Los peregrinos a Ferguson estudian el racismo sistémico, la injusticia y la reconciliación

La Iglesia se concentra en el antirracismo y la reconciliación a través del trienio

Eréndira Jiménez-Pike, de la Diócesis de Kentucky, se dirige a la congregación de Manantial Inagotable [Wellspring] en Ferguson, el 11 de octubre. El Rdo. F Willis Johnson, pastor de la iglesia, está a su derecha. En primer plano se muestra una foto del lugar de recordación que se ha hecho en el sitio donde hirieron de muerte a Michael Brown. Foto de Lynette Wilson/ENS.

Eréndira Jiménez-Pike, de la Diócesis de Kentucky, se dirige a la congregación de Manantial Inagotable [Wellspring] en Ferguson, el 11 de octubre. El Rdo. F Willis Johnson, pastor de la iglesia, está a su derecha. En primer plano se muestra una foto del lugar de recordación que se ha hecho en el sitio donde hirieron de muerte a Michael Brown. Foto de Lynette Wilson/ENS.

[Episcopal News Service – Ferguson, Misurí] En los meses siguientes a la Convención General, la Iglesia Episcopal se ha ocupado de cumplir su mandato de confrontar el racismo y las estructuras institucionales que lo apoyan.

El 21 de enero, el obispo primado Michael Curry, predicó el sermón en la eucaristía de apertura del Instituto de La Trinidad 2016:  Atentos a un cambio: diálogos sacros sobre justicia racial. En tanto invitaba a los allí reunidos a asumir las difíciles conversaciones en torno al racismo, les ofrecía un consejo: “mientras se preparan para marchar, mediten en la vida y enseñanzas de Jesús”. La oradora principal, Michelle Norris también compartía su creencia que “escuchar es un acto de valor”. El Instituto de La Trinidad auspicia este año un instituto sobre justicia racial como una manera de crear comprensión, oportunidad y alientos nuevos para un diálogo más profundo acerca del racismo.

Febrero es el mes de la Historia de los Negros, luego de las muchas celebraciones de esta semana de la vida y obra de Martin Luther King Jr., y de la esperanza colectiva de la Iglesia en la reconciliación racial. El mes próximo, los funcionarios que presiden la Iglesia Episcopal se reunirán en Austin, Texas, para comenzar a discernir cómo llevar adelante la Resolución C019, mediante la cual la Convención General hizo de la reconciliación racial una prioridad para el próximo trienio. Sin embargo, un importante aprendizaje y el desarrollo de un liderazgo en torno a los temas de la justicia y la reconciliación raciales comenzó en octubre de 2015, cuando la Iglesia Episcopal auspició una Peregrinación de Jóvenes Adultos a Ferguson, en asociación con la Unión de Episcopales Negros y la Diócesis de Misurí.

Catorce meses exactos después de la muerte de Michael Brown el 9 de agosto de 2014, 25 peregrinos de la Iglesia Episcopal visitaron el sitio donde el adolescente murió luego de ser baleado en un enfrentamiento con un agente de la policía de Ferguson.

Shawntelle Fisher del Ministerio ‘Pescador de almas’ [SoulFisher] y Cornita Robinson, directora de desarrollo de San Esteban y la Vid [St. Stephen’s & The Vine], condujeron a los peregrinos en una caminata desde la escuela primaria Koch al sitio que conmemora el lugar donde murió Michael Brown. Foto de Lynette Wilson/ENS.

Shawntelle Fisher del Ministerio ‘Pescador de almas’ [SoulFisher] y Cornita Robinson, directora de desarrollo de San Esteban y la Vid [St. Stephen’s & The Vine], condujeron a los peregrinos en una caminata desde la escuela primaria Koch al sitio que conmemora el lugar donde murió Michael Brown. Foto de Lynette Wilson/ENS.

Después de la muerte de Brown, se ha prestado mucha atención a la conducta de la policía y a la categorización racial. Los peregrinos viajaron a Ferguson en busca de una mejor comprensión de lo que sucedió ese día y de las protestas y la respuesta de la comunidad que siguieron, tanto en el contexto de Ferguson como en sus propias vidas. La intención era que los peregrinos trajeran de vuelta ese entendimiento a su trabajo, sus iglesias y sus comunidades, y comenzaran a contar sus propias historias.

“Debemos crear espacios donde las personas cuenten sus historias y sean verdaderamente escuchados. Y yo creo que parte de eso es que los jóvenes realicen la tarea en su propios contextos y hagan la tarea en los espacios que habitan”, dijo Leandra Lambert, una joven adulta que es miembro de la Unión de Episcopales Negros y que ayudó a organizar la peregrinación, añadiendo que los comités de antirracismo y las capacitaciones antirracistas no son suficientes.

“Hay también espacios donde se toman las decisiones y sería útil para nosotros saber exactamente dónde están esos espacios, qué comités, qué organizaciones, dónde exactamente debemos encontrarnos en la Iglesia, de manera que nos sentemos a la mesa, porque si uno no está [sentado] a la mesa está [servido] sobre la mesa”, afirmó ella. “Un elemento fundamental no es sólo decir que es importante que la gente se comprometa, sino trabajar realmente hacia ese fin  y tomar esas conversaciones a pecho y respaldarlas con recursos”.

La Iglesia Episcopal auspició la peregrinación del 8 al 12 de octubre, la cual reunió a un diverso grupo de jóvenes adultos, con edades entre los 19 y los 34 años, que representaban a blancos, negros, hispanos, nativoamericanos, isleños del Pacífico y mestizos provenientes de todos los ámbitos de la Iglesia para estudiar la justicia y la reconciliación raciales en el contexto de Ferguson. La peregrinación se costeó gracias a una subvención del Fondo Constable aprobada por el Consejo Ejecutivo de la Iglesia Episcopal a principios de 2015.

La peregrinación de cuatro días incluyó dos visitas al sitio donde Brown murió, presentaciones y conversaciones con clérigos y líderes comunitarios y de organizaciones sin fines de lucro de la localidad, pequeñas mesas redondas y oficios de culto.

Brown, de 18 años, resultó fatalmente herido por un agente de policía, Darren Wilson, luego de un altercado. Wilson testificó posteriormente que él detuvo a Brown y a su amigo porque respondían a la descripción de dos adolescentes que habían participado en el robo de una tienda un rato antes. La revisión de una cinta de vídeo mostró que Brown había robado en la tienda.

Se sucedió un forcejeo entre Wilson y Brown, y Wilson le hizo varios disparos a quemarropa a Brown, que estaba desarmado, en la cabeza y en el pecho.

Los manifestantes no tardaron en tomar las calles y las imágenes de los agentes de policía con trajes de antimotines enfrentándose a ellos llenó las pantallas de televisores y computadoras. Las protestas que siguieron a la muerte de Brown continuaron en noviembre de 2014 cuando se anunció que un gran jurado había decidido no incriminar a Wilson por la muerte de Brown. Una investigación federal independiente iniciada por el Departamento de Justicia exoneró más tarde a Wilson de haber violado los derechos civiles de Brown, pero suscitó múltiples inquietudes acerca de las disparidades raciales en el Departamento de Policía de Ferguson en el cumplimiento de su deber. En el aniversario de la muerte de Brown estalló otra protesta que llevó a que se declarara  un estado de emergencia.

Ferguson se convierte en un foco de atención nacional

Un 67 por ciento de la población de Ferguson, un suburbio de San Luis, es negra, y un cuarto de sus 21.086 residentes vive por debajo del nivel de la pobreza. La muerte de Brown puso a Ferguson en el mapa; la comunidad se ha convertido en un símbolo nacional de disparidad e injusticia raciales y de la relación entre las fuerzas del orden y las comunidades de color.

Ferguson también se ha convertido en un símbolo de esperanza y en un sitio de peregrinación en busca de entender lo que sucedió el día que mataron a Brown y las protestas y respuestas populares y comunitarias que le siguieron.

Para los peregrinos, muchos de los cuales trabajan para la Iglesia o le sirven en alguna medida, la peregrinación fue una oportunidad de enterarse lo que sucedió en Ferguson y de llevar las lecciones y las historias de regreso a sus propias comunidades, iglesias y centros laborales.

“Estos jóvenes no son el futuro de nuestra Iglesia, son el aquí y el ahora de nuestra Iglesia. Son la vanguardia de nuestra Iglesia, y son los mejores embajadores y los mejores evangelistas. Ellos son los mejores misioneros para otros jóvenes adultos en la Iglesia: pueden propagar la voz de quienes somos”, dijo Heidi Kim, la misionera de la Iglesia Episcopal para la reconciliación racial.

“Creo que tienen una noción diferente y poderosamente convincente de lo que hace relevante a nuestra Iglesia, y me encantaría ver que ese mensaje se abra paso a través del resto de la Iglesia”, dijo Kim. “Creo que entienden muy claramente lo que significa ser las manos y los pies de Cristo en el mundo. De manera que para ellos el ministerio tiene que ver con el culto y con la liturgia, con el estudio y la reflexión, pero tiene que ver también con estar presente en un mundo que sufre, y actuar y participar de manera que aporte restauración y gracia”.

“Mi convicción no es que la Iglesia Episcopal esté aquí para salvar a Ferguson, sino que las lecciones extraídas de Ferguson pueden redimir a la Iglesia Episcopal. Creo que el testimonio profético de estos jóvenes puede ayudar a redimirnos a todos”.

Leandra Lambert, de la Unión de Episcopales Negros; Sitraka Andriam, de la Diócesis de California y Eréndira Jiménez-Pike, de la Diócesis de Kentucky, participan en una discusión en pequeños grupos en la catedral de Cristo, en el centro de San Luis, el 10 de octubre. Foto de Lynette Wilson/ENS.

Leandra Lambert, de la Unión de Episcopales Negros; Sitraka Andriam, de la Diócesis de California y Eréndira Jiménez-Pike, de la Diócesis de Kentucky, participan en una discusión en pequeños grupos en la catedral de Cristo, en el centro de San Luis, el 10 de octubre. Foto de Lynette Wilson/ENS.

Muchos de los peregrinos esperaban incorporar su experiencia en la peregrinación a programas y currículos para facilitar las conversaciones y la obra de reparación en sus propias comunidades.

Por ejemplo, Donnecia Brown participa en el Año del Siervo, un programa de la Diócesis de Pensilvania que ya tiene 15 años y que coloca a miembros del Cuerpo Episcopal de Servicio en comunidades deliberadas y los empareja con agencias de servicio social, escuelas y organizaciones comunitarias de justicia social. Ella se empeña en la creación de un grupo de apoyo de adolescentes para adolescentes con vistas a abordar la cultura de la violencia y el trauma comunitario que los jóvenes enfrentan cada día en Filadelfia.

Aaron Rogers, de la Diócesis de Newark, trabaja con el Movimiento de Mentoría de Newark, y busca conectar a los líderes de su comunidad con líderes en Ferguson.

Timothy J.S. Seamans, que sirve como capellán en la escuela episcopal de los Santos Inocentes [Holy Innocents Episcopal School] en Atlanta, Georgia, está creando un currículo de justicia centrado en la restauración y particularmente en la restauración racial para las escuelas.

Respuestas a corto y largo plazo

Inmediatamente después de la muerte de Brown, la Iglesia Episcopal y la Agencia de Episcopal de Ayuda y Desarrollo le otorgó a la Diócesis de Misurí una subvención de $40.000 para abordar la pobreza doméstica, así como la obra pastoral y comunitaria en el norte del Condado de San Luis, donde se encuentra localizado Ferguson.

El Rdo. Steve Lawler, rector de San Esteban y La Vid en Ferguson, y el concejal de esa ciudad Dwayne T. Davis conversan sobre la Iniciativa de la Juventud de Ferguson, que se reunió en un viejo cuartel de bomberos contiguo al Palacio Municipal el 10 de octubre. Foto de Lynette Wilson/ENS.

El Rdo. Steve Lawler, rector de San Esteban y La Vid en Ferguson, y el concejal de esa ciudad Dwayne T. Davis conversan sobre la Iniciativa de la Juventud de Ferguson, que se reunió en un viejo cuartel de bomberos contiguo al Palacio Municipal el 10 de octubre. Foto de Lynette Wilson/ENS.

Antes de que mataran a Brown y los manifestantes tomaran las calles de Ferguson, el Rdo. Steve Lawler, rector of San Esteban y la Vid [St. Stephens & the Vine] y el pastor F. Willis Johnson, de la iglesia del Manantial Inagotable  [Wellspring Church] habían hecho una localización de recursos en la comunidad. Estaban preparados para responder a las necesidades inmediatas de los residentes que se confinaron en sus casas debido a las protestas y a la presencia de la policía militarizada que cerró autobuses y negocios.

La despensa de San Esteban entregó comida y papel sanitario a las personas que se encontraban metidas en sus casas.

La localización de recursos también llevo a que Lawler y Johnson reconocieran que debían concentrarse en el crecimiento económico y en el compromiso social, dijo Lawler.

Al final, San Esteban comenzó “Incubar Ferguson” como un modo de alentar el desarrollo de pequeños negocios y Manantial Inagotable fundó el Centro para el Compromiso y la Justicia Sociales como un modo de fomentar y ofrecerles espacio a organizaciones de base sin fines de lucro.

“La mayor parte del crecimiento económico que razonablemente va a ocurrir aquí va a ser el crecimiento de pequeñas empresas”, dijo Lawler. “Aun si le dan adiestramiento de preparación laboral, la pregunta real es, ¿dónde están los empleos? ¿Dónde hay empleos de los que usted pueda realmente vivir? Es por eso que nos concentramos en la creación de empresas”.

Además de la pérdida de empleos manufactureros a lo largo de los últimos 40 años, Ferguson sufrió un impacto particularmente duro durante la crisis hipotecaria, en la cual el 50 por ciento de los más de 6.000 propietarios de viviendas debían más de lo que costaban sus casas.

A lo largo de la peregrinación, comenzó a emerger un cuadro de Ferguson que iba más allá de la muerte de Michael Brown y de las protestas subsecuentes.

Prejuicio histórico

La primera jornada completa de la peregrinación y de nuevo en la víspera de su partida, los peregrinos tuvieron la oportunidad de escuchar y de hacerle preguntas al obispo Wayne Smith y de enterarse de algunas de las formas en que la diócesis respondió a corto y largo plazo.

En su primera reunión, Smith bosquejó las fronteras políticas y geográficas del área metropolitana de San Luis y explicó cómo la región llegó a ser una de las más racialmente segregadas del país.

Los peregrinos Timothy J.S. Seamans, de la Diócesis de Atlanta, y Dominique Bocanegra, de la Diócesis de Massachusetts, toman parte en una discusión en pequeños grupos el 10 de octubre en la catedral de Cristo en el centro de San Luis. Foto de Lynette Wilson/ENS.

Los peregrinos Timothy J.S. Seamans, de la Diócesis de Atlanta, y Dominique Bocanegra, de la Diócesis de Massachusetts, toman parte en una discusión en pequeños grupos el 10 de octubre en la catedral de Cristo en el centro de San Luis. Foto de Lynette Wilson/ENS.

Remontándose a 1876, el municipio de San Luis se separó del Condado de San Luis, “la ciudad creyó que disponía de todo el espacio que necesitaba”, explicó el obispo. La ciudad de San Luis tiene 22 barrios o distritos, cada uno de los cuales está representado por un concejal, y el condado hace mucho que lo dividieron en 90 municipalidades separadas, las cuales él las describió como “feudos políticos que establecieron las vallas de la segregación”.

Smith describió a Ferguson como un anillo interior suburbano que en un tiempo fue el hogar de residentes blancos de clase obrera que trabajaban en tres grandes fábricas de automóviles y en la antigua fábrica aeroespacial y contratista de la defensa McDonnell Douglass, que tenía sus oficinas centrales en el Condado de San Luis.

“Hace veinte años, Ferguson era 80 por ciento blanco y 20 por ciento afroamericano, pero esas cifras ahora se han invertido”, explicó Smith.

Más tarde ese mismo día, los peregrinos oyeron al Rdo. Chester Hines, diácono de la catedral de Cristo [Christ Church Cathedral] en el centro de San Luis y uno de los dos clérigos negros de la diócesis, que compartió su historia de haber vivido tres cuartos de siglo en San Luis.

“He visto mucho”, dijo Hines, cuyos padres, que eran aparceros en Misisipí, lo trajeron de bebé a San Luis.

Hines habló acerca de los factores geopolíticos y de la larga historia de racismo institucionalizado que ha existido en la educación pública, en la seguridad pública y en la policía, en el sistema judicial y en el desarrollo económico y de viviendas —el ambiente que dio lugar a la muerte de Brown y a las protestas en Ferguson.

Con más de 90 municipalidades en el Condado de San Luis, hay “una rebatiña por los limitados recursos disponibles para ayudar y sostener a las comunidades”.

En efecto, una de las cosas que puso al descubierto la investigación del Departamento de Justicia en el Departamento de la Policía de Ferguson fue que los funcionarios municipales anteponen el hacer dinero, mediante multas de tránsito y otras notificaciones, a proporcionar seguridad pública a la comunidad. También encontró que los residentes negros de Ferguson estaban desproporcionadamente en la mira de la policía.

Hines también describió cómo las escuelas públicas ignoraron el dictamen del Tribunal Supremo en 1954 de terminar la segregación de las escuelas. No fue hasta que un padre negro demandó a uno de los distritos en 1972 que se puso en vigor la “desegregación voluntaria” bajo amenaza de que las escuelas se enfrentarían a la pérdida de fondos federales. Sin embargo, afirmó él, la desegregación no se logró del todo, al punto que se mantuvo hasta los años noventa.

Hines describió la raza como “el elefante en medio del salón” del que nadie quiere hablar. “La psicología de nuestra comunidad es que vivimos en un estado negación… somos nuestro peor enemigo”, afirmó.

El surgimiento de líderes comunitarios

No obstante, están surgiendo líderes en personas como Shawntelle Fisher, que comenzó una organización sin fines de lucro para tratar la [llamado] ruta de la escuela a la prisión y el problema de la encarcelación masiva; y como Felicia Pulliam, que es parte de la Comisión Ferguson, creada para estudiar el problema social subyacente y las condiciones económicas que sacó a relucir la agitación pública a raíz de la muerte de Brown.

Nicholas Lino, de la Diócesis de Hawái, escribe en su diario durante la peregrinación a Ferguson, del 8 al 12 de octubre, auspiciada por la Sociedad Misionera Nacional y Extranjera. Foto de Lynette Wilson/ENS.

Nicholas Lino, de la Diócesis de Hawái, escribe en su diario durante la peregrinación a Ferguson, del 8 al 12 de octubre, auspiciada por la Sociedad Misionera Nacional y Extranjera. Foto de Lynette Wilson/ENS.

Antes de que la comisión pudiera producir el Informe Ferguson, sus miembros habían celebrado reuniones y había escuchado las voces marginadas de la comunidad. Al principio, dijo ella, “se aparecieron cientos y cientos de personas coléricas, pasamos horas enteras escuchando”.

Pulliam ha vivido la mayor parte de su vida en el norte del Condado de San Luis y recuerda, cuando su familia dejó la ciudad para irse a los suburbios, que ella veía como los Baskin-Robbins cerraban y las licorerías y las casas de préstamo abrían.

“Presencié el cambio de la comunidad; los negros intentan mudarse aquí par tener una vida mejor y ocurre esto”, dijo ella.

La vigilancia policial y el sistema de justicia penal son dos cosas de las que la Rda. Gayle Fisher-Stewart —una diácona transicional de la Diócesis de Washington que prestó servicios durante 20 años en el Departamento de la Policía Metropolitana de Washington, D.C.— sabe algo.

Fisher-Stewart dirigió a los peregrinos a través de un ejercicio el 11 de octubre en el que ellos fungieron de reclutas de la policía y ella desempeñó el papel de capitana. Ella afirma que la colaboración ciudadana en los barrios de las minorías es una falacia y que “los policías no son los agentes del cambio; son el status quo”.

Citando obras tales como Stand Your Ground: Black Bodies and the Justice of God [Defiende tu posición: cadáveres negros y la justicia de Dios] de Kelly Brown Douglas, Fisher-Stewart arguye que las prácticas policiales en EE.UU. en la actualidad se basan en las patrullas de esclavos del Sur, y que “el sistema de justicia penal necesita  combustible —cuerpos— y los policías son los custodios”.

La muerte de Brown se produjo menos de un mes después de que Eric Garner, de 43 años, resultara muerto en Staten Island cuando un agente de la policía de Nueva York lo sujetaba por el cuello, y cuatro días después de que la policía matara a tiros a John Crawford, de 22 años, in Beavercreek, Ohio. In Cleveland, el 23 de noviembre de 2014, un agente de policía mató a Tamir Rice, un niño [negro] de 12 años (la semana pasada los investigadores dictaminaron que el haberle disparado a Rice estuvo justificado.

Necesidad de abordar el racismo institucional

A través de los cuatro días de peregrinación, los participantes dijeron que se hizo cada vez más obvio que la reconciliación racial no puede lograrse hasta que se aborde el racismo estructural e institucional, y que todas las personas, negras, blancas, hispanas, nativoamericanas, asiáticas y de las islas del Pacífico se reconozcan unas a otras como iguales.

El Rdo. Starsky Wilson, pastor de la iglesia de San Juan, en San Luis, la pastora Phiwa Langeni, de la Iglesia Unida de Cristo Sión, y el Muy Rdo. Michael D. Kinman, deán de la iglesia catedral de Cristo en San Luis, conversan durante un panel sobre “El papel del profeta” que tuvo lugar el 10 de octubre. Foto de Lynette Wilson/ENS.

El Rdo. Starsky Wilson, pastor de la iglesia de San Juan, en San Luis, la pastora Phiwa Langeni, de la Iglesia Unida de Cristo Sión, y el Muy Rdo. Michael D. Kinman, deán de la iglesia catedral de Cristo en San Luis, conversan durante un panel sobre “El papel del profeta” que tuvo lugar el 10 de octubre. Foto de Lynette Wilson/ENS.

El 10 de octubre, tanto un panel sobre “El papel del profeta”, como el misionero de la Iglesia Episcopal para la justicia social y el compromiso en la defensa [o promoción] social abordaron el tema de la justicia racial.

“A fin de alcanzar la reconciliación debe hacerse justicia (y) parte de hacer esa justicia es permitir que la persona o el grupo que se ha visto afectado, mencione aquello que le afecta, aborde lo que le afecta, y exprese lo que necesita para alcanzar su integridad”, dijo Wynder en un entrevista con ENS. “Aún hay necesidad en nuestras comunidades de reparar la brecha y de hacer justicia a fin de que las personas de nuestras comunidades se sienten y restañen sus heridas”.

La reconciliación es un proceso dinámico y activo, subrayó él.

“Es por eso que hablamos de justicia y reconciliación raciales. Si hablas primero de reconciliación podría percibirse que quieres alcanzar una paz a bajo costo, que quieres tener calma, e incluso a nivel personal la gente a menudo no quiere reparar la brecha, sencillamente quieren hacer las paces con la otra persona sin decir ‘lo siento’ y sin realizar la labor para hacer que la otra persona alcance su integridad”, dijo Wynder. “Es mucho más complejo cuando hablamos de esto a nivel institucional, sistémico y cultural, pero se aplican los mismos principios”.

Una segunda caminata, una comprensión más profunda

Después de la segunda visita al sitio donde hirieron fatalmente a Michael Brown, los peregrinos comenzaron a prepararse para regresar a sus propias comunidades, y algunos compartieron nuevas percepciones.

“La primera vez que fui allí estaban pasando tantas cosas —estaba aprendiendo tanto acerca de San Luis y Ferguson y de todo lo que dio lugar a ese suceso que me sentía un poco sobreexcitada y abrumada y apenas pude procesarlo”, dijo Adiel Pollydore, miembro del Cuerpo Episcopal de Servicio y residente de Vida Juntos en Boston.

Pollydore es de Albany, Nueva York, donde ella dijo que la violencia armada es un problema.

“Creo que como tuve más tiempo para procesarlo, y luego volver el domingo, me permití realmente sentir todas las emociones. Yo estaba sorprendida que ciertamente había una percepción inicial de sufrimiento y de dolor, pero también una irresistible sensación de esperanza, mientras era capaz de aprender lo que ha salido de este lugar y lo que este evento dramático y traumático ha hecho por la gente de Ferguson respecto a promover realmente un cambio. Y eso me resultó realmente esperanzador”.

Pollydore trabaja en Boston con jóvenes interesados en crear un movimiento local. “Los jóvenes saben que, ser negro y pobre, o ser moreno y pobre en Boston y ser una persona joven es difícil, y queremos que la gente nos conozca y conozca nuestras historias y queremos sentirnos conectados a otros jóvenes que se sienten igualmente privados de derechos y lo que podemos hacer al respecto”, apuntó ella.

Pollydore dijo que tiene muchas cosas que llevar de regreso.

“He aprendido mucho de los activistas y de los oradores acerca de lo que eso (el comenzar y sostener un movimiento) podría parecer y me siento entusiasmada de llevar eso de vuelta”, afirmó. “También me siento motivada a impulsar a las comunidades de fe de las que formo parte, incluida Vida Juntos, e incluida Santa María [St. Mary’s] en Dorchesterll para seguir reflexionando en torno a la raza.

“Sé que hay muchísimo trabajo hecho en esas dos comunidades, y en consecuencia pienso en compartir maneras en las cuales contar esta historia y mi historia en interacción con la historia, más vasta, de Ferguson. Estoy realmente entusiasmada”.

– Lynette Wilson es redactora y reportera de Episcopal News Service. Traducción de Vicente Echerri.

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