Rita Powell, rectora asociada de La Trinidad para la liturgia, organizó la actividad con ayuda de Tony LoPresti —un profesional del teatro neoyorquino, mimo y amigo de la comunidad de Taizé— que asesoró a los actores.

Los talleres con LoPresti los prepararon con los fundamentos de la mímica clásica para la representación, la cual comenzará en las gradas de la iglesia con la primera estación, en la cual Jesús es condenado a muerte. Acompañado por una pandereta, un tambor y un violín, mientras otros leen la Escritura, los actores se moverán a otras esquinas de la plaza para representar las estaciones.

“Es como una intersección entre el Vía Crucis y el tipo más contemporáneo de ‘estaciones de la ciudad’, donde se transita y se ora en importantes lugares urbanos. Estamos creando cuadros vivientes de las estaciones de la cruz valiéndonos de la liturgia del Ritual para ocasiones especiales de la Iglesia Episcopal, dijo Powell.

En medio de la concurrida plaza, la representación serás un recordatorio, también de que “para un pequeño grupo de personas la crucifixión de Jesús fue en verdad importante, aunque la mayor parte de la ciudad no se conmoviera por el evento”, dijo ella.

Nieve, llueve o brille el sol, la representación irá tal como se planeó a las 3:30 PM hasta la última estación “donde Jesús es despojado de sus vestidos, crucificado y muerto. Eso tendrá lugar en la fuente de la calle Boylston y usaremos la hornacina de piedra que está en el pórtico frontal de la iglesia”.

Para Gin, un estudiante que cursa su doctorado en Harvard, que fue bautizado en la Vigilia Pascual del año pasado y quien también hará de Jesús durante las estaciones, esa es la parte escalofriante.

“Tengo que decir que no me siento del todo cómodo con hacer de Jesús en esas cinco escenas y me parece bien. No creo que alguien deba sentirse cómodo con esas escenas”.

Cuando Powell se le acercó para invitarlo a participar, Gin, historiador de la arquitectura, se quedó fascinado por la mezcla de tradición antigua y novedosa interpretación.

El prepararse para sus varios papeles —de partidario, adversario, ejecutor y de Jesús—, “ha sido un verdadero desafío, el tratar de ponerme no sólo en el relato sino en la mentalidad de todas esas personas. Hay una tendencia a concentrarse solamente en Jesús, pero de repente te ves confrontado con lo que pensaba ese tipo cuando envió a Jesús a la cruz. Se ha resuelto para mí de una manera nueva”

Gin dijo que él realmente no estará colgando de la cruz al igual que Jesús: una aparejo especial le sostendrá el cuerpo. “Hay esta extraña tensión física en que parece que estoy colgando (de la cruz), pero mi cuerpo la sostiene”.

En un ensayo anterior, él se dio cuenta de que una hermosa tensión no es más que esa condición física. Es muy incómoda. Y siendo realmente sincero, puedo ver cuán dolorosa y agónica fue realmente la muerte de Jesús. Eso no es algo en lo que a la gente le guste pensar o en lo que realmente piense. Incluso en nuestras representaciones contemporáneas prevalece la idea de un Cristo sereno en la cruz. Estar realmente en esa posición lo lleva a un nivel completamente nuevo”.

También, al hacer esto “en esa plaza y forma públicas, implica a todos, ya sea que pases por el lado o que lo ignores. Eso es realmente poderoso. Seas creyente o no, hay algo significativo que se desprende no sólo de esta representación, sino de esta historia”.

Davis está de acuerdo. “Se siente una verdadera alegría en hacer que esta historia cobre vida, aunque la historia misma sea de intenso sufrimiento. Así es en general como me siento en Semana Santa. En verdad es satisfactorio aunque sea realmente horrible desenterrar ese segmento de nuestra fe”.

Powell dijo que el evento representa “lo mejor de la evangelización episcopal. Tomar lo que más amamos, la expresión litúrgica de lo que creemos es importante en la historia y atrevernos valientemente a decir eso en público, simplemente es portador de una fuerza y de un riesgo y de un entusiasmo que uno no puede compararlo con ninguna otra cosa”.

Richmond: ‘Un influyente testimonio público’ en medio de crueles recordatorios

El Sábado Santo, los miembros de la iglesia de Santiago Apóstol en Richmond, Virginia, cantarán, orarán y caminarán al tiempo que recuerden los últimos momentos de la vida terrenal de Cristo.

El parque de Belle Isle y el río James, populares sitios de la ciudad, servirán de trasfondo mientras los miembros del Ministerio de Jóvenes Adultos de la iglesia, que organizaron el recorrido, hacen reflexiones en las “estaciones” marcadas por obras de arte creadas por los niños de la escuela dominical.

“Es una atmósfera familiar estupenda, relajada y acogedora”, y no obstante recuerda los retos que enfrenta la ciudad, dijo Danielle Dick, de 40 años, que se propone asistir junto con Aidan, su hijo de 9 años.

Los senderistas disfrutan la belleza de la escena, pero también pasan junto a las ruinas de las antiguas plantas industriales, que también nos recuerdan la historia de la isla como el sitio de un campamento de prisioneros, de tiempos de la guerra de Secesión, para soldados de la Unión. Sirve como recordatorio del “profundo impacto que aún tiene el pasado sobre el presente”, dijo ella.

La Rda. Carmen Germino se mostraba de acuerdo.

“Al principio, elegimos Belle Isle (como sitio para la primera caminata de este año) porque es un parque público muy conocido y querido y un lugar al aire libre en Richmond. Pero cuanto más nos metíamos en él, nos dimos cuenta del adecuado lugar teológico que era… porque en un tiempo Richmond fue la capital de la Confederación y aún seguimos viviendo en gran medida de ese legado”.

Recordar la historia del parque “es un eficaz recordatorio de que la obra de reconciliación en la ciudad aún está por hacer y la Semana Santa puede ser un momento decisivo para recordar eso”.

La caminata del año pasado atrajo a centenares de personas y “se asumió con un espíritu jubiloso, lo cual yo creo que es apropiado para el Sábado Santo, cuando ya hemos pasado el Viernes Santo, pero aún no salimos de las tinieblas y no obstante nos sentimos más gozosos por [la cercanía de] la Pascua”, dijo Germino.

“El detenerse y comenzar, la oración y la reflexión constituyen un recordatorio de que la trayectoria continúa. Fue una mezcla agradable de experiencia y emoción, ayudó a que los niños se entusiasmaran con la Pascua”.

Además, “es un testimonio público en medio de lo que usualmente no es un lugar de culto”, añadió. El carácter puramente físico del oficio apelaba a aquellos del grupo que tenían entre algo más de veinte años hasta poco más de cuarenta.

“Mientras planeaban la liturgia, tenía sentido que esta tuviera lugar al aire libre. Las estaciones más convincentes que he experimentado son públicas, fuera de los muros de la iglesia, como si estuviera en Jerusalén, andando por la Vía Dolorosa”.

La Rda. Pat McCaughan es corresponsal de Episcopal News Service. Traducción de Vicente Echerri.

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