Colegio episcopal de Haití prepara a los estudiantes para la agricultura y las empresas agrícolas

Un plan de cinco años busca revitalizar la escuela y abordar la seguridad alimentaria y económica

[Episcopal News Service –Terrier-Rouge, Haití] En una reciente mañana de febrero, un joven haitiano araba los campos en un gigantesco tractor John Deere, preparándolos para la primera siembra del año en el Centro de Agricultura San Bernabé, un colegio universitario episcopal localizado en un terreno de 192 hectáreas de fértil planicie costera en el norte de Haití.

Mientras el tractor daba la vuelta sobre el oscuro suelo arcilloso, preparándolo para la siembra, dos jóvenes se ocupaban de remendar una grieta en un tanque de agua de cemento, otros dos escardaban un cantero de zanahorias y otros dos con regaderas plásticas azules y verdes regaban a mano las remolachas, zanahorias y verduras que crecen en lotes experimentales y los semilleros que brotan en el invernadero. Otro joven conducía el ganado de regreso a la propiedad, mientras otros seguían despejando más terreno para el tractor y la futura siembra.

Mid-morning one hot February day, a worker hand watered the bok choy, carrots, beets, cauliflower and other vegetables growing in the test plots and the seedlings in the greenhouse at the St. Barnabas Center for Agriculture in Terrier-Rouge, Haiti. Photo: Lynette Wilson/Episcopal News Service

En un día de febrero, un trabajador riega a mano los semilleros del invernadero del Centro de Agricultura San Bernabé en Terrier-Rouge, Haití. Localizada en la planicie costera del norte del país, la escuela de 192 hectáreas se encuentra a unos tres kilómetros del océano Atlántico. Foto de Lynette Wilson/ENS

Entre tanto, los alumnos —uniformados con pulóveres en cuya espalda puede leerse la sigla CASB, abreviatura en francés de Centre D’Agriculture St. Barnabas— estudiaban en el aula.

Las primeras señales de vida abundante luego de un período de privaciones económicas y sequía estaban en todas partes; fue una subvención de $100.000 de la Diócesis Episcopal de Long Island en 2014 la que ayudó a San Bernabé a empezar su proceso de revitalización.

“San Bernabé fue creado en el nombre de Dios, y en el mismo nombre de Dios, San Bernabé revivirá”, dijo —en creole a través de un intérprete— Etienne Saint-Ange, coordinador de operaciones del campo.

Etienne Saint-Ange, coordinator of field operations, talks with workers weeding carrots in the test plot, where plants are being tested for their viability. Photo: Lynette Wilson/Episcopal News Service

Etienne Saint-Ange, coordinador de operaciones del campo, conversa con los obreros que escardan las zanahorias en la parcela experimental, donde ponen a prueba la viabilidad de las plantas. Foto de Lynette Wilson/ENS

Durante una década el Centro de Agricultura San Bernabé funcionó sin apoyo económico, y no obstante continuó en su misión de adiestrar a técnicos agrícolas. La mitad de la población [de Haití] trabaja en la agricultura, pero una mayoría de haitianos carece de alimento y el 30 por ciento de todos los niños padece de desnutrición. Fueron Saint-Ange y otros dedicados miembros del personal los que mantuvieron el funcionamiento de la escuela, viviendo del producto de sus campos.

“Los líderes del colegio fueron los únicos que lo mantuvieron funcionando de 2005 a 2014, dijo Dan Tootle, un voluntario en misión de la Iglesia Episcopal que administra el programa en San Bernabé. En diciembre de 2015, el profesorado recibió siete meses de paga retroactiva, una pequeña cantidad de los $140.000 que les debían. “Eso no constituye un problema serio porque la gente que era capaz de sostener este lugar ahora está animada de esperanza”, dijo Tootle.

Dan Tootle, an Episcopal Church volunteer in mission, has worked diligently on the St. Barnabas’ revitalization plan, which is intended to turn the agriculture college into a regional center for agriculture and economic development. Photo: Lynette Wilson/Episcopal News Service

Dan Tootle, voluntario en misión de la Iglesia Episcopal, ha trabajado diligentemente en el plan de revitalización de San Bernabé, el cual aspira a convertir el colegio agrícola en un centro regional para el desarrollo agrícola y económico. Foto de Lynette Wilson/ENS

Tootle, de 74 años, ha servido como misionero en Haití desde 1999, cuando la iglesia de San Martín del Campo [St. Martin’s-in-the-Field] en Severna Park, Maryland, lo auspició. Él se convirtió en voluntario en misión nombrado por la Iglesia Episcopal en 2013, y desde entonces se ha concentrado en San Bernabé, trabajando en un plan de revitalización quinquenal de $11,7 millones que modernizará el colegio universitario y lo transformará en un centro regional para el desarrollo agrícola y económico. También le dará empleo a más de 180 personas.

“Llevamos a cabo una rigurosa investigación en el colegio para determinar lo que llevaría revitalizar la institución”, dijo Tootle, mientras recorría un plan maestro de 35 páginas, una versión reducida del estudio completo de 76 páginas. “No se trataba sólo de un asunto de restaurarlo a lo que había sido en el pasado, sino de concebir lo que sería necesario en el siglo XXI, más allá de la mera utilización de la agricultura haitiana tradicional”.

En último término, el colegio será autosostenible y capaz de proporcionar ayuda a otras instituciones diocesanas.

Ahora, en su quinta iteración, incluidas las reacciones de las partes interesadas regionales y una renovación total del personal, la primera fase de 5 años incluye la construcción de nuevas instalaciones académicas y la preparación de la tierra para que tenga drenaje y accesos adecuados, así como otras obras fundacionales. La segunda fase de 1,5 años incluye la infraestructura necesaria para criar y procesar animales, así como el establecimiento de un centro de apoyo agrícola regional. La tercera y última fase incluye la construcción de un dormitorio para 250 estudiantes internos, y el resto de edificios administrativos y accesorios. Otros planes consisten en asociarse con Nuevos Ministerios [FreshMinistries] sobre los hidropónicos, los huertos establecidos y la siembra de plantas como el sisal [una fibra del henequén] específicamente para venderla a procesadores.

Teacher Georges Gabriel Etienne, who teaches botanics and vegetable crops, leads students on a lesson outside in the test plot. Photo: Lynette Wilson/Episcopal News Service

El maestro Georges Gabriel Etienne, que enseña botánica y cultivos vegetales, les imparte a los estudiantes una lección en la parcela de prueba. Foto de Lynette Wilson/ENS

La capacitación que reciben los estudiantes en San Bernabé equivale a la de estudiantes que asisten a una universidad comunitaria en Estados Unidos, dijo Tootle, añadiendo que los prepara para participar directamente en empresas agrícolas y en las operaciones de cultivo. En la medida en que el currículo evoluciona, añadió, se estimulará a los estudiantes hacia el quehacer empresarial y se les proporcionarán recursos para ayudarles a lo largo del camino.

Fundado en 1984 como una asociación entre la Diócesis Episcopal de Haití y la Iglesia Presbiteriana EUA, San Bernabé adquirió una reputación nacional de excelencia docente al graduar unas 30 clases a través de los años.

“Jóvenes de todo el país vienen aquí para capacitarse como técnicos agrícolas”, dijo Yves Mary Etienne, economista y graduado de San Bernabé que se incorporó al profesorado en sus primeros años y ahí se mantiene.

Yves Mary Etienne, an economist, pulls bok choy from the test plot and gives it to a woman from the community to sell at a local market. Photo: Lynette Wilson/Episcopal News Service

Yves Mary Etienne, economista, recoge unas muestras de col china de la parcela de prueba y se las da a una mujer de la localidad para que las venda en el mercado local. Foto de Lynette Wilson/ENS

“San Bernabé fue creado como un adiestramiento ulterior para granjeros que no podían costear asistir a la escuela”, dijo Etienne en creole a través de un intérprete, añadiendo que los estudiantes tradicionalmente regresan a sus lugares de origen, compartiendo lo que han aprendido para beneficio de la comunidad. “San Bernabé no es sólo para el norte y el nordeste, sino que educa a estudiantes provenientes de todo el país”.

Los graduados de San Bernabé también han adquirido la reputación de estar bien preparados.

En Haití, es importante que los que buscan empleo tengan referencias, dijo Merlotte Pierre, que ha sido secretaria y maestra de gramática francesa de San Bernabé desde 1997. Con frecuencia, un certificado de San Bernabé resulta suficiente, dijo ella también en creole a través de un intérprete.

Merlotte Pierre teaches French grammar to students studying at the St. Barnabas Center for Agriculture. Pierre works as both the college’s secretary and a French teacher. Photo: Lynette Wilson/Episcopal News Service

Merlotte Pierre enseña gramática francesa a estudiantes del Centro de Agricultura San Bernabé. Pierre trabaja como secretaria del colegio universitario y como profesora de francés. Foto de Lynette Wilson/ENS

Para estudiantes como Jonas Bien-Aimé, de 22 años, que quiere convertirse en experto agrícola, y Jouveline Pericles, de 21, cuya asignatura preferida es la conservación del suelo y que algún día le gustaría trabajar para una organización no gubernamental, San Bernabé ofrece la capacitación, la educación y las destrezas para emprender esas tareas. Los estudiantes de San Bernabé aprenden prácticas agrícolas sostenidas; todos los cultivos se desarrollan de manera orgánica, fertilizados con compost en lugar de con fertilizantes químicos, y la conservación del agua y del suelo se cuentan entre sus primeras prioridades.

San Bernabé es una de las dos escuelas de oficios de la región norte de Haití pertenecientes a la Iglesia Episcopal de Haití —la otra es la del Espíritu Santo en Cabo Haitiano, que prepara a los estudiantes para trabajar como plomeros, electricistas y mecánicos. A través de la diócesis, la de mayor número de fieles de la Iglesia Episcopal, la educación es fundamental. La Diócesis de Haití dirige más de 250 escuelas primarias y secundarias a través de Haití, que aún se recobra del terremoto de magnitud 7 que devastó el país en 2010, causando la muerte de centenares de miles y desplazando a más de 1,5 millones de personas.

Eliza Brinkley, a Young Adult Service Corps missionary from the Diocese of North Carolina, teaches English to students at the St. Barnabas Center for Agriculture. In addition to studying agriculture and agriculture techniques, students study English, French, economics and other general education topics.

Eliza Brinkley, misionera del Cuerpo de Servicio de Jóvenes Adultos de la Diócesis de Carolina del Norte, enseña inglés a estudiantes en el Centro de Agricultura San Bernabé. Además de estudiar agricultura y técnicas agrícolas, los alumnos aprenden inglés, francés, economía y otros temas de educación general. Foto de Lynette Wilson/ENS

Luego del desastre, el gobierno y las agencias de socorro internacionales, prometieron miles de millones de dólares en ayuda para reconstruir la nación caribeña, considerada durante mucho tiempo como la más pobre del Hemisferio Occidental. Más de cinco años después, muchas de las ONG se han ido y Haití sigue siendo uno de los países más pobres del mundo. Sin embargo, la Iglesia Episcopal ha mantenido el rumbo y se ha comprometido con la reconstrucción de las instituciones diocesanas destruidas cerca del epicentro del terremoto próximo a la capital, Puerto Príncipe, en el sur. La Oficina de Desarrollo de la Iglesia Episcopal ha encabezado el empeño de reconstrucción.

“Junto con la reconstrucción de la catedral de la Santa Trinidad y la Escuela de San Vicente para Discapacitados, San Bernabé es una prioridad de la Oficina de Desarrollo porque su existencia fortalecerá y respaldará la misión y el ministerio en la diócesis”, dijo Tara Elgin Holley, directora de desarrollo de la Iglesia Episcopal. “Además, la revitalización del colegio universitario y de sus 192 hectáreas de terreno alude directamente a la Quinta Marca de la Misión: ‘luchar por salvaguardar la integridad de la creación y por el sostenimiento y la renovación de la vida en la tierra’”.

Pese a tener la mitad de los 10 millones de habitantes del país dedicados a la agricultura, Haití importa la mitad de los alimentos que consume, gran parte de su vecina la República Dominicana.

“El plantar centenares de hectáreas de cultivos que puedan cosecharse y venderse localmente es prospecto entusiasta no sólo para los estudiantes de San Bernabé, sino para la región”, dijo Holley. “Enseñar a los jóvenes provenientes de todas partes de Haití a convertirse en técnicos agrícolas y pequeños empresarios ayudará a crear un brillante futuro para muchos. Y el ingreso de la venta de los cultivos le permitirá al colegio sostener su propio presupuesto operativo y hacer su continua existencia sostenible”.

El impulso para la revitalización de San Bernabé “ha estado presente, aunque apagado, durante algún tiempo”, dijo Tootle.

The St. Barnabas Center for Agriculture is located on a major fault line. The school has built temporary classrooms and administrative buildings since the original building is vulnerable to collapse should a seismic event occur. Photo: Lynette Wilson/Episcopal News Service

El Centro de Agricultura San Bernabé esta localizado en una importante falla. La escuela ha construido aulas y edificios administrativos temporales ya que el edificio original es susceptible de derrumbarse de ocurrir un evento sísmico. Foto de Lynette Wilson/ENS

En 2014 ocurrieron dos cosas fundamentales, explicó él: El Comité Permanente de la diócesis asumió el control directo de la revitalización de San Bernabé, aplicando los principios del buen gobierno. Y la Diócesis de Long Island le dio a San Bernabé una donación irrestricta de $100.000, la cual le permitió al colegio hacer mejoras inmediatas, incluida la construcción de edificios temporales, la compra de semillas y de abono, el llevar a cabo labores de mantenimiento en pozos y el conectar a San Bernabé con la red eléctrica de Caracol Village.

La donación de la Diócesis de Long Island fue parte de un diezmo, dijo el obispo Larry Provenzano.

La diócesis vendió una propiedad de la Iglesia en el centro de Brooklyn y antes de invertir las ganancias, otorgó más de $2 millones en subvenciones a ministerios nacionales e internacionales.

“Tenemos una gran población haitiana en la diócesis y hemos estado al tanto de la obra en Haití”, dijo Provenzano, añadiendo que apoyar a San Bernabé resultó una decisión fácil que también se adecuaba al compromiso de la diócesis con una “teología ecológica”.

Además del apoyo de Long Island, San Bernabé ha recibido la ayuda de otras fuentes, entre ellas el del Consorcio de las Parroquias Episcopales, la Diócesis de Nueva York y la Diócesis de California. Con el apoyo del obispo de California, Marc Andrus, la misionera voluntaria para Haití Davidson Bidwell-Waite y su esposo, Edwin Bidwell-Waite, han encabezado los empeños de recaudar dinero para becas, y en abril enviarán un grupo de estudiantes a San Bernabé para ayudar con la siembra.

Mientras San Bernabé prosigue en su senda de la revitalización, profesores y estudiantes están contemplando la creación de asociaciones con individuos, parroquias y diócesis que estén interesados en mayordomía ambiental y desarrollo sostenible así como en horticultura, labranza, cría de animales y apicultura, dijo Holley. “Las asociaciones son las que ayudarán a San Bernabé a crecer y a prosperar… como institución docente y como centro de información regional para la tecnología agrícola”.

Para más información sobre cómo usted, su parroquia o su diócesis pueden participar, haga un clic aquí.

– Lynette Wilson es redactora y reportera de Episcopal News Service.  Traducción de Vicente Echerri. 

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