Via Crucis: ‘No hay muros que puedan separarnos de la gracia de Dios’

Peregrinación a la frontera entre EE.UU. y México destaca los problemas de la inmigración

El obispo James Mathes de San Diego y la obispa Diane Bruce de Los Ángeles se encuentran entre un grupo de unos 80 episcopales que tomaron parte en la peregrinación de las Estaciones de la Cruz desde el parque MacArthur en Los Ángeles hasta la frontera entre EE.UU. y México en San Diego, donde los dos obispos celebraron la Eucaristía al mismo tiempo que otro oficio se celebraba del otro lado del muro. Foto de Jane Kawamoto.

[The Episcopal News – Diócesis de Los Ángeles] Dos muros de acero de 20 pies de alto entre Tijuana y San Diego hacen prácticamente imposible cualquier contacto físico o visual, pero no pudieron impedir a episcopales y anglicanos de ambos lados de la frontera celebrar juntos la Eucaristía el 2 de abril.

El despliegue de unidad tenía por objetivo resaltar la apremiante situación de los indocumentados y las injustas leyes de inmigración que separan y dividen a las familias, dijeron la obispa sufragánea de la diócesis de Los Ángeles y el obispo Jim Mathes de la diócesis de San Diego.

Con los helicópteros de la Patrulla Fronteriza de EE.UU. sobrevolándolos, los dos obispos bendijeron el pan y el vino a las 3:00 P.M. en un oficio del lado estadounidense de la frontera en el parque de la Amistad [Friendship Park] de San Diego. A unos pocos metros del otro lado de la frontera, clérigos de la Iglesia Anglicana de México hacían lo mismo.

“¡Qué estupenda manera de celebrar este lunes de Semana Santa”, dijo Bruce luego. “Al final del oficio, las personas (del lado mexicano) se acercaron individualmente al muro y pidieron bendiciones.

“[La experiencia] me llevó hasta el límite, al hacerme comprender que no hay muros que puedan separarnos de la gracia amorosa de Dios. No hay ninguna frontera que pueda lograr eso”.

La frontera fue la última estación de este Via Crucis (Camino de la Cruz) interurbano, una peregrinación que comenzó a las 8:30 A.M. en el parque MacArthur de Los Ángeles y culminó con la Eucaristía en la frontera, recorrido a lo largo del cual se conmemoraron las 14 estaciones de la Cruz. Luego de rezar las primeras tres estaciones en el parque MacArthur, unos 40 peregrinos formaron una caravana de automóviles.

La procesión la encabezaba una imagen en madera Jesús de 6 pies de alto que viajó en una camioneta más de 200 kilómetros en dirección sur a lo largo de la autopista Interestatal 5. En el trayecto se fueron añadiendo peregrinos a la caravana que se detuvo para rezar, en inglés y en español, en los puntos designados como estaciones de la Cruz en San Clemente y Chula Vista antes de llegar a la frontera.

“Para nosotros hoy, como cristianos, es uno de los momentos más sagrados del año -la Semana Santa- y estamos contando la historia de la opresión que padeció nuestro Señor Jesucristo”, dijo la Rda. Liz Muñoz, rectora de la iglesia de la Trinidad en Los Ángeles y organizadora de la peregrinación.

“Muchos de nosotros creemos que Jesús fue alguien que emigró del cielo a la tierra”, dijo ella a los que se reunieron en el parque MacArthur. “Él vino del cielo sin documentación a enseñarnos a amar a Dios y amarnos los unos a los otros”.

“Nos congregamos hoy para orar por leyes de inmigración justas que les permitan a las familias que han estado unidas que sigan estando unidas aquí para participar y ser queridas tal como todo el mundo merece ser querido en este país”.

Una imagen del Salvador del Mundo, traída originalmente de El Salvador y usualmente expuesta en la iglesia episcopal de la Trinidad (Trinity Episcopal Church), en Los Ángeles, acompañó la peregrinación del Via Crucis. Foto de Janet Kawamoto

Señalando a la imagen de Jesús, con corona dorada y manto rojo brillante, dentro de un fanal de vidrio en la parte trasera de la camioneta, Muñoz prosiguió: Este Salvador del Mundo hizo todo el trayecto desde San Salvador [El Salvador] en un camión, cruzando tres fronteras. Hoy lo estamos llevando de regreso a una frontera, la primera frontera, y esperemos que algún año, en algún momento de nuestra vida, sea la última”.

Rosie Vásquez, de 45 años y feligresa de la iglesia de Todos los Santos [All Saints Church] en Highland Park, dijo que ella se había sentido movida a unirse a la peregrinación “debido a mi fe.

“Esto tiene que ver con mi familia, tiene que ver con mi país, tiene que ver con el amor de Jesús por todos nosotros”, dijo Vásquez, que leyó las oraciones en español en la primera estación [del Via Crucis] “Jesús es condenado a muerte”. “Yo nunca he hecho nada como esto antes”, añadió Vásquez, que vino a Los Ángeles procedente de Guatemala en 1986. “Me siento tan entusiasmada de formar parte de esto”.

Christy Goulet, de 23 años, y Jazmin Trammell, de 25, internas urbanas episcopales asignadas a la iglesia de Santa María [St. Mary’s] en Los Ángeles, dijeron que se habían incorporado al grupo multiétnico de peregrinos “para aprender más sobre las tradiciones y la liturgia episcopales” y experimentar las conexiones entre las estaciones de la cruz y los problemas de la inmigración.

“Todos somos peregrinos”, dijo el Rdo. Patrick Crerar, rector de la iglesia de San Clemente del Mar [St. Clement by-the-Sea] en San Clemente, mientras le daba la bienvenida al grupo que llegaba de Los Ángeles.

“Apoyamos la unidad de la familia, no la división. Es el deseo de Dios y es el deseo de la Iglesia y es el deseo de todos nosotros que las familias se reunifiquen, de manera que nos unimos a esta peregrinación para buscar la voluntad de Dios, para buscar la justicia de Dios en nuestras leyes de inmigración y para buscar una mayor unidad en las familias divididas por el muro”.

En la escuela episcopal de San Juan [St. John’s Episcopal School] en Chula Vista, el obispo Mathes recibió a los peregrinos de Los Ángeles. [Al dirigirse al grupo] él dijo que emulaba a Jesús “el gran cruzador de fronteras, que nos mostró el camino de pasar de la vida divina a la vida humana y de ésta a la vida sempiterna”.

“Ésta es la Semana Santa”, agregó. “Esta es la semana en que recordamos la muerte de Jesús y esperamos su resurrección. Por lo menos, yo espero que esta peregrinación sea un momento de nueva vida para los que buscan esperanza”.

Para Juana Córdoba, líder laica de la iglesia de El Mesías [Church of the Messiah] en Santa Ana, la peregrinación fue tanto personal como dolorosa.

“Yo vine a buscar un empleo para sostener a mis hijos porque no tenía nada con que alimentarlos y ningún dinero en México”, dijo a través de un intérprete. Ella estuvo yendo y viniendo entre ambos países hasta que, poco a poco, pudo traer a todos sus hijos, explicó Córdoba, madre soltera de seis, a quien le afloran las lágrimas cuando menciona esa separación.

“Quiero hacer algo por la separación de las familias”, añadió Córdoba, los miembros de cuya familia terminaron por hacerse ciudadanos de EE.UU. “Quiero colaborar en pro de una solución porque hay muchas personas hoy día que no tienen documentos. Me siento muy solidaria con ellas. Mi mayor deseo es que haya algún tipo de programa donde las personas puedan obtener documentación para trabajar”.

Blanca Ruelas-Suárez, también feligresa de la iglesia del Mesías, se muestra de acuerdo con ella. “Estoy aquí para apoyar a los que no son lo bastante afortunados para tener la documentación que yo tengo, y con la esperanza de que los líderes de nuestro gobierno prestarán atención y harán algo para ayudarles”, dijo ella a través de un intérprete.

“También estoy aquí para honrar y hacer duelo por las personas que han muerto tratando de cruzar la frontera”.

El grupo había aumentado hasta cerca de 80 personas en el momento en que los peregrinos llegaron al parque de la Amistad [Friendship Park], situado dentro del parque estatal del Terreno Fronterizo [Border Field State Park]. Allí, en el espacio entre los dos muros, se celebró la Eucaristía.

Los peregrinos portaban cruces y estandartes rojos durante la media hora de marcha a lo largo del océano hasta los muros de la frontera [que en algunos tramos se reduce a una cerca que deja ver el otro lado]. Unos 180 peregrinos que se habían reunido del lado de Tijuana prorrumpieron en vítores, silbidos y aplausos cuando vieron que se acercaba el grupo de Estados Unidos, así como en gritos de “nadie es inmigrante”, al tiempo que un mariachi empezaba a tocar.

Los clérigos y las congregaciones de México que participaron incluían al Rdo. Miguel Zavala-Múgica, de San Juan Apóstol y Evangelista en Ensenada; al Rdo. Adeli Candelario García, de la misión anglicana de Cristo el Rey en Tijuana, así como a niños del Colegio la Esperanza y de la Casa Hogar Dorcas y la Casa Vida Joven.

La Eucaristía junto al muro se celebró con el permiso y la plena cooperación de la Patrulla Fronteriza de EE.UU., según dijo Bruce.

Sólo dejaron entrar a 25 personas al mismo tiempo en el espacio entre ambos muros. Según entraba cada grupo de 25 personas para recibir la comunión, la gente se aproximaban a la cerca y trataban de tocar, saludar y conectarse con los del otro lado.

“Vi allí a un viejo amigo de muchísimos años”, dijo el Rdo. Roberto Limatu, de Los Ángeles. “Este ha sido un día muy, muy bueno”.

Para Luis Garibay, encargado del edificio del centro diocesano de la Catedral de San Pablo [St Paul] en Los Ángeles, cargar la imagen tamaño natural de Jesús en la camioneta y luego llevarla hasta la frontera fue, de suyo, toda una experiencia.

“Las personas se nos acercaban en la autopista y se fijaban en nosotros dentro de la camioneta. Luego se quedaban detrás para tomar fotos de Jesús. Oí a alguien que puso una de las fotos en la Internet y dijo: “Jesús está conduciendo por la autopista”.

La obispa Diane Bruce de Los Ángeles y el obispo James Mathes y el Rdo. Carlos García, de San Diego, se disponen a concelebrar la Eucaristía junto al muro fronterizo entre EE.UU. y México. El oficio se celebró simultáneamente del otro lado de la frontera. Foto de Janet Kawamoto

A la Rda. Jennifer Hughes, que imparte estudios latinos en la Universidad de California en Riverside, y a quien se le ocurrió la idea del Via Crucis, dijo que se sentía contenta con la asistencia que había tenido la peregrinación, pero añadió que esperaba “una comunidad eucarística más sostenida, más que una vez al año. Es mi esperanza de que habrá algún tipo de testimonio eucarístico regular en la frontera”.

El Rdo. Carlos García, vicario de la iglesia de Santa Rosa del Mar y sacerdote encargado de la iglesia de San Felipe Apóstol [St. Philip the Apostle] en Lemon Grove, en la diócesis de San Diego, está de acuerdo en que el empeño debe continuar.

“El día de hoy me dio más de un sentido del por qué estamos aquí. Se trata de unir a las familias. Sin duda que lo volvería a hacer”.

El Rdo. Butch Gamarra, de la diócesis de Los Ángeles, dio que esperaba que la peregrinación sirviera para destacar los problemas “de manera que la gente pueda oírlos. Éste puede ser un tema muy polarizador y debemos ayudar a destacar la apremiante situación de los inmigrantes. Es una tragedia humana. Uno no puede llamar ilegal al pueblo de Dios. Ningún ser humano es ilegal. Usted podría ser indocumentado, pero no ilegal.

“Tenemos que dar a conocer la situación de las familias que se rompen, de cuán traumático es para los niños cuando sus padres son deportados, cuando no pueden quedarse en la escuela. Especialmente la gente de fe debemos levantar nuestras voces en [su] defensa e intentar que se llegue a alguna solución con la reforma migratoria, de manera que las personas puedan vivir vidas normales y ser tratadas como personas, no como peones políticos”.

— La Rda. Pat McCaughan es corresponsal de The Episcopal News de la diócesis de Los Ángeles. Traducido por Vicente Echerri.

La obispa Diane Bruce bendice a los participantes del lado mexicano de la frontera. Foto de Janet Kawamoto

Comments

  1. R.A. GARCIA says:

    ¡Qué bello!, ¿verdad? No deja de ser interesante apreciar que la obispa Diana Bruce co-oficiara esta protesta y eucaristía, sobre todo, cuando entiendo que la Iglesia Episcopal de México no solo por que apoyó el COVENANT, sino po que tengo entendido que se opone a la ordenación de LGBTT’s al sacerdocio y de tener mujeres obispas.

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