Combatir el tráfico ilegal de personas a través de la conciencia y de la acción

La Red Episcopal para la Justicia Económica presenta una resolución

[Episcopal News Service] En el Sur de la Florida, un conocido vivero de la trata de personas, Sheila Acevedo ha pasado 17 años de voluntaria, ayudando a las víctimas en la línea del frente. Su vigilancia ayudó a rescatar a dos niñas, de 3 y 5 años, que vivían en un auto con su padre. Las niñas, que no sabían usar cubiertos y que no llevaban ropa interior, se brindaban a dar masajes, cuenta ella.

“Las estaban entrenando para el comercio del sexo”, dijo Acevedo, que trabaja a través de la iglesia episcopal y centro comunitario de San Jorge [St. George's] en Riviera Beach, una misión de San Marcos [St. Mark's] en Palm Beach Gardens. En la actualidad, añadió, una de las niñas está en las fuerzas armadas y la otra tiene una ocupación profesional.

San Jorge administra un comedor de beneficencia que sirve más de 100.000 comidas al año. A través del comedor de beneficencia, Acevedo, una educadora que se jubiló recientemente, logra conocer personas, y se mantiene vigilante respecto a las mujeres y los niños. “San Jorge es un lugar seguro para cualquier víctima que quiera venir y conseguir asilo… Todo lo que tienen que hacer es decir que quieren ayuda”, dijo Acevedo. “La Mayoría de las niñas con las que trato son de EE.UU., de otros estados, pero las historias que suscitan mayor publicidad no son de EE.UU.

En otro ejemplo, un feligrés trajo a una niña llamada “Mary”, que mostraba señales de abuso y abandono y que era adicta a la cocaína de crack. Acevedo se ofreció a ayudar a Mary, quien la aconsejó que “ella no sabía en lo que se estaba metiendo”. A pesar de eso, Acevedo se involucró, y ayudó a Mary a entrar en un centro de rehabilitación y posteriormente a reconectarse con algunos miembros de su familia que se encontraban fuera del estado.

A los 21 años, Mary estaba cobrando pagos de Ingresos Suplementarios de la Seguridad Social por concepto de discapacidad y había estado en las calles desde que tenía 16 años. Antes de que Acevedo interviniera, la muchacha había estado cautiva de una pareja, un hombre y una mujer de apariencia normal que vivían con un bebé a seis cuadras de la iglesia y quienes se habían ofrecido “a ayudarla”. Pero ellos ni la alimentaban ni la vestían, sino que la obligaban a andar por las calles y les robaban sus cheques de la Seguridad Social, contó Acevedo.

El patrón es concentrarse en adolescentes ingenuos escapados de sus hogares o con problemas y captarlos con cigarrillos, alcohol y otras drogas, añadió.

No es un problema pequeño.

Nacionalmente, el Departamento de Justicia de EE.UU. calcula de 12 a 14 años el rango de edad de los que entran en la industria del sexo comercial y que cada año de 100.000 a 300.000 niños y niñas están en peligro de ser víctimas de explotación sexual comercial —una forma ilegal de tráfico de personas— en Estados Unidos. En 2011, 10.000 personas llamaron a la línea de emergencia de 24 horas del Centro Nacional de Información sobre el Tráfico de Personas, que controla el Proyecto Polaris.

En 2000, Estados Unidos puso en vigor la Ley de Protección de Víctimas de Tráfico Ilegal de Personas, que define el comercio sexual como “una forma grave de la trata de personas” en la cual “un acto sexual comercial se induce por la fuerza, por fraude o por coerción, o en cual la persona inducida a realizar tal acto no ha cumplido los 18 años de edad”. La ley está lista para su relegalización.

Reconociendo la seriedad del problema, la Convención General de la Iglesia Episcopal en 2009 aprobó una resolución en que pide “la protección de todas las víctimas de la trata de personas, particularmente mujeres y niños, proporcionando la atención necesaria a sus necesidades físicas, psicológicas y sociales, y valiéndose de enfoques que respeten los derechos e integridad de las víctimas”.

Luego de su aprobación, la dirigencia denominacional sometió la resolución a la consideración, información y decisión de las diócesis. Según el Libro Azul, publicado el 13 de abril, 13 diócesis consideraron la resolución, 17 dijeron que no lo habían hecho y las restantes 81 no respondieron.

Pero los ejemplos de individuos, congregaciones y diócesis que combaten la trata de personas, ya sea mediante campañas de concienciación o de la acción directa, pueden encontrarse a través de toda la Iglesia. En la Convención General de este año, la Red Episcopal para la Justicia Económica presentó el 4 de julio una nueva resolución (D042) que aborda la trata de personas, dijo Laura Russell, que es miembro de esta red y quien trata con el problema como abogada en Nueva York. Ella también es diputada por la Diócesis de Newark.

Russell es miembro de la Comisión Permanente sobre Justicia Social y Política Pública y de la Potenciación de Mujeres Anglicanas, que publicó un material llamado “Tráfico ilegal de personas: liberar a mujeres, niños y hombres”.

El material ofrece también percepciones desde una perspectiva global de las causas fundamentales del tráfico de personas, así como ayuda legal y rehabilitación de víctimas, el imperativo de la fe y los mejores métodos para intervenir en la lucha para frenarla.

Según el Informe sobre el Tráfico Ilegal de Personas del Departamento de Estados de EE.UU., publicado en 2010, unos 12,7 millones de personas están esclavizadas en todo el mundo, la mayoría de las cuales han sido obligadas a trabajar y a actividades sexuales.

En una presentación en la conferencia sobre la misión Todos en Todas Partes, que tuvo lugar en Estes Park, Colorado, en octubre de 2011, Russell desacreditó algunos mitos de la trata de personas, siendo el primero que la mayoría de las víctimas provienen de otros países. De hecho, dijo ella, la mayoría de las víctimas son [individuos] en la temprana adolescencia que han escapado de sus hogares, y que suelen llevárselos de zonas rurales a zonas urbanas.

Muy semejante a los casos de violencia doméstica, donde como promedio ocurren siete intentos antes de que una víctima se libere de su opresor, las víctimas de tráfico ilegal de personas —que también padecen maltrato físico y manipulación emocional— pasan por una etapa difícil al separarse de sus abusadores, explicó Russell.

Crear conciencia

Una diócesis episcopal que está enfrentándose al problema es la de Atlanta, la cual en 2009 aprobó una resolución por la cual creaba el Equipo de Trabajo sobre Trata Sexual que en 2011 se convirtió en la Comisión sobre el Tráfico Ilegal de Personas. La labor de la comisión incluye una campaña de concienciación.

“Atlanta se supone que sea uno de los lugares donde hay comercio sexual, en parte porque tenemos muchísimos negocios de convenciones y una población al norte de Atlanta donde los hombres disponen de muchos ingresos discrecionales”, dijo la Rda. Maggie Harney, que preside la comisión y dirige el Lugar de María y Marta [Mary & Martha's Place], un centro espiritual que responde a las necesidades de las mujeres. “Tenemos un aeropuerto grande, y sí sabemos que los hombres vuelan para tener relaciones sexuales con menores”.

Harney, que ha defendido los derechos de las mujeres durante mucho tiempo, se enteró por primera vez de la vastedad del comercio sexual de menores durante una reunión del consejo diocesano en 2009 e inmediatamente supo que ella tenía que tomar parte [en combatirla], dijo.

La tarea de la comisión es preparar a la gente de la diócesis, brindándoles al clero, al personal de la Iglesia y a las congregaciones una oportunidad de conectarse con otros en la comunidad de la fe y en organizaciones no gubernamentales dedicadas a la labor de combatir la trata, así como ofrecer información sobre lo que están haciendo los gobiernos locales y estatales y las agencias de orden público, dijo Harney.

“No salimos a la calle a rescatar a estas personas. Tenemos que dejarle eso a la policía. Lo nuestro es un despertar moral, ético y espiritual entre las personas de la diócesis”, y añadió que todos los meses hay unos 7.200 hombres en George que pagan por tener relaciones sexuales con muchachas adolescentes. “Queremos que las parroquias estén conscientes de la trata sexual y que preparen programas en su zona para ayudar a prevenirla”.

A través de programas como Salvaguardar a los Hijos de Dios [Safeguarding God's Children] y la Comisión sobre Violencia Doméstica, que ofrece presentaciones a clérigos y talleres, la diócesis está intentando establecer la conexión entre el abuso y dónde éste puede conducir, apuntó ella.

“La violencia doméstica puede hacer que un niño se escape. Se van a una cochera de autobuses, y los proxenetas están allí y se los llevan… [Nosotros] les hacemos saber que esto es lo que puede suceder cuando un niño se escapa”, dijo Harney, añadiendo que los factores de riesgo que conducen a estas fugas incluyen los conflictos en el hogar, el abandono de los padres, la inestabilidad familiar, el fracaso educacional y los niños con problemas emocionales y psicológicos. “Si vamos a hablar de salvaguardar a los hijos de Dios en nuestras parroquias, esto debería ser parte de [ese empeño].

La Diócesis de Atlanta tiene también un grupo que trabaja con personas que han sido víctimas de incesto, explicó ella.

“Si hay incesto en el hogar, un niño puede escapar”, dijo Harney. “El hecho [es] que estos niños y niñas son víctimas de abusos sexuales o físicos en sus propias casas, de manera que cuando esto comienza a ocurrir con un proxeneta, ya entienden como son las cosas”.

“Esto ha pasado así en este país desde el comienzo, pero la trata de personas está llegando ahora a un punto que es espantoso… cuando comienzan a esclavizar a personas y esto ocurre a una escala que no habíamos visto antes”, dijo Harney. “La Internet es la savia nutricia de esto: antes los “fulanos” andaban en sus autos por la calle, pero ahora sólo tienen que entrar en la Internet y hacer un pedido”.

Es un reto para el clero llegar a los blancos opulentos que se sientan en los bancos de las iglesias en los suburbios del norte, concienciarlos respecto a la pornografía y acerca de Backpage.com; que no está bien “asomarse” a estos sitios, dijo Harney, que también trabaja como sacerdote asociado en la iglesia episcopal de San Dustano [St. Dunstan's] en Atlanta.

En 2010, Backpage.com, propiedad de Village Voice Media, reemplazó a Craigslist como líder en la Internet en el espacio publicitario dedicado a la prostitución, cuando ésta última eliminó los anuncios de prostitución. Backpage.com se ha visto presionada a hacer lo mismo. En octubre de 2011, la obispa primada, Katharine Jefferts Schori, y otros líderes religiosos firmaron una carta abierta que publicaron en The New York times en la que le pedían al Village Voice Media que dejara de publicar anuncios ‘para adultos’ en Backpage.com, citando las conexiones entre estos anuncios clasificados y la trata sexual.

Además de estar ocurriendo vía Internet, la trata sexual en Estados Unidos ocurre habitualmente en los salones de masajes, en los burdeles residenciales, en las calles, en los clubes de bailarines que se desnudan, a través de los servicios de acompañantes y en las paradas de camiones, dicen los expertos.

Ministerio de presencia

Lo primero que hace Sue McCoy, miembro de la iglesia de San Albano [St. Alban's] cuando llega a la parada de camiones de la carretera Interestatal 80 al nordeste de Davenport, Iowa, es orar para sacralizar el espacio y pedirle a Dios que la prepare a escuchar.

Luego, desempaca un cartel que dice “Oración, Conversación, Comunión” y su estuche de comunión —completo con vino y hostias consagrados. En una de sus visitas en el mes de marzo, en un intento de llamar más la atención de su presencia, también llevó un libro de colorear, lápices de colores y un sacapuntas automático.

La visita quincenal de dos horas de McCoy a esta parada de camiones, la mayor de este tipo de instalaciones en el mundo, según el letrero que la anuncia, forma parte del Ministerio de Presencia de San Albano, un programa de extensión parroquial creado para combatir la trata de personas.

El Rev. Brian McVey, rector de San Albano y miembro de la Fundación de la Iglesia Episcopal, comenzó a investigar sobre la trata de personas en su comunidad hace unos cinco años. Él visitaba regularmente la parada de camiones de la I-80, para ofrecer cuidado pastoral a prostitutas, jóvenes fugados de sus hogares y camioneros. Los feligreses de San Albano han continuado el ministerio.

San Albano es la única iglesia, de 60 que hay en la diócesis, con un programa comunitario centrado en la trata de personas, pero está en proceso de expandir este ministerio de presencia a otras iglesias a lo largo de la carretera Interestatal 380, desde Waterloo al sur hasta Coralville y Cedar Rapids, y posiblemente a lo largo de la Interestatal 35 también, dijo Leslee Sandberg, coordinadora del [Ministerio de] Jubileo de la Diócesis de Iowa.

“No estamos limitando esto sólo a personas de la iglesia”, dijo ella, y añadió que están empezando con iglesias y agrupaciones comunitarias que han expresado su interés en participar.

Maggie Tinsman, ex senadora estatal de Iowa, miembro de la iglesia episcopal de San Pedro [St. Peter's] en Davenport y quien forma parte del Comité Nacional e Internacional de Responsabilidad Social, redactó un proyecto de legislación y llevó a cabo una campaña destinada a lograr la primera ley contra la trata de personas en el estado, la cual se aprobó en 2006.

Desde su aprobación, la ley de Iowa ha servido para procesar seis casos, todos los cuales incluyen niñas fugadas de sus hogares, dijo Tinsman, que trabaja como analista de política y asesora sobre trata de personas y quien ha fundado Breaking Traffic una organización sin fines de lucro para luchar contra este azote.

Davenport es una de las cuatro ciudades de la frontera entre Iowa e Illinois que integra las llamadas “Ciudades Cuatrillizas” [Quad Cities], junto con Bettendorf, Rock Island y Moline. La población total es de aproximadamente 380.000 habitantes.

Un día cualquiera, de 15 a 25 anuncios en Backpage.com publicitan relaciones sexuales con muchachas de las Quad Cities, dijo Stephanie Kraft, directora ejecutiva de Breaking Traffic, quien agrega que palabras como “nueva” “fresca” y “joven” indican que se trata de chicas menores de edad.

“No sucede en las calles, por tanto, resulta muy fácil explotar a muchachas menores de edad”, dijo Kraft. “Existe la idea de que la prostitución es voluntaria… cuando ya tienen 20 años se han añejado en eso; de repente es una opción para ellas”.

Además de visitar semanalmente la parada de camiones, Robin Sade supervisa los anuncios de Backpage.com, lo cual indica que las chicas mantienen un circuito que se mueve de Cedar Rapids a Iowa City y a Des Moines.

“Las cosas que se escriben sobre ellas: ‘No tengo estrías en la piel’, ‘Tengo un hermoso cabello largo’—, las muchachas no dicen esas cosas de sí mismas”, dijo la feligresa de San Albano y abuela de 60 años.

Actuando a partir de la experiencia

En 2001, Kathi Hardy comenzó a trabajar con la Fiscalía de la ciudad de San Diego, que dirige un Panel para Combatir la Prostitución [Prostitution Impact Panel], que también se conoce como “escuela de clientes de prostitutas” y que tiene por objeto concienciar a los infractores y potenciar a la comunidad. La policía hacía sus redadas, arrestando a prostitutas y clientes, y a los hombres les daban una opción: declararse culpables y pagar multas, o participar en una sesión del panel y lograr que le cambiaran la acusación: en lugar de “solicitar los servicios de una prostituta”, sería sólo de “perturbar el orden público”, cuenta ella.

A partir de ahí, Hardy, ex prostituta y miembro de la iglesia episcopal de San Marcos [St. Mark's] en San Diego, quiso ayudar a las mujeres y comenzó a visitar residencias de grupos y centros de detención de juveniles. Ella es la fundadora y directora de Libertad de la Explotación [Freedom From Exploitation], una organización con sede en San Diego que ofrece ayuda de colegas y amigos y asesoría de grupo para mujeres y niñas en peligro de prostituirse o ya involucradas en la prostitución, en el tráfico ilegal de personas y en todas las formas de explotación sexual. Desde su fundación en 2002, la organización ha ayudado a 1.500 personas.

En 2011, Hardy recibió el Premio Norma Hotaling contra el Tráfico Ilegal de Personas, que reconoce “el liderazgo, el valor, el trabajo arduo y la innovación en erradicar la trata sexual y la explotación comercial de mujeres y niños”.

Lo que la gente no se da cuenta, dijo Hardy, es de cuan extendido está el abuso en la sociedad.

“Una de cada cuatro niñas menores de 14 años ha sido víctima de abusos o ha sido importunada sexualmente, y no hablamos de eso”, dijo ella, añadiendo que son estas condiciones las que llevan los niños a las calles.

Hardy compartió el ejemplo de una niña de “Podunk, Washington” que llegó a la ciudad y tenia amigas que estaban haciendo dinero y tenía cosas bonitas. Le presentaron a su presunto novio, quien le dijo lo bella que era y le compró ropa. Luego él necesitó dinero para el alquiler de su casa y ella se fue a trabajar en las calles.

“Y suena relumbrante y suena glamoroso… ven la película ‘Mujer bonita’ [Pretty Woman] y es la versión equivocada”, dijo ella. “Les están vendiendo una mentira, las están coaccionando y preparando para ello. Ninguna niñita dice ‘quiero ser prostituta cuando sea grande’”.

“Puede ocurrirle a alguien que sea vulnerable, que carezca de un sistema de apoyo.

El proxeneta te alejará de la familia”, apuntó Hardy, cuyo “novio” se convirtió en su primer proxeneta. “Es alguien que se ocupa de ti, de que te peinen, de que te arreglen las uñas… al principio todo suena muy bien hasta que te cansas de hacer cosas que no quieres hacer, o de cosas que te dan asco … [hasta] que no haces la cuota”.

En un caso, contó Hardy, cuando una muchacha intentó abandonar a su proxeneta, éste la llevó hasta la escuela primaria a la que asistía su hermanito y amenazó con matarlo si la chica no cooperaba.

Ayude a las víctimas, procese a los clientes

En febrero de 2010, Nikki Richnow viajó a Tailandia con 40 mujeres para un simposio de nueve días sobre el tráfico ilegal de personas: Tailandia es uno de los primeros países dedicados al turismo sexual y un origen y punto de tránsito importantes para el tráfico ilegal de personas.

De regreso a Houston, ahora concienciada y curiosa, Richnow llevó a cabo una investigación a nivel local y encontró que Houston es un centro importante de trata de personas y no contaba con ninguna instalación para albergar y rehabilitar a menores de edad víctimas de trata sexual. Según dijo ella, se calcula que hay 17.500 víctimas internacionales que entran en Estados Unidos cada año, y se calcula que unos 300.000 niños estadounidenses se convierten en mercancía sexual cada año.

“Me he concentrado en las víctimas de trata sexual nacionales y menores de edad”, dijo. “En mi investigación eso salió a relucir una y otra vez: los niños del país no tienen ningún lugar adonde ir, no hay fondos públicos ni lugares para rehabilitarlos. Hay dinero y servicios para mujeres y niños que han sido víctimas de tráfico ilegal de personas internacionalmente, pero casi ningún dinero para los menores del país”.

En año y medio, Richnow llevó a cabo una campaña para recaudar $1,5 millones para abrir un centro de rehabilitación de 30 camas en el sitio de un antiguo campamento en medio de un terreno de 44 hectáreas de bosques en las afueras de la ciudad. El centro está trabajando con agencias de orden público y con tribunales para identificar a muchachas en centros de detención y en las calles que estén dispuestas a someterse a un tratamiento.

“El noventa por ciento han sido víctimas de abuso sexual en el hogar”, dijo Richnow, cuyo esposo, Douglas, es el primer rector asociado de la iglesia episcopal de San Juan el Teólogo [St. John the Divine] en Houston. “Ésa ha sido la experiencia de la mayoría de los niños que nos encontramos; gracias a un trauma repetido, su proceso químico cerebral ha llegado a cambiar… uno no puede tratarlos como haría con un niño que ha tenido una crianza normal”.

En Texas, los defensores de la infancia se han empeñado en conseguir que la legislación estatal cambiara de manera que a un niño o niña de 13 años o menos no se le pueda acusar de prostitución.

“Es patético”, afirma Richnow, “pero la razón es que en Texas si tienes 14 años estás en edad legal de casarte. Esa ley debe [proteger] hasta los de 18 años y menos. Cuando veo a una niña que se la llevan esposada, pienso ‘¿No lo entiende? Es contrario a la ley tener relaciones sexuales con una menor, es una violación’”.

“De igual manera que con la violencia doméstica en los años 70, la mentalidad tiene que cambiar”, afirmó. “Es al perpetrador a quien se tienen que llevar esposado”.

– Lynette Wilson es redactora y reportera de Episcopal News Service. Traducido por Vicente Echerri.

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